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UN RINCÓN PARA ORAR

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UN ROSARIO CADA VIERNES

Cada viernes, hora peninsular 09:00, en Canarias a las 08:00, y en cualquier otra parte del mundo la que mejor puedan elegir, nos unimos en el rezo del Rosario (VER AQUÍ) por la unidad de todos los creyentes, por la familia natural, hombre - mujer, por la vida y por la libertad de educación de los hijos.

Desde tu casa, online, desde tu trabajo, desde tu hospital y enfermedad, desde myfeeling, desde todas los colectivos y asociaciones, desde donde quieras que estés, tú también puedes unirte en este clamor al Padre, unidos a María Santisíma, para que el Espíritu Santo nos dé la capacidad y la luz de salvaguardar la vida y los valores morales y naturales que la dignidad de las personas hemos recibido de nuestro Padre Dios.

También estamos rezando un rosario cada día que hacemos normalmente en las primeras horas de la mañana aunque a veces, por premuras de tiempo, lo hacemos en otras horas del día. En el icono de la Virgen, debajo del rosario de todos los viernes, puedes encontrar el rosario correspondiente a cada día.

martes, 19 de marzo de 2019

QUIERO, SEÑOR, ACEPTAR EL PLAN QUE TENGAS PARA MÍ

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Quizás no lo entienda ni crea que sea lo mejor para mí. Al menos, aunque lo piense y lo diga, no me lo creeré, porque mi egoísmo y mis pasiones van por otro camino. Soy un pecador y posiblemente si fuese por mí elegiría caminos equivocados que tienen relación con mis satisfacciones, apetencias y egoísmo. Pero, una cosa sí, confío en Ti, Señor, y sé que lo que Tú elijas y quieras para mí es el mejor de los caminos.

Por eso, consciente de que eres un Padre bueno y me ofreces el verdadero camino que me salva, yo quiero pedirte que me aumentes la fe y que, como María, tu Madre, sepa responderte con un sí decidido y firme, a pesar de mis dudas y mis debilidades. Dame, Señor, esa Gracia para que, fortalecido en ella, sepa encontrar el verdadero camino como San José y dejarme conducir por tu Voluntad.

En el día a día de mi vida me encuentro muchas dificultades. No tantas exteriores como interiores. Mi humanidad es una loza constante que me inclina a la pereza, a la comodidad, a las satisfacciones y pasiones que viven dentro de mí. Y el mundo que me rodea es una tentación constante de ofrecimientos, de deseos y de pasiones que arrastran mi cuerpo a la desobediencia y al egoísmo.

Dame, Señor, esa entereza y fortaleza para resistirme tal y como hizo Jesús, tu Hijo, en el desierto. Él supo sostenerse firme ante las tentaciones que el diablo le proponía. Dame la voluntad y la firmeza de negarme a obedecer las inclinaciones de mi propia carne para entregarme a tu obediencia, sabiendo siempre que Tú me ofreces lo mejor. Porque, todo lo de este mundo pronto se desvanece y desaparece, pero lo que Tú, Señor, me das, no muere sino que perdura por los siglos de los siglos.

Señor,  que como José y María, sepa entregarte mi vida y ponerla en tus Manos y seguir tus consejos y tus mandatos. Aumenta, Señor , mi fe y dame la sabiduría, paz y fortaleza para confiar en tu Palabra y, pese a mis debilidades, miserias y pecados, nunca deje de seguirte. Amén.

lunes, 18 de marzo de 2019

¡PADRE, QUE SEA MISERICORDIOSO COMO TÚ!

Resultado de imagen de Lc 6,36-38, por Fano
Mi primera petición, Padre, es pedirte que transformes mi corazón endurecido por el pecado en un corazón misericordioso como el tuyo. Porque, necesito perdonar y comprender los pecados de los demás, pues, en esa medida serán también perdonados los míos. Por eso, Padre, mi primera petición va dirigida a que mi corazón se transforme en un corazón suave, bueno y, sobre todo, misericordioso.

Y la segunda, Señor, es la del perdón. Necesito también un corazón que, además de ser misericordioso sea justo. Es decir, un corazón que no juzgue ni condene, porque yo no soy nadie para juzgar ni condenar en cuanto soy un pecador también que peco y cometo errores, faltas y pecados. Un corazón capaz de eludir los juicios y condenas para ser capaz de perdonar.

Porque, no juzgando ni condenando, me será más fácil perdonar. Y en esa medida no seré yo también juzgado ni condenado, y, por lo tanto, seré perdonado. No porque yo lo diga y lo crea, Señor, sino porque son tus Palabras y porque mi corazón lo entiende y comprende así: No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados.

Pero, sucede otra cosa, ¿en qué medida doy y me doy? ¿Trato de evitar dar o dar de lo que me sobra? ¿Y me presto a darme cuando es algo cómodo que no me exige esfuerzo? Realmente, ¿cúal es mi medida? Porque, en y con la medida que dé, así recibiré. Por eso, Señor, te pido también que me des un corazón,  además de misericoridoso y limpio de no atreverme a juzgar ni condenar, un corazón compasivo, generoso  y entregado, capaz de dar y darse con todo su corazón y de forma limpia y justa. Amén.

domingo, 17 de marzo de 2019

DAME, SEÑOR, LA LUZ PARA VERTE TRANSFIGURADO

Resultado de imagen de Lc 9,28-36
Quisiera, Señor, contemplarte en tu Gloria y gozar de tu presencia dentro y hasta lo más profundo de mi pobre y humilde corazón. Quisiera, Señor, sentir esa inmensa Gloria de experimentarte transfigurado y en tu Gloria dentro de mí. No me resisto, a pesar de parecerme osado y atrevido, a desear y suplicarte que me permitas experimentar tu presencia y el gozo de sentir tu Gloria.

Y, sé, Señor, que en cada Eucaristía tengo esa oportunidad de tocarte y contemplarte, pero todo es  don y Gracia tuya. Por eso, te pido que me des esa gracia de descubrirte y de gozar de tu presencia y de sentirte en lo más profundo de mi corazón. Gracias, Señor, por darme cuenta de mis debilidades y mis carencias, y de saber que todo me viene de Ti. Gracias, Señor, por saberme salvado por tu Muerte y Resurrección y de conocer por las escrituras tu Transfiguración.

Dame, Señor, la capacidad y la fortaleza de saber seguir tus pasos y de entregarme en el esfuerzo de estar en íntima relación contigo a través de la oración. El mundo me tienta en cada momento y experimento que mis fuerzas ceden al instante. Necesito estar próximo a Ti y rodeado de circunstancias propicias que refuercen mi voluntad y me ayuden a no dejarme guiar por seducciones malignas que me llevan a la perdición.

Gracias, Señor por l parroquia y por todos los hermanos en la fe que, juntos, nos fortalecemos al compartir nuestra fe. Gracias, Señor, porque Tú te haces presentes entre nosotros y nos das ánimo y luz para continuar en ese camino. Gracias, Señor, porque nos acompañas en nuestra particular subida a nuestro particular Jerusalén donde, junto a Ti y por tu Gracia, compartiremos nuestra muerte con la tuya. Gracias Señor.