ÚLTIMAS REFLEXIONES

UN RINCÓN PARA ORAR

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viernes, 30 de septiembre de 2016

SEÑOR, CONVIERTE MI CORAZÓN

HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS




A veces no se trata solamente de oír, sino de tener la sensibilidad de darnos cuenta de nuestra propia realidad. Todo no consiste en entender, sino de convertir nuestro corazón de piedra en un corazón de carne inocente, pobre, pequeño y humilde. Un corazón de niño. Ya en una ocasíón lo dijo Jesús, Mt 18, 3.

Posiblemente no entendamos lo que es orar, porque, quizás, sin darnos cuenta, entendemos que es estar, concentrado, en actitud de recogimiento y atención y hasta sientiendo gozo. No decimos que eso no sea, pero si decimos que somos muy proclives a distraernos, a perder la concentración y hasta no apetecernos orar. Y nos cuesta mucho pasar un rato con el Señor. Y hasta, me atrevo a decir, que el Señor lo sabe.

En cierta ocasión le pregunté a un padre prior de los Benedictinos que en la oración tendríamos que sentir gozo, y que si no era así algo sucedía. Y creo recordar que él asintió, aunque no lo que me dijo. Y supongo que todo eso es cierto y verdad. Pero lo importante en la oración es nuestra voluntad decidida a orar, a estar con Dios. 

Es el tomar conciencia y darnos cuenta que Dios es lo primero en nuestra vida y al que dedicamos nuestro tiempo. Un tiempo importante de cada día. Ponernos a orar, es decir, a hablar con Dios, es ya oración. Obligarnos a estar un rato con el Señor, a pesar de que se nos vaya el santo al cielo y nos distraígamos, es oración. Orar es la decidida voluntad de querer hablar y escuchar. Sobre todo escuchar lo que Dios quiere de mí. A pesar de todos mis defectos y distracciones.

Posiblemente, eso les faltó a esas ciudades de Corozaín, Betsaida y Cafarnaúm. Su gente no supo o no quiso o no tuvieron voluntad de escuchar a Jesús. ¿Nos ocurre a nosotros lo mismo? Tratemos de hacer silencio en nuestro interior y voluntariamente, porque queremos, a pesar de nuestros despiste, permanezcamos en silencio a la escucha de lo que Dios nos quiere decir. Seguro que empezaremos a entenderle y conocerle, y también a obedecerle. Tengamos confianza en el Espíritu de Dios. Amén.

jueves, 29 de septiembre de 2016

LIMPIA MI CORAZÓN, SEÑOR DE TODA DOBLEZ



Limpia, Señor, mi alma de toda doblez, de toda mentira y de vivir con y en apariencias según cada una de las circunstancias de mi vida. Que sea siempre el mismo y que mi vida sea transparente, limpia y humilde. Porque de esa manera te encontraré, Señor, como ocurrió con Natanael.

Porque, Tú, Señor, sólo puedes estar en la verdad y la justicia y, sobre todo, en la Misericordia. Quieres misericordia porque Tú eres misericordioso. Por eso no hay que mentir sino mostrarse tal y cual se es, porque Tú sabes como son cada una de tus criaturas. 

Mostrándonos como somos, sin dobleces, estamos reflejando como Dios nos ha hecho. Y Dios no hace nada malo. Somos, eso sí, pecadores por nuestra naturaleza caída por el pecado, pero arrepentidos y humildes, postrados ante el Señor, suplicamos alcanzar su perdón y misericordia.

Así, unidos a Natanael proclamamos que Tú, Señor, eres el Rey de Israel, y te suplicamos que nos limpies de toda inmundicia y de todo pecado. Danos, Señor, tu salvación y la gloria de ver los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre.  Amén.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

¡SEÑOR, TÚ MI PRIMERA OPCIÓN!



Sé, Señor, que mis fuerzas me fallan, y mi condición humana me traiciona a cada momento. El camino, la subida se hace cuesta arriba y penosa. Me quedo a mitad del camino y me asaltan muchas tentaciones que me invitan a abandonar, a instalarme en la comodidad y placeres. Saber que Tú me invitas a seguirte y a subir contigo a Jerusalén no me seduce, porque me da pereza y, según me dices, no tienes donde reclinar tu cabeza. 

Siempre estás en camino. ¿Es esa tu invitación, Señor? No tengo fuerzas ni tampoco ganas, pero mi corazón, Señor, si siente deseos de seguirte. Pero, ¿cómo, Señor? Por eso empezaba mi humilde reflexión - oración desnudándome ante Ti. Porque soy débil y frágil. Mi esperanza es saber que Tú me conoces y, conociéndome a fondo, ¿me invitas?

Eso transforma mi corazón y lo llena de esperanza, porque Tú, Señor, no puedes mandarme nada que yo, contando con Tu Gracia, no pueda hacer. Gracias, Señor, por tu Amor y Misericordia, y porque, no sólo me invitas, sino que me acompañas. Así, con tu ayuda y tu presencia eterna, puedo caminar tranquilo y esperanzado porque sé que puedo superar todas las pruebas que se me presentan en el camino. Porque, contigo Señor, soy mayoría aplastante. Amén.

martes, 27 de septiembre de 2016

SEÑOR, LO QUE TÚ DIGAS



Lo inmediato es protestar, o buscar defectos y fallos. Lo inmediato es rebelarnos y contradecir tus planes, Señor. Sobre todo si no son de nuestros gustos y nos incomodan. Aquellos samaritanos no te acogieron porque ibas camino de Jerusalén, y, quizás, nosotros dejamos también de acogerte porque nos resulta difícil seguirte y aceptar a los que caminan juntos a mí.

Danos, Señor, la docilidad de obedecerte y de confiar en lo que Tú digas. Dame, Señor, la humildad, como tu Madre María, para guardar las cosas que no entiendo y esperar con paciencia a que Tú las alumbre con tu Espíritu. Danos, Señor, la paciencia de saber esperar y aguardar a que llegue nuestra hora sin dejar de estar ni un momento en tu presencia.

Danos, Señor, la sabiduría de abrir las puertas de nuestros corazones y dejar que Tú entres en ellos y los transformes en corazones de carne, suaves y tierno a la misericordia y al perdón. Límpianos, Señor, de toda venganza y deseos de imponer nuestras voluntades por la fuerza. Y, enséñanos a comprender, perdonar y a amar con misericordia.

Danos las fuerzas de subir contigo a Jerusalén, a esa Jerusalén que es nuestra propia vida y compartirla contigo, ofreciéndotela y poniéndola en tus Manos para que Tú la fortalezca y la impulses a morir por amor y servicio a los demás. Danos, Señor, la luz y la voluntad que necesitamos para cumplir y vivir en tus mandatos sin desesperar ni apurarnos por nuestros fracasos y limitaciones. Que siempre los veamos como ocasiones y oportunidades que nos sirvan para crecer y preparar el momento de nuestra hora.

Te pedimos, Señor, que nos alumbre en los momentos difíciles y oscuros de nuestra propia subida, para que sepamos, como Tú, continuar la marcha sin titubeos y con firmeza, a pesar de que no encontremos la acogida que necesitamos y esperamos. Amén.

lunes, 26 de septiembre de 2016

SER ÚLTIMO PARA SER PRIMERO



Todos los hombres buscan los primeros puestos. Todos queremos ganar. Nadie juega con la intención de perder. Y eso ocurrió hace aproximadamente dos mil años. Los apóstoles se disputaban los primeros puestos y discutían sobre quien de ellos sería el mayor. No parece que los tiempos hayan cambiado mucho.

Jesús que advierte esas disputas y sabe lo que anhelan sus corazones, les dice: «El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor». No se trata de mandar, sino de servir. Y se ocupa un puesto primero para servir, pues eso nos lo transmitió Jesús aquella noche en la que obligó a sus apóstoles a dejarse lavar los pies por Él.

Si Él, el Maestro, hace eso, ¿qué debemos hacer nosotros? Pues exactamente lo mismo, servir y servir. O lo que es lo mismo, amar y amar. Porque servir es amar. O dicho de otra forma, se sirve porque se ama. Y porque se ama, se sirve. Es lo que hace Jesús con todos nosotros, los pecadores. A pesar de nuestros pecados y rechazos, Jesús continúa ahí esperando nuestro regreso para llevarnos a la Casa del Padre.

Y en eso vale todo lo que nos ayude a regresar, porque de lo que se trata es de encontrar el camino de regreso. No todos, quizás, venga del mismo lugar o estén en el grupo, pero si todos aquellos que se esfuerzan en amar encontrarán el camino. 

Y eso es lo que pedimos en este momento de oración. Danos, Señor, la sabiduría de no poner obstáculos e impedimentos a aquellos que, de alguna manera, ayudan a encontrar el verdadero camino hacia Ti. Quizás no sea desde dentro o en la Iglesia, pero lo que verdaderamente importa es lo que nos dice Jesús: «No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros». Amén.

domingo, 25 de septiembre de 2016

AYÚDAME, SEÑOR, A DESCUBRIR MIS RIQUEZAS



Igual, al hablar de riquezas, todo se centra en el dinero. Ser rico es tener mucho dinero. Y aunque eso signifique que se es rico, no es la mejor de las riquezas. Al menos la única, porque hay muchas más riquezas, y más peligrosas que el dinero. 

Hay mucha gente que dispone de tiempo, pero lo emplea para el disfrute personal y pasarlo bien. ¿No es eso lo que hacía el rico epulón? Aunque él lo empleaba para banquetearse, otros lo emplean para jugar, pasear, leer o ver películas. Sólo piensa en darse buena vida sin importarle que ocurre a su derredor. Ese fue el pecado del rico epulón.

El próximo miércoles hay programada una reunión en mi parroquia para todos aquellos que den catequesis. Pues, ojala me equivoque, irán los mismos de siempre. ¿Dónde están los que siguen a Jesús y disponen de tiempo para colaborar con la catequesis? Hacen falta obreros. Y igual que la catequesis, es sólo un ejemplo, digo de otros ministerios o pastorales. Hace falta gente, y gente comprometida y enamorada del Señor y de su Mensaje. 

Porque, tampoco todo consiste en dar, sino la forma en que se da. Con entusiasmo, con testimonio y viviéndolo y con amor. Es este un buen momento para pedírselo al Señor y dar un paso al frente y abrir nuestro corazón. Ponerlo a sus pies para que disponga de él y lo convierta en un corazón disponible, solidario, generoso y amoroso.

Danos, Señor, el don de dar todo lo que hemos recibido de tu Mano generosa. Darlo y compartirlo con aquellos que no tienen y lo necesitan. Pero, también, Señor, enséñanos a compartir, a dar todo lo que podemos y debemos dar, porque en eso consiste el amor y por él estamos salvados, pues Tú, Señor, nos ama incondicionalmente sin merecerlo. Amén.

sábado, 24 de septiembre de 2016

DAME FORTALEZA, SEÑOR, PARA ACEPTAR MI CRUZ



Todos tenemos una cruz. Una cruz que se compone de pequeñas cruces, pero al final, una cruz. La cruz de nuestra vida. Y pasa por delante de nosotros a cada instante. Unas veces puede ser el esfuerzo de una sonrisa; otras veces puede ser la escucha atenta; en algún momento consistirá en compartir la alegría, y en otros, llorar, acompañar, sufrir y aceptar nuestros errores y fracasos. Fracasos de mi vida y de los que caminan a mi lado.

La cruz, nuestra cruz, va con nosotros a todas partes. Muchas veces es ligera y suave, pero otras se hace yerta, dura y pesada. Pero todas valen su peso en ora, porque en todas te estás dando, ofreciendo y compartiendo. Partiéndote en pedazos de pan para alimentar a otros.

Pidamos al Señor que seamos capaces, injertados en el Espíritu Santo, de ser pan partido, pan humilde y pequeño, sencillo y pobre, que, amasado e injertado en la masa, pueda alimentar y alumbrar el Alimento recibido del Señor. Porque esa es nuestra misión, comer el Pan para convertirnos en pan.

Recibir el Pan, partido para nosotros, para también nosotros compartirlo con los demás. Esa es la misión y también, al mismo tiempo, la cruz. La cruz de no ser entendido, correspondido, escuchado y agradecido. La cruz de los que devuelven mal por bien. La cruz de cargar la pesada carga de las incomprensiones y el desprecio hasta llegar a nuestro particular Golgota. 

Danos, Señor, esa sabiduría de mantenernos paciente, esperanzados y misericordiosos a pesar de no entender nada y de experimentarnos cansados, desorientados y hasta perdidos. Danos el don de la fidelidad y de sostenernos firmen en la fe y en la confianza. Amén.

viernes, 23 de septiembre de 2016

LA FE ACTIVA TU VIDA

HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS




No cabe duda que cuando te ocurre algo que te toca de lleno, saltas y te activas de forma inmediata y con deseos, ganas e inquietudes. Experimentas que algo te impulsa y, dentro de tu corazón, se para el tiempo y la inactividad. Te sientes dispuesto, ligero, activo y disponible a hacer lo que haga falta.

Eso ocurre cuando la fe está sensible y encendida dentro de ti. No reparas en sacrificarte y moverte por obedecer a tus impulsos de respuesta. Supongo que Pedro, movido por el Espíritu Santo, confesó que Jesús era el Cristo de Dios, el Hijo de Dios Vivo. Y nosotros también, movidos y abandonados al Espíritu Santo confesamos nuestra fe en el Señor. Porque, por nosotros mismos no tendríamos capacidad para hacerlo.

