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UN ROSARIO CADA VIERNES

Cada viernes, hora peninsular 09:00, en Canarias a las 08:00, y en cualquier otra parte del mundo la que mejor puedan elegir, nos unimos en el rezo del Rosario (VER AQUÍ) por la unidad de todos los creyentes, por la familia natural, hombre - mujer, por la vida y por la libertad de educación de los hijos.

Desde tu casa, online, desde tu trabajo, desde tu hospital y enfermedad, desde myfeeling, desde todas los colectivos y asociaciones, desde donde quieras que estés, tú también puedes unirte en este clamor al Padre, unidos a María Santisíma, para que el Espíritu Santo nos dé la capacidad y la luz de salvaguardar la vida y los valores morales y naturales que la dignidad de las personas hemos recibido de nuestro Padre Dios

miércoles, 22 de noviembre de 2017

MULTIPLICAR MI ONZA DE ORO

¿Dónde están mis cualidades? Porque, cualidades tengo que tener. Incluso, puede ser una cualidad dejarme ayudar por otros. ¿No has pensado que la necesidad de otros puede ser tu gran oportunidad de salvación? Que hayan pobres será una bendición, porque será la gran oportunidad de tu salvación. Ahora mismo, el mundo tiene en su mano la posibilidad de ganarse su eternidad, y la solución se esconde en distribuir sus riquezas, implantar justicia y vivir en la verdad y fraternidad.

Quedarían todos los problemas solucionados, ¿no lo crees? Pero, claro, eso pasa porque tú y yo nos pongamos por obra cambiar y ser generosos. Tú y yo solos no basta. Necesitamos a todos. El problema es de todos, y mientras haya un garbanzo podrido dentro del potaje, la cosa no funciona bien. En este sentido, todos tenemos el compromiso de trabajar para transformar el mundo en un mundo, valga la redundancia, más humano y de acuerdo con la Ley de Dios. Es decir, la de amar como Él nos ama.

Esa es la clave, descubrir mi onza y ponerla a rendir. sólo hay un lugar donde mi onza puede multiplicarse: "en el prójimo". Se trata de ganar el corazón del prójimo y aliviarlo de dolor. Hasta ahí puedes llegar, porque todo lo demás, es decir, de entregárselo a Dios dependerá de él.

Aprovecho este pensamiento para compartir el criterio evangelizador que nos preocupa muchas veces. Incluso nos desanima y nos tienta con el abandono, sintiéndonos impotentes para mover a otros a conversión. La cuestión es que no somos nosotros los que convertimos. Eso pertenece sólo a Dios, y, para eso, ha enviado al Espíritu Santo, quien se encargará de convertir y transformar sus corazones en la medida que se abran a su acción transformadora.

Pero eso no nos inhibe de nuestra cooperación y de nuestro esfuerzo. Somos nosotros los portadores de la Buena Noticia de salvación que, anunciada, ellos tendrán, como nosotros, buscar en el Señor. Y es eso lo que te pedimos, Señor, que nos des esa capacidad de comunicarnos y de saber discernir la aplicación y el esfuerzo de nuestro trabajo y la sabiduría de multiplicar nuestra onza de oro. Amén.

martes, 21 de noviembre de 2017

MARÍA, EJEMPLO DE TESTIMONIO

Una madre se preocupa por los problemas de su hijo. Hoy, el Evangelio nos habla de eso. María acude a donde está su Hijo. Sabe de las habladurías que se ciernen sobre Él y trata de advertirle y de ponerle en guardia. Le critican y lo tratan de loco. Jesús no se detiene y cumple la misión a la que ha venido y la que su Padre del Cielo le ha encomendado.

Con esta intención y ante la imposibilidad de acercarse a su Hijo, María es anunciada a su Hijo comunicándole que quiere hablarle. Y a esa noticia de que su Madre está ahí afuera y quiere verle, Jesús responde de una manera sorprendente diciendo: «¿Quién es mi madre y quienes son mis hermanos?». Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Lejos de entender que se muestra indiferente ante la cercana presencia de su Madre, Jesús pone el ejemplo de su Madre, que antes de ser Madre se ha entregado a la Voluntad de su Padre poniéndose enteramente a su disposición: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí su Voluntad". Ella es ejemplo de testimonio para todos nosotros, porque fue la primera en aceptar el Plan de Dios para que, en ella y a través de ella, Jesús, el Hijo de Dios Vivo, se encarnara y habitase entre nosotros.

Gracias Madre. Enséñanos a seguir tu ejemplo y a cumplir la Voluntad de Dios, que no es otra que la de amar y entregar nuestra vida en servicio de los más necesitados. Intercede por nosotros y guíanos para que, siguiendo tu ejemplo, seamos nosotros también instrumentos en el Espíritu Santo y podamos convertir nuestro duro y egoísta corazón en un corazón manso, paciente, bueno, compasivo, comprensivo y humilde como el de tu Hijo Jesús.

Danos Señor ese Don y esa Gracia de ser sabios y humildes para disponer nuestra vida y nuestros talentos, recibidos de tu Mano generosa, en función de aquellos que realmente están necesitados. Amén.

lunes, 20 de noviembre de 2017

INTERESADO EN ENCONTRAR A JESÚS

lucas 18_35-43 - ciego
Sucede que muchas personas se topan con Jesús, pero no están interesados en conocerlo. A muchos invitamos a conocerle, y, algunos, acuden, pero pronto se van. No les interesa lo que oyen o no están interesado en saberlo. Simplemente se sienten bien y no necesitan médico. Será difícil motivarlos y descubrirle que somos esclavos y necesitamos al médico que nos libere de esa esclavitud.

Y eso no se experimenta en unos ejercicios, asambleas o celebraciones. Puede experimentarse, pero por regla general no ocurre. La experiencia nos dice que muchas personas lo experimentan y se quedan igual y dejan de acercarse. Posiblemente buscaban otra cosa o en otro lugar. No es el caso del ciego del Evangelio de hoy. Ese sí estaba atento y, a pesar de no ver, estaba vigilante a la escucha de que ese Jesús, del que él había oído hablar pasara por allí.

Y sucedió, como nos cuenta el Evangelio que ocurrió, y, Bartimeo, que así se llamaba el ciego, empezó a gritar y a llamar la atención de Jesús. No le importaba que le reprendieran o le mandaran a callar. Él quería ver a Jesús, pues confiaba que podía abrir sus ojos si Él lo quería. Y su insistencia fue tal que logró atraer la atención de Jesús.

No quiero pararme en lo que sucedió después, sino en reflexionar sobre la actitud que tenemos nosotros. ¿Es como la de aquel ciego? ¿Queremos y buscamos a Jesús para que nos abra los ojos y poder ver la luz que nos ilumina el camino de conversión? ¿Estamos en esa actitud hasta el punto que no nos importa la dificultades que tengamos para llegar a Él?

Pidamos esa actitud y pongamos todo lo que está de nuestra parte estando atentos, vigilantes y dispuestos a dejarnos encontrar con el Señor. El quiere curarnos de esa nuestra ceguera suficiente e iluminarnos para que reconozcamos nuestra indigencia y necesidad de sanación. ¡Señor, que vea la luz que realmente nos salva y nos conduce a Ti! Amén.