Blogueros con el Papa

UN ROSARIO CADA VIERNES

Cada viernes, hora peninsular entre las 09, 30 y 10:30, en Canarias entre las 08:30 y 09:30, aproximadamente, y en cualquier otra parte del mundo la que mejor puedan elegir, nos unimos en el rezo del Rosario (VER AQUÍ) por la unidad de todos los creyentes, por la familia natural, hombre - mujer, por la vida y por la libertad de educación de los hijos.

Desde tu casa, online, desde tu trabajo, desde tu hospital y enfermedad, desde myfeeling, desde todas los colectivos y asociaciones, desde donde quieras que estés, tú también puedes unirte en este clamor al Padre, unidos a María Santisíma, para que el Espíritu Santo nos dé la capacidad y la luz de salvaguardar la vida y los valores morales y naturales que la dignidad de las personas demanda y hemos recibido de nuestro Padre Dios.

También estamos rezando un rosario cada día que hacemos normalmente en las primeras horas de la mañana aunque a veces, por premuras de tiempo, lo hacemos en otras horas del día. En el icono de la Virgen, debajo del rosario de todos los viernes, puedes encontrar el rosario correspondiente a cada día.

sábado, 5 de abril de 2025

IV ESTACIÓN. LA MADRE.

Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción, y a ti misma una espada te traspasará el alma».

(Lucas 2,34-35) 

No hay otro consuelo a tu dolor que el rostro de tu Madre. Su mirada alivia las llagas de tu corazón herido por la falta de amor de los hombres y las mujeres. Su silencio, partícipe del sufrimiento, que solo el amor puede ofrecer y llevar en humilde custodia, es bálsamo para tu alma, fuerza compartida del perdón, caridad mayor que cualquier rechazo ingrato. María, Madre de Jesús y madre nuestra, ¡intercede por nosotros y acompáñanos para vencer la prueba! Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

viernes, 4 de abril de 2025

III ESTACIÓN. PRIMERA CAÍDA

Pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. (Isaías 53,5)  

Tú te has hecho débil por mí, has sufrido el dolor, la soledad, la incomprensión por mí. Gracias por haberme querido tanto.  Quiero pensar en todas las veces que yo me he caído y tú, de manera tan generosa me has levantado. Te quiero dar las gracias por el amor que me tienes y por el peso que has cargado. Quisiera que mi amor aliviara el peso de la Cruz. Hoy sé que cada día vacilamos y podemos caer, pero Jesús está siempre ahí para tendernos la mano, para hacerse cargo del peso de nuestras cruces y volver a encender en nosotros la esperanza. 

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

jueves, 3 de abril de 2025

II ESTACIÓN. CON LA CRUZ A CUESTAS

Los soldados se lo llevaron al interior del palacio –al pretorio– y convocaron a toda la compañía. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa.  Y lo sacan para crucificarlo. (Marcos 15,16 y 20) El peso de la cruz, hecha de la madera de nuestra tierra, no era ligero, cargado con nuestras historias, nuestros pecados y nuestras esperanzas. Los llevas a cuestas, Señor totalmente hombre, para acercarte a cada corazón con tu amor tan humano, tan divino, y dar sentido a todo, consuelo silencioso y amigo, fuerza de vida que ha vencido y vencerá a la muerte. ¡Señor, ten piedad!

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

miércoles, 2 de abril de 2025

I ESTACIÓN. LA CONDENA

Pilato les preguntó: «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?». Contestaron todos: «Sea crucificado».  Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. (Mateo 27,22 y 26) Cuantas veces no he sido yo el que he gritado “crucifícalo” con mis pecados. Muchas veces te he olvidado, te he traicionado, he olvidado las cosas maravillosas que has hecho en mi vida y he preferido darte la espalda y te he dejado solo. Pienso en esas veces que he preferido a Barrabás, las muchas veces que antes de hacer el bien he elegido ese mal que no nos hace felices. No quiero recordarlo con tristeza, sino con el propósito de no seguir haciéndolo, o por lo menos de ser cada vez más conscientes de mi debilidad.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

martes, 1 de abril de 2025

ORACIÓN: CUARESMA CON MARIA

María, Madre, cuánto tengo que aprender de Ti, que junto a la Cruz alcanzaste la máxima expresión de tu Amor por Jesús, tu fidelidad a la voluntad del Padre. María, tú me enseñas la importancia de confiar y de creer, de ser firme en la fe, para entregarme en mi vida cristiana. De tu mano, María, me es más fácil aceptarlo todo y estar de acuerdo con todo lo que sucede en mi vida. 

En este tiempo, María, ayúdame a profundizar como hiciste Tú en la Palabra de Dios, a ser más constante y fiel en la oración, a retener y meditar en lo más profundo de mi corazón todo lo que el Padre quiere transmitirme. Concédeme, María, la fuerza para responder cada día a la llamada de Dios con autenticidad y responsabilidad. Ayúdame, María, a seguir los pasos de Jesús, a ser como Él, a crecer en la cosas de Dios, a aumentar mi fe, a esperar en la esperanza y a vivir en el amor. Gracias, María, por caminar junto a mí en el camino de la Cruz. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

lunes, 31 de marzo de 2025

ORACION: Como el hijo mayor

En muchos momentos, Padre, soy como el hijo mayor de la parábola: cumplidor, sí, pero también orgulloso y envidioso. Me creo mejor que los demás y mejor que Tú. No soy capaz de darme cuenta de que Tú eres generoso conmigo: todo lo tuyo es mío.

Soy hijo, pero me siento esclavo. Vivo el trabajo y la oración como una penitencia, no como un regalo. Pierdo la capacidad de alegrarme con el éxito de mis hermanos y hermanas.

Padre, gracias, porque me buscas siempre, porque me ayudas a sentirme hijo tuyo y hermano de cuantos me rodean. Que se ablande mi corazón y pueda participar de tu alegría. Amen.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

domingo, 30 de marzo de 2025

ORACION: El don del silencio

Señor, dame el don del silencio, para poder oírte a Ti y escucharme a mí; para reconocer El don de saber oírte a Ti y de poder auscultarme a mi; de poder detectar tu Voluntad y de saber hallar mi debilidad peligrosa; de llenarme de perdón, de abrirme a tus misterios y de librarme de este otro misterio de mi pecado.

Hazme hallar, Señor, ese silencio de plenitud, que es la Palabra tuya, la que debe ser oída en eterno silencio. Hazme andar al unísono con Ella. Hazme sentir con su propio latido.

Haz, Señor, que con tu Verdad y tu Amor me llene de ti. Dame de tu silencio, Oh Dios; ábreme los oídos interiores para que te metas Tu por toda mi alma, para que en esa invasión sea yo libre, y en tu Luz se me apaguen todas las voces del exterior.

Señor, si me das el silencio me conoceré y te conoceré... y yo quisiera que fuese así, Señor, porque quisiera comenzar a ser, de veras, hijo tuyo... Amén."

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina