Páginas

Páginas

lunes, 7 de mayo de 2012




La Oración de la Confianza

                                                      foto de Brian Pate




Muchas veces las almas que viven día a día buscando agradar a Dios, buscando caminar las huellas de Jesús en una vida humilde, pura, caritativa, compasiva, y al servicio de los de casa y los demás… se encuentran que en los momentos de prueba la fe tambalea un poquito… y la confianza desaparece.


En esos momentos las almas se sienten con necesidad de gritar “auxilio” al Cielo, a los hermanos que conocemos son de intensa oración… (y no es que este mal, no lo es)… es una pequeña angustia que si nos dejamos guiar por ella iríamos a todos los medios de comunicación a pedir oración.


Mirando la vida de nuestros hermanos los santos… y en especial la vida de San José y nuestra amada Madre Celestial descubrimos una oración, una actitud, una entrega total, ciega a la confianza en Dios y en su deseo y voluntad de ayudarnos.


En los momentos más difíciles la Madre… confiaba y se sometía dócilmente a la Voluntad Divina. ¿Por qué no podemos hacer lo mismo? ¿Porque no somos María?… ¿acaso los santos lo fueron o lo son? ¿Acaso ellos no han confiado ciegamente en el poder y el amor de Dios?


Recordemos a Santo Domingo Savio decirle a San Juan Bosco, en sueños, una dulce   amonestación… “no había visto mas milagros en su vida porque no había confiado más”. ¿Confiar más de lo que confiaba el santo? Pues si… tenía que haber confiado mucho mas… inmensamente mas… se le estaba pidiendo una confianza heroica.


 Todos sabemos que San Juan Bosco no solo confiaba en el poder de Dios sino que confiaba en María como intercesora y abogada ante Dios. Sin embargo su estudiante amado, Santo Domingo Savio, venía a fortalecer esa confianza, venia a lanzarlo a saltos mortales de una confianza viva, heroica, plena total en Dios… en María… la confianza de los santos… que sin ver nada lo esperan todo de Dios… de la Mater.


San Juan Bosco siempre enviaba a sus estudiantes a la Virgen… en la advocación de María Auxiliadora, decía que la Madre ayudaria… siempre… y la Madre no le hacía quedar mal nunca… hijos que San Juan Bosco le enviaba…hijos que atendía solícitamente resolviendo todo problema según la Voluntad Divina.


Padre Kentenich en Schoenstatt también confiaba en el obrar de la Mater. Siempre decía… la Mater obrara…”la Mater hará todo a su gusto… confiemos ciegamente en Ella”… y la Mater nunca, nunca le hizo quedar mal. A todos recibía y recibe en su Santuario, a todos acoge, y a todos atiende y a todos les concede las gracias necesarias en bien de sus almas…  ¡cuántos milagros!! incalculables…cuantos no se han recibido en todos los Santuarios de Schoenstatt… todo está en confiar y espera en el tiempo de Dios…


Les animo a confiar ciegamente en la Mater… en Dios… confiar es abandonarse en ellos… confiar es estar convencidos que ellos nos van ayudar… dejarlos obrar a su gusto, esperarlo TODO de ellos, sentirnos seguros porque nuestros problemas o necesidades están en sus manos.  Simplemente decirles… Si es a Jesús: “Jesús yo confio en Ti”… si es en la Mater:  “En tu poder y en tu bondad, confía con sencillez el alma mía, en Ti y en Tu Hijo, confía ciego Madre mi corazón”. Has depositado tu confianza en ellos… dejarlos trabajar a su gusto… no te aflijas, no te turbes, no te angusties, ¿quieres llorar?... pero como desahogo de un dolor que oprime el corazon y el alma… nunca como motivo de desesperación porque entonces no confíes ni en Jesús ni en María… y la desconfianza ata las manos divinas, las manos inmaculadas… además… es una herida mortal que reciben sus Sagrados Corazones de parte nuestra… seamos más prudentes y sabios, más fieles y confiemos porque nuestra fe sale flotando esplendorosamente…


Confiar… ese es el secreto de los santos de ayer, los de hoy y lo será para los santos del mañana.


Desde la Soledad del Sagrario






No hay comentarios:

Publicar un comentario

Compartir es abrirte, hablar de lo que piensas y conoces. Si lo haces, te descubres, y animas al otro a hacer lo mismo. En ese diálogo salta el encuentro y el conocimiento mutuo, y así puede, con mucha caridad, nacer la confianza y el respeto por el otro. Es la mejor manera de vivir y de poner en practica la Voluntad de Dios.