Por eso, desde este rincón de oración, te pedimos, Señor, que nos des la sabiduría, la luz y fortaleza necesarias para confesarte nuestra fe. Y ello, exige primero acercarnos, vivirla en cumplimientos y obras y conocerla. Porque la fe se ve en las actitudes y acciones que nuestra vida revela y que deja, de forma muy transparente, la medida de nuestra fe.

Los apóstoles lo dejaron todo y pagaron esa fe con sus vidas. Su fe estaba al descubierto y era proclamada en cada instante de sus vidas con sus obras y testimonios. Jesús anuncia su Pasión y prepara al grupo de apóstoles lo que le va a suceder, que están en otra dimensión, y que no entienden muy bien lo que ocurre. Eso deja claro la asistencia del Espíritu Santo para con los discípulos.

Y también para nosotros, porque Jesús en su Ascensión nos lo prometió (Jn 16, 7) y está con nosotros para asistirnos en fortalecernos, darnos la sabiduría, consejo, ciencia, piedad y temor de Dios. Y en El podemos encontrar la fidelidad y la inteligencia para dar testimonio y confesarle. Amén.

jueves, 22 de septiembre de 2016

AVIVA LA CURIOSIDAD EN MÍ, SEÑOR



Que siempre, Señor, sienta curiosidad y deseos de escucharte. No me atrevo a decir de verte porque ahora Tú, Resucitado y ascendido a los Cielos, no estás con Naturaleza humana entre nosotros, pero si te pido que esté siempre presente en mi vida y yo en la Tuya. Porque puedo verte en el Sagrario y alimentarme de tu Cuerpo espiritualmente en la Eucaristía.

También, Señor, te toco y te veo en todas aquellas personas que están a mi lado y con las que tengo relación, y con todas aquellas que la vida me pone en contacto. Ayúdame, Señor, a no fallarle y a tratarla como te trataría a Ti. Dame la fortaleza del desprendimiento y la voluntad para moverme y asistir en las necesidades a todos aquellos que la necesiten y pueda hacerlo.

Porque, Señor, no quiero ser de los que rezan mucho y te dicen Señor, Señor, y fallan en el amor. Lo más importante y la razón por la que Tú nos perdonas y nos salvas cada día. Sostenme, Señor, con mi espíritu siempre avivado y disponible. Sé que es fácil decirlo, pero más difícil hacerlo. Yo, consciente de mis egoísmos y pereza, te pido, Señor, que avives en mí ese espíritu desprendido y dado a entregarse por amor a las necesidades de los demás.

Fortaléceme, Señor, en la duda, en la tentación, en el mal, para que no me deje llevar por ellos y me mantenga firme en la fe y en la fidelidad a tu Palabra. Amén.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

LA ORACIÓN, LA MEDICINA PARA MANTENERTE SANO



Mientras caminas puedes enfermar. Y eso descubres que necesitas ser curado muchas veces. Experimentas que tu condición humana es pecadora. Es decir, está enferma, y a pesar de que sea curada y limpiada, siempre estás en peligro de volverte a manchar. No basta con una sola limpieza, se hace necesario limpiarte cada vez que te manches.

Ocurre lo mismo con las cosas de este mundo. Necesitan un mantenimiento y una limpieza constante. La ropa con la que cubres tu cuerpo necesita ser lavada, planchada y mantenerse limpia para poder usarla. ¿No ocurre lo mismo con tu alma? Necesitamos estar en alerta vigilante y en constante examen de conciencia para, viendo nuestras manchas, poder limpiarlas con frecuencia. Por eso, Jesús nos ha dejado su Iglesia y, en ella, los sacramentos. Así podemos limpiarnos y continuar el camino.

Pero hay un arma especial y muy eficaz, la oración. Con ella podemos estar en íntimo contacto con el Señor y en sintonía con el Espíritu Santo. Con ellos seremos invencibles y mayoría aplastante. En y por ellos podemos superar los obstáculos que se nos presentan a diario y, a pesar de nuestras debilidades y pecados, podemos sostenernos y levantarnos en y con la esperanza de seguir el camino.

El Señor sabe de nuestras debilidades, y conoces el limite de nuestras fuerzas. Por eso es Misericordioso, porque sabe de nuestra impotencia y pecado. Sin Él no podemos vencer ni salvarnos de la esclavitud del pecado. ¿Cómo no nos va a perdonar misericordiosamente? Si no fuese así no tendríamos remedio ni salvación. Y eso nos debe hacer reflexionar para, primero, dejarnos curar y perdonar por Él; segundo, saber que le necesitamos y que gracias a su Misericordia estamos salvados.

Gracias, Señor, por tanto Amor y Misericordia, que nos redime y nos salva. Danos la sabiduría de, por tu Gracia, abrirnos a la acción de tu Espíritu y dejarnos revestir de tu Amor y Misericordia. Amén.

martes, 20 de septiembre de 2016

YO TAMBIÉN, SEÑOR, QUIERO SER TU HERMANO



Dame, Señor, la luz y la fortaleza para, escuchando tu Palabra, llevarla a mi vida y cumplirla. Porque esa es la Voluntad del Padre que te ha enviado. Y yo quiero ser tu hermano menor, el más pequeño, pero tu hermano. Para ser capaz de escuchar tu Palabra estando a tu lado, y hacerlo con perseverancia y humildad. Y lo más importante, que no se duerma esa Palabra en mi corazón, sino que revierta y camine, con luz encendida, por los caminos de la vida, alumbrándola y viviéndola.

Porque es muy fácil escucharla, pero, con la misma facilidad, olvidarla. Yo, Señor, quiero ser tu hermano, tu amigo, tu discípulo, y sé que sólo puedo serlo si escucho la Palabra y la pongo en práctica. Y eso no me es nada fácil. Sé, Señor, que mis fuerzas y capacidades son limitadas, muy débiles y humanas, proclives al fracaso y tocadas por el pecado. 

Necesito de Ti, Señor, para que mi escucha sea eficaz y dé frutos. Porque sin Ti, Señor, nada puedo hacer, y sólo perderé tu amistad. Por eso, unido a todos los que quieran unirse a ti, te pido, Señor, que nos des la fuerza para ser tus amigos. Amén.

lunes, 19 de septiembre de 2016

VEINTICUATRO HORAS DE LUZ



La bombilla de nuestro corazón debe permanecer encendida las veinticuatro horas del día. Sí, digo bien, las veinticuatro horas del día, incluso las ocho, aproximadamente que permanece en estado de letargo o durmiendo, porque nuestro corazón no descansa y sigue latiendo. Nuestra luz nunca debe apagarse, porque en nuestro corazón habita Dios y Él es precisamente la Luz.

