ÚLTIMAS REFLEXIONES

UN RINCÓN PARA ORAR

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martes, 31 de enero de 2017

LA FE MUEVE MONTAÑAS

Cuando descubrimos que en Jesús encontramos lo que estamos buscando, podemos decir que la fe se ha despertado dentro de nosotros. Experimentar que Jesús es nuestra salvación y que en Él está puesta todo nuestra esperanza, es descubrir que la fe ha nacido en mí. Y eso es un regalo de Dios que, cultivándola y pidiéndola, podemos aumentarla y sostenerla.

Danos, Señor, la fe de ese jefe de la sinagoga llamado Jairo, y de esa mujer enferma de flujo de sangre. Danos, Señor, esa fuerza que nos mueva y nos impulse a buscarte y a rogarte y tentarte para que nuestras enfermedades sean sanadas. Danos, Señor, la voluntad y sabiduría de permanecer junto a Ti y no desfallecer en el camino aunque las dificultades traten de impedírnoslo.

A pesar de que nuestro camino sea otro y no entendamos los tuyos, Señor, danos siempre la paciencia y la fortaleza de perseverar y ser fiel a tus mandatos. A pesar de todo parezca terminar, sostén, Señor, nuestra fe en Ti. Tal y como le dijiste a Jairo cuando le llegó la noticia de que su hija había muerto. Danos la sabiduría de confiar en tu Palabra y no abandonar aunque todo se diluya y aparente haber terminado.

Tú, Señor, tienes la última Palabra y siempre se cumple. Dame la capacidad y la Gracia de ser perseverante e insistir aunque parezca todo perdido. Has venido a salvarme y no te irás sin lograrlo. Sólo, porque así me lo permites al crearme libre, me dejarás si decido negarte y rechazarte. Pero, incluso así, me esperará hasta la última gota de mi sangre.

Gracias, Señor, por tu inmensa Misericordia. Gracias, Señor, porque me sostienes y me das vida y esperanza. Gracias, Señor, porque mantienes mi fe y me das aliento para seguirte. En Ti confío, Señor, y en tus Manos me abandono. Amén.

lunes, 30 de enero de 2017

¡TAMBIÉN YO ESTOY ATORMENTADO SEÑOR!

El camino no es nada tranquilo porque en él hay tempestades y tormentas. Tempestades y tormentas que me inquietan y también atormentan mi vida. Mi libertad exige pruebas y dificultades que exigen probar mi fe. No tendría sentido que todo fuese claro y llano. ¿Para qué entonces libertad? La libertad exige responsabilidad, elección y riesgo. Pero, sobre todo, fe. Fe en Aquel que nos viene a salvar y a hablarnos del Amor que nos tiene el Padre.

Por eso, la intranquilidad y los tormentos no son mala señal, y hasta cierto punto necesarios. Ellos nos hacen madurar y prepararnos para fortalecernos y confiar en el Señor. Y para necesitar de la Gracia del Señor y de su curación. El ejemplo de hoy nos habla de un endemoniado que, curado, sigue los pasos del Señor proclamando la maravilla que Jesús ha hecho en él.

También nosotros estamos llamados a proclamar las maravillas que el Señor va haciendo en nosotros. También nosotros estamos llamados a proclamar como el Espíritu de Dios nos va guiando, fortaleciendo y sosteniéndonos en la fe. También nosotros debemos dar gracias a Dios por todo lo que hace cada día en nuestra vida y por como nos va guiando contando con nuestra libertad puesta en sus Manos. Porque necesitamos abrirnos a la Gracia del Espíritu Santo para, en sus Manos, seguir sus pasos e impulsos.

Pidamos que tengamos la sabiduría de buscar al Señor y pedirnos que nos limpie. Que nos dé un corazón limpio y abierto. Un corazón sin dobleces, sin segundas intenciones, sin malicias. Un corazón transparente, suave, bueno, bien intencionado y justo. Un corazón capaz de reflejarle en todos los actos de nuestra vida y capaz de contagiar a todos aquellos que se acercan a nosotros.

Señor, que seamos capaces de transmitirte a todos aquellos que se acerquen a nosotros reflejándote en nuestras humildes y pequeñas acciones. Amén.

domingo, 29 de enero de 2017

NO HAY DUDA, TODOS QUEREMOS SER FELICES

La felicidad es el deseo más profundo que busca el hombre. Tal es asi que, los enfrentamientos, odios, guerras y ambiciones son motivadas por el impulso irrefrenable del corazón humano que busca el gozo y la felicidad. No hay otra causa que mueva y agite la marea del mundo humano. Y, precisamente, eso, porque conoce al hombre profundamente, es a lo que envía el Padre a su Hijo al mundo. Le propone el camino de la felicidad. Eso es lo que significa bienaventurado, ser dichoso y pleno de felicidad.

Posiblemente el hombre no lo haya entendido, O, seducido por aparentes felicidades caducas esté ciego y confundido. Este mundo no tiene la felicidad. Y el hombre lo sabe, pues mientras más la busca en él, más se aleja y se aparta. Al final del camino mundano sólo se encuentr en vacío y el sin sentido. La experiencia nos lo presenta así. Sin embargo, el hombre no reacciona y, herido profundamente por el pecado, se resiste a levantar su mirada y ver donde realmente está la felicidad.

Experimentamos que el amor y el servicio llenan satisfactoriamente nuestro corazón de gozo y alegría. Y ese gozo permanece en él. No se va y lo mantiene siempre vivo e incandecente. Nos cuesta, pero eso nos descubre que estamos en el verdadero camino, porque sólo lo que cuesta vale la pena. La felicidad, que tanto busca el hombre, se esconde en el amor desprendido y servicial. La Vida de Jesús es una lección y enseñanza para que descubramos donde podemos encontrar ese deseo de felicidad.

Y, reconociendo nuestras heridas, nuestras limitaciones, nuestras dificultades y pecados, te pedimos, Señor, desde este humilde rincón, que nos des sabiduría y fortaleza para saber descubrir ese verdadero camino bienaventurado que Tú nos propones desde el monte. Reconocemos lo que Tú nos propones, y queremos vivirlo en nuestras vidas, pero sabemos que somos débiles y frágiles, y fáciles de ser vencidos por las apetencias de este mundo. 

Por eso no queremos apartarnos de Ti y llenarnos de tu Gracia y de tu Fuerza. Te pedimos, Señor, que nos mantengas siempre animados y siguiendo tus pasos. Amén.

sábado, 28 de enero de 2017

QUE CADA PASO DE MI VIDA, MI FE SEA MAYOR

Soy humano, Señor, y aunque me merezco una riña y todo lo que Tú estimes necesario, mi fe se debilita en los momentos de tempestad y tormenta. Mi humanidad, herida por el pecado, pierde la fe y se llena de dudas en los momentos de oscuridad, de riesgos y de incertidumbre cuando la vida está en peligro. Soy un miserable pecador.

Experimento que mis pasos son dubitativos, confusos y llenos de temor. Y eso que me digo que voy contigo y nada tengo que temer. Pero el riesgo y la aventura me llenan de temblor y aterran mi corazón. Y, a pesar de tus obras, tus demostraciones y palabras, yo sigo dudando y teniendo miedo. ¿Por qué soy así, Señor? Pues yo querría ser tu más fiel seguidor y tener una fe en Ti a prueba de bomba. Por eso, Señor, te pido que cada paso de mi vida, mi fe sea cada vez mayor.

A pesar de mis miedos y temores, Señor, voy contigo. Me embarco en tu barca, aunque mi corazón tiemble y esté lleno de oscuridades. Me abandono en tus Manos, porque, a pesar de mis temores, yo sigo creyendo en Ti, y a Ti, mi Señor, me entrego. Aumenta mi fe, Señor, para que seguro y firme pueda llevarte a los demás y proclamar que Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida.

Imploro también a tu Madre, Señor, porque con ella iré también más seguro y más confiado. Ella supo superar todas esas dificultades y puede también ayudarme a que yo las supere. Dame, Señor, la prudencia y también la valentía para no desfallecer ni dejarme amedrentar por el miedo. Asombrarme de tu poder y confiar en que Tú lo puedes todo y contigo nada me puede pasar. Amén.

viernes, 27 de enero de 2017

QUIERO, SEÑOR, ESPERAR Y LLEGAR A TU REINO


HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS



Me has creado, Señor, para vivir eternamente en tu Reino. Esa es tu promesa de salvación. Tú, que eres el Reino de Dios estás entre nosotros para descubrirnos el camino hacia él. Tú, que nos has dicho que eres el Camino, la Verdad y la Vida, y has venido para llevarnos a tu Reino.

Dame, Señor, la fertilidad y la perseverancia para mantenerme en la espera, paciente y confiada, de tu regreso. Porque Tú eres un Dios que cumple lo que dices y en Ti pongo toda mi esperanza y confianza. Quiero, Señor, ser semilla que germina, por tu Gracia, y que cobija, como ese grano de mostaza, a todos los que se cruzan en mi camino y se relacionan conmigo.

Quiero ser árbol que da buenos frutos, para que otros, comiéndolos, lo saborean y conozcan el aroma de tu Amor y puedan conocerte y encontrarse contigo. Porque, mis frutos, Señor, son tuyos, pues, Tú eres el único Labrador que los abona y cultiva.

Por eso, Señor, quiero esperar y llegar a tu Reino esperándote a Ti. Quiero confiar en Ti y ser fiel a tu Palabra, que siempre tiene cumplimiento. en Ti, Señor, confio y a ti entrego todo mi ser para que le des forma, lo modeles y los cultives en la tierra abonada con tu Amor. Amén.

jueves, 26 de enero de 2017

¡PRÉNDEME DE TU LUZ, SEÑOR!

Posiblemente, mi luz se apague. El mundo sopla muy fuerte y las rachas de viento amenazan con apagarla. El invierno es crudo y hace frío y la lluvia traen la oscuridad con las nubes. Todo queda por un instante sombrío y con olor a muerte. Mantenerse encendido en este mundo de tentaciones, pasiones, egoísmos y sugerentes ofertas que desestabilizan tus emociones y sentimientos, se hace duro y difícil.

Por eso, Señor, te pido que me prendas de tu Luz. Una Luz nítida, pura, resplandeciente, poderosa e incapaz de ser apagada por nada. Una Luz que alegra, que aviva y despeja el camino. Una Luz que se mantiene activa eternamente. Sí, Padre mío, yo quiero ser parte de tu Luz. Yo quiero estar prendido en cada instante de mi vida por tu Luz. Yo quiero dar Luz de tu Luz, porque la mía es finita, tenue, débil y fácilmente vencida por la oscuridad del mundo.

Quiero ser luz que, elevada en la cima de mi vida, resplandezca y dé brillo por todo los lugares que camine. Quiero ser luz que, enganchada a Ti, Señor, contagie de luz a todos los que llega y alumbra. Quiero ser luz elevada en alto para que se vea y oriente.

Pero todo eso no lo puedo irradiar yo, sino conectado a Ti. Señor. Por eso, humildemente desde este humilde rincón de oración, te pido y suplico que me prendas de tu Luz, y me hagas resplandecer para, alumbrarme mi camino y también a los demás. Porque si yo voy en la oscuridad, daré también oscuridad. 

Quiero, Padre, dar toda la luz de la que soy capaz de generar. Darla con generosidad y sin condiciones. Darla hasta vaciarme y quedarme, si así fuera y pudiera, yo sin luz, porque sé que Tú, mi Dios, me iluminarás y sostendrás iluminado para estar contigo. Porque dando recibiré con la misma medida que he dado. Por eso, Señor, no temo darme, porque espero con ello ganar tu Luz y tu Amor. Amén.

miércoles, 25 de enero de 2017

HACER TU VOLUNTAD

No basta saber de Jesús. Tampoco basta tenerle afecto, cariño y aceptarle. Ni siquiera tener algún parentesco, ser su amigo o estar a su lado. Incluso, ni pertenecer a la Iglesia. ¡No, nada de eso basta! Se necesita otra cosa, lo más importante y fundamental e imprescindible: "Hacer la Voluntad del Padre". Eso es lo que nos define como verdaderos amigos y hermanos de Jesús.

Y eso conlleva mucho amor y mucha paciencia. Pero, sobre todo, estar unido e injertado en el Espíritu Santo. No vale sólo oír, ni siquiera escuchar, ni orar, ni estar o aguardar silencio. Sólo vale amar. Y amar como Él nos ama. Materializando ese amor en la vida misma.

Y pronto nos damos cuenta y experimentamos que sólo no podemos llevarlo a término. No estamos capacitados para eso. Nuestra naturaleza herida por el pecado nos lo impide, y, fácilmente, somos vencidos por el mundo en el que vivimos. Las tentaciones nos superan y pueden con nosotros. No conseguiremos, por mucha voluntad que pongamos de nuestra parte, salir victoriosos. Necesitamos la fuerza y el poder del Espíritu Santo.

Y eso es lo que te pedimos hoy, Señor Jesús, desde lo más profundo de nuestros corazones. Queremos hacer la Voluntad de tu Padre, porque eso es lo que nos hace hermanos tuyo. Queremos cumplir con la Voluntad del Padre, que Tú, el Hijo único y verdadero nos enseña y nos manda. Y lo queremos hacer desde la acción y la asistencia del Espíritu Santo. Abiertos plenamente a su acción. 

Así, unidos todos decimos: "Ven Espíritu Santo, llénanos de tu Gracia y enciende nuestros corazones. Fortalece nuestra voluntad para cumplir y vivir en la Voluntad de tu Padre. Amén.

martes, 24 de enero de 2017

CUMPLIR LA VOLUNTAD DE DIOS


Sé, Señor, que no me une a Ti ningún parentesco, porque Tú, que me lo das todo, sólo me pides una cosa, que cumpla la Voluntad de tu Padre Dios, que te ha enviado a eso, a proclamar padre, madre, hermanos y hermanas a todos aquellos que escuchan y cumplen tu Voluntad.

Por eso, Señor, consciente de mis debilidades y de mi impotencia para emparentarme contigo como hermano, te pido la Gracia de poder cumplir con la Voluntad del Padre según Tú me enseñas y me das testimonio con tus obras. Porque yo quiero ser tu hermano y estar emparentado contigo; porque yo quiero ser tu amigo y dejarme asesorar y conducir por Ti.

Miro para tu Madre y veo que ella es modelo de saber y cumplir la Voluntad de Dios. Miro para tu Madre y observo como ella supo renunciar a sí misma para cumplir la Voluntad de Dios. Y escucho como Tú, aunque parece lo contrario, exaltas y alabas a tu Madre, porque ella es modelo del cumplimiento de la Voluntad de Dios. También, nosotros, unidos a ella queremos seguirte en el esfuerzo, por nuestra parte, de cumplir la Voluntad de Padre Dios.

Experimentamos que queremos, pero, al mismo tiempo, sentimos la tentación que nos hace caer, fracasar y no cumplir como nos gustaría. Experimentamos ignorancia, confusión y pereza. Sentimos que nuestra naturaleza caida está herida, limitada y se nos hace cuesta arriba hacer tu Voluntad, Padre. No nos es nada fácil sostenernos como hermanos y, suplicándote, te pedimos que nos sostenga y nos llene de tu Gracia para, fortalecidos, poder superar esos momentos de tedio, de desidia y de negación.

En Ti confiamos Señor, que por tus méritos y sacrifico de muerte, seamos lavados, purificados y fortalecidos para, renunciando a todo aquello que nos impide cumplir con la Voluntad del Padre, podamos, junto a nuestra Madre María, encontrar ese camino de relación y de fraternidad, contigo. Amén.

lunes, 23 de enero de 2017

VEN ESPÍRITU SANTO Y ACTÚA EN MÍ

No podremos ver claro si no dejamos entrar al Espíritu Santo en nuestro corazón. Lo hemos recibido en el día de nuestro Bautismo y debemos dejar que actúe en nosotros para que podamos crecer en Gracia y sabiduría. Por eso, debemos estar unidos a Él y no alejarnos ni separarnos. Y siempre invocarlo para que nos ayude a superar todos los obstáculos y tentaciones que se nos presentan en el camino de nuestra vida.

