ÚLTIMAS REFLEXIONES

UN RINCÓN PARA ORAR

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UN ROSARIO CADA VIERNES

Cada viernes, hora peninsular 09:00, en Canarias a las 08:00, y en cualquier otra parte del mundo la que mejor puedan elegir, nos unimos en el rezo del Rosario (VER AQUÍ) por la unidad de todos los creyentes, por la familia natural, hombre - mujer, por la vida y por la libertad de educación de los hijos.

Desde tu casa, online, desde tu trabajo, desde tu hospital y enfermedad, desde myfeeling, desde todas los colectivos y asociaciones, desde donde quieras que estés, tú también puedes unirte en este clamor al Padre, unidos a María Santisíma, para que el Espíritu Santo nos dé la capacidad y la luz de salvaguardar la vida y los valores morales y naturales que la dignidad de las personas hemos recibido de nuestro Padre Dios.

También estamos rezando un rosario cada día que hacemos normalmente en las primeras horas de la mañana aunque a veces, por premuras de tiempo, lo hacemos en otras horas del día. En el icono de la Virgen, debajo del rosario de todos los viernes, puedes encontrar el rosario correspondiente a cada día.

martes, 31 de octubre de 2017

SEÑOR, RIÉGAME CON TU GRACIA

Dame la sabiduría, Señor, de saberme una simple y pequeña semilla, que crece despacio y que necesita agua. No cualquier agua, sino el agua que viene de Ti, Señor, que es la que realmente da la vida. Porque, Señor, saberme semilla sembrada por Ti me da esperanza y me ayuda a perseverar y a ser paciente.

Señor, me cuesta crecer y madurar para dar frutos. Posiblemente, los árboles son más fuertes que yo y soportan las inclemencias del tiempo, y dan frutos. Yo me experimento más débil y tentado a dejarme vencer por las tempestades y sequías. No siento mi crecimiento ni veo la posibilidad de dar frutos. Me tienta la desesperanza y no noto que mi tierra pueda ser buen abono para fertilizar la semilla de mi vida. Me canso y agoto, y experimento que no muero para dar frutos.

Los días pasan y todo me parece igual. Mis palabras se escuchan repetidas y empiezan a perder fuerza. No dejes, Señor, que mi vida se interrumpa por la apariencia y el desaliento. Háblame, Señor, y descubre tu presencia en mí para que pueda retomar fuerza y seguir esperándote confiado y esperanzado. Riégame con tu agua de la Gracia y revitaliza en mí tu fuerza y poder para que pueda soportar el tedio y la rutina en la que está aprisionada mi vida.

Sácame, Señor, de la rutina de mi vida y dale sentido. Dame la sabiduría de que, al menos, a pesar de no dar los frutos esperados, hago lo que Tú quieres que haga. A pesar de no dar la medida de mis posibilidades y no poner plenamente los talentos que he recibido. Imprime en mi corazón la fuerza y el poder de dar el cien por cien de los talentos recibidos, pero, también, de aceptar todos mis fracasos, mi pequeñez y mis torpezas.

Descúbreme, Señor, mi fragilidad, mi suficiencia y mis pecados, para que, sabiéndome pobre y pequeño, sepa reconocer que Tú eres mi Padre, mi Creador y Señor, y mi Salvador. En tus Manos, Dios mío, me abandono y a tu Infinita Misericordia me confío. Amén.

lunes, 30 de octubre de 2017

LA COMPASIÓN DE JESÚS

El amor genera compasión. Una compasión que nace del deseo de buscar el bien y la felicidad de los otros, y, al verlos sufrir nace la compasión. Jesús, el Señor, se compadece de aquella mujer que llevaba dieciocho años encorvada sin poder enderezarse, y al verla así decide curarla. Pero, resulta que otros, en este caso el jefe de la sinagoga, no piensa igual. 

No le gusta lo que hace Jesús y se muestra contrario a su forma de actuar. Él no piensa en aquella mujer, y poco le importa el tiempo que lleva encorvada y lo que sufre. A él sólo le importa la Ley. Y la Ley dice que el sábado no se puede trabajar, ni tampoco curar. Sin embargo, si se permite abrevar a los buey y asnos para remediar y aliviar su sed, pero las personas que sufren tendrán que esperar ser curadas otros días.

En otras palabras, se da prioridad a los animales y se adapta la Ley a ellos, pero no ocurre así con las personas, para los que la Ley está antes que ellos. Se impone el sentido común y el bien de las personas. Sin embargo, poco han cambiado las cosas hasta hoy, porque siguen primando muchas cosas antes que las personas. Los valores se supeditan a la economía, el trabajo, la producción, el poder...etc.

Pidamos que esta Palabra de Dios nos sirva para reflexionar y para sacar conclusiones que nos ayuden a vivir más en consonancia el Evangelio en nuestras vidas. Pidamos que seamos más justo y que demos siempre prioridad el bien de la persona, sobre todo respecto a su salvación eterna. Porque, de nada nos vale ganar este mundo si, luego, perdemos la vida eterna -Mc 8, 36-.

Es una buena ocasión para aprovechar la invitación del Señor a pedir. Pidamos sin miedo y con confianza. El Señor nos escucha y nos atiende, pues es Él el más interesado en salvarnos. Pidámosle que nos dé sabiduría y capacidad para discernir y ser compasivos. Compasivos como Él y lo suficientemente desprendido para darnos en ayudar en la medida de nuestras posibilidades a todos aquellos que podamos llegar y lo necesiten. Pidamos al Señor que nuestra vida, también encorvada, sea enderezada y dirigida por el camino del amor. Amén.

domingo, 29 de octubre de 2017

CAMINO DEL AMOR

No puedes ir por otro camino. Y es que muchos de nosotros nos agarramos al cumplimiento, a las normas, a las leyes y hasta las obras, pero todas, si no van bañadas por amor de nada valen. Con eso no estamos diciendo que las normas, las leyes y el cumplimiento no sean necesarios, pero, sin amor quedan sin efecto. Porque, lo que nos salva a todos nosotros es el amor.

No nos salvamos por nuestros méritos ni por nuestras obras. Por muchas que tengamos no darían para salvarnos. Entonces, ¿qué nos salva? Pues, lo dicho, nos salva el Amor y la Misericordia de Dios. Por tanto, también nosotros tenemos que vivir ese amor y misericordia con nuestro prójimo. El Padrenuestro que Jesús nos enseñó marca muy bien el camino que tenemos que recorrer para llegar a alcanzar la Misericordia de Dios. 

Para ser perdonados tenemos también nosotros que perdonar. Y eso nos exige amar y ser misericordioso. Volvemos, pues, al mismo lugar. Necesitamos al Señor para en Él poder hacernos fuertes y vencer nuestras limitaciones, egoísmos y pecados. Y aprovechamos este espacio para, unidos a otros hermanos en la fe que quieran unirse, elevar nuestra oración al Señor y pedirle que nos dé esa sabiduría del cielo para superar todos los obstáculos que nos impidan amar y ser misericordiosos.

Porque, desde ahí es donde podemos convertir todas nuestras obras y cumplimientos en verdaderos tesoros que nos sirvan para acumular en el cielo méritos, por decirlo de alguna manera, para merecer, aunque nos es dada gratuita, la Misericordia de Dios. 

Digamoslo de otra manera, el Señor nos da, gratuitamente, la oportunidad de alcanzar su Misericordia si somos capaces de, doloridos y arrepentidos de nuestros pecados, y reconociendo nuestra pequeñez, nos entregamos y abandonamos en sus Manos. Por el contrario, si no lo hacemos así y le rechazamos, tenemos poder de elección para decidir, sufriremos nuestra necedad y nos condenaremos. 

Por eso, Señor, te pedimos sabiduría y fortaleza para saber discernir y elegir bien y superar todas las adversidades que salen al paso en nuestro camino hacia Ti. Amén.

sábado, 28 de octubre de 2017

CADA DÍA UNOS MINUTOS CONTIGO

Quiero no perderte de vista y, al menos, estar contigo unos minutos cada día. Unos minutos en los que hablar y donde pueda contarte mis planes, mis propósitos y mis fracasos. Unos minutos donde pueda confesarte mis aspiraciones y mis posibles errores. Unos minutos donde pueda hablarte de mis debilidades, de mis caidas, de mis problemas y de lo mucho que me cuesta, en muchos momentos, seguirte.

Unos minutos donde pueda pedirte ayuda y abrirme a tu sabiduría para poder entender este mundo difícil y peligroso. Unos minutos donde me ponga en tus Manos para que, como buen cirujano, hagas en mi corazón la transformación de amarte y amar a los demás. Unos minutos donde pueda escucharte y, ahogado en la paciencia y la paz, experimentar tu presencia y tu inmenso amor. Unos minutos para cargarme de tu Gracia para continuar el camino de cada día siempre en tu presencia y tu amor.

Porque, ¿a dónde voy sin Ti, Señor? ¿En quien me voy a apoyar y mirar? No sabría qué hacer, ni tampoco a dónde ir sin Ti, Señor. Sin Ti mis referencias serían finitas, caducas y corruptas por el pecado. Necesito a alguien limpio, puro, inmaculado y fuera de toda duda, es decir, creíble. Necesito a alguien perfecto, infinito, bondadoso, amoroso y verdadero amigo, dispuesto a dar la vida por mí. Y con poder para librarme de la esclavitud del pecado, que me somete y me castiga. Pero, ¿dónde está esa persona que pueda salvarme por amor?

Porque, debo de confesar que no merezco tal salvación por mucho que haga. Ni tampoco alcanzaré méritos ni perdón por mis obras. Todo será gratuito, por amor y misericordia, y eso está por encima de nuestra naturaleza humana. ¿Quién, pues, si no Tú, mi Señor? Sólo Tú, Señor, eres el Mesías, el Hijo de Dios Vivo que, encarnado en Naturaleza humana en el seno de María, has venido a salvarnos y a mostrarnos el camino de salvación. Por eso, Señor,  lleno de alegría y gozo, levanto mis ojos hacia Ti, para, agradecido, adorarte y entregarte mi vida cada día. Porque, sólo Tú, Señor, tienes Palabra de Vida Eterna.

Dame, Señor, la Gracia de nunca cortar ese hilo que me une a Ti. Es más, fortalecerlo con la oración diaria contigo. Dame la sabiduría de saber dejarme acompañar por otras personas de buena voluntad, pero, especialmente, de tu Madre, que también me la has ofrecido como mi Madre. Porque, en ella encontraré a una verdadera Madre que me ayudará e indicará el camino que conduce a Ti. Amén.

viernes, 27 de octubre de 2017

EL TIEMPO DE AQUÍ Y EL TIEMPO DE ALLÁ

HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS.


Me gusta pensar en dos tiempo. Un tiempo de aquí, el que piso en este mundo todos los días, y en el que me levanto y me acuesto y lucho cada día por seguir viviendo. Pero un tiempo del cual veo el horizonte final. Quizás no lo pueda percibir con realidad, pero si lo puedo imaginar. Y, aunque el horizonte no me permita verlo, sé que está ahí y que un día terminará para mí. Lo experimento en todo lo que observo a mi derredor cuando veo que otros acaban su recorrido y su tiempo.

Pero, unido a esto, percibo otro tiempo de allá. Un tiempo que va unido a este y que dependerá mucho de este de aquí. Porque, según recorras el tiempo de aquí abajo, será tu tiempo de allá arriba. Y es que el tiempo de allá arriba es el importante y el verdadero. Porque ese tiempo será para siempre y no tendrá horizonte ni final. Por lo tanto, será un tiempo a tener muy en cuenta.

Y lo tendré en cuenta en la medida que utilice esté de aquí abajo. Hay una moneda que servirá para comprarlo, por decirlo de alguna manera que podamos entenderlo. Con esa moneda podemos entrar y ganar el tiempo eterno. Un tiempo de gozo, de gloria y de plenitud en el amor. Precisamente, esa es la moneda, el amor. Comprando amor y guardándolo en el corazón de los demás podemos atesorar un Tesoro hermoso para el tiempo de allá y, cuando nos llegue el tiempo, valga la redundancia, gozar de ese tiempo de allá para siempre.

Por todo ello debemos discernir mucho sobre el verdadero tiempo, pero, al mismo tiempo, pedir mucho al Señor que nos dé esa sabiduría del Cielo para saber interpretar, además del tiempo de aquí abajo, el verdadero tiempo de allá arriba. Porque ese es el tiempo que nos debe interesar, pues es el que no se acaba y el que buscamos todos. Vivir inmensamente felices y gozosos en paz y para siempre es lo que todos buscamos en el tiempo. Pero, en el tiempo de aquí abajo no se halla. Está en el tiempo de allá, ese tiempo a donde el Señor ha ido a prepararnos una mansión también para nosotros.