Sí, Señor, danos la energía de permanecer constantemente todas las horas del día y noche en permanente resplandor, dando luz, esa luz que emana de tu Energía y de tu Sol incandescente que irradia paz, armonía, serenidad, gozo y amor. Sí, mi Señor, alimenta nuestra humilde y sencilla fuente de amor, para que nuestro simple y humilde corazón refleje cada instante del día tu Imagen y tu Bondad amorosa.

Revístenos, Señor, de tu Gracia para que transmitamos y proclamemos cada momento de nuestra vida tu Imagen, y para que todos aquellos que se acerquen a nuestra vida te perciban a Ti. Porque no sea otra cosa sino tu Resplandor y tu Gracia lo que se refleja en todos nuestros actos y acciones de cada día y a cada instante.

Danos, Señor, la perseverancia y la sensatez de tener nuestras lámparas bien llenas y repletas de tu Gracia, para que alumbren intensamente e irradia tu Palabra de Amor y Paz. Y danos también la prudencia, como aquellas cinco vírgenes sensatas, para que tengamos siempre dispuesta las alcuzas de nuestros corazones y prestas a ser renovadas y alimentadas por tu Espíritu.

¡Oh, Señor, que no perdamos la estela que nos ha dejado tu Madre, nuestra Señora y Virgen prudente, que siempre, atenta y dispuesta a escuchar y cumplir tu Palabra, nos ha alumbrado con su testimonio de luz para que, encontrando el único y verdadero camino, no nos perdamos en la oscuridad del mundo que te rechaza. Amén.

domingo, 18 de septiembre de 2016

¿QUÉ HABITA EN TU CORAZON?



No te engañes. Tú sabes lo que huele en tu corazón y lo que ansías y buscas. Pero también sabes lo que está bien y lo que no lo está. ¿Acaso se te esconde que robar está mal? Pero te gusta y disimulas, y, apegado a tus apetencias y egoísmos, tratas de engañarte y, demagógicamente, convencerte. Intentas justificar lo que es injustificable y distorsionar la realidad. Te auto engañas.

Pero, también es cierto que no puedes cambiar lo que habita dentro de tu corazón. Ese tufo a mal y a egoísmo es superior a tu fuerza. Recuerdas que venimos manchados por el pecado original, y limpiarlo por nosotros mismos no podemos. Necesitamos la Gracia del Bautismo para hacernos una buena limpieza, Pero luego necesitamos tener un mantenimiento y, con los sacramentos, sostener esa limpieza iniciada en el Bautismo.

Jesús no viene para recordarnos simplemente eso, sino para darnos esa Vida de la Gracia que necesitamos para sostenernos limpios. Eso sí, necesitamos encender todas nuestras luces y poner nuestra astucia al cien por cien. No vaya a ser que los hijos de las tinieblas nos engañen y nos pierdan. Y eso pasa por no separarnos del redil. Recuerda cuando Jesús nos habla de la oveja perdida y de la necesidad de estar a buen recaudo en el redil.

La Iglesia es nuestra casa y en ella podemos estar bien protegidos. Eso pasa por injertarnos en la comunidad parroquial, colaborando y participando. Revisa tus cualidades y dones, quizás tienes algunos enterrados que puedas desenterrar y poner a beneficio de todos. Administra bien todo lo que se te ha dado y no guardes nada para ti. Eso es también morir y darte a los demás.

Pidamos esa fuerza y sabiduría para ser astutos en y con la evangelización. Primero la nuestra, la propia, y luego con la de los demás. Porque nadie puede dar lo que no tiene. Amén.

sábado, 17 de septiembre de 2016

PRIMERO MORIR, PARA LUEGO VIVIR



La vida necesita ser sembrada para nacer, y lo sembrado necesita, primero morir, para luego dar vida. Igual nos ocurre a nosotros, necesitamos morir, para luego dar vida. Pero morir no es fácil, ni un instante. Morir es un proceso que exige tiempo, paciencia, fe y aceptación, y mucho amor. 

María, la Virgen, Madre de Dios y también Madre nuestra, nos sirve de ejemplo. Su vida fue un camino de muerte a sí mismo, renunciando a todo para hacer la Voluntad de Dios hasta llegar al pie de la Cruz. Seguir a María es seguir a Jesús, su Hijo, porque ella nos lleva irremediablemente a Él. En ella aprendemos a ser semilla que se deja morir, por la acción del Espíritu Santo, para dar frutos para Gloria de Dios.

Danos, Señor, la paciencia y perseverancia de tu Madre, María, nuestra Madre, para ser semilla como ella y perseverar también como ella en buena tierra y, hundiendo nuestras raíces en ella, dar los frutos que, Tú, Señor, por la acción del Espíritu Santo, esperas de nosotros.

Infunde en nuestros corazones la fortaleza y voluntad necesaria para resistir y rechazar las tentaciones de la mala tierra de este mundo, que pretende ahogar nuestra esperanza y nuestra fe. Riega, Señor, nuestra vida con esa agua que ofreciste a la samaritana, que salta hasta la Vida Eterna, para que nuestro vivir sea un morir a esta vida para, dando frutos, vivir para la Eternidad. Amén.

viernes, 16 de septiembre de 2016

LA MUJER EN LA IGLESIA

HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS




Se constata un hecho, hay más presencia de mujeres que hombres en la Iglesia. Los ministerios de pastorales parroquiales son llevados por mujeres, y creo que esa es la tónica general de la Iglesia. No lo afirmo, pero creo, salvo error, que es la tendencia en todas partes aunque haya alguna excepción. 

Si puedo afirmar que en mi parroquia ocurre eso, abundan las mujeres: el ministerio de liturgia lo llevan las mujeres, no hay ningún hombre; la catequesis ocurre lo mismo; yo soy el único hombre que doy catequesis prebautismal y a adultos. En estos días, mañana concretamente, se agrega un hombre más. Espero que haya perseverancia y continúe. Y todos los demás servicios están ocupados por mujeres.

Eso no quiere decir que haya algunos hombres que colaboran y hacen algo. Sobre todo en algunos movimientos, pero la abundancia es femenina. Y en el archipiélago canario ocurre lo mismo por lo general, aunque en algunas parroquias hay bastantes hombres. Y digo esto porque creo que la mujeres tiene un papel muy importante en la Iglesia, y tan importante que hasta en el Evangelio, Lucas destaca este pasaje de un día de trabajo, pudiéramos decir, en el que Jesús recorre pueblos y ciudades acompañados de los doce y varias mujeres.

La mujer ocupa un lugar de relieve en la vida pastoral y evangélica dentro de la Iglesia, y su aportación a lo largo de la historia eclesial ha sido relevante. ¡Bendita mujeres!, empezando por la Madre de Dios, de la que tanto hablamos y queremos. Madre en la que se apoyó la Iglesia en sus primeros días de vida después de la Ascensión de Jesús a los Cielos.