Oh Espíritu Santo!, llena de nuevo mi alma con la abundancia de tus dones y frutos. Haz que yo sepa, con el don de Sabiduría, tener este gusto por las cosas de Dios que me haga apartar de las terrenas.
Que sepa, con el don del Entendimiento, ver con fe viva la importancia y la belleza de la verdad cristiana.
Que, con el don del Consejo, ponga los medios más conducentes para santificarme, perseverar y salvarme.
Que el don de Fortaleza me haga vencer todos los obstáculos en la confesión de la fe y en el camino de la salvación.
Que sepa con el don de Ciencia, discernir claramente entre el bien y el mal, lo falso de lo verdadero, descubriendo los engaños del demonio, del mundo y del pecado.
Que, con el don de Piedad, ame a Dios como Padre, le sirva con fervorosa devoción y sea misericordioso con el prójimo.
Finalmente, que, con el don de Temor de Dios, tenga el mayor respeto y veneración por los mandamientos de Dios, cuidando de no ofenderle jamás con el pecado.
Lléname, sobre todo, de tu amor divino; que sea el móvil de toda mi vida espiritual; que, lleno de unción, sepa enseñar y hacer entender, al menos con mi ejemplo, la belleza de tu doctrina, la bondad de tus preceptos y la dulzura de tu amor. Amén.
II
Ven Espíritu Santo, inflama mi corazón y enciende en el fuego de tu Amor. Dígnate escuchar mis súplicas, y envía sobre mí tus dones, como los enviaste sobre los Apóstoles el día de Pentecostés.
Espíritu de Verdad, te ruego me llenes del don de Entendimiento, para penetrar las verdades reveladas, y así aumentar mi fe; distinguiendo con su luz lo que es del buen, o del mal espíritu.
Espíritu Sempiterno, te ruego me llenes del don de Ciencia, para sentir con la Iglesia en la estima de las cosas terrenas, y así aumentar mi esperanza; viviendo para los valores eternos.
Espíritu de Amor, te ruego me llenes del don de Sabiduría, para que saboree cada día más con qué infinito Amor soy amado, y así aumente mi caridad a Dios y al prójimo; actuando siempre movido por ella.
Espíritu Santificador, te ruego me llenes del don de Consejo, para obrar de continuo con prudencia; eligiendo las palabras y acciones más adecuadas a la santificación mía y de los demás.
Espíritu de Bondad, te ruego me llenes del don de Piedad, para practicar con todos la justicia; dando a cada uno lo suyo: a Dios con gratitud y obediencia, a los hombres con generosidad y amabilidad.
Espíritu Omnipotente, te ruego me llenes del don de Fortaleza, para perseverar con constancia y confianza en el camino de la perfección cristiana; resistiendo con paciencia las adversidades.
Espíritu de Majestad, te ruego me llenes del don de Temor de Dios, para no dejarme llevar de las tentaciones de los sentidos, y proceder con templanza en el uso de las criaturas.
Divino Espíritu, por los méritos de Jesucristo y la intercesión de tu Esposa, María Santísima, te suplico que vengas a mi corazón y me comuniques la plenitud de tus dones, para que, iluminado y confortado por ellos, viva según tu voluntad, muera entregado a tu Amor y así merezca cantar eternamente tus infinitas misericordias. Amén.
III


Amor infinito y Espíritu Santificador:

Contra la necedad, concédeme el Don de Sabiduría, que me libre del tedio y de la insensatez.
Contra la rudeza, dame el Don de Entendimiento, que ahuyente tibiezas, dudas, nieblas, desconfianzas.
Contra la precipitación, el Don de Consejo, que me libre de las indiscreciones e imprudencias.
Contra la ignorancia, el Don de Ciencia, que me libre de los engaños del mundo, demonio y carne, reduciendo las cosas a su verdadero valor.
Contra la pusilanimidad, el Don de Fortaleza, que me libre de la debilidad y cobardía en todo caso de conflicto.
Contra la dureza, el Don de Piedad, que me libre de la ira, rencor, injusticia, crueldad y venganza.
Contra la soberbia, el Don de Temor de Dios, que me libre del orgullo, vanidad, ambición y presunción.


Cortesía de:
Devocionario Católico - http://www.devocionario.com

domingo, 22 de enero de 2017

SOBRE LA CONVERSIÓN

El objetivo es conversión. El camino debe llevarnos a eso, a convertirnos. No podemos caminar y quedarnos tal y como empezamos el camino. La meta es convertirnos. No hay otra, y todo lo que que sea estancarnos es fracasar o perder el tiempo. La conversión no es cosa de un día ni de dos. Se necesita tiempo, y el tiempo de nuestra vida debe bastarnos para convertirnos.

Convertirnos significa volver la mirada hacia el Señor. Es caminar, asistido por el Espíritu de Dios, junto a su Hijo, el predilecto y en el que se complace. Convertirnos significa, no sólo mirar a Jesús, sino escucharle y esforzarnos en hacer lo que Él hace. Es decir, vivir a su estilo y a su forma de pensar y hacer. Y eso significa que debemos seguirle, estar a su lado y conocer bien su pensamiento y su vida.

Esa conversión no se realiza en un instante. Pero, si es cierto, que la chispa prende sin darnos cuenta y nos impulsa a seguirle. Quizás no sabemos decir cuándo, dónde ni cómo, pero si que experimentamos un deseo, un impulso de acercarnos a Él, a su Palabra y a alimentarnos de espiritualmente en la Eucaristía. Y, haciéndolo, con esfuerzo y perseverancia abiertos a la acción del Espíritu Santo vamos, paso a paso, convirtiéndonos.

Porque convertirse es empezar a hacer todo aquello que descubres que debes hacer, con honradez, con justicia, con entusiasmo, con entrega y esfuerzo. Es luchar contra la pereza; contra la desgana; contra el desánimo; contra la apatía; contra la desidia y contra todos aquellos sentimientos que tiendan a acomodarte, a instalarte y a alejarte de la verdad, de la justicia y la paz. Es acercarte con todas tus fuerzas a hacer todo aquello que está de acuerdo con la Voluntad de Dios. Es, en una palabra, amar todo lo que es bueno y verdad para beneficio del hombre.

Por eso, pidamos que cada paso, cada instante, cada avance en nuestro camino se un adelanto en nuestra conversión. Sea un acercarnos más a la Voluntad de Dios. Pidámoslo con fe, con confianza y seguros de que ieremos, cada día, siendo mejores. Y eso significa que nos vamos convirtiendo. Amén.

sábado, 21 de enero de 2017

EN MEDIO DE LA GENTE

Señor, Tú estás en medio de la gente, porque has venido para eso, para estar con nosotros. Porque has venido a salvarnos. A salvarnos de forma integral, es decir, cuerpo y alma. Quizás nos ocurre que nosotros sólo vemos el cuerpo y te buscamos para que nos cure, ignorando todo lo demás. Nuestra condición humana es tan pobre y pecadora que sólo vemos las heridas de nuestro cuerpo.

Ayúdanos, Señor, a ver las heridas de nuestra alma. Unas heridas mucho más profundas y dañiñas que las del cuerpo, y, también, más difíciles de ver. Porque, esas heridas, no sólo matan el alma, sino también arrastran al cuerpo. Mientras que curando el alma, también curamos el cuerpo. Ambas, alma y cuerpo van unidos.

Porque, Señor, Tú nos dices que vienes a perdonar nuestros pecado. Lo dejaste claro cuando te pusieron delante a aquel parálitico, Lc 5, 17-26, y lo primero que hiciste fue perdonar sus pecados por aquella fe que había demostrado. Porque esas heridas, Señor, son las heridas del alma, mucho más difíciles de descubrir. Y eso es lo que queremos pedirte hoy, que nos ayude a descubrir nuestra verdadera enfermedad, la del alma.

Y, por eso y para eso, necesitamos la Luz del Espíritu Santo. Necesitamos tener paciencia y esperarte, Señor. Necesitamos aguardar a que Tú decidas entendernos y curarnos. Necesitamos ponernos en lista de espera y saber esperar. Saber descubrir el verdadero valor de ese Tesoro de tu Misericordia y perdón. Y saber que con Él ganamos la Eterna felicidad. Amén.

viernes, 20 de enero de 2017

QUIERO RESPONDER A TU LLAMADA

HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS

La verdadera decisión de nuestra vida es descubrir la llamada de Dios y darle respuesta. Porque, de poco vale descubrirla pero no responder. Una decisión que pasa por debajo de la mesa para muchos hombres, o que no le dan la respuesta conveniente. Sin embargo, lo único que tiene valor es responder a esa llamada que tenemos desde siempre de nuestro Señor y Creador.

¿Qué es lo que le ocurre al hombre que anda ciego y no ve lo que realmente importa ver? ¿Es qué no se da cuenta que en lo más profundo de su corazón experimenta el deseo de amar? ¿Es qué no descubre que cuando realmente ama, deseando el bien del ser amado, experimenta gozo, alegría y felicidad? Entonces, ¿por qué no vive ese compromiso de amor?

Jesús sigue llamándote. A ti y a mí, y a todos. Hemos sido creados para amar, pero para llegar a amar sin condiciones, tenemos primero que despojarnos de nuestras apetencias, apetitos, ambiciones y egoísmos. Y eso se llama renuncia. Renuncia a hacer aquello que fastidia a otros y que les hace sufrir; renuncia a dejarme conducir por la pereza, por la comodidad y no cumplir con mis obligaciones. Obligaciones para conmigo mismo, para con mis padres, familia, esposa, hijos, compañeros, amigos...etc.

Cada esfuerzo en ese sentido son pequeños o grandes sacrificios que agradan a Dios. Porque esa es su Voluntad, la de amar a todos, incluso a los enemigos. Amar como Él nos ama a cada uno de nosotros. Y cuando nos afanamos en eso, en descubrir como servir a los demás, estamos haciendo la Voluntad de Dios. En eso consiste su llamada, y en eso consiste nuestra respuesta.

Pidamos al Espíritu Santo que habita en nosotros que nos dé la sabiduría y la voluntad para negarnos a nosotros cada día en todo aquello que entendemos que no debemos hacer. Y que no debemos hacer porque, haciéndolo, nos alejamos de la Voluntad de Dios. Pidamos a la Virgen, nuestra Madre, que nos acompañe e interceda por nosotros para que, siguiendo también su ejemplo, nos alumbre el camino que Dios nos pide. Amén.

jueves, 19 de enero de 2017

COMUNIÓN Y UNIDAD

El amor necesita de otros. Nunca podrás amar si no estás con otros. El amor es el pegamento, el nexo que nos une. Pero para amar hay que saber soportar. El amor exige perdón, y el perdón soporta. Porque no es  amor aquellos sentimientos por los cuales nos sentimos a gusto y bien, sino los que nacen de sabernos útiles y bienhechores de la felicidad de otros.

Los primeros sentimiento, los que derivan del sentirnos a gusto, pasan pronto y se evaporan y caducan. Los segundos, los que nacen del darse, del despojarse de ti mismo para servir al otro, permanecen y dan un gozo que dura y satisface; que llenan de paz y alegría. 

Pero para eso se hace necesario tender la mano. Esa mano que muchas veces permanece inmóvil, quieta, paralizada y muerta. Esa mano que nos paraliza el corazón y no responde a la llamada del Señor. Esa parálisis que nos impide escuchar y hacer. Por eso, Señor, queremos tenderte nuestras manos para que las sanes y les des vida. Para que las libres de las parálisis de no escucharte ni de hacerte caso. Para que las dispongas a amar y a servir por amor.

Queremos pedirte comunión y unidad. Ponernos en movimiento y tender nuestras manos para la unidad y la comunión. Movernos en el esfuerzo de caminar juntos, sin miedos, disponibles a soportarnos, a servirnos y a amarnos. Disponernos a compartir solidariamente, a estar abiertos a la escucha de tu Palabra y a confiar en tu poder de transformar nuestros corazones.

Sí, Señor, aunque nos parezca imposible, confiamos en tenderte nuestras manos para que Tú, Señor, nos las movilice y nos la cure de esas parálisis que nos las mantienen seca, muertas y alejadas unas de las otras. Amén.

miércoles, 18 de enero de 2017

EL ENFADO DE JESÚS

Estamos acostumbrado a imaginar a Jesús siempre muy suave y muy blando. Hasta el punto que  suponemos que sería imposible descubrir a un Jesús duro y enfadado. Hoy, el Evangelio nos quiere descubrir a un Jesús con una mirada de ira y apenado por la dureza de corazón al experimentar que aquellos hombrres no se compadecían del hombre enfermo.

La lógica humana y el sentido común nos hace comprender que el Señor, hecho hombre como nosotros, menos en el pecado, tuvo momentos seríos y de enfado. Sabemos que con Pedro tuvo también cierto enfado. Sin embargo, eso no nos inclina a dejar de ser misericordiosos y compasivos. Quizás, muchas veces el enfado y la seriedad nos conviene para apremiar a tomarse las cosas con responsabilidad y compromiso.

Pidamos al Señor en estos momentos que sepamos guardar en cada momento la actitud necesaria para hacernos respetar y proclamar con autoridad la Palabra de Dios. Una Palabra que exige ser vivida y realizada en la vida, para luego, si hace falta, ser proclamada. Pidamos al Señor que sepamos experimentar misericordia y compasión, y dolernos de aquellos que sufren y pasan necesidades por circunstancias ajenas a su voluntad o por intereses de otros que los oprimen y someten.

Pidamos ser fieles a su Palabra y crecer en la medida que dejemos entrar al Espíritu Santo en nuestro corazón para que nos llene de sabiduría, de misericordia, de compasión y de fuerzas para llevar a caba la misión que el Señor quiere y espera de cada uno de nosotros. Recemos todos juntos para que nuestras parálisis despierten y actúen según la Voluntad de Dios y que la ley quede sometida al beneficio del hombre y en función del hombre. Amén.

martes, 17 de enero de 2017

EL SENTIDO DE LO PRIMERO

No es fácil priorizar lo importante y lo primero en justicia. No es fácil, porque contaminados con nuestros propios egoísmos nos confundimos. O dicho de otra forma, no vemos claro. La ceguera de nuestro interés nos emborrona la claridad de ver lo que realmente es justo y debe ser la prioridad. Sin darnos cuenta se antepone una calle al paso necesario de la gente. O se prohibe cubrir una necesidad porque ese momento es para otra cosa.

La oportunidad descrita en la parábola del samaritano (Lc 10, 30-37) puede reflejar muy bien lo que queremos expresar aquí. Tanto el sacerdote como el levita dieron un rodeo y miraron para otro lado. ¿Hacemos lo mismo nosotros en muchas ocasiones? ¿Ponemos la costumbre, la tradición, la ley, antes que los derechos y el bien del hombre?

El Evangelio de hoy toca esas fibras sensibles de nuestros corazones. Responder a ellas es la cuestión que hoy nos descubre el Evangelio y nos toca el corazón. Pidamos al Espíritu Santo que nos dé fuerzas, luz y voluntad para hacer lo que la prioridad nos descubre y es justo. Pidamos mucha luz, pero también fuerza y voluntad para despojar nuestro egoísmo e intereses y responder como pensamos y creemos que debemos responder.

Pidamos libertad, despojado de todo egoísmo, para ser libres y hacer la Voluntad de Dios, que no es otra que la de servir y priorizar los derechos de los demás ante los intereses que explotan, que posponen, que esclavizan y someten. Pidamos con confianza y con paciencia que la luz nos alumbre nuestros actos y que la voluntad nos dé fortaleza para llevarlos a cabo. 

Y en esa lucha de cada día, y agarrado a la oración y abandonados, por la fe, en el Espíritu, abrimos nuestro corazón y nos disponemos a dejarnos llevar por el impulso del Espíritu para cumplir su Voluntad, que no es otra que amarnos. Amén.

lunes, 16 de enero de 2017

ABRIRNOS AL ESPÍRITU SANTO

Ha llegado el Señor, el Padre nos lo ha señalado en su propio Bautismo. Le ha enviado el Espíritu Santo y nos ha sugerido escucharle y seguirle. Ese es nuestro camino, escucharle y seguirle, y ver lo que Él hace para, por su Gracia y con su Gracia, esforzarnos nosotros en imitarle.

