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lunes, 7 de septiembre de 2015

LÍBRAME SEÑOR DE LA SUFICIENCIA DE CREERME MEJOR QUE LOS QUE SE SALEN FUERA DE LA NORMA



Posiblemente nos cuesta mucho ver con los mismos ojos a los que no están en nuestro lado. El impulso instintivo es el rechazo. Igual decimos que no nos consideramos mejor, pero queremos comer aparte. Son las contradicciones que no queremos ver. Quizás nuestros oídos sordos que no dejamos que nos cure el Señor. Son quizás nuestros pecados contra el Espíritu Santo, porque no le dejamos entrar en nuestro corazón.

Somos hijos del mismo Padre, porque Dios nos ha creado a todos, pero nos sentimos mejores porque nuestros privilegios son mejores. ¿Se nos ha ocurrido pensar que quizás los tenemos para compartirlo con esos a los que no se les ha dado? ¿Se nos ha ocurrido pensar que de esta manera nuestro Padre Dios nos da la oportunidad de probar nuestro amor y misericordia? ¿De qué otra forma le podremos demostrar nuestro amor?

Y puede ocurrir también que ocurra en un tiempo que lo tenemos pensado y dedicado para otra cosa, incluso para asistir y dar culto a Dios. ¿Nos daría Dios permiso para dejar su culto para otro momento y atender la necesidad de ese hermano ahora? ¿Qué te dice tu conciencia y tu corazón? Viene ahora a nuestra memoria la parábola del buen samaritano.

Sabemos, porque brota de nuestro corazón, que las leyes deben estar en función del hombre y para bien del hombre. Pero el bien del hombre necesita esfuerzo y lucha, porque rendido a sus impulsos innatos de la carne, el hombre se destruye y se pierde. 

Experimentamos que cuando nos abandonamos y no dominamos nuestra voluntad, nuestras debilidades carnales nos abaten, nos desequilibran y sentimos el peso de sus fuerzas. Perdemos el dominio de nuestra voluntad y nos quedamos a merced. 

Ayúdanos Señor a descubrir en el servicio a los hermanos el cumplimiento de tu Voluntad.

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