Pidamos al Espíritu Santo que continúe suscitando vocaciones religiosas y seglares de mujeres en la Iglesia que trabajen para sostenerla tanto en el orden material como espiritual. Mujeres santas y doctoras de la Iglesia que aportan testimonio y vida a la Iglesia. Pero también que despierte en los hombres vocaciones sacerdotales que aviven la Iglesia de savia nueva, rejuvenecida y activa que den testimonio de la Buena Noticia de Salvación.

Porque la Iglesia es el reflejo de Dios en la tierra, y no sólo el hombre, ni tampoco la mujer lo reflejan, sino ambos, porque Dios es la imagen semejante del hombre y la mujer. 

jueves, 15 de septiembre de 2016

MARÍA, TAMBIÉN MADRE MÍA

Nuestra Señora de Los Volcanes. Patrona de Lanzarote.


María comprometió su vida hasta las últimas consecuencias. No podía ser de otra forma, porque su Sí significaba eso, toda tuya Señor hasta el final. De la misma forma que el Hijo, encarnado en su seno, se comprometió voluntariamente a la Voluntad del Padre hasta el extremo de dar su Vida por la redención y salvación de cada uno de los hombres y mujeres del mundo.

Jesús ha redimido al mundo, pero la redención ha empezado por María y en María. Ella ha dado su seno para que el Hijo se encarnara en Naturaleza humana, despojándose de su Divinidad, sin dejar por eso de tener también Naturaleza Divina, pero no usándola sino igualado en todo al hombre menos en el pecado. María, madre de los Dolores, soportó su compromiso con fidelidad, obediencia, paciencia, humildad y perseverancia hasta la última hora al pie de la Cruz.

María, Madre también nuestra, ayúdanos a soportar con humildad, paciencia, obediencia, perseverancia y fidelidad los avatares y caminos que la vida nos proponga y disponga con la disponibilidad que tú misma abrazaste para abrirte a la acción del Espíritu Santo. María, Madre de Dios y también Madre nuestra, que al pie de la Cruz recibiste ese encargo de tu Hijo en Juan, el discípulo amado, danos la fortaleza que tú has sostenido en el Espíritu Santo para llegar hasta esos últimos momentos al pie de la Cruz.

Intercede por nosotros para que también seamos capaces, por la Gracia y Misericordia de Dios, llegar a brindar todos los instantes de nuestra vida en ofrecimiento y oración constante por, no sólo cumplir, sino vivir el Amor de Xto. Jesús injertado en lo más profundo de nuestro corazón. 

Contigo a nuestro lado esperamos encontrar apoyo y cuidado maternal de Madre que nos acompaña, nos espera y aguarda para, junto a ti, seguir la huella de tu Hijo Jesús hasta el pie de la Cruz. Amén.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

SÓLO EN LA CRUZ Y POR LA CRUZ NOS LLEGA LA SALVACIÓN




En ese momento, Señor, que eres levantado en la Cruz, quedamos rescatados y liberados de nuestros pecados. Porque, Tú, en ese madero, crucificado, te entregas a la muerte para nuestra salvación. ¿Es qué valgo mucho para Ti, Señor? Porque no se puede entender de otra manera.

Yo, pequeño, miserable, indiferente e incluso osado y necio que se ríe en tu propia cara de tu Amor, de tu Sacrificio, de tu Palabra y de tu Pasión. Y que pasa indiferente ante tu Muerte. ¿Cómo se explica que Tú mueras por mí? ¿Y que estés dispuesto a perdonarme y a salvarme si decido arrepentirme? Y es que en la medida que sigo preguntándome interrogantes, cada ve entiendo menos.

Sin embargo, Señor, presiento que lo que Tú dices va en serio. Y más en serio, Señor, que eres el Hijo de Dios, porque nadie puede amar como amas Tú. Y porque sólo con esa forma de amar nos puedes salvar, porque sólo salva el Amor. Por todo eso, hoy te pido sabiduría para entender tu Amor y tu Misericordia. Y no es que pretenda entenderlas, porque me basta tu presencia y tu Palabra. ¿A dónde voy a ir, Señor? Sólo Tú tienes Palabra de Vida Eterna.

En el mundo sabemos ya lo que podemos encontrar. Cada día se estropea más y se hace viejo. Pero, sobre todo, si se aparta de Ti queda a la deriva y vaga sin rumbo, perdido y sin más horizonte que la muerte. Tú, Señor, sin embargo, has dado Tu Vida por cada uno de nosotras. Ayúdanos a responderte, a caminar en tu Palabra y a servirte por amor sirviendo a los hermanos. 

Ayúdanos a cargar con nuestra cruz, nuestras pequeñas cruces, y, soportándolas, llevarlas hasta nuestro propio Gólgota, y, en la muerte, unirnos contigo, Señor, para permanecer para siempre en la alegría, felicidad y el gozo de tu presencia. Amén.

martes, 13 de septiembre de 2016

BAUTIZADOS EN UN MISMO ESPÍRITU



Tras nuestro Bautismos quedamos incorporados al Cuerpo de Cristo. En Él formamos un sólo Cuerpo y cada uno de nosotros somos sus miembros. Y cada miembro ha de tener su función propia. Pablo, en su carta a los Corintios 12, 12-14. 27-31a. nos describe esta realidad. La pregunta que nos surge ahora es descubrir cuan es nuestra misión como miembro de ese Cuerpo de Cristo.

Y en esa actitud y necesidad te pedimos, Señor, que nos ilumines y nos des la sabiduría de descubrir nuestras actitudes y cualidades recibidas, es decir, nuestros talentos, para ponerlos al servicio de los demás. Porque, ocurre, que muchas veces queremos hacer las funciones que son para otros y para la que nosotros no estamos preparados. Es de vital importancia saber cual es mi misión y para la que he sido vocacionado.

Porque todos no vamos a ser apóstoles, a hacer milagros, ni a curar enfermedades, ni a ser maestros...etc. Cada cual tiene su empeño y su misión, porque se trata de todos ser misioneros, pero de diferentes clase de misiones. No todos podemos estar en lugares recónditos, inhóspitos, lejanos o cercanos. También en la ciudades, en los pueblos, en las parroquias y en todas partes se necesitan misioneros.

Y en cada lugar hay multitud de servicios y necesidades. De modo que hay que estar en las escuelas, en los hospitales, en las parroquias, en los trabajos, en el ocio y diversión, en las acogidas, en las enfermedades, en y con los marginados, pobres, descarriados...etc. Hay muchos carismas, y descubrir cada uno el suyo es la mayor y más hermosa tarea que tenemos. Descubrirlos para ponerlos al servicio de los demás.

Por eso, Señor, te pedimos que nos enseñes a ser compasivos y a darnos cuenta, como te ocurrió a Ti con esa pobre viuda de Naim, de las necesidades de los que se cruzan en nuestros caminos y en nuestras vidas. amén.

lunes, 12 de septiembre de 2016

SEÑOR, AUMENTA MI FE



Cuando se cree no se duda. Se cree que esto va a pasar y ya está. Sin embargo, mi fe, aunque quiere creer y lo cree, siempre mantiene esa duda dentro de sí, y es lo normal y lógico. Porque la fe no la podemos comprar, ni siquiera adquirir. La fe es un don que da Dios y que yo, por eso, le pido encarecidamente.

Sí, experimento que tengo más fe, porque en el tiempo lo noto. Creo que ahora me costaría mucho dejar al Señor, pero también siento el peligro de instalarme y acomodarme a unas prácticas, unas reflexiones y unas casi costumbre que, quizás, me hacen sentir bien. Pero eso no basta. La fe implica algo más. Es un riesgo que demuestra que se cree, porque cuando tú crees en alguien arriesgas hasta tu vida por ese alguien.

En ese sentido, creo, que nos invita el Papa Francisco a meter líos hasta el punto de arriesgarnos. Porque la fe complica y mete en líos. Supongo que fue una complicación para aquel centurión recabar la ayuda de Jesús. ¿Un centurión romano creyendo en el Dios de los judíos? Podía verse complicado si eso trasciende. Y mira que ha trascendido hasta el punto que se repiten sus palabras en todas las misas de la Iglesia.

Señor, aumenta mi fe y dame la fortaleza y el valor de comprometerla, de proclamarla y de arriesgarla. Y no se arriesga sólo poniéndola en peligro, sino reflejándola en tu vida con el servicio, la escucha, la comprensión y la caridad. La fe se enciende en la medida que tu corazón queda prendido por y de ella. Y al prenderse quema todo lo que se le acerca. Se nota una fe viva. Así se notó la del centurión que la sacó a relucir por su siervo gravemente enfermo.

Danos, Señor, ese don de la fe. Una fe viva, disponible, entregada, servicial, amorosa, caritativa, compasiva, solidaria y misericordiosa, para que, sacándola a la calle, los demás puedan verla. Amén.

domingo, 11 de septiembre de 2016

UN CORAZÓN MISERICORDIOSO COMO EL TUYO, SEÑOR



Mi cabeza no piensa así; mis criterios son otros; mi justicia es limitada y no alcanza la misericordia que Tú me presentas, Padre, necesito cambiar. Mejor, necesito que me cambies, porque yo no puedo. Soy como el hermano mayor y me cuesta recibir a mi hermano que regresa fracasado. No soy capaz de verme a mí mismo como pecador. Me experimento justo, mejor que él.

No entiendo como compartes con publicanos y pecadores. Ellos no lo merecen. Son los desechos de la sociedad. Nosotros somos los herederos a los que está destinado el Reino de Dios. ¡¡Que ciegos estamos, Señor!! Perdona nuestra ceguera y nuestra necedad. Ten Misericordia de nosotros.

Porque, ¿quién verdaderamente necesita médico? ¿Los buenos o los malos? El sentido común y la lógica nos responde que los malos. Es decir, los enfermos, los perdidos, los pecadores. Y eso es lo que hace Jesús, porque ha venido a curar y salvar a los enfermos, a los perdidos y pecadores. Esas son las ovejas perdidas, las que se alejan y quedan a merced de los lobos del mundo. ¡¡Sálvanos, Señor!!

Por eso te pedimos, Señor, un corazón misericordioso como el tuyo, Señor. Capaz de perdonar por encima de lo que es justo o no lo es: Capaz de perdonar por encima del pecado y de la sin razón. Un corazón abierto a la misericordia y al perdón. Danos, Señor, la Luz de poder entender tu Gracia y todo lo que nos has dado gratuitamente. Danos la virtud de sentirnos agradecidos, porque eso hará que te reconozcamos como Señor y Dios nuestro.

Y también nos ayudará a vivir en tu presencia, cercanía y Palabra y a experimentar que sólo el amor nos acerca a la verdad haciéndonos libres. Porque sólo Tú, Señor, eres el Camino, la Verdad y la Vida. Amén.

sábado, 10 de septiembre de 2016

CULTIVA MI VIDA, SEÑOR, PARA QUE MIS FRUTOS SEAN BUENOS




Todo labrador espera buena cosecha. Con esa intención cuida su siembra regándola y mimándola con buena tierra y abonos. Espera frutos buenos y vigila para que nada los pueda estropear. Así, Señor, quiero yo que mi vida sea cuidada. La pongo en tus Manos para que seas Tú, mi Señor, mi Labrador, Dueño y Señor de mis pobres y humildes frutos.

Por mi parte, por la autonomía que Tú me has dejado, quiero e intento hacer el esfuerzo de mantener mi tierra limpia de impurezas, de malas hierbas y de parásitos que la puedan contaminar y debilitar su esperada cosecha. Quiero conseguir los mejores frutos para Ti, mi Señor, y me esfuerzo en comprometer mi vida en ese objetivo.

Pero, también, sé que sólo Tú eres el buen Labrador que todo lo que siembras y cuidas da y exiges frutos. Y, por eso, Señor, quiero poner mi propia tierra en tus Manos y Presencia, para que, por tu Gracia, la cosecha sea abundante y dé buenos frutos, los frutos que nacen de tu Misericordia y Amor. 

Gracias, Señor, por tanta espera y tanto Amor, que me animan a seguir ofreciéndote mi pobre y humilde tierra, para que, por tu Gracia, dé una cosecha abundante y buenos frutos. Y sea construida y apoyada en roca firme, que la sostenga y la mantenga en los momentos de tormentas y tiempos duros. Amén.

viernes, 9 de septiembre de 2016

UNA CEGUERA CRÓNICA

HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS



El peligro es que la ceguera se vuelva crónica y no tenga cura. No corras a curar la herida del cínico, pues no tienen cura, es brote de mala planta (Si 3, 28).  Y nos puede ocurrir eso. Diría que a muchos no está ocurriendo. Se nos hace difícil volver atrás, salir de nuestras comodidades, donde nos encontramos bien y despojarnos de todas nuestras vigas que nos impiden ver.

El camino no es cómodo, y si no lo vemos así posiblemente sea porque no lo hemos visto todavía, o no lo comprendemos. El camino es duro, incómodo, estrecho, abnegado, arriesgado y dispuesto a morir. Y es que amar comporta e implica eso, un darse sin nada a cambio. Y eso da lata y cansa.

Señor, no podemos pedir otra cosa, sino abnegación y capacidad para soportarlo. Mucha humildad y paciencia para sufrir las adversidades de los demás y, con ellos, tratar de aliviarlas. Hay mucha gente que sufre, pero quizás no nos demos cuenta porque nuestras vigas nos lo impiden, y nuestros apetitos y pasiones instaladas nos lo impiden. Quizás necesitamos una limpieza para ver y obrar mejor de acuerdo con nuestra fe, porque no seremos discípulos de Jesús si no obramos tal y como Él nos ha enseñado y testimoniado con su Vida.

No hay excusas ni justificaciones. Somos lo que somos y verlo es descubrir esas enormes vigas que tenemos en nuestros propios ojos. Quizás ahora descubramos con mas convicción y certeza nuestra condición de pecadores. Realmente, somos pecadores, y te pedimos, Señor, que nos perdones. Comprendemos ahora lo importante de tu Misericordia. Gracias, Señor, por tu Misericordia, que nos salva y nos redime.

Limpia, Señor, nuestros pecadores ojos de esas enormes vigas que nos impiden verte y haz que iluminados por tu Espíritu, vayamos haciendo luz en nuestras vidas para quitarnos nuestras vigas y limpiar con nuestros humildes ejemplos las briznas de los demás. Amén.

jueves, 8 de septiembre de 2016

MARÍA, LA PUERTA DE LA REDENCIÓN



Virgen María, Madre de Dios, tú que has sido elegida para dar comienzo a la Redención y Salvación de todos los hombre dando tu seno para la encarnación del Hijo de Dios, intercede por todos nosotros para que seamos capaces de dar y darnos en servicio, por amor, al bien del hombre y de toda la humanidad, adheriéndonos a las peticiones de este mes del Papa Francisco.


Espíritu Santo, danos la fuerza y la luz para que sepamos vivir proclamando la grandeza del Señor, tal y como lo canta María en su Magnificat al saberse la elegida para ser la Madre del Hijo de Dios. Amén.


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

CONTRADICCIÓN: NADIE QUIERE SER POBRE



La paradoja de la vida es que, mientras todos buscamos la felicidad eterna, todos también la rechazamos cuando optamos por las riquezas y comodidades en lugar de la pobreza y caridad. Es una contradicción que el sentido común no la explica. Porque negando la pobreza no apartamos de lo que realmente buscamos.

En el Evangelio de hoy, Jesús nos lo deja muy claro. Así que por falta de decirlo y saberlo no es. Su razón tendrá que estar en otra parte. Y es que nuestro egoísmo y naturaleza pecadora es tal que nos ciega hasta el punto de rechazar la salvación y optar por la condenación.

El camino son las bienaventuranzas. Un camino que, como los mandamientos, basta con ser pobre, que no es poco ni fácil lograrlo, para poder cumplir todas las demás. Pero una pobreza, no sólo material, sino principalmente espiritual. Una pobreza de espíritu que esté dispuesta a darse, a poner todos sus bienes, materiales y espirituales al servicio de los demás. Una pobreza que dé hambre y sed de justicia.

Una pobreza que nos impulse a sufrir con el que sufre, y a compartir con el que no tiene nada ni puede saldar su deuda. Una pobreza que rompa el miedo de sufrir insultos e injurias por el Nombre de Jesús, y que experimente, al contrario, alegría y regocijo en lugar de desesperación y angustia.

Danos, Señor, ese espíritu, para soportar nuestras riquezas y suficiencias, y para ponerlas siempre al servicio y bien de los demás. Porque sabemos, danos también esa sabiduría, que al final que muere a sí mismo, ganará su vida para siempre. Pero quien la gana en este mundo, la perderá a la hora de la verdad. 

Y yo, Señor, he sido creado por Ti para ganar y ser feliz en tu presencia. Danos, pues, esa virtud de discernir lo que es tu Voluntad contra la que no lo es. Amén.

martes, 6 de septiembre de 2016

LA ORACIÓN, LA FUENTE DE NUESTRA FUERZA



La vida nos presenta muchas dificultades. Muchas veces no provengan del exterior, porque, quizás son las que mejor podemos vencer, sino de nuestro propio interior. Ya sea como enfermedad, remordimiento, intranquilidad de conciencia o de otra índole. El resultado es que hay momentos de cansancio, de oscuridad y de deseos de abandono.

Y en la oración encontramos la fuente de nuestra fuerza. En ella podemos reforzarnos y levantarnos para continuar el camino. El estilo que Jesús nos dejó estaba marcado por la oración. Los momentos importantes de su Vida están llenos de oración, y cada momento de nuestra vida, por pequeño y sin importancia que parezca, son momentos vitales e importantes.

La oración es el aire que oxigena nuestro camino, lo despeja y le da sentido. La oración coloca todos nuestros desaires y fracasos en el lugar donde pueden transformarse en impulsos de energía y esperanza. Porque nada supone fracaso, sino oportunidad de levantarse, reponer humildad y seguir los pasos. Porque lo importante no son los pasos ni los resultados que traen los mismos, sino la huella de amor que tú vas dejando en tu propia vida.

Y esa huella de amor está íntimamente relacionada con la oración. Jesús, el Señor, elige a sus apóstoles previos momentos de oración, y también tú y yo somos momentos previos de oración por el Señor. Porque desde el principio fuimos pensados y creados por Él. Estábamos en su Pensamiento, y también en su Pensamiento está el que volvamos a Él.

Pidamos, confiados en su Misericordia y en constante oración de cada día que descansemos en Él y sigamos sus pasos. No perdamos su ritmo y tengamos plena confianza que Él camina también con nosotros, a pesar de la oscuridad y los nubarrones que nuestra vida descarga en nuestro propio camino. En Él lograremos encontrar siempre la salida. Amén.

lunes, 5 de septiembre de 2016

SANTA TERESA DE CALCUTA


O R A C IÓ N

Para Sonreir y atraer la Felicidad y el Amor

Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro
 sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición.

Que mis ojos sonrían diariamente
por el cuidado y compañerismo
de mi familia y de mi comunidad.

Que mi corazón soría diariamente
por las alegrías y dolores que compartimos.

Que mi boca sonría diariamente
con la alegría y regocijo de tus trabajos.

Que mi rostro dé testimonio diariamente
de la alegría que Tú me brindas.señor.

Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.
Amén.

domingo, 4 de septiembre de 2016

SEGUIRTE, SEÑOR, A PESAR DE MUCHOS TROPIEZOS EN EL CAMINO



No es fácil seguirte, Señor. Está a la vista de todos que son muchos los que desisten y se retiran. Incluso los que, entusiasmados, te acogen con alegría y rebozante felicidad, pero, al parecer es flor de un día. Son plantas sin raíces profundas y al menor contra tiempo se desvanecen y abandonan.  No lo imaginamos, sino que lo vemos con frecuencia.

En tu mismo grupo sucedió eso. Hubo quien se decepcionó y no supo comprenderte. Pero, lo peor, que perdió toda esperanza. Nosotros hoy queremos pedirte que eso no nos suceda. Somos conscientes de nuestros rechazos y rebeliones a tus planes. No los comprendemos, porque queremos anteponer los nuestros, pero, Tú sabes que queremos seguirte y hacer tu Voluntad. 

Transformanos y danos la sabiduría salomónica con la que podamos discernir y estar de acuerdo contigo, porque todo lo que viene de Ti, Señor, es lo bueno y lo que nos conviene. Y, a pesar de nuestras rabietas, nuestros desengaños, nuestras necedades e ignorancia, no permitas Señor que te dejemos y que nos volvamos indiferentes a tus proyectos con nosotros.

Cuan grande es tu Misericordia, Señor. Me da vergüenza de ser tan poco y tan tonto. De ser tan necio y tan idiota, por desestimar una y mil veces tu amor y tu perdón. Y, cada día, atreverme a hablarte y, al mismo tiempo, defraudarte. Perdóname, Padre, porque no merezco ser considerado como tu hijo. Y transforma mi pobre y empedrado corazón en un corazón humilde, suave, limpio, disponible, generoso y dispuesto a entregarse hasta la cruz a tu amor.

Sólo Tú, Señor, puedes hacer eso, y en ese convencimiento y esperanza, pongo cada día mis pobres y humildes esfuerzos en seguir tu Palabra y llevarla a mi vida. Amén.

sábado, 3 de septiembre de 2016

SÓLO UNA LEY, LA DEL AMOR



Posiblemente, el reunirnos nos calma y acalla nuestra conciencia. Muchas veces ocurre que con nuestras reuniones justificamos nuestro apostolado y nos engañamos levantando espejismos de que hacemos algo. Nos llenamos de prácticas, leyes o normas, y hasta, sin darnos cuenta, nos agobiamos y también agobiamos a los demás. Será sensato pensar y dar sentido común a nuestra vida.

Somos pobres, limitados y pecadores. Por eso necesitamos un Mesías, un Salvador. Y Dios, nuestro Padre, ha enviado a su Hijo, Jesús, para darnos paz, tranquilidad y felicidad eterna. Es decir, salvarnos y liberarnos de este mundo donde estamos esclavizados. Por tanto, en principio tranquilidad y paz. Dios no nos exige sacrificios ni muchas leyes que nos agobien e inquieten.

Sólo una Ley nos manda: El mandamiento nuevo (Jn 13, 34-35), en la que nos dice que le amemos a Él sobre todas las cosas, y al prójimo como Él nos ama. No hay más. Todas las leyes que saquemos del bolsillo o nos inventemos sobran. Y eso no quiere decir que haya que poner alguna, sobre todo para recordárnosla, pero donde hay que mirar es al Amor.

Nuestra vida, liberada de todo debe fundamentarse en ese hermoso mandamiento novedoso, porque en él está contenido toda la Ley y los profetas. Y viviendo en él alcanzaremos la misericordia, hasta el punto de, por su Gracia, ser misericordiosos como el Padre. Cuando se ama se cumple toda ley, porque el amor no sólo busca el bien sino toda verdad y justicia.

Pidamos al Padre que nos dé un corazón misericordioso lleno de amor, para que vivamos en la ley y por encima de la ley, al servicio del hombre, poniendo la ley, valga la redundancia, para su bien. Pidamos sabiduría para que sepamos discernir lo que conviene y beneficia al hombre para su salvación, porque esa es la Voluntad de Dios. Amén.

viernes, 2 de septiembre de 2016

PORQUE ESTAMOS SALVADOS, VIVIMOS EN LA ALEGRÍA

HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS




Es posible que el camino presenta muchas dificultades, pero sabemos a donde conduce. Es posible que no es cómodo atravesar la puerta estrecha, pero conocemos que detrás de ella está la salvación y el gozo eterno. No ocurre así con la puerta ancha, que siendo cómoda, espaciosa y apetecible, al final se vuelve oscura, desagradable y perdición.

No perdamos el humor de acoger con alegría momentos de regocijo y de algarabía. Cada momento trae sus propios afanes y su gozo, y debemos disfrutarlo sin preocuparnos. Lo importante es que el Novio está con nosotros. Ya vendrán los momentos de tristeza y sufrimiento, y a cada instante le daremos lo que le pertenece. Pero siempre con la satisfación y la esperanza de que Jesús está con nosotros y nos salva.

Por eso, Padre del Cielo, te damos gracias por todo lo que nos da en cada momento de nuestra vida y te pedimos que nos des la paciencia, la esperanza y la fe de no fallarte y de discernir siempre que el verdadero camino es el que Tú nos señala. Amén.

jueves, 1 de septiembre de 2016

¿SOMOS CONSCIENTES DEL ALCANCE DE LA REALIDAD?



¿Nos damos cuenta de lo ocurrido? ¿Damos crédito a lo que leemos? Ante un acontecimiento así, lo primero que se me ocurre es proponerle a Jesús una sociedad para pescar. Con una sabiduría así, donde aquellos marineros expertos no había sido capaces de pescar nada, Jesús en un abrir y cerrar de ojos consigue llenar hasta rebosar todas las redes.

Dios mío, parece más milagros que aquellos pescadores dejaran todo lo que tenían y siguieran a Jesús sin la tentación de proponerle una sociedad para hacerse ricos. ¿No nos ocurre a nosotros eso? ¿Estamos más pendiente a las cosas que podamos conseguir con y de Jesús que al mismo Jesús? ¿Estaríamos dispuestos a oír la propuesta de Jesús, tal y como ocurrió con aquellos pescadores?

Hay muchas preguntas que responder y que respondernos. Y la primera sería aceptar esa invitación de Jesús a subirse a nuestra barca. A la barca de nuestra vida. ¿La aceptas? ¿La aceptamos? Y dejar que descanse en nosotros y nos diga dónde y cuándo echar las redes. Las redes de nuestro corazón, de nuestro trabajo, de nuestras ilusiones, de nuestra esperanza y de nuestra fe. 

Las redes están en nosotros, pero su finalidad es salir de nosotros para llegar al ustedes, al vosotros, y arrastrarnos a la Luz. La Luz que ilumina, que santifica y que salva. La Luz que nos da la Vida Eterna que tanto buscamos sin saber donde echar las redes. Danos, Señor esa Luz que ilumina nuestra vida y la vigoriza para responderte como los apóstoles y dejar todo para seguirte.

Danos la sabiduría de obedecerte y bogar mar adentro, hasta lo más profundo de nuestro interior, para salir, de la superficialidad de la vida, al interior más profundo del único y verdadero Amor que está en Ti. Para romper con la monotonía y la rutina que nos esclaviza y nos ancla en la orilla sin posibilidad de echar las redes. Amén.