Hoy nos propone oración y ayuno, porque la oración es fortalecida con el ayuno. No un ayuno de prácticas y costumbre, sino un ayuno como preparación para el camino que tenemos que recorrer. Un camino de lucha contra las tentaciones y pecados a los que estamos sometidos por nuestra humanidad pecadora y egoísta. Para eso está el Espíritu con nosotros. Un Espíritu Santo que nos fortalece y nos prepara, como hizo Jesús en el desierto, para también empezar nosotros, cada día, la misión de nuestro compromiso de Bautismo.

Pidamos al Espíritu Santo esa fortaleza para renovarnos cada día, para que no nos dejemosno llevar por lo viejo y caduco. Para no caer en las costumbres y prácticas caducas y viejas, sino para renovarnos en el Espíritu Santo para construir dentro de nosotros hombres nuevos en el Espíritu de Dios. Capaces de despojarnos de todos nuestros egoísmos y darnos en solidaridad, servicio y amor a los demás.

Pidamos esa Gracia al Espíritu de Dios y, también, abrámonos a su acción. Creamos en su poder y en su acción transformadora capaz de convertirnos, como el agua en vino, y renovarnos completamente. Para nosotros es imposible, pero para Dios no hay nada imposible. Confiemos en su Palabra y seamos dóciles a ella. 

Pongamosno en sus Manos y, perseverando en la oración y el ayuno que nos fortalece, dejemosno llevar por la acción del Espíritu Santo. Amén.

domingo, 15 de enero de 2017

EL CORDERO DE DIOS QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO

Tenemos necesidad de limpiarnos, de lavar nuestras culpas y pecados, y no lo podemos hacer por nosotros mismos, ni tampoco por nadie de este mundo. Sólo el Mesías, el enviado es capaz de quitarnos el pecado del mundo. Y ese es Jesús, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Hacemos un poco de historia: cuando Juan dijo «he ahí el Cordero de Dios», todos entendieron qué quería decir, ya que el “cordero” es una metáfora de carácter mesiánico que habían usado los profetas, principalmente Isaías, y que era bien conocida por todos los buenos israelitas.
Por otro lado, el cordero es el animalito que los israelitas sacrifican para rememorar la pascua, la liberación de la esclavitud de Egipto. La cena pascual consiste en comer un cordero.
Y aun los Apóstoles y los padres de la Iglesia dicen que el cordero es signo de pureza, simplicidad, bondad, mansedumbre, inocencia... y Cristo es la Pureza, la Simplicidad, la Bondad, la Mansedumbre, la Inocencia. San Pedro dirá: «Habéis sido rescatados (...) con una sangre preciosa, como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo» (1Pe 1,18.19). Y san Juan, en el Apocalipsis, emplea hasta treinta veces el término “cordero” para designar a Jesucristo. (Comentario: Rev. D. Joaquim FORTUNY i Vizcarro (Cunit, Tarragona, España).

Jesús es nuestra esperanza y nuestra salvación. Por el Bautismo que Él nos da y regala quedamos limpio de todo pecado. Nos hace hijos de Dios y coherederos, con El, de su Gloria. Pidamos al Señor que nos dé la fuerza y la Gracia de perseverar y sostenernos puros y limpios, y eso lo logramos viviendo la Gracia de los sacramentos. De forma especial la Penitencia y la Comunión y la comunión con los hermanos.

Pidamos al Señor que nos esforcemos en compartir nuestra fe, porque haciéndolo nos fortalecemos y perseveramos en y por su Gracia. Jesucristo es el Señor y en él están puestas todas nuestras esperanzas. Amén.

sábado, 14 de enero de 2017

MIS POCAS FUERZAS A TU SERVICIO, SEÑOR

Experimento que el seguirte no depende sólo de mí, pues me siento incapaz de seguir tus pasos. Sí, Tú nos has dado esa capacidad de elegir, de ser libre para optar por un camino u otro, pero mis fuerzas son pocas y muy frágiles. Soy incapaz de perseverar y soportar el ritmo de tu camino. Necesito tu fuerza, las que da tu Gracia y Amor, para mantener el ritmo de tus pasos.

Hay muchos obstáculos y peligros en el camino que amenazan mi seguimiento y me impiden continuar. Sólo quedaré bloqueado, confundido, abatido y a merced del Maligno que me somete con las ofertas tentadoras de este mundo. Por eso, Señor, hoy que me hablas de que has venido a curar a los enfermos, yo me presento como un enfermo. Un enfermo paralizado por los pecados y las tentaciones mundanas, que necesita de tu curación, de tus cuidados y de tu Gracia, para, así, afrontar los obstáculos que la vida me presenta y me exige superar para llegar a Ti.

Y, en este humilde rincón de oración, aprovecho, junto a otros hermanos en la fe, pedirte que, como a Leví, el de Alfeo, conocido ahora por el evangelista Mateo, nos des la fortaleza para superar esos obstáculos y peligros que se interponen entre Tú, Señor, y todos nosotros. Entre decirte sí y seguirte, y en poner todo el esfuerzo necesario por nuestra parte para dejarnos dirigir y llevar por la acción e impulso del Espíritu Santo.

Danos la sabiduría de reconocernos pecadores, pero también la paciencia y la humanidad de aceptar todas nuestras limitaciones, torpezas, fracasos y caídas. Reconocer que nuestras fuerzas no son suficientes y que toda esperanza está puesta en Ti, y sin Ti nada podemos.

Te rogamos, Señor, que me permitas estar a tu mesa, para que puedas alcanzar la Gracia de tu Espíritu, que me limpia y me cura. Amén.

viernes, 13 de enero de 2017

¡DÓNDE ESTÁN MIS PARALISIS, SEÑOR?

HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS


Mi vida está paralizada sin tu presencia, Señor. Mis parálisis me someten y me aprisionan. Sí, aparentemente me muevo, voy de aquí para allá, y hago cosas. Pero, ¿realemnte son las cosas que debo hacer? ¿Realmente son mis obras lo que Tú, mi Dios, esperas de mí? 

Claro que no vamos a volvernos locos, pues nuestras miserias son las que son, pero eso nos debe ayudar a reconocernos pecadores y necesitado de mejorar en y por la Gracia del Señor. Así, te pedimos, Señor, que nos cure de nuestras parálisis de oración. Porque rezamos distraidamente; porque rezamos, quizás, poco; porque rezamos rutinariamente. Nososotros no podemos y necesitamos tu Gracia para irnos corrigiendo.

Nuestra parálisis reflexiva. ¡Qué poco reflexionamos! Quizás no sabemos, o nos cuesta mucho. Y necesitamos que Tú, Señor, nos ayude, nos motive y refuerces nuestra voluntad. Somos paráliticos también, y quizás buscamos, como aquel paralítico, la salud del cuerpo, pero no la del alma. Gracias, Señor, por tu perdón y generosa Misericordia.

Vengo, Señor, a postrarme a tus pies y a suplicarte que me liberes de la parálisis de la inactividad, o del egoísmo, que paraliza el hacer buenas obras. Curame, Señor, de la parálisis del amor, que me mentiene separado de los hermanos y cultiva el odio, la envidia y hasta la vengaza. Sí, Señor, tengo muchas parálisis y te pido que, como a aquel parálitico, me digas que me levante, tome mi camilla y vaya a mi casa. A mi casa para vivir en tu Palabra y ayudar, en el Espíritu Santo y por su Gracia, a levantar a muchos paralíticos que, quizás sin saberlo, yacen postrados en la cama del materialismo y egoísmo e inactivos espiritualmente.

Ayudanos, Señor, a descubrir nuestras parálisis y, descubiertas, presentarlas, como aquel parálitico, en tu presencia para que, por tu Misericordia, nos sean perdonadas y podamos seguir caminando. Amén.

jueves, 12 de enero de 2017

SEÑOR, EN TI CONFIO

Igual que aquel leproso, que confiado en tu poder se acercó y pidió que le limpiaras, Señor. Yo también quiero acercarme a Ti y pedirte que me limpies. Me limpies de la soberbia que no me deja crecer; me limpies de los fracasos que me atormenta y me desesperan; me limpies de no aceptar mis limitaciones y mis recaídas una y otra vez; me limpies del desánimo y la desesperanza de creer inútiles mis esfuerzos. En una palabra, Señor, me limpies de no reconocerme pecador.

Porque un pecador es aquel que, a pesar de sus esfuerzos cae cada día. Un pecador es aquel que experimenta sus debilidades y entiende que si Ti nada puede. Un pecador es aquel que cuando ha caminado mucho y se cree estar cerca de la meta, experimenta lo mucho que le falta y los fracasos que le esperan. Un pecador es aquel que descubre que su pecado necesita ponerlo en tus Manos para que seas Tú, y nada más que Tú, Señor, quien lo borre para siempre.

Ni sé a dónde ir, ni a quién recurrir. No encuentro a nadie que pueda acogerme y aceptarme como Tú lo haces. No sé dónde apoyarme que me sostenga y me ilusione. No sé dónde ir, Señor. Y te busco con desespero y con esperanza. Tu Palabra llena mi vida cada día. Las cosas del mundo ya no me importan. Hace tiempo que todo me da lo mismo, y eso también me preocupa. Porque Tú me quieres en el mundo y que viva esa fe y esperanza en el mundo para que,el mundo, te vea.

Recurro a Ti, Señor, para que avives mi vida, me llenes de Gracia  y limpies mi alma de tantas lepras que el mundo le contagia. Me alienta y me activa, Señor, saber de tu Misericordia. Sé que Tú, siempre que tratemos de actuar con limpieza y fe, nos acoge misericordiosamente. Y yo quiero vivirlo y hacerlo así. Límpiame, Señor, porque Tú puedes hacerlo. Amén.

miércoles, 11 de enero de 2017

LO PRIMERO, ORAR, PARA LUEGO...

El alimento es necesario porque sin él no podríamos realizar nuestras labores de cada día. De igual forma, el alimento espiritual nos es necesario, para poder realizar nuestras labores espirituales. Y dentro de ellas, la más importante es la oración. La oración que nos relaciona con el Señor y nos prepara para todo lo demás. Sin oración no podríamos conocer a Dios, y sin conocerle, ¿cómo llegaríamos a permanecer en Él y a alimentarnos de su Cuerpo y Sangre?

Jesús, con su vida y sus obras, nos enseña a buscar tiempo para todo. El día da para, según nuestras capacidades, encontrar lugar para realizar nuestras responsabilidades y, entre ellas, la de estar con el Señor. Puedes orar, apartándote de todos y, reflexionando, entablar diálogo con Él; puedes orar teniendo presenta al Señor en el trabajo, en la calle, con los amigos y en todo momento. No se trata de estar rezando, pero sí tomar conciencia de que todos mis actos deben estar aprobados por y en la presencia del Señor. Y eso es rezar.

Se trata de que cuando hago algo concreto debo de tomar conciencia que estoy con el Señor, y hacerlo como si estuviese con Él; cómo si Él me mirara o lo hiciera conmigo. Es decir, hacerlo siempre lo mejor que pueda y responsablemente. Se trata de vivir en su Palabra y de conformar mi vida según sus enseñanzas. Y para eso necesito orar, orar mucho, tanto con la vida como con la Palabra.

Pidamos al Señor esa virtud. La virtud de saber distribuir nuestro tiempo y de permanecer en el Señor todas las horas del día, ya sea trabajando, descansando u orando. Porque todo lo que hagamos si lo hacemos en y para el Señor, lo convertimos en oración. A pesar de que no nos acordemos; a pesar de que se nos vaya el santo al cielo; a pesar de que nos distraigamos...etc. El Señor sabe nuestra intención y convierte todos nuestros actos en verdadera oración.

Pidamos al Señor que nos dé fortaleza para perseverar siempre en la oración y, así, cumplir también con todas nuestras obligaciones de orden temporal. Amén.

martes, 10 de enero de 2017

TU PALABRA, SEÑOR, SIEMPRE ES NUEVA

Nunca deja de sorprendernos, porque tu Palabra, Señor, siempre es nueva y nos llena de esperanza. Tu Palabra, Señor, nunca termina, siempre permanece y nos renueva a cada instante. Tu Palabra nos da vida y nos sostiene rebosantes de gozo y felicidad. Tu Palabra nos vivifica y nos hace nuevo.

Pidamos perseverar en tu Palabra, y en estar atento a vivirla y ponerla en práctica. Pidamos esa Gracia, la de asombrarnos, la del primer amor que nunca acaba y siempre nos sorprende. Pidamos la sabiduría de poder interpretarla y comprenderla. Pero, sobre todo, amarla para hacerla vida en nuestras vidas.

Pidamos fortaleza y voluntad, para superarnos cada día y luchar contra la rutina humana, que nos cierra los ojos de la verdad, para que dormidos vivamos, en la rutina cansina de cada día, sometidos a la esclavitud del pecado y los egoísmos. Pidamos la libertad de abrir los ojos para ver la pureza y disponibilidad de estar atentos a las necesidades de los demás y prestos a acudir a su auxilio.

Pidamos la capacidad de asombro y de admiración al advertir y observar tu Poder Señor de sanar nuestras enfermedades y de escuchar tu Palabra que nos adoctrina y nos salva. Pidamos el don de sorprendernos por esa autoridad y poder de transmitirnos la Buena Noticia de salvación. Esa Noticia que todos llevamos dentro de nuestros corazones y a la que buscamos dar respuesta.

Porque, Tú, Señor, eres el único capaz de hablarnos de esa forma. Porque sólo Tú tienes autoridad para darnos lo que nuestros corazones ansían y desean. Porque sólo Tú, Señor, tienes Palabra de Vida Eterna. Amén.

lunes, 9 de enero de 2017

AHORA HABLA JESÚS

Es el Señor quien, a través de su Iglesia, se manifiesta constantemente al mundo. Son muchos consagrados y seglares que se esfuerzan en dar testimonio de su Palabra, y lo hacen con sus palabras y vidas. Son muchos, pero no están solos sino que cada uno va auxiliado y asistido por la acción del Espíritu Santo. La Iglesia está asistida por el Espíritu de Dios.

Y muchos esperan todavía, como aquellos fariseos de su tiempo, algún acontecimiento grandioso que les habra los ojos. Pero no se les dará, pues ya lo ha dicho Jesús. No se les dará otra señal que la de la Cruz (Lc 11, 29-32). Es tiempo de conversión y esa conversión nos toca a cada uno y también nos interpela.

Pidamos al Señor la Gracia de convertirnos cada día. Una conversión permanente, perseverante y llena de obras de caridad. Una conversión transparente, que se proclama de palabra y de vida. Una conversión en la que vayamos dejando nuestra vida por entregarla, día a día, a los demás. Una conversión que descanse en la  escucha de Palabra, la oración y los sacramentos.

Una conversión humilde, agradecida, pedida, suplicada y aceptada. Una conversión, a pesar de las noches oscuras, de las dudas y contradicciones, de las tentaciones, del cansancio, de la fatiga, de los silencios, de no entender ni comprender. Una conversión como María, de perseverar y confiar en el Señor.

Pidamos ser llenados de la Gracia del Señor con humidad y perseverancia, y llenos de paciencia postrados a sus pies. Aceptando que como Padre nos dará siempre lo mejor y lo que nos conviene para nuestra salvación. Amén.

domingo, 8 de enero de 2017

EN CONSTANTE ALERTA

El buen gimnasta no cesa de esforzarse para mantenerse en forma. Su éxito depende de su preparación y, sobre todo, de su constancia y perseverancia en cuidar su estado físico y mental. Igual nos ocurre a nosotros, los seguidores y creyente de Jesús. Necesitamos el ejercicio de la oración todos los días, y frecuentar los sacramentos, sobre todo la Eucaristía. Claro, eso nos supone confesarnos con cierta regularidad para mantenernos limpios y en estado de Gracia.

Por el Bautismo recibimos la Gracia para conseguir esa fortaleza, pero también, el compromiso de conservarla y cuidarla. Perseverar en ella nos incumbe a todos los creyentes y bautizados. Se hace necesario responder a ese nuestro compromiso de Bautismo. Y eso se fundamente en complacer al Padre tal y como el Hijo lo complace. Claro, nosotros no somos el Hijo, pero contamos con su Gracia y la del Espíritu de Dios. 

Y, porque Él, el Hijo, ha venido a este mundo y se ha bautizado para que nosotros le siguiéramos por ese mismo camino, bautizándonos con Espíritu y fuego por su Gracia, quedamos configurados como sacerdotes, profetas y reyes, y preparados para la lucha y para vencer al mal, el pecado. Pero no sin nuestro concurso y nuestro diario esfuerzo. Y eso es lo que le pedimos en este día de hoy, el Bautismo de Jesús, para como Él, estar protegidos y resguardados contra las amenazas y seducciones del pecado.

Pidamos esa fortaleza, para no desfallecer y continuar, a pesar de nuestras caídas, decepciones, desilusiones, incomprensiones, y toda clase de dificultades que nos invitan a pararnos, a no seguir, a abandonar y a quedarnos en el camino. Pidamos para que siempre una mano amiga nos levante, nos acompañe y nos anime. Pidamos y confiemos en la acción del Espíritu Santo que, por nuestro Bautismo, permanece en nosotros asistiéndonos y protegiendo. Amén.

sábado, 7 de enero de 2017

FORTALECE MI DÉBIL HUMANIDAD

Somos humanos y, cuando decimos eso damos por sentado que nos reconocemos débiles y pecadores. "Yo soy humano" solemos decir cuando vivimos un fracaso o nos vemos imposibilitados para superar cualquier contrariedad u obstáculo. Sí, sabemos de nuestras debilidades y nuestras esclavitudes.

Sería muy malo ignorarlas y desconocerlas. Por eso, es bueno conocernos y eso nos exige reflexionar y tratar de vernos y estudiarnos. De alguna forma eso es hacer penitencia, es decir, ver donde fallo y cuáles son mis puntos flacos o más débiles. Porque, conociéndolos, estaremos en disposición de corregirlos. Sólo aquello que se conoce se puede, tanto amar como rectificar.

Y en eso consiste nuestro camino, camino de perfección. Es decir, ir corrigiéndonos todos nuestros defectos y pecados. Para ello, reflexión y disponibilidad para corregirlos y superarlos. Y eso nos descubre que necesitamos la presencia del Señor y su Gracia. Sólo no podemos perfeccionarnos. Por eso necesitamos la penitencia y el sacrificio. Penitencia de revisarnos y confesarnos débiles y pecadores, y sacrificio para irnos corrigiendo y superando.

La oración es fundamental, porque ella nos fortalece y nos relaciona con el Señor. Pero también la Eucaristía contemplativa y como alimento espiritual de nuestra alma. El Reino de Dios ha llegado con el Señor y en Él encontramos lo que necesitamos para alcanzar la Misericordia del Padre. Pidamos esa Gracia sin parar. Que cada minuto de nuestra vida sea una constante plegaria para que nuestros actos glorifiquen y canten alabanzas al Señor.

Pidamos que nuestra fe, debilitada por el pecado, se sostenga firme en la oración, penitencia y sacrifico, y que cada día pueda ir superando las adversidades y obstáculos que se le presentan, con la esperanza de que el Reino de Dios está cerca. Amén.

viernes, 6 de enero de 2017

MIRANDO A LAS ESTRELLAS

HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS

Mucha gente pasa grandes ratos mirando al cielo. El cielo siempre ha sido espacio de observación y reflexión. El Universo es un gran misterio, y aunque hay muchas leyes y misterios que se han descubierto, sigue siendo inmenso todo lo que esconde. El Universo habla de su Creador, y habla muy bien por las inmensas maravillas que esconde en su infinito seno.

No podría entender ni concebir el Universo sin la intervención de su Creador. Y hoy viene a mi corazón esa idea, reflexionando sobre esa señal luminosa que sorprendió y asombró a muchos al contemplarla, pero que movió a pocos a responder. Mientras unos la contemplaron asombrados, otros, en este caso los magos de Oriente, se preguntaron y se movieron en dar respuesta a ese acontecimiento.

Indudablemente, Jesús, el Hijo de Dios, nació en la más paupérrima humildad, sin escándalos, ni ruidos. Y menos de pomposos anuncios y festejos. Nació callado, en silencio, sin protestar por las condiciones adversas que encontró. Nació con sólo una idea, la de amar y salvar a todos los hombres que desearan ser salvados. Eso implica que cuenta contigo, con tu libertad y tu elección. No te va a condicionar, ni apurar, ni a comprometer. Serás tú quien tomes tus propias decisiones, como los magos.

Esa es la lección que entra hoy humildemente en mi corazón. Doy gracias a Dios por experimentar en estos momentos esa Gracia. Danos, Señor, la capacidad de verte en el pesebre y de despojarnos como tú. Libéranos, Señor, de este desenfrenado consumo y de esta vida, quizás acomodada e indiferente. Danos la sabiduría de saber, como los magos, buscarte y dejar huella de tu camino.

Nos perdemos, pero confiamos en tu Estrella, para que nos guíe en la palabra y también en nuestro obrar. Líbranos, Señor, de la esclavitud de nuestra humanidad y danos la ligereza del pájaro que vuela rápido donde está el alimento y su vida. Que nuestro regalo de reyes sea encontrarte en el pesebre de nuestro corazón. Amén.

jueves, 5 de enero de 2017

¿POR QUÉ YO NO TE VEO, SEÑOR?

Primero tendremos que hacernos esa pregunta. Supongo, por el mundo que me rodea, que no son muchos los que se hacen esa pregunta. También, deduzco que muy pocos, en proporción a todos los habitantes del planeta, permanecen inquietos ante este interrogante. Eso no desmerece la cantidad de gente buena que hay en el mundo. Es un milagro que el mismo se sostenga, y eso no es sino la constatación de que Dios lo cuida con su Providente Amor.

Dios nos quiere tanto que, pacientemente espera nuestra conversión. Señales y acontecimientos que nos ayuden a encontrarle, como el de Natanael, que hoy narra el Evangelio, ocurren todos los días. Quizás muchos nos percatemos de eso, y otros no. Tenemos un Tesoro Infinito muy cerca de nosotros, pero no abrimos los ojos y permanecemos ciegos. 

Las luces del mundo nos deslumbran y no nos dejan ver al Señor. Necesitamos, como Natanael, acercarnos y ver al Señor. Quizás nos lo han dicho algunos amigos, pero no ha sido suficiente para movernos y despertar nuestra curiosidad. Y nos perdemos ese Tesoro que está a las puertas de nuestra vida. No sabemos que ocurrirá ni que perderemos. Eso sólo le corresponde al Señor.

Pero, desde este humilde rincón, nosotros pedimos al Señor que nos dé la sabiduría de saber llevarle a todos aquellos que quieran y deseen conocerle. De saber transmitir su Amor y, no sólo de palabra sino también con nuestra vida. Y, unidos al coro de los apóstoles, hoy por y con Natanael, les pedimos que intercedan por todos nosotros y nos ayuden a, como ellos, transmitir y llevar al Señor a todos los hombres que pasen por nuestras vidas. Amén.

miércoles, 4 de enero de 2017

BUSCANDO AL SEÑOR

Para buscar hay que ponerse en camino. Y, a veces, arrancar cuesta. Sobre todo cuando estamos cómodos e instalados. Por eso, los encuentros exigen movimientos y sacrificios. Y los sacrificios renuncias. A los pobres y desprendidos les cuesta menos el moverse, porque necesitan hacerlo. Buscan una mejoría y un bienestar con más futuro. Están en movimiento.

No puedes encontrar a Jesús en estado pasivo. Necesitas llamar, tocar, pedir. Y hacerlo con insistencia y perseverancia. Jesús está a tú alcance, pero te exige camino, camino de conversión. Juan Bautista ha preparado el camino, y tú tienes que poner también de tu parte. El tiempo de nuestra vida es un constante camino de conversión y lo verdaderamente importante es aprovecharlo.

Pidamos por intercesión de todos aquellos que han sabido buscarle, a los apóstoles, en especial a Andrés y el otro discípulo que le acompañaba y a María, que le acogió en su seno, que nos muestren el camino para, fortalecidos con sus ejemplos, aprendamos a seguir a Jesús y responder a su llamada. Pero, sobre todo, abrámonos a la acción del Espíritu Santo y dejémonos llevar por sus impulsos con humildad y confianza, con actitud de servicio y sencillez.

Porque no buscamos el éxito, ni el lucirnos, ni el triunfo ni que las cosas salgan como queremos, sino la Gloria de Dios. Y será el Espíritu Santo quien nos llevará por los caminos que nos conviene que, sin nosotros comprenderlo, serán los caminos que quiere el Señor. Porque es Él quien hace todo y quien recogerá también todo.

Danos, Señor, la paciencia y la sabiduría de descansar en tu Poder y Misericordia, y, como esos dos discípulos, impulsados por la señal de Juan salieron a tu encuentro, que también nosotros, impulsados por el Espíritu Santo recibido en nuestro Bautismo, salgamos a tu encuentro y permanezcamos toda nuestra vida contigo. Amén.

martes, 3 de enero de 2017

NECESITAMOS LA GRACIA PARA RESPONDERTE, SEÑOR

Una cosa es clara, sin El nada podemos (Jn 15, 5). Necesitamos la Gracia del Señor para poder vencer a las tinieblas y liberarnos de la esclavitud del pecado. Pero para eso necesitamos primero convertirnos. Es la propuesta de Juan Bautista: "Convertirnos a la Gracia del Señor".

Él nos anuncia la llegada del Libertador y nos invita a seguirle en actitud de conversión. Seguirle es vivir en la Vida de la Gracia por medio de los sacramentos. Por el Bautismo, que Juan nos, previamente prepara con agua, pero que nos anuncia que Jesús nos buatizará en el Espíritu Santo, y nos injerta como miembros vivos en Cristo y en su Iglesia (Papa Francisco).

Por la muerte de Jesús somos liberados del pecado, e, injertados en Él tendremos la fortaleza y la Gracia de también entregar nosotros nuestra vida para, añadiéndola a la de Jesús, alcanzar la purificación y salvación eterna. Por eso, como dice el Papa Francisco «No es una formalidad. Es un acto que toca en profundidad nuestra existencia. Un niño bautizado o un niño no bautizado no es lo mismo. No es lo mismo una persona bautizada o una persona no bautizada. Nosotros, con el Bautismo, somos inmersos en esa fuente inagotable de vida que es la muerte de Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia; y gracias a este amor podemos vivir una vida nueva, no ya en poder del mal, del pecado y de la muerte, sino en la comunión con Dios y con los hermanos».

El Bautismo nos libera y nos hace hijos de Dios. Por el Bautismo recibimos al Espíritu Santo y estamos asistido y protegidos por su constante presencia. Eso sí, necesitamos abrirle las puertas de nuestros corazones y dejarnos asistir y dirigir por Él. No perdamos tiempo y pidamos esa Gracia, esa fuerza y luz que nos ayude a convertirnos, a darnos, por amor, en Manos del Espíritu Santo, a servir y a vivir humildemente la Palabra cumpliendo la Voluntad de Dios. Amén.

lunes, 2 de enero de 2017

¿RESPONDEMOS AL ANUNCIO DE SALVACIÓN DEL SEÑOR?

Primero nos lo anuncia Juan el Bautista, pero nos dice que él es un simple anunciador del que realmente viene detrás de él, a quien no es digno de desatarle la correa de su sandalia. Es Jesús el anunciado el que nos bautizará con Espíritu y fuego. Un Bautismo que nos hace sacerdotes, profetas y reyes. Un Bautismo que nos compromete a dar testimonio de nuestra fe.

Y esa es la pregunta, ¿respondemos nosotros a ese Bautismo? ¿Respondemos nosotros a esa llamada a proclamar, viviendo primero, lo que Jesús nos enseña, no sólo de palabra sino también con la vida. Hoy damos comienzo a un año nuevo. Un año nuevo siempre invita a hacer las cosas bien, pero, pronto, al pasar de los días, esas buenas intenciones e impulsos empiezan a decaer. El trajín de cada día y la rutina nos van lastrando nuestras esperanzas y, debilitados, empezamos a dejarnos cosas en el camino.

Pero es que nuestra respuesta no debemos hacerla solo. Tenemos y debemos ir acompañados. Ese es el propósito de este humilde rincón, como también "de dodim a agapé", el de acompañar sobre todo a los que por falta de tiempo no pueden integrarse en una comunidad, o visitar con frecuencia al Señor Eucarístico. Tenemos que ir juntos, marcando el ritmo del paso de nuestras oraciones. El agua que riega nuestra vida es la oración. Sin ella no crecemos.

Pero una oración humilde, paciente, esperanzada, alegre, obediente, escuchada, atenta, perseverante, constante, alejada de ruidos, silenciosa, firme, confiada y llena de fe. Una oración que nos enciende el corazón cada día, que nos alimenta del Pan Eucarístico, que nos fortalece en las desesperanzas e inconstancias, y que nos sostiene firmes en el camino.

Si, amigos y hermanos en la fe. Necesitamos orar. Esa es la respuesta que el Señor espera de nosotros, porque lo demás nos será dado por añadiduras (Mt 6, 33). Tengamos confianza y no dejemos de orar, hablar con Dios, y recibirlo Eucarísticamente, alimento espiritual, para caminar estos nuevos trescientos sesenta y cinco días esperanzado en las promesas del Señor. Un Señor que siempre cumple su Palabra. Amén.

domingo, 1 de enero de 2017

LA NECESIDAD DE ORAR

Para orar se hace necesario descubrir esa necesidad, valga la redundancia. No se puede rezar por obligación, y es malo rezar por rutina o costumbre. La oración necesita tener vida y corazón para ser vivida en la vida. No puede quedarse sólo en la palabra, porque si no aterriza y se hace obra, muere. Y si muere no da fruto.

Y eso se supera y se vence cuando la oración es el resultado de un encuentro y de una vivencia. Es el ejemplo que nos pone hoy el Evangelio. Los pastores fueron avisados de que había nacido un Niño. Se advierte que no fue avisado ningún notable. Unos simples pastores, que aquellos tiempos eran los excluidos de la sociedad. Son los pobres los primeros y los únicos que pueden asumir y aceptar la Buena Noticia de salvación.

Y eso significa que tú, si quieres también aceptar la Noticia de salvación, tienes que abajarte y ser pobre. Pobre de espíritu, humilde, disponible y generoso. No hay otro camino ni otra puerta. Es esa, la que estás intuyendo, la puerta estrecha. Porque abajarse y ser humilde no es fácil. Cuesta mucho. Pero es lo que primero hace Dios. Se hizo Hombre y se humilló ante los hombres abajándose a la misma altura que ellos y despojándose de su Divinidad y tomando todo lo mismo que el hombre menos el pecado.

Creo que eso duele más que la propia crucifixión. Siendo Dios se hizo Hombre sin ningún privilegio y aceptando todo lo correspondiente a la naturaleza humana. Sufrió, sintió sed, hambre y dolor como cualquier hombre. Ese es el Niño Dios que me he encontrado en el portal. Y el mismo que habita ahora en mi corazón. Un Niño Dios que, nació, murió y resucitó, y que ahora vive dentro de mí. En el portal de mi corazón.

Y a ese Niño Dios le pido que aumente mi fe; le pido que encienda mi corazón; le pido que me llene de fortaleza y que me ilumine para superar y vencer todas las tentaciones que el mundo me sirve y me pone en bandeja y, humillarme como Él, para ser capaz de lavar los pies a mis hermanos como Él mismo me enseñó. Amén.

FELIZ AÑO NUEVO