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UN ROSARIO CADA VIERNES

Cada viernes, hora peninsular 09:00, en Canarias a las 08:00, y en cualquier otra parte del mundo la que mejor puedan elegir, nos unimos en el rezo del Rosario (VER AQUÍ) por la unidad de todos los creyentes, por la familia natural, hombre - mujer, por la vida y por la libertad de educación de los hijos.

Desde tu casa, online, desde tu trabajo, desde tu hospital y enfermedad, desde myfeeling, desde todas los colectivos y asociaciones, desde donde quieras que estés, tú también puedes unirte en este clamor al Padre, unidos a María Santisíma, para que el Espíritu Santo nos dé la capacidad y la luz de salvaguardar la vida y los valores morales y naturales que la dignidad de las personas hemos recibido de nuestro Padre Dios

miércoles, 23 de agosto de 2017

EL TIEMPO NO CUENTA

El tiempo no cuenta. Sí, para las cosas de este mundo el tiempo es algo valioso y cuantificable, para Dios no parece tener tanta importancia. La medida del amor no se mide por horas ni por cantidades, sino por la intensidad e intenciones del corazón. De modo que un simple pensamiento bien intencionado tiene un gran valor, y otro, aunque más genial e importante, pero con malas intenciones, su valor queda devaluado.

¿Y cómo se mide el valor? Lo tenemos claro. Todos saben lo que está bien o no, y cuando hacemos cualquier cosa, como puede ser un trabajo, sabemos si lo hacemos bien, regular o mal. Y también si nos hemos aplicado con buena intención o con cierta desgana y no tanta aplicación y esfuerzo. Es decir, sabemos cuando realmente amamos o no. Y la medida de ese amor está en nuestra buena intención. Por eso, Jesús, nos habla en cierta ocasión sobre la pureza y buena intención del corazón de los niños. A ellos debemos parecernos.

Por otro lado, El Señor es infinitamente Justo y Misericordioso, y nos paga, por amor y porque su Voluntad es esa. No porque nos merezcamos nada. Así que lo que haya ajustado con cada uno de nosotros, eso estará bien y justo. Nada podemos reprocharle que a otro quiera darle lo mismo o más. Él sabrá por qué. Nosotros, simplemente, le damos gracias por su Infinita Misericordia.

Confiamos en Él y le damos gracias por todo lo que tenemos y hemos recibido. Y respondemos a su llamada de trabajo esforzándonos en hacer su Voluntad. Le pedimos que nos dé la sabiduría, la fortaleza, la voluntad y la capacidad de trabajo para empeñarnos en hacer su Voluntad y lo que Él nos mande. Le pedimos que abra nuestros corazones para que el Espíritu Santo nos asista, nos auxilie, nos asesores y nos mueva a dar frutos en la Viña del Señor. 

Eso queremos, Señor, y eso te pedimos, aceptando toda la Gracia que Tú nos das, porque todo es tuyo y de tus Manos generosas lo recibimos. Amén.

martes, 22 de agosto de 2017

SOMETIDOS AL PODER Y LAS RIQUEZAS

No es fácil desprenderse de la ambición del tener y poder. Todos deseamos mandar, es decir, tener poder y ambicionar riquezas. Porque las riquezas dan poder, y viceversa. Y nadie escapa a esta tentación. Diría que nuestro corazón está tocado por ese pecado de ambición. Incluso, todos buscamos la felicidad, porque nuestra esencia es esa, ser feliz eternamente.

Así nos ha creado Dios, y, por eso, ha enviado a su Hijo, para enseñarnos el camino que conduce a la felicidad. Él, el Señor, es el Camino, la Verdad y la Vida. Y nosotros, si queremos ser felices tendremos que seguirle para alcanzar y conseguir la felicidad que perseguimos. Pero, las riquezas y el poder son una gran obstáculo difícil de superar. Aquel joven rico -Mt 19, 16-22- no pudo superarlo, pues su corazón apegado a los bienes le impidió optar por seguir a Jesús.

También nos ocurre a nosotros, y conscientes de que sólos estaremos vencidos, recurrimos a Ti, Señor, para suplicarte que nos des sabiduría, fortaleza y voluntad para dejar en un segundo plano todos nuestros afanes de poder y riquezas y te pongamos a Ti como centro y norte de nuestras vidas. No queremos vivir apegados al poder y las riquezas, porque, entre otras cosas, ese poder y riqueza es caduco y no nos llena plenamente. Esconde vacío y corrupción.

Sólo el desprendimiento y la generosidad nos revierten dándonos gozo y felicidad. Porque, el gozo está en poder ayudar y servir, y poner todas tus riquezas, no sólo materiales sino también las espirituales al servicio de los demás. Y eso te pedimos hoy, Señor, que nuestro gozo se apoye en ser generosos y desprendidos, capaces de darnos por amor, porque es el Amor la fuente de todo gozo y felicidad eterna.

Por eso, Señor, unidos todos en este humilde y sencillo espacio virtual, te agradecemos nos des la fortaleza y la perseverancia para pedirte con insistencia y confianza que nos des esa virtud de la generosidad y el amor para el bien de los demás. Amén.

lunes, 21 de agosto de 2017

EL EFUERZO DE CADA DÍA

No son normas establecidas, ni conjunto de prácticas. Podemos confundirnos y creer que con cumplir lo establecido en el decálogo todo está cumplido y ahí terminamos. De hecho, muchas personas confiesan que ellos no roban, no perjudican a nadie, ayudan cuando y cuanto pueden y se portan bien. Al menos desde su punto de vista. Se consideran buenas personas. 

Posiblemente, sería la respuesta de muchas personas, y quizás muchos de nosotros, a la oferta que nos hace Jesús respondiendo a la pregunta de ese joven rico. La religión no consiste en un trabajo, ni en el esfuerzo de cumplir con unas prácticas o normas. Se trata de un esfuerzo constante y diario por superarte cada día en el amor, y amar más. ¿Cómo amar? ¿Quién es el modelo?

Lo tienes más que claro. El modelo es Jesús. Deja todo. Es decir, pon todas las cosas que atiborran tu corazón, cosas todas caducas, en un segundo plano y llénalo del Amor de Dios. Que Él ocupe todo tu corazón y sea tu primera prioridad. Y, ahora, puesto en primer lugar, ¡Vívelo!

Esa fue la respuesta que Dios el Señor a ese joven rico, y también a cada uno de nosotros. No busque el mínimo de cumplimientos, sino que trata de perfeccionarte cada día más. Porque, el amor no regatea. Ni siquiera ante la muerte. El amor se entrega plenamente con todas tus fuerzas y con todo tu corazón. Así nos ama Jesús y así tenemos también nosotros que intentar amarle a Él. 

Claro, nunca por nuestra cuenta, sino siempre injertado en Él. Siguiéndole, a su lado, juntos y acompañados por los que intentan también seguirle. Por la Iglesia triunfante que está en el Cielo, sobre todo, nuestra Madre, la Virgen María, que nos arropa y nos anima. Y todos los que, todavía aquí, seguimos, como Iglesia purgante, el camino hacia el Cielo.

Pidamos al Espíritu Santo las fuerzas necesarias para continuar nuestro camino. Nunca desfallecer ni entregar nuestro corazón a los bienes y riquezas de este mundo, sino confiados y entregados, por la Gracia de Dios, al esfuerzo de ser mejores cada día un poco más. Amén.