Pidamos esa Gracia y pongamos también nosotros todo el esfuerzo de nuestra parte para saber discernir el tiempo de allá. El tiempo al que todos queremos llegar. Amén.

jueves, 26 de octubre de 2017

PRENDE MI CORAZÓN, SEÑOR

A veces me quedo algo frío y apenas doy calor. El agua del mundo amenaza con apagar mi fuego y dejarme helado y parado. Experimento la mediocridad cuando mi corazón palpita de frío y se instala en el confort y la llamada buena vida. Un concepto equivocado, porque cuando te instala en ella, tu vida se empobrece y pierde sentido y valor. El camino de los fríos es camino de desesperanza, de inmovilismos y de tristeza. Porque, el amor exige acción, movimiento y mucho fuego, porque amar es dar calor, acogida, alegría, ánimo, optimismo y gozo. Porque el Amor nos lleva a la verdad, a la justicia y a la paz.

El Amor es la Buena Noticia de Salvación, y nos salva para la eternidad. Por eso, amar es calentar la vida, darle gozo y locura por hacer las cosas bien y para el bien de todos. Amar es prender fuego a tu corazón para clamar con esperanza que Dios nos quiere salvar, y que lo ha hecho gratuitamente por Amor. No porque lo merezcamos ni porque hayamos hecho algún mérito.

Todo lo contrario, nos Ama porque ha hecho una Alianza con cada uno de nosotros, y ha derramado su Sangre para el perdón de tus pecados y los míos. Es el cumplimiento a la promesa hechos a su pueblo, a los padres del pueblo elegido, entre los que tú también estás por el Amor del Señor que ha muerto para salvación de muchos. Levanta tu ánimo y ponte en camino. Dios nos Ama por el compromiso de esa promesa, y así quiere que tú y yo también amemos, por compromiso y respuesta al compromiso de su Amor.

Por eso decimos que el amor es un compromiso. Danos, Señor, esa sabiduría de entenderte y de dejar que mi corazón prenda con el fuego de tu Amor. Danos, Señor, la sabiduría de dejarnos rociar con tu fuego y prender todo nuestro cuerpo hasta el punto de expandir amor por todas partes. Porque, nosotros nunca podremos amar si Tú, Señor, no nos infectas de tu Amor. 

Aquí estamos, Señor, dispuestos a que Tú nos des la vuelta y transformes nuestros corazones en corazones prendidos de fuego y de amor. En ti confiamos, Señor, fieles a tu promesa y a tu caridad. Amén.

miércoles, 25 de octubre de 2017

¿QUÉ SEGURIDAD BUSCAS?

Hay una pregunta que se lleva grabada en el corazón. Tú, también yo, buscamos seguridad, ¿no? Claro que sí, porque en esa seguridad está contenida también tu felicidad. Una felicidad tiene que ser segura, porque si no es así no es tal felicidad. Es de sentido común que todos al buscar ser felices, buscamos la seguridad y la paz. Luego la pregunta emerge por sí sólo.

¿Qué seguridad buscas en este mundo? Porque no hay ningún seguro que te dé la garantía de evitar la muerte. Ese viaje ya está apuntado con carácter obligatorio en tu corazón. Hay que hacerlo te guste o no. Y, preguntarse qué hay detrás de ese viaje, o qué va a pasar es la mejor pregunta, y también la mejor búsqueda a su respuesta. Porque, si eso es así, que lo es, hay que prepararse para dar respuestas que nos den seguridad y, por lo tanto felicidad.

Se hace pues de primera necesidad buscar esa seguridad, y el Evangelio de hoy, muy acertadamente, nos la descubre. Se trata de ser un administrador fiel y prudente que cumpla con lo mandado por el Señor. Se trata de vivir en la actitud expectante del amor y la misericordia, para, encontrado con el Padre Misericordioso ser recibido con las puertas abiertas y bendecido amorosamente. Es en esa actitud con la que debemos ser sorprendidos para ser bien acogidos.

Por eso, consciente de nuestras debilidades, de nuestros fracasos, de nuestras pequeñeces, de nuestras distracciones y pecados, Señor, te pedimos que nos des la sabiduría de, en y con la asistencia del Espíritu Santo, sostenernos en fidelidad y servicio, según tu Amor y Misericordia para nosotros, también nosotros para con los demás. Para que, cuando Tú, Señor, decidas venir no ser sorprendidos contraviniendo tus mandatos y aferrados a nuestros vicios, pasiones y egoísmos.

