lunes, 30 de noviembre de 2015

DESPIERTA E INQUIETA MI CORAZÓN PARA QUE PUEDA SEGUIRTE, SEÑOR



Uno de los peores y grandes errores, si no es el mayor, es pensar y creer que tú sólo te bastas para seguir al Señor. Y, más todavía, que puedes, por tus propias fuerzas, tener fe. Nada más imposible y disparatado, y propenso al fracaso que pensar así. La fe es un don de Dios, y será ella la que despertará la inquietud en tu corazón acomodado y endurecido por las cosas de este mundo.

Y se necesita, ineludiblemente, estar inquieto para buscar, pues quien no lo está no busca, ya que no necesita buscar. Sólo busca quien necesita. Así, la cierva busca agua para saciar su fe aun a riesgo de su vida. Por eso, Señor, hoy quiero, a comienzo del Adviento, pedirte esa Gracia: Dame fe e inquietud de buscarte todos los instantes de mi vida.

Despierta e inquieta mi corazón, Señor, para que pueda seguirte. Tal como hizo Andrés, Pedro, Santiago y su hermano Juan. Yo también, a pesar de mi pobreza, mis limitaciones, mis pecados y mis fracasos, quiero responder a tu llamada con un Sí que llene todo mi corazón y lo disponga a servirte como cuna para que nazcas dentro de mi y llenes toda mi vida.

Gracias, Señor, por todo lo recibido, pero quiero pedirte que me des la Gracia y la sabiduría de poner todo lo que me has regalado, gratuitamente, al servicio de todos los hombres y mujeres. Porque ese es tu Mensaje y para eso naces de nuevo cada día dentro de mí. Y porque eso será la consecuencia de seguirte, Señor. De tal forma que de no hacerlo mentiría si dijera que te sigo.

Y, Señor, me descubro pobre, limitado e incapaz de ser digno de tu amor y de ser discípulo Tuyo. Necesito tu Gracia para, en y por Ella, ser capaz de seguir tus pasos y vivir en tu Palabra cumpliendo tu Voluntad. Para eso, Señor, sin Ti no soy ni puedo nada. Amén.

domingo, 29 de noviembre de 2015

SEÑOR, QUE MI CORAZÓN SEA CUNA DE TU NACIMIENTO



Cada Navidad experimento deseos de vaciar mi corazón de tantas cosas superfluas que desplazan tu lugar y me dejan vacío. Quiero, Señor, apartar todas aquellas cosas que me alejan de Ti, para que Tú puedas nacer cómodamente en mi pobre corazón. Quiero y deseo hacerlo pobre, porque sé que a Ti sólo te gusta nacer en un lugar pobre y humilde.

Rehúyes toda grandiosidad y majestuosidad de poder y de fuerza. Naces sin hacer ruido y sin anunciar tu Gloria. Anuncias tu nacimiento a los pastores, excluidos de la sociedad de aquella época, y proclamas la Buena noticia de salvación en la humildad de un sencillo y humilde pesebre.

Así quiero yo, Señor, nacer de nuevo en Ti, dejándote todo mi corazón para que lo llenes de tu humildad y sencillez y lo transformes en un corazón limpio de todas las preocupaciones, libertinaje y embriaguez que lo puedan contaminar y destruir. Dame, Señor, la capacidad y la Gracia de perseverar y sostenerme en el camino de seguirte hasta que Tú decidas volver de nuevo.

Líbranos, Señor, de todas las apetencias humanas que nos acomodan y nos distancia de tu amor, y del amor a todos los hombres. Mantennos despiertos para saber discernir e interpretar todos aquellos signos que nos descubren tu Gloria y tu segunda venida. Y danos la Gracia de estar preparados para recibir al Señor firme y viviendo en su Palabra.

Señor, que mi corazón sea la cuna que te acoja y te caliente para que, dentro de mí, crezca  en humildad, sabiduría y amor, y, con mi vida, dé testimonio de tu presencia entre los hombres. Amén.

sábado, 28 de noviembre de 2015

UN CORAZÓN LIBRE



No nacemos con un corazón libre. Crece con nosotros intoxicado con los perfumes del mundo que lo contamina y esclaviza. Y necesitamos limpiar limpiarlo, porque sólo un corazón libre, como ha dicho el Papa Francisco en Kenia, es capaz de amar y seguir a Dios.

Mientras nuestro corazón permanezca enredado entre las zarzas, los olores y trampas de este mundo, muy poco podemos hacer. Ahogados y encandilados por las luces mágicas y brillantes de la concupiscencia, pasiones, sentimientos y emociones que el mundo nos prepara y presenta, nuestro corazón queda atrapado y sometido al poder e imperio del príncipe de este mundo.

Necesitamos la Gracia y la acción del Espíritu Santo para liberarnos, y, limpiándolo y purificándolo, de toda inmundicia que nos aleja del Amor de Dios, ponernos en Manos del Espíritu Santo y dejarnos purificar por su Gracia. 

Danos, Señor, la fortaleza, sabiduría y la paz de sostenernos y permanecer en tu presencia hasta los últimos tiempos, esperanzados en tu segunda venida. Amén.

viernes, 27 de noviembre de 2015

DAME, SEÑOR, LA SABIDURÍA DE DESCUBRIR LA PROMIDAD DE TU REINO

HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR,08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA UNIDA Y DEFENSA DE LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS




No cabe ninguna duda que los signos de los tiempos nos descubren los acontecimientos que van a suceder. El hombre, desde muy antiguo, vive observando los síntomas que la naturaleza que habla. Y ha sabido interpretarlos y, defenderse o aprovecharse, según sus intereses.

Sin embargo, por encima de esas interpretaciones científicas o culturales, el hombre se ha distraído en las cosas puramente materiales, dejando de levantar su mirada hacia la meta para la que ha sido creado. Porque dentro de su corazón bulle la aspiración de la felicidad eterna. Y eso no lo ha conseguido, ni tampoco lo conseguirá en y con las cosas de este mundo. Porque la eternidad sólo te la puede dar Aquel que es Eterno.

Por eso, Señor, hoy queremos pedirte que nos ilumines y nos des la sabiduría de descubrir la proximidad de la llegada de tu Reino. Un Reino de justicia, de amor y de paz. Un Reino esperado y querido, porque todos los hombres aspiran a la vida plena y gozosa. Libera nuestro corazón de los apegos y apetencias por las cosas de este mundo. Y también de envidias, riquezas, poder, comodidades y satisfacciones placenteras de este mundo.

Danos la prudencia comedida de usar las cosas de este mundo, puestas por Ti par nuestro uso y servicio, de forma moderada y buen uso. Nunca que se conviertan en fin, sino medios para llegar a Ti. Y que las utilicemos y compartamos en la medida que sean necesarias para aliviar la vida de aquellos que las necesitan y de las que carecen.

Por eso, Señor, te pedimos luz y voluntad para que, auxiliados en el Espíritu Santo, sepamos encontrar el camino de la observancia y la escucha para estar atentos a los acontecimientos de los tiempos. Amén.

jueves, 26 de noviembre de 2015

NO PERMITAS QUE MIS OJOS SE CIERREN A TUS SEÑALES, SEÑOR



Señor, yo también estoy en este mundo. Tú no me quieres en otro lugar. Me has enviado a proclamar tu Mensaje de salvación, y aunque me prometes llevarme contigo a tu Reino, que no es de este mundo, quieres que yo permanezca en este hasta tu segunda venida.

Y yo estoy gozoso porque creo profundamente en tu Palabra. Sí, Señor mío, permaneceré aquí hasta que Tú decidas venir a llevarme contigo. Pero quiero decirte algo. Algo que, sin quizás, Tú lo sabes, pero, ahora sí, quizás te guste oírlo de mis pobres y humildes labios. Tú sabes lo débil que soy. Y, sabes también, que el príncipe de este mundo, a quien Tú le permites que nos tiente, también Tú de dejaste tentar, está al acecho de ellas. Y, al menor síntoma de debilidad, nos pone delante el manjar que deseamos para comer.

Somos Adanes y Evas, y estamos a merced de este mundo que nos supera. Sin embargo, Tú también lo sabes, Señor. Nuestro corazón es Tuyo, aunque débil y pobre, queremos entregártelo. Y nuestra esperanza es que Tú nos lo aceptas y lo quieres y deseas. Incluso, nos dice, que has venido a tomarlo, a curarnos, a hacernos fuertes y a ayudarnos a vencer. Es más, te has quedado, en el Espíritu Santo, para asistirnos y darnos la fortaleza que necesitamos para vencer las tentaciones que nos ofrece el demonio.

Y, el colmo, Señor, es que permaneces en el Sagrario, bajo las especie de Pan y Vino, para servirnos de alimento espiritual y de fortaleza que nadie, ni el demonio, puede vencer. ¡Claro, Señor!, a pesar de las señales y catástrofes que el final del mundo nos presenta, vivimos en la esperanza que Tú llegarás para salvarnos, y que ya lo haces a aquellos que confían y se esfuerzan en permanecer en Ti. ¿Cómo? Viviendo en tu Palabra y ejercitándose en los sacramentos.

Gracias, Señor, por esas revelaciones, que con tu Palabra de cada día, nos descubres, nos instruyes y nos anima a seguir caminando contigo. Porque Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida. Amén.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

SERÍA ABSURDO ENFRENTARME YO SOLO



Disparatado pensar que tú sólo puedes salir victorioso. Porque el mundo tiene más poder que tú, y el demonio, príncipe del mundo, posee muchos recursos para convencerte de forma suave, agradable y sin que apenas te des cuenta. ¿O es qué no hay muchos engañados sin apenas notarlo? ¿O es que crees que los hombres quieren perder la vida eterna? Están engañados y sometidos a sus sentimientos y emociones, que son de este mundo.

Sólo no podemos hacer nada. La razón de que, ascendido el Señor al Cielo, viniese el Paráclito a asistirnos, es porque convenía, no por gusto. Necesitamos la asistencia de la Gracia del Espíritu Santo para poder enfrentarnos a los peligros y tentaciones de este mundo. Y para eso está el Espíritu de Dios con nosotros y dentro de cada uno de nosotros. Porque somos templos del Espíritu Santo.

¡No estamos solos!, y podemos vencer todos los peligros y dificultades que el mundo nos pone en el camino para hacernos tropezar. ¡Cristo y yo mayoría aplastante! Y vencerlos significa que no consigan apartarnos del Señor. Podemos padecer y sufrirlos, pero por la Gracia del Espíritu Santo, perseveraremos en la fe y en la esperanza de aguardar su venida.

Te pedimos, Señor, esa Gracia que nos de fuerza y valor para no desfallecer. Te pedimos poseer el coraje de sostenernos en la fe, y asumir y aceptar todos los sufrimientos que el rechazo y la respuesta del mundo nos infrinjan. 

Danos la sabiduría de entender que ese es el camino, porque Tú, Señor, lo has recorrido primero y lo has sufrido en tu propio Cuerpo, derramando toda tu bendita Sangre, para redimirnos y rescatarnos del pecado otorgándonos la salvación.


martes, 24 de noviembre de 2015

DANOS,SEÑOR, CAPACIDAD Y VOLUNTAD PARA PERSEVERAR



Los obstáculos son muchos. Y no se nos presentan con agresividad, sino de forma muy atractiva y muy placentera. La vida trata de convencernos que merece la pena vivirla. ¡A vivirla que son cuatro días!, es el grito de guerra que se suele oír.

Y el mundo cubre la otra parte. Nos presenta ocasiones y momentos de placer y disfrute. Todo se nos muestra con mucho tacto y amabilidad, y hasta se nos regatea el poder disfrutarlo. Sin embargo, la puerta de entrada es bastante ancha. Vale todo, y el dinero, poder, fama, privilegios, influencias...etc., tienen mucha estima y valor. Se trata de ganar siempre y de estar en los primeros puestos. La ley es estar y llegar arriba como se puede, incluso pisoteando al que te lo quiera impedir.

Y cuando decimos que vale todo, decimos todo. La mentira es un arma fundamental en los momentos que la necesitamos para sugerir y persuadir al otro. No importa mentir con tal de salir con la nuestra. Pronto, nos damos cuenta que es un mundo perverso, de mentiras y luchas por el poder, sin importar el otro. Incluso hasta matarlo si nos estorba. Hicieron con Jesús eso.

Pero Tú, Señor, has triunfado con el amor. Tu arma, el Amor, es más poderosa, y se ha hecho con el triunfo por encima de todo lo demás. Eso te queremos pedir, Señor, la capacidad y la sabiduría de saber amar. Y la paz, sostenida con la paciencia, para perseverar y llegar a poder hacerlo.

Danos, Señor, la capacidad y la voluntad para ser perseverantes y que nos encuentres preparados y esperándote el día de tu venida. Ese día en que el mundo, este mundo falso que te da la espalda, descubra que sin Ti todo está perdido, y no hay camino ni meta a donde ir. Amén.

lunes, 23 de noviembre de 2015

CADA DÍA UNA NUEVA BATALLA



Al terminar un día nos despedimos del Señor dándole gracias por todo lo vivido y también perdón por los momentos que no hemos estado a la altura de ser sus hijos. Y al despertar, iniciamos el nuevo día dándole las gracias por despertar, valga la redundancia, y pidiéndole sabiduría, paz y fortaleza para emprender una nueva batalla en la que no le defraudemos y seamos dignos de su Amor.

Es la batalla da cada día, donde tenemos que elegirlo como Rey y Señor de nuestra vida, y renunciar a las promesas y maravillas que nos ofrece el mundo, que esconde hipocresía y mentira. Por eso con un nuevo día tratamos de renovar nuestra promesa de seguirle y de nombrarle el Señor y Rey de nuestra vida.

Y, agradecidos por su Fidelidad y su Verdad, hoy queremos, desde este rincón de oración, renovar nuestra promesa y decirle que queremos que siga siendo el Rey y Señor de nuestras vidas. Ven Señor Jesús y has morada en nuestros corazones y guíanos por los caminos de este mundo que intenta apartarnos de Ti con promesas falsas y maravillas caducas.

Te pedimos, Señor, la Gracia del Espíritu Santo, para fortalecidos por su Fuerza y Sabiduría, encontremos el valor y la voluntad de rechazar todas aquellas ofertas que, maravillándonos y atrayéndonos, tratan de confundirnos, y nos tientan para, mintiéndonos, apartarnos de tu camino. 

Ven, Señor Jesús, y no permitas que nada, ni nadie, nos aparte de Ti. Porque Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida, y nuestro Rey y salvador. Danos un corazón generoso capaz de, no sólo dar, sino compartir toda nuestra vida. Amén.

domingo, 22 de noviembre de 2015

SEÑOR, MANDA EN MI VIDA, PORQUE TÚ ERES MI REY



Si nos fijamos bien, los niños, sobre todo los recién nacidos y durante toda su infancia, son los reyes de la familia. Ellos ocupan el centro de la familia, y en ellos convergen todas las preocupaciones y cuidados de la familia. Sobe todo los padres. Y descubrimos que son los más necesitados de amor.

No son los reyes porque nos lo impongan, ni porque tengan poder y fuerza, sino porque demandan y necesitan mucho amor. Experimentamos que el amor es la principal arma de nuestra vida y la fuerza que nos mueve y nos une para comprometernos a cuidarnos y protegernos. El amor es el verdadero compromiso que alimenta y da sentido a todo nuestro ser y obrar.

Y ese es el Reinado de Jesús. Jesús es nuestro Rey porque es quien nos da sentido y esperanza. Jesús es nuestro Rey porque nos salva y nos llena de gozo, paz y felicidad. Jesús es nuestro Rey, porque es el enviado por el Padre para saldar nuestra deuda de pecados y danos la salvación, redimiéndonos de nuestras culpas por la Misericordia del Padre.

No es un Reinado de poder, de fuerza ni de imposición. Es un Reinado de y por amor. Es un Reinado que se da gratuitamente, sobre todo, a los más necesitados y carentes de amor. Es un Reinado que se consagra a los que más lo necesitan. Lo mismo que ocurre con los niños, los más débiles, en las familias.

Por eso, te damos gracias, Padre del Cielo, por enviarnos a tu Hijo, Rey del mundo del Amor, para redimirnos y darnos la Gloria de tu Reino, y darnos testimonio de la Verdad. Verdad que nos hace libre y nos da la Vida Eterna.

Gracias, Señor, porque nos revela que tu Reino no es de aquí, porque todo lo de aquí es caduco. Nuestras esperanzas son eternas, porque dentro de nosotros vive un ansia de Vida Eterna. Y nos sentimos llamados a esa Vida Eterna, que Tú, Señor, nos viene, de parte de tu Padre, a ofrecernos gratuitamente por amor.

sábado, 21 de noviembre de 2015

GOZO, ETERNIDAD Y PAZ



No podemos imaginar lo que nos espera, pues de poder hacerlo nuestra vida tomaría otro rumbo. ¿Quién no cambiaría si tuviese una visión de la Vida Eterna?  Creemos, por la Palabra de Dios, que es una vida diferente y para siempre. En plenitud de gozo y felicidad, pero no podemos imaginar cómo, ni dónde, ni de qué forma.

Sin embargo, quizás sea lo de menos, porque lo verdaderamente importante e interesante es vivir para siempre en el gozo eterno y pleno de felicidad en la presencia de Dios. Y esa es la promesa que Jesús, el Hijo de Dios Vivo, nos ha hecho. Y si Jesús nos lo ha prometido, significa que estamos salvados y llamados a vivir esa plenitud eterna. Ahora, falta nuestra respuesta, que nuestro Padre Dios espera pacientemente.

Y eso es lo que hoy nos revela la Palabra de Dios en el Evangelio. Y lo que nosotros aprovechamos para pedirte, Señor. Danos sabiduría para no perder la oportunidad de darte una respuesta. Pero una respuesta que coincida con la que Tú, mi Dios, esperas y te gustaría, porque nos amas y quieres lo mejor para cada uno de tus hijos.

Por eso, te pedimos que infundas en lo más profundo de nuestros corazones, serenidad, paciencia, paz y la ya sabiduría, que te hemos pedido, para saber discernir y elegir entre tantas ofertas falsas y venenosas que el mundo nos presenta.

 Sí, Padre nuestro, queremos que nos inundes de sabiduría para saber esperar y perseverar en tu Palabra. Sabiduría para mantenernos fieles en tu seguimiento, a pesar de las dudas y tribulaciones que nos acechan y nos tientan. Sabiduría para no desfallecer ni abandonar tu Palabra, a pesar de nuestra ignorancia y limitaciones.Te pedimos, Señor, que acrecientes nuestra fe y nuestra confianza, porque todo nos viene de Ti, y sin tu Gracia nada podemos.

Nos prostramos, Señor, ante tus pies, con un corazón contrito y humillado, arrepentido de todos nuestros pecados, y, en silencio, esperamos confiados en tu Misericordia y perdón. Amén.

viernes, 20 de noviembre de 2015

¡SEÑOR, QUE SEPA, NO SÓLO GUARDAR SILENCIO EN EL TEMPLO, SINO TAMBIÉN EN EL TEMPLO DE MI CORAZÓN

HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR,08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA UNIDA Y DEFENSA DE LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS





La oración es vital para la vida espiritual, tal y como lo es el aire para la vida física. Sin oración no podemos seguir a Jesús, porque seguirle supone orar. ¿Cómo puedes seguir a alguien sin hablar con él? ¿Y cómo puedes conocerlo sin hablar con él?

La oración es el vehículo que nos permite hablar y conocer al Señor, pero, también, escucharle en silencio y discernir, a la Luz del Espíritu Santo, sus respuestas, enseñanzas y misiones. Por eso, a parte del rincón de nuestro corazón, donde siempre estamos en permanente contacto con el Señor, acudimos al Templo sagrado, donde nos reunimos con los demás hermanos en la fe, y donde, en paz y silencio, mantenemos un sereno y sosegado diálogo con el Señor.

En esos sagrados momentos, delante y en su presencia, pues está en el Sagrario o, en la Custodia en la capilla de oración, tenemos el contacto vivo con Jesús. Es la fe la que nos revela que Jesús está allí bajo las especies de pan y vino. Es su Espíritu quien nos alimenta y nos da la fuerza y la Gracia de sostenernos en su fe y vivir en su Amor.

Y también en este "Rincón de oración" tenemos espacios para, adentrados en el interior de nuestro corazón, en paz y sereno silencio, y unidos en comunión espiritual, postrarnos en adoración y en atenta escucha para, impulsados por el Espíritu, caminar en su presencia haciendo vida en nuestras vidas de su Palabra.

Pidamos esa Gracia, con fe y esperanza confiada. Seguros que el Señor nos atiende y nos responderá de forma afirmativa. Porque Él ha venido para salvarnos dando su propia Vida en y para remisión de todos nuestros pecados. ¿Cómo no nos va a responder y a dar lo que le pedimos si es buscando nuestro bien y nuestra salvación?

jueves, 19 de noviembre de 2015

ANONADADO SIN COMPRENDER NADA



Se te hace difícil comprender la debacle de Jerusalén, y como ha sufrido a lo largo de toda su historia. No llegas a comprender como se puede vivir en esa inquietud e inseguridad, y en medio de tantas guerras y enfrentamientos. Sí, te quedas anonadado y sin comprender nada.

Sin embargo, la profecía de Jesús enciende tu esperanza, porque ves que su Palabra es Palabra de Vida Eterna. A pesar de su lamento, Jesús dice lo que realmente va a suceder, aunque no lo desee. El corazón de hombre, obstinado, soberbio, egoísta, lleno y sometido al odio y la venganza, y, por la Gracia de Dios, libre, se rebela y desobedece a Dios. Y Jerusalén sufre porque no encuentra la paz.

Te damos gracias, Señor, porque nos has dejado tu Iglesia y el colegio apostólico. En y por ellos, por tu Gracia, hemos recibido el Mensaje de Amor que nos salva. Ellos, tu Iglesia, Señor, dirigida por la acción del Espíritu Santo nos llena de esperanza y alegría, y nos aviva y fortalece para continuar la lucha de cada día hasta que Tú, Señor, vuelvas como nos lo has prometido.

Porque sólo Tú, Señor, tienes Palabra de Vida Eterna, y todo lo que nos dice tiene su cumplimiento. En esa esperanza vivimos con gozo y alegría, a pesar de los acontecimientos de terror y guerras que acontecen en este mundo. La Iglesia, tu Iglesia, Señor, asistida por el Espíritu Santo continúa su camino hasta que Tú decidas venir.

Gracias, Señor, por llenarnos de esperanza y de fortaleza para continuar la lucha con ánimos renovados en el Espíritu, y por las comunidades de hermanos donde apoyarnos los unos con los otros para avanzar contra corriente y abrirnos camino hacia Ti.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

DAME, SEÑOR, LA SABIDURÍA DE DAR FRUTOS



No sólo basta la intención, hay que poner manos a la obra y saber cómo y qué hacer. En algunos casos, hasta saber asesorarse y dejarse conducir por otros que expertamente te aconsejan. Dar y sacar provecho y buenos frutos no es tarea fácil. Exige esfuerzo, trabajo y también cierta astucia.

Todos, hasta los más desfavorecidos, hemos recibidos unos talentos. Unos talentos que debemos emplear, pero emplearlos con sabiduría y eficacia para que den frutos. Es posible que en algunos momentos no sepamos cómo hacer, pero tenemos la capacidad de darnos cuenta y de conducirnos mejor. Porque eso también se nos ha dado, la capacidad de aprender y de no caer en los mismos errores de otros días.

Sin embargo, ocurre que la soberbia nos puede engañar y hacernos creer que somos los suficientes capaces de no necesitar ayuda, y menos de Dios. Nos bastamos con nosotros mismos, y no queremos ningún rey que nos dirija. Y sucede que ocurre lo que vemos que está ocurriendo. Terminamos a tiros unos con otros. El fanatismo de creernos en posesión de la verdad y que somos elegidos y mejores que los otros terminan por enfrentarnos y acabar mal.

Pidamos, al Señor, la Gracia de sabernos pequeños, pobres y necesitados de aprender. De aprender cómo negociar todos los talentos recibidos, no sólo para sacar frutos, sino para ponerlos al servicio de los que los necesitan y, quizás, no sepan como producirlos.

Pidamos la Gracia de, no sabiendo cómo obtener rendimiento, darlos en interés, al menos en el Banco, para conseguir un beneficio que entregar. Siempre podremos sacar frutos de nuestra vida siendo luz para otros. Simplemente, aceptando nuestra condición limitada y pobre podemos alumbrar muchas vidas de otros que se debaten en la desesperación y confusión. Amén.

martes, 17 de noviembre de 2015

¿TENEMOS NUESTRA TIERRA PREPARADA PARA SER SEMBRADA POR LA PALABRA DE DIOS?



No es cuestión simplemente de escuchar, sino de escuchar después de haber buscado. Hay una gran diferencia. Escuchar es importante, pero si en el momento de la escucha, la tierra no está sembrada, difícilmente la semilla dará frutos. Escuchar supone previamente actitud, para que la escucha sea rumiada y deje la sustancia de lo escuchado preparado para poder asimilarse.

Porque la escucha puede ser accidental, no querida o por casualidad. Entonces entra, pero no encuentra el terreno preparado para echar raíces. Eso le ocurrió al hombre rico, que sentía curiosidad por comprobar si cumplía todo los requisitos para ganar la gloria del cielo, pero se sintió frustrado cuando experimenta que le falta más todavía. Y su decepción le impulsa a pararse y no continuar.

Quizás la escucha estaba ya, de antemano, cerrada. Escucho hasta que coincida con lo que yo pienso; escucho lo que quiero escuchar, pero de ahí no paso. No había una escucha abierta, deseada, dispuesta y sin condiciones. Es lo que ocurrió con Zaqueo. Su corazón estaba seriamente atento y abierto a la verdad, y la Verdad, por la Gracia de Dios, fecundó aquel corazón dispuesto a ser fertilizado. Y los frutos ya los conocemos.

También nosotros, Señor, queremos dejarnos fecundar por tu Espíritu, y alimentados en Él, abrir nuestros corazones para que tu Gracia nos fertilice y demos frutos. Frutos de amor que sirvan para dejar pasar tu Luz que con su calor fertilicen los corazones de todos aquellos que se abran a la Verdad como hizo Zaqueo.

Te  pedimos, Señor, esa Gracia, conocedores de nuestras debilidades, de nuestros fracasos y pecados, y de nuestros egoísmos, que nos impiden seguirte renunciando a todo lo que este mundo, falso e hipócrita, nos ofrece y nos presenta para seducirnos.

En Ti, Señor, permanecemos confiados y, a pesar de nuestras limitaciones, nos proponemos seguir adelante y, como Zaqueo, encaramarnos a la cima de nuestra vida, para ver, más allá, de lo que este mundo nos presenta. Amén.

lunes, 16 de noviembre de 2015

ABRE, SEÑOR, LOS OJOS DE MI ALMA



Indudablemente que el mundo tiene muchas maravillas que ver. Y la vista es la que nos da esa posibilidad de contemplar las hermosuras que contiene el mundo. Sin lugar a duda que todo eso nos remite a pensar como será el Autor de esa maravillas. Porque, si las maravillas del mundo nos asombran, ¿cómo será la maravilla de poder contemplar al Creador de todas ellas?

Y esa vista es la que te pedimos hoy, Señor. Abre los ojos de nuestra alma para verte, porque eres Tú, Dios mío, la Maravilla Infinita que deseamos ver.

Las maravillas del mundo son finitas. Pueden deslumbrarnos, pero terminan por desaparecer. Sin embargo, Señor, tu Palabra y tu Amor son eternos, nunca pasan. Y esa es la Maravilla que queremos contemplar, la que nos hace felices y eternos. Lo que no perdura es cosa de poco valor. Y eso no se puede ver con los ojos del cuerpo, sino que hace falta los ojos del alma.

Por eso, Señor, te pedimos hoy la Gracia de no dejar pasar la oportunidad de encontrarnos contigo, y de pedirte que despiertes nuestra vista para ver lo fundamental e importante que es encontrarnos contigo. Porque mientras no lleguemos a Ti, todo sobra y de nada sirve. Eres Tú quien da sentido a nuestra vida y quien pone color a nuestros ojos. Los ojos del alma que ven más allá de las cosas vanas y caducas de este mundo.

Danos, Señor, la Gracia de saber valorar todas aquellas maravillas que nos has regalado en este mundo. Pero, lo más importante, es descubrir la necesidad de ser desprendidos y, dispuestos a servir, dándonos por amor.

domingo, 15 de noviembre de 2015

DANOS LA SABIDURÍA DE SABERNOS SALVADOS



No podemos entender, y eso debe ayudarnos a darnos cuenta de la presencia de Dios, lo que nuestro Padre Dios ha hecho por nosotros. Tampoco llegamos a darnos cuenta de que, Dios hecho Hombre en su Hijo Jesús, ha dado su Vida para salvarnos. No podemos entenderlo, y, ni siquiera, se nos ocurre pedirle esa sabiduría.

Quizás pasamos el tiempo pidiéndole muchas cosas que, posiblemente, no las necesitemos tanto, y pasamos de pedirle e insistir en lo fundamental y necesario: "La sabiduría de darnos cuenta de nuestra salvación por su Gracia y Amor Misericordioso".

Estamos salvados, y sólo necesitamos para consumar esa salvación responderle al Señor afirmativamente y, puestos en Manos del Espíritu Santo, esforzarnos en amar y amarnos como Él nos ha enseñado. Porque Jesús no fallará, no puede fallar. Porque es el Señor, y su Palabra es Palabra de Vida Eterna.

Vendrá a buscarnos, tal y como ha prometido, para llevarnos, cumpliendo su Palabra, a ese lugar que está preparando para cada uno de nosotros (Jn 14, 2), y del que no podemos imaginar como será. Sólo podemos comparar las maravillas de este mundo, que nos encantan y nos gustan. Pues lo que Él nos prepara no tiene ni comparación. ¿Dios mío, que será! Y en donde seremos plenamente felices.

Realmente vale la pena vivir en esa esperanza. Esperanza que no está fundada en ilusiones o fantasías, sino en promesas de Jesús Resucitado. Jesús que Murió y Resucitó para demostrarnos que es Señor de vivos y muertos, y que en El también resucitaremos nosotros.

Te pedimos, Señor, que nos des la Gracia de, pacientemente, vivir en tu Palabra y seguir tus mandatos en el ejercicio de la oración de cada día, y la frecuente Penitencia, arrepentidos de todos nuestros pecados diarios, lavados en tu Misericordia, y alimentados por la fuerza de tu Espíritu en la Eucaristía para vencer y resistir las tentaciones de este mundo.

sábado, 14 de noviembre de 2015

SÓLO TE PIDO, SEÑOR, SABIDURÍA PARA NO DEJAR DE INSISTIR MIS SÚPLICAS



No quiero callarme, Señor, entre otras cosas, la principal, porque Tú me invitas y me llamas a pedirte. La oración que me has enseñado, el Padre nuestro, resume toda mi súplica, que llena mi vida plenamente. Primero, darte gracias y alabanzas a Ti, Padre Bueno del Cielo, y luego pedirte que tu Reino, ese Reino que Tú has venido a instaurar en este mundo, sea el Reino que yo anhele y quiera vivir según tu Voluntad.

Y, tal como Tú me dices hoy, no quiero silenciar mi voz nunca. Ni siquiera en los momentos que todo indique que no estás, o que no me escuchas, ni me respondes. Y, también, en esos momentos que la vida se me tuerce y su peso me dobla mi cansada espalda.

Sé que estás ahí, Señor, y que responderás cuando lo creas conveniente y necesario. Sólo Tú sabes lo que necesito y cuando lo necesito. Por eso, Dios mío, te pido luz, fortaleza, fe, confianza, paciencia y sabiduría para entregarte mi libertad y voluntad, y ponerlas a tu servicio, estando siempre unido a Ti e implorando tu Gracia y Misericordia.

Danos también, Señor, la voluntad de perseverar e insistir, como esa mujer ante la negativa del juez injusto, confiados en que Tú, Señor, siempre nos responderás con la mejor solución para nuestros problemas. Porque Tú tienes Palabra de Vida Eterna. Amén.

viernes, 13 de noviembre de 2015

EN ESTADO DE ALERTA

HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA UNIDA Y DEFENSA DE LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS




La palabra alerta está ahora muy de moda. Cada temporada otoñal y de invierno la oímos muchas veces. Tales comunidades están en alerta. Nos ponemos en alerta a cada momento. El progreso ha traído muchos avances y comodidades, pero también riesgos e incertidumbres. Y, desde la vigilancia, es bueno que nos despierten y nos pongamos en alerta, porque la vida deberíamos vivirla en constante alerta.

Alerta, porque el Hijo del Hombre, nuestro Señor Jesús, no nos avisará, ni el día ni la hora de su segunda venida. Y así como nos dice en el Evangelio de hoy lo ocurrido con Noé y Lot, así sucederá cuando se haga presente en este mundo. No sabemos si estaremos o no presentes, porque, quizás, a nosotros nos haya llegado el momento antes. Pero de una forma u otra, conviene estar en permanente alerta para cuando llegue el Señor.

Cierto es, no hay ninguna duda ni discusión al respecto, que llegará el día de nuestro final, de la misma forma que llegó el del principio. Pero cierto es también que Jesús nos ha prometido venir al final de los tiempos a llevarnos con Él a ese lugar que nos tiene prometido. Su Palabra siempre ha sido cumplida, hasta el punto que ha vencido la muerte, ha Resucitado. Y en Él también resucitaremos nosotros.

Por lo tanto, se hace necesario, muy necesario estar siempre en estado de alerta. No sólo en el sentido literal de la climatología, sino en el verdadero sentido espiritual, que es el que verdaderamente importa y nos salva. Porque es para siempre, y terminará con todas alertas. Ya no hará falta estar vigilantes, porque estamos con el Señor, y allí, donde Él nos ha preparado un lugar, no hará falta estar alertados, temerosos de peligros y muertes, porque viviremos en plenitud de gozo eternamente en la presencia del Padre.

Es verdad que no podemos imaginarnos ese lugar, pero nos llenamos de paz, alegría y esperanza pensando que al final, cuando creamos que todo se acaba, empieza la verdadera vida que todos estamos esperando. Por eso, Señor, te damos gracias y te pedimos que nos des la sabiduría y fortaleza de conocerte y de permanecer fiel a Ti. Amén.

jueves, 12 de noviembre de 2015

HAS VENIDO, SEÑOR, A INSTAURAR TU REINO



Con tu venida se ha instaurado el Reino de Dios. Porque Tú, Señor, eres el Reino de Dios. Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida. Eres el Reino de los Cielos, porque en Ti está la Verdad y la Justicia. Y donde hay Verdad y Justicia hay Amor.

Y ese es el Reino de los Cielos, un Reino de Verdad, de Justicia, de Paz y Amor. Y la mayor prueba, tan evidente que la observamos todos los días y a cada instante, es que todos los hombres buscan y luchan por eso. ¿Qué son las luchas políticas, sino mensajes y promesas de instaurar leyes y derechos que vayan dirigidos al bien común de todos los hombres? Todos buscamos eso.

Ahora, lo que ocurre que todos decimos muchas mentiras y nos auto engañamos y engañamos a los demás. Y, luego, no cumplimos lo que decimos. Y, por eso, por nuestro egoísmos y pecados, el mundo está mal, y el Reino de Dios no está instaurado. Pero, verdad es, que todos lo buscamos y queríamos implantarlo.

Pues, para eso ha venido Jesús. Y Jesús no miente, sino que todo lo que ha dicho y dice se cumple. Y Reina en el corazón de todos los hombres que se abren a la Verdad. La Verdad y la Vida que Él nos proclama y que, con su Vida, nos enseña el Camino.