Danos, Señor, la capacidad de poder vencernos y darnos en servicio y amor a los demás, y en rendir según todas las cualidades y talentos que hemos recibidos, de las que Tú nos pedirás cuenta. Iluminanos, Señor, para que no guardemos nada egoístamente para nosotros y podamos responder de todo lo que nos ha sido dado. Amén.

martes, 24 de octubre de 2017

VIGILANTES Y ESPERANZADOS EN TU MISERICORDIA

Me sé pecador y me arrepiento de mis pecados. Pero, me descubro también mísero, pequeño e indigno de merecer tu Misericordia y tu Amor, Señor. Como esperar sabiendo que no soy digno de entrar en tu Casa. Mi angustia y desesperanza serían inaguantables sin tu Misericordia. Sólo la esperanza de que una Palabra tuya, Señor, bastará para sanarme, me levanta, me consuela y me da esperanza.

Y gracias a eso camino y trato de superarme, y, aunque no lo consiga, sé que Tú quieres perdonarme y sólo me pides mis pecados y arrepentimiento. Y yo, Señor, quiero dártelos, y en eso me afano y me esfuerzo. Vigilo cada día mis fallos, mis fracasos, mis perezas, mis fatigas y mis desvelos por estar lo mejor presentado ante Ti, pero reconozco mis miserias y pecados. Sólo me mantiene la esperanza de tu Amor y Misericordia.

Y con esa actitud encuentro fuerzas para caminar. Lo que no me explico como muchos otros no se dan cuenta de esto. ¿Es posible, Señor, que estén tan cogidos por el diablo? ¿Es posible, Señor, que estén tan ciegos y engañados por el diablo? ¿Qué esperan de este mundo? Porque, no es difícil saber, a penas tengas uso de razón, que detrás de este mundo no nos espera sino la muerte. Una muerte que si no está apoyada en la esperanza de la fe en Ti, Señor, nos llevara al llanto y crujir de dientes eternamente.

Nadie nos ha hablado de la resurrección y gozo eterno sino Tú, Señor. Porque, sólo Tú nos conoces y sabes lo que buscamos y queremos. Sólo Tú sabes que en lo más profundo de nuestro corazón anida un deseo de felicidad eterna, y nos lo quieres dar. Sólo Tu sabes lo que quiere y busca el hombre. Por eso, queriéndonos dárnoslo nos advierte de que estemos vigilantes y preparado, porque la vida en este mundo no consiste sino en eso, darnos en amor para luego vivir en el gozo eterno del amor.

Esa es la prueba y el camino, y eso nos exige la vigilancia constante para, preparados, abrirte, Señor, la puerta de nuestro corazón e ir contigo, por tu Amor y Misericordia, a la Mansión que nos tiene preparada. Gracias Señor.

lunes, 23 de octubre de 2017

CAMINAMOS EN LA CONFUSIÓN

Sucede que caminamos confundidos, y lo hacemos cuando ponemos toda nuestra felicidad en las riquezas y los bienes. La experiencia nos dice que en ellas no se encuentra esa felicidad que buscamos. Es verdad que, aparentemente, parece que sí, pero luego no es así. Conocemos muchas riquezas cuyos dueños terminan mal, tristes y enfrentados. Porque la ambición rompe el saco.

Y si la felicidad no está en las riquezas, ¿dónde está? También lo hemos experimentado, pero quizás nos dejamos deslumbrar por los espejismo de la riqueza y del poder y no nos lo deja ver. ¿No tienes tú experiencia de sentirte en paz y en gozo? Y cuando lo has experimentado, ¿por qué te ha ocurrido? ¿Acaso no te has dado cuenta que ha ocurrido cuando has obrado rectamente y desinteresadamente? Es decir, ¿cuando has amado?

Ahí está el secreto. Cuando eres un hombre bueno y te comportas con honradez y justicia, experimentas esa bondad que te hace sentirte bien y en paz. Es en Dios donde encontramos esa bondad y esa paz que nos hace experimentarnos felices. Y eso es así porque Dios es Bueno y es Paz. Recordemos que Jesús, el Señor, en sus repetidas apariciones siempre saludaba con la paz.

Por lo tanto, no te esfuerces en acumular bienes y tesoros en este mundo, ¿nos suena eso, verdad? -Mt 6,19-20- y trata de vivir en la bondad y la paz. Y eso pasa por ser generosos y misericordiosos, y repartir tus bienes materiales y espirituales en beneficios de los demás. Porque, en la medida que des, también recibirás, y en esa medida serás recompensado.

Y no en la eternidad, sino ya, porque ya es eternidad. La muerte es sólo un viaje placentero hacia la Casa del Padre, donde nos espera esa maravillosa Mansión que el Señor, nos lo ha dicho -Jn 14, 2-, nos está preparando. Tengamos plena confianza en su Palabra. Amén.

domingo, 22 de octubre de 2017

LA MONEDA DEL AMOR

Hay una moneda internacional que es válida en todo los lugares de este mundo, y también del otro. Es una moneda que no necesita identificarse ni revalorizarse, porque siempre está revalorizada y aceptada en todas parte y a todas horas. Es archiconocida, aunque no mucho utilizada.

Se trata de la moneda del amor. Es gratuita y se da desinteresadamente sin medida de tiempo ni de intereses. Es la moneda que nos da Dios y con la que, de alguna manera, le pagamos a Él. No tiene nada que ver con la del Cesar, pues esa moneda exige tributos y cumplimientos, y se cambia por otra clase de compensaciones. No es gratis y no está al alcance de todos, pues muchos no pueden acceder a ella incluso con grandes trabajos. Es una moneda que hace esclavos y quita libertades.

Danos, Señor, la verdadera moneda por la que vale la pena luchar y esclavizarse. No monedas que se corrompen y caducan. Esas monedas no merecen esfuerzos por conseguirla, pues de nada valen. Tienen sus días contados y su valor decrece y acaba. Queremos monedas que valgan para ganarse la otra vida, la verdadera y eterna. Esa es la moneda con la que queremos pagar y negociar nuestra salvación.

Damos al Cesar las monedas que son de él. No las queremos, porque son monedas llamadas a la caducidad. Queremos dar a Dios la moneda que está por encima de todas las monedas, el amor. Es esa moneda, Señor, la que queremos ganar para ofrecértela gratuita como Tú nos la has dado. Y la ganamos cuando somos capaces de cumplir con nuestras responsabilidades, siendo legales y justos, pero priorizando siempre que Tú, Señor, eres lo primero y a Ti pertenecen todas las monedas.

Porque, Tú, Señor, eres Señor de la Vida y la muerte y todo lo que hay en este mundo y en el otro, todo lo visible e invisible te pertenece. Danos la sabiduría y la capacidad de comprender estas cosas para saber y discernir lo que es del Cesar y lo que es Tuyo, sabiendo y teniendo siempre claro que Tú estás por encima de todos. Amén.

sábado, 21 de octubre de 2017

FORTALECIDO POR TU PALABRA

Qué sería de mí si no tuviese conciencia de tu presencia amorosa y de tu poder infinito. ¿Cómo me atrevería a retar a los poderes del mal que proliferan en este mundo por el que camino hacia Ti? Tú, Señor, eres mi fortaleza, y, como Pablo creo y digo: "Todo lo puedo en Aquel que me da fuerza" - Filipenses 4, 13, y - y que me defiende y da la cara por mí, pues me ha salvado entregando su Vida.

Sin Ti, Señor, no me atrevería a dar un paso y los poderes de este mundo me engullerían. Pero, contigo y en Ti encuentro la fortaleza y la tenacidad para seguir hacia delante y, también, dar la cara por Ti como lo han hecho otros muchos de mis hermanos en la fe. Eso te pido, Señor, que me llenes de tu Fortaleza y Sabiduría para sostenerme firme en las tribulaciones y sacrificios, y sabios en las palabras que salgan de mi boca en tu defensa y proclamación.

Apoyado, descansado y fortalecido en y por tu Palabra, camino esperanzado y con alegría. Y, en la comunidad, con el apoyo de los hermanos y, sobre todo, la Fuerza y Fortaleza del Espíritu Santo, recibido en el día de nuestro Bautismo, nos pertrechamos de la energía necesaria para rechazar el mal y abogar por llevarte dentro de nuestro corazón y defenderte hasta el punto de dar nuestra vida.

Sabemos de nuestros temores, de nuestros miedos, de nuestras debilidades, pero confiamos, Señor, en tu Palabra y esperamos, puestos y abandonados en tus Manos, llenarnos de tu Fortaleza y asistidos por el Espíritu Santo salir victorioso en cada momento de lucha en nuestro camino hacia Ti. 

También, en esos momentos de lucha, nos agarramos a tu Madre, la Virgen, que nos alumbra con su vida y su obediencia firme y confiada a seguir hasta el último momento de nuestras vidas abrazando la Cruz que ella abrazó a tus pies, Señor. Danos la fortaleza de no desfallecer y llena nuestra vida de esperanza y de fe. Amén.

viernes, 20 de octubre de 2017

AJUSTA MI VIDA Y MIS PALABRAS, SEÑOR

HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS.


No es fácil ser coherente y ajustar tu vida y tu palabra. A veces nos vemos imposibilitados de vivir según como pensamos y, quizás sin querer, damos mal ejemplo. Posiblemente no sepamos qué decir o cómo decirlo y callamos incumpliendo nuestra palabra. Resulta difícil llevar bien enlazadas la palabra y la vida.

Pero, lo verdaderamente importante es no desajustar la verdad entre ellas. Es decir, que lo que digas sea bien intencionado y con la actitud y el esfuerzo de ir bien ajustada la una a la otra. Vida y palabra deben estar muy identificadas y exigirse la una a la otra para marcar el ritmo y mismo paso. Porque, desajustadas darán mal imagen y desajustaran la vida de otros.

Podemos ser responsable de muchas desviaciones de otras vidas si vivimos de forma ligera y sin el compromiso y el esfuerzo de ajustar nuestras vidas a nuestras palabras. La hipocresía, que se produce cuando la palabra toma otro camino diferente a los actos de nuestra vida, es venenosa y hace mucho daño. Las apariencias nos engañan y nos presionan. Queremos quedar bien y, ante nuestras limitaciones y pecados, aparentamos. Es decir, mentimos.

Debemos cuidarnos de esa clase de levadura. Es de muy mala calidad y todo lo que contagia y fermenta lo estropea. Procuremos, a pesar de las dificultades, ser sinceros y mostrarnos como somos. Porque, todo se sabrá, y tus pecados y los míos también. Luego, de nada me sirve presentarme aquí como un gran creyente y luego ser un crápula y humilde pecador. Y eso es lo que soy, al menos yo. Un pobre y miserable pecador que, sólo por la Gracia de Dios, trata ahora de encauzar su vida y morir al hombre viejo que tantas cosas mal y malas ha hecho.

No temamos a los de aquí abajo, que sólo pueden matar nuestro cuerpo, que al final resucitará en el Señor. Temamos en vivir en la hipocresía y ser, por el Juez Divino, el único que puede cerrarnos las puertas de la eternidad plena y gozosa, condenándonos a la muerte eterna. Danos, Señor, ese santo temor que nos dé fuerza para vivir en la verdad y el amor. Amén.

jueves, 19 de octubre de 2017

NO ES ALGO LEJANO A MÍ

Cuando leemos y reflexionamos este pasaje del Evangelio podemos caer en la tentación de creer que no va con nosotros. Nosotros, nos decimos, somos buenos, escuchamos a los enviados y les hacemos caso. Sin embargo, el mundo no parece decir lo mismo. No es que seamos nosotros responsables de todo lo que pueda suceder en el mundo, pero, no por eso, podemos quedarnos tan tranquilos.

Es posible que no hayamos matado a ningún profeta, ni tampoco a ningún enviados en nuestro tiempo, pero, ¿les hemos escuchado y aplicado sus consejos a nuestras vidas? ¿O les hemos dado la espalda sin hacerles caso? Eso es cuestión de reflexión y de mirarnos cada uno personalmente. Posiblemente no estemos a la altura que debemos estar y debamos escuchar y aplicarnos más en nuestras vidas.

Es una llamada de atención, y muy seria la que nos hace el Señor: « ¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros edificáis sus sepulcros. Por eso...

Es cuestión de leerlo con atención y abiertos a la Gracia del Señor. Porque, siempre hay tiempo para, por su Gracia, dejarnos convertir y transformarnos, cada día, un poco más. Eso es lo que pedimos, primero perdón por todos nuestros fallos y pecados, y, segundo, la Gracia de ser mejores cada día aplicando a nuestras vidas esa Palabra de Dios que nos hace hermanos y nos une en una convivencia más solidaria y justa.

Pidamos también perseverancia