Pidamos al Señor la sabiduría, la fortaleza y la paz, para que en El podamos encontrar caminos de verdad y de justicia entre los hombres. Y para que no perdamos la esperanza de ser pacientes y confiados en su Palabra, hasta que llegue el momento que venga definitivo a nuestro corazón y lo deje verdaderamente instalado para siempre.

¡Ven, Señor, a reinar dentro de mi corazón e instaura en él tu Reino. Reino de verdad y justicia; Reino de amor y de paz! ¡Ven Señor!. Amén.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

CADA DÍA GLORIFICO TU GRACIA, SEÑOR



Es posible que, sin darnos cuenta, nos acostumbramos a recibirte ya casi de forma rutinaria. Te has hecho Alguien tan presente en nuestra vida que, quizás, a pesar de estar contigo cada día, te olvidamos igual que esos nueve leprosos que se olvidaron de regresar a darte gracias.

Posiblemente nos ocurra eso. Incluso participamos en la Eucaristía y hasta la reclamamos como un derecho sin percatarnos que es una Gracia. Una Gracia que has hecho y haces cada día para quedarte con nosotros y darnos tu Fuerza y tu Luz, para que podamos permanecer fiel a Ti.

No somos mejores que los nueve leprosos, que quisieron seguir sin contar contigo después de ser curados. No somos mejores que aquellos que, no te siguen porque no te conocen, porque de experimentar tu Gracia y tu Amor, seguirían sin titubear y de forma firme tus pasos.

Queremos, Señor, pedirte perdón por nuestra ingratitud, y por ni siquiera contar contigo para muchas cosas en las que te dejamos fuera y te damos la espalda. Queremos pedirte perdón por tantos rechazos y por tantas indiferencias y manipulaciones. Porque te usamos como una caja mágica para pedirte lo que nos interesa y según nuestros egoísmos. ¡Hay tantas cosas de las que queremos pedirte perdón, Señor!

Pero, también muchas para darte gracias. Sobre todo por tu Amor desinteresado y comprometido. Tu Amor Misericordioso por el que tenemos la esperanza de ser perdonados y curados. No una curación temporal, sino la salvación Eterna.

Y, sobre todo, Señor, por la Eucaristía, donde permaneces pacientemente en espera de mi regreso. Y, no sólo para abrazarme y perdonarme, sino para darte Tú mismo en alimento espiritual que me infunda la sabiduría, la fuerza, el valor, la voluntad y la luz que ilumine mi vida hasta descansar en Ti. Amén.

martes, 10 de noviembre de 2015

¿BUSCAMOS RECOMPENSA?



La tendencia natural es, cuando hacemos nuestro deber, buscar recompensa. Hemos oidos decir muchas veces a modo de queja: ¡Yo, que he cumplido siempre con mi deber! ¡Yo, que siempre me he esmerado en hacer las cosas lo mejor que puedo!...etc., como pidiendo reconocimiento y recompensa.

Y los demás tenemos la inclinación siempre de premiar a aquellos que con esmero han cumplido con su deber. ¿Acaso no es lo que les correspondían hacer? La costumbre de dar propinas descubre un poco esta tendencia a premiar el buen hacer. Es algo que nos sale desde dentro y que sentimos que debemos hacer.

Sin embargo, debemos hacer y cumplir nuestro deber sin ánimo de recompensa. Porque ya hemos sido recompensados al tener la oportunidad de servir. Descubrir que en el servicio somos felices, es descubrir que la felicidad no está en tener ni atesorar tesoros caducos y bienes temporales. La felicidad está en amar, y amar es servir.

Y eso es lo que nos descubre Jesús hoy en el Evangelio. No se trata de comprar amor con el servicio, porque eso ya lo anularía. El servicio no busca recompensa, porque entonces está escondido en el interés y el beneficio. Se trata de servir desde la gratuidad y el desinterés. Es decir, desde el amor.

Danos la Gracia, Señor, de no servir para luego ser pagado con la misma moneda y ser servido. Porque esa entonces sería mi recompensa. Y yo no la quiero, porque eso es caduco. Yo quiero la recompensa de tu Amor, de tu Amor Eterno que se me ha dado gratuito y sin interés, sino por Amor.

Y, de la misma forma, lo quiero dar yo. Servir gratuitamente, sin esperar nada, por amor. Eso te pido hoy, Señor, que transformes mi corazón de piedra, ambicioso, en un corazón de carne, entregado y generoso sin pedir nada a cambio. Amén.

lunes, 9 de noviembre de 2015

ORACIÓN DE LAUDES




HIMNO

Piedra angular y fundamento es Cristo

del templo espiritual que al Padre alaba,

en comunión de amor con el Espíritu

viviente, en lo más íntimo del alma.



Piedras vivas son todos los cristianos,

ciudad, reino de Dios edificándose,

entre sonoros cánticos de júbilo,

al Rey del universo, templo santo.



El cosmos de alegría se estremece

en latido vital de nueva savia,

al pregustar el gozo y la alegría

de un cielo y una tierra renovados.



Cantad, hijos de Dios, adelantados,

Cristo total, humanidad salvada,

en la que Dios en todos será todo,

comunión viva en plenitud colmada.



Demos gracias al Padre, que nos llama

a ser sus hijos en el Hijo amado,

abramos nuestro espíritu al Espíritu,

adoremos a Dios que a todos salva. Amén.



9 de noviembre de 2015, 
lunes de la semana XXXII del Tiempo Ordinario. 
Dedicación de la Basílica de Letrán. .
Oración de la mañana (laudes) 

domingo, 8 de noviembre de 2015

¡CUÁNTO ME CUESTA DARME!



Es verdad que dar no cuesta mucho. Sobre todo cuando se tiene. Hay mucha gente que reparte y comparte muchas cosas, y les dan el calificativo de buenas personas. Y no digo que realmente lo sean. Creo que sí, que lo son. Pero, también creo que lo que nos pide Jesús no es simplemente dar y compartir, sino darnos totalmente nosotros.

La conversión es un vuelco total del corazón. Es dejarlo todo, como el ciego Bartimeo, y de un brinco, soltar el manto, y correr tras Jesús. Y, al menos a mi pobre juicio, no creo que, por lo menos yo, esté en esa actitud o intención. Otra cosa es que lo desee, pero me experimento prisionero y esclavo de mis mismas pasiones, ambiciones y humanidad pecadora. No me hace falta descubrirme pecador, porque en esas cosas lo experimento.

Me cuesta dar, y aunque comparto y doy, no sé exactamente en qué medida lo hago. ¿Estaré en ese nivel de aquella pobre viuda? ¿Estará Jesús mirándome con esos ojos como a la pobre viuda? Pero si descubro la necesidad de orar, de pedirle que convierta mi corazón, que lo despegue de todas esas pasiones humanas que lo aprisionan, y que lo haga más generoso y misericordioso.

Y eso, creo, que es, no bastante, pero si importante para continuar el camino. No somos lo suficientemente pobres para quedarnos tranquilos y satisfechos. Ni creo que lo conseguiremos, pero nos llena de esperanza la buena intención de estar intentándolo, y de sabernos perdonados, en su Misericordia Infinita, por el Señor. Supongo que, llegados a la Casa del Padre, seremos totalmente libres para dejar escapar toda la caridad que ahora anhelamos y que no podemos.

Gracias Señor por darnos esperanza y luz para, en lugar de declinar y abandonar, ilusionarnos en seguir, erre que erre, tratando de asemejarnos a Ti. Conviértenos Señor.

sábado, 7 de noviembre de 2015

VACIA MI CORAZÓN, SEÑOR, DE TODA APARIENCIA



La tentación de aparentar nos amenaza en cada momento. Incluso, en nuestros escritos, comentarios y todo tipo de reflexiones, imaginamos personas que luego, al conocerlas personalmente, nos pueden desilusionar. Dentro de nosotros hay una maquina que sueña, que imagina y que, en muchos momentos, distorsiona la realidad y nos introduce en nuestro mundo, que quizás no es el mundo de Dios.

Esforzarnos en ver esa realidad con ojos reales y vivirla según nos exhorta la Palabra de Dios, es lo que entendemos por seguir al Señor. Dejarnos empapar por la acción del Espíritu Santo, y ponernos en su Mano es la actitud de descubrir nuestro deseo de serle fiel.

Nos engañamos cuando, esforzándonos en pequeños detalles, como felicitar por las onomasticas, que sólo nos exige seguir el control y programa de un ordenador, queremos aparentar que nos preocupamos por esas personas, cuando lo que está detrás es ganárnoslo para la causa. Puro proselitismo, que también utiliza el Corte Ingés. Sí, realmente es un esfuerzo, pero no precisamente para acercar a esa persona a Dios, sino a ellos. Quizás no sea esa la intención, pero subyace una mezcla de Dios y dinero. 

Posiblemente no nos demos cuenta, pero quizás el fruto está algo podrido. Mejor es proclamar con la verdad sencilla y transparente. Y confiar. El mundo está mal, y nos experimentamos impotentes y sin saber qué y cómo responder. Pero no perdamos de vista que el Espíritu Santo está aquí, entre nosotros, y toma parte en esta guerra y batalla. Así que, sin esto querer eximirnos de nuestra lucha, esfuerzo y trabajo, tengamos confianza que ganaremos.

Pidamos al Señor la Gracia de serles fieles en las pequeñas cosas de cada día: nuestros pequeños compromisos familiares, profesionales, apostólicos y pastorales. Porque si en lo pequeño tratamos de responder fielmente, también lo haremos en lo grande. De lo contrario falseamos nuestra propia historia.

viernes, 6 de noviembre de 2015

ADMINISTRADORES INFIELES

HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA UNIDA Y DEFENSA DE LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS




Todos llevamos un administrador infiel dentro de nosotros. El pecado nos inclina a eso. Desobedecemos la Voluntad del Señor y tratamos de engañarle. Así que nadie se crea mejor que ese administrador con cara de astuto y de mirada perspicaz mal intencionada, que trata de aprovecharse de la oportunidad que le da su administrador para garantizar su futuro.

¿Cuántas veces hemos hecho lo mismo cada uno de nosotros? ¿Y cuántas veces seguimos haciéndolo? Por eso, la oración, es la gimnasia con la cual tratamos, por la Gracia de Dios, de evitarlo, y de ser fiel y buen administrador de los dones que Dios, nuestro Padre, nos ha dado.

Hoy nos vemos retratado en esa parábola del administrador injusto, y, consciente de esa tentación a la que estamos avocados, te pedimos, Señor, que nos llenes de tu fortaleza para no dejarnos arrastrar por la seducción de la ambición y de las riquezas. Ni tampoco por la infidelidad, tomando el camino más cómodo, injusto y fácil.

Danos la humildad de sabernos pecadores, y de dolernos con un corazón contrito de nuestras ofensas y pecados, y de aceptarnos confiados en tu Perdón y Misericordia. Y de despertar de nuestro letargo para poner en plena actividad nuestro interés por construir un mundo mejor. Construir desde nuestra propia construcción, es decir, edificando nuestra vida desde tu Palabra y con nuestra acción apoyada y confiada en Ti.

De tal forma que, la vida y su movimiento sustituya a la palabra hablando en su lugar. Sería el mejor golpe de astucia y perspicacia que descubre nuestra verdadera prioridad poniendo en su lugar las cosas de tu Reino, Señor. Hoy, confiados en tu Gracia, te pedimos esa Gracia. Amén.

jueves, 5 de noviembre de 2015

ME DA MIEDO, PERO TÚ, SEÑOR, ME ENVÍAS



A veces me paro, y pienso: ¿quién soy yo para hablar de tu Palabra, Señor? ¿Con qué autoridad puedo hablar cuando no soy ejemplo de nada? Me confundo y me paralizo, pero, por tu Gracia, Señor, no puedo alejarme de Ti. Me sería, ahora, imposible.

En cierta ocasión, hace ya bastantes años, y en una celebración carismática, exclame: ¡Qué grande eres, Señor! ¡Sin Ti no podría dar sentido a mi vida! Durante años he creído que fue un impulso contagiado por el ambiente de oración. Pero, poco a poco, he ido experimentado que aquel impulso fue movido por el Espíritu Santo.

Porque, ahora, experimento que mi vida sin Ti, Señor, sería un desastre, un sin sentido y una desesperanza. Es verdad que las dudas y tribulaciones están al día, y las caídas son constantes. Y la vida, mi vida, está por debajo de tu Palabra, Dios mío. Pero, cuando estoy en estos pensamientos, descubro que Tú me has elegido; me has acogido; mes has perdonados; sabes exactamente, mejor que yo, quien soy, y, así y todo, me dejas perplejo, porque me envías y confías en mí. Realmente no salgo de asombro.

Y, ¿cómo me voy a negar? ¿Cómo voy a decirte que no, que yo no valgo, que yo no estoy a la altura, que eso no es para mí? ¿Acaso sé yo más que Tú?

Claro que sí, mi Señor. Claro que sí que voy, porque lo hago en tu Nombre, y porque soy consciente de que en Ti iré mejorando. ¿Pues dónde está mi fe? Claro, contigo tendré que crecer, que mejorar e irme perfeccionando. Para eso se ha quedado el Espíritu Santo. ¿No para perder el tiempo y la guerra? 

Indudablemente que en esa última decisión, tú y yo, tenemos una importancia vital. Somos libres y tenemos voluntad para elegir y dar permiso al Espíritu para que actúe en nosotros  Esa es la única y gran dificultad, porque exige renuncias, esfuerzos, olvido de ti mismo, humildad y mucho amor. Pero de todo eso, con tu pequeña colaboración se encargará el Espíritu Santo.

Ven Espíritu Santo, llena el corazón de tus fieles y encienden en todos nosotros la llama de tu Amor. Envíanos, Señor, tu Espíritu, y nuestros corazones serán creados y transformados de hombres viejos en hombre nuevos. Amén.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

¿Y CUANDO TENGA EL CORAZÓN LLENO DE RIQUEZAS, QUÉ HAGO?



Es la pregunta que quizás no nos hacemos, ni, tampoco, tiene respuesta. Pero, a penas que nos paremos un poco y tratemos de reflexionar, despertaremos de la locura de atesorar sin saber para qué. Conozco a muchas personas, ya fallecidas, que han vivido atesorando, y han perdido la riqueza de vivir. Porque cuando el corazón se tiene en las cosas, piensas y vives como si de una cosa se tratara. 

La vida la reduces a cosas, a objetos, y terminas tratándote como un objeto. Depende de las cosas, y te valoras en función de las cosas. Eres según lo que tengas y el valor de lo que tengas. Pierdes el norte de lo que eres, y terminas perdido, hasta el punto que pierdes la vivencia de tu propia vida. 

Porque tú eres un ser humano en relación. No puedes vivir solo, y necesitas relacionarte, es decir, querer y amar. Y si tu mundo lo reduces a cosas, quedas cosificado y en un mundo de cosas. Un mundo material y materializado. Luego, si tu corazón está lleno de riquezas caducas, que pertenecen a este mundo, qué haces cuando emprendas el viaje al otro. Porque tú, y yo, no somos de este mundo. Y mejor que así sea y lo entendamos, porque este mundo no tiene esperanza ni futuro.

Nosotros no somos de este mundo, porque seguimos al Señor, cuyo Reino no está en este mundo, sino en el del Padre. Un mundo de gozo, de felicidad, de paz y de amor. Un mundo lleno de Verdad y de Vida. Por eso, se impone hacer cálculos y medir bien nuestras posibilidades, para saber qué hacer y cómo hacerlas.

Hoy, Señor, te pedimos nos enseñes a discernir el bien y diferenciarlo del mal. A saber guardar cosas que huelan a amor y perfumen la vida de verdad y justicia. A encontrar el verdadero gozo, no en las cosas, que aunque aparentemente apetitosa, esconden la amargura de la mentira y del pecado. Danos la luz de encauzar nuestra voluntad según tu Palabra y posponer todo, incluso nuestra vida, a vivir en tu Palabra y Voluntad. Amén.

martes, 3 de noviembre de 2015

CADA DÍA SOMOS INVITADOS A TU BANQUETE, SEÑOR



Posiblemente, muchos días, rechace tu invitación, porque cada día me invitas a vivir el gozo y la alegría de tu Banquete espiritual. Y no sólo lo haya rechazado durante muchos días de mi vida, sino que cuando lo he aceptado, quizás no haya sabido gozar y aprovechar todo lo que en él se me ha ofrecido.

Es verdad, Señor, y me arrepiento y pido perdón, que las cosas del mundo me entretienen. Que, con los ojos fijados en ellas, las he preferidos antes que aceptar tu invitación. No vemos sino por los ojos mundanos y con los criterios materiales que nos esclavizan y encadenan en este mundo. Y no veo otra solución sino la de ponerme en tus Manos, Señor, para que me abras los ojos y, realmente, vea.

Experimento mi pobreza y mis pecados, y tomo conciencia de mi esclavitud. Sólo Tú, Señor, me puedes liberar, y darme la sabiduría de aceptar tu invitación, porque es la única valiosa y la que me da gozo y felicidad para toda la vida.

¿Cómo puedo rechazar tu invitación, Señor, para aceptar y tomar la que el mundo me ofrece? ¿Acaso estoy loco o perdido? ¿Cómo mis ojos pueden ver la basura de este mundo, y no percibir el Tesoro gozoso y feliz que Tú, Dios mío, me ofreces? ¿Se puede entender esto?

Sólo hay una respuesta, el pecado. La herencia de nuestra ceguera por el pecado, que nos somete y nos esclaviza hasta el punto de distorsionar la realidad y confundirnos tomando lo temporal y caduco, por lo bueno, gozoso y eterno.

Abre nuestros corazones, Señor, para que, iluminados por el Espíritu Santo, sepamos discernir, a pesar de nuestras limitaciones y tribulaciones, la verdadera invitación al único y gozoso Banquete de la Vida Eterna. Amén.

lunes, 2 de noviembre de 2015

ORAR PRIMERO, PARA LUEGO VIVIR LAS BIENAVENTURANZAS



Sería una locura querer vivir las bienaventuranzas sin llevar el corazón lleno de oración. Todo viaje exige un mochila, donde transportamos agua, alimentos y las cosas más necesarias para poder soportar el camino. Pues bien, la oración es toda la mochila que necesitamos para intentar vivir las bienaventuranzas. Mucha oración a todas las horas. Sin ni siquiera dejar un día para descanso.

Porque la oración es un descanso, un desahogo, un contacto, una vitamina, una compañera, una luz, un esfuerzo, una voluntad y un diálogo constante con el Espíritu de Dios que nos acompaña y que nos dirige, precisamente, a través de la oración.

Orar es levantar el corazón a Dios, entregárselo plenamente convencido, y vivir a sus impulsos. Sólo en esta actitud podemos caminar por el camino señalado y bienaventurado que Jesús nos propone. Y en el cual seremos dichosos y alegres. No solamente ahora, sino eternamente.

Por eso, Padre del Cielo, te pedimos todos juntos desde este rincón de oración, la luz y la sabiduría necesaria para no desfallecer y, poniendo toda nuestra voluntad, empeñarnos en vivir el espíritu de las bienaventuranzas, y con nuestro esfuerzo y transparencia, dejar pasar esa luz que caracteriza a todos los que te siguen, y que contagia a todos los hombres de buena voluntad.

Y que, confiando en nuestro Padre Dios, y en ti, Señor Jesús, seamos capaces de esperar tu llegada. Que será cuando nos hayas preparado esa hermosa estancias en la Casa de tu Padre, a donde has ido a preparárnosla. 

Padre, que no perdamos esa oportunidad de estar esperando esa maravilla gozosa que no podemos imaginar, y que nos llena de esperanza y de felicidad. Y sabemos que la manera de esperarla es viviendo nuestra vida en el espíritu de las bienaventuranzas. Amén.

domingo, 1 de noviembre de 2015

NUESTRA VITAMINA PARA EL CAMINO: LA ORACIÓN



Un buen vaso de oración al levantarnos; otro a media mañana como buen aperitivo, para soportar el ajetreo de la jornada matutina. Luego, el reconfortante almuerzo, y el respetuoso agradecimiento por tener alimentos que comer y compartir en familia. Sin olvidar lo que podamos hacer con los demás.

Más tarde, la merienda que nos aviva y despierta en la soñolienta tarde, para terminar con la agradecida oración de despedida por todo lo ocurrido durante el día. La oración es la vitamina que siempre debemos llevar en el bolsillo del corazón, pero no para tenerla guardada para los momentos de peligro o emergencia, sino para que cada instante de nuestra vida se vea reforzada con la presencia gozosa del Espíritu de Dio y su fuerza iluminadora para cada paso que damos.

Te damos gracias, Padre, por ese rosario de bienaventuranzas que nos señalas y que nos animas a vivir. Te damos gracias, Padre Bueno, por todas esas orientaciones que nos marcas como renuncias y luchas para liberarnos de nuestras esclavitudes. Te damos gracias. Padre, por tu eterna presencia en el camino, porque sin Ti no podríamos, ni pensar, ni intentar y menos cumplir ese camino de desapegos, de servicios, de renuncias y amor que Tú nos propones.

Te damos gracias, Señor, porque detrás de ese papel que envuelve todos esos esfuerzos y renuncias, no hay olor a muerte, sino se desprende un olor amoroso, tierno, gozoso, de alegría, de vida eterna y dicha de la que Tú hoy nos habla. 

Y con las gracias, Señor, quiero pedirte que me llenes de tu Espíritu, de tu sabiduría y fortaleza, para que, escondido en tu Humildad y Misericordia, pueda ir dándome y encontrando el único y verdadero camino que lleva a Ti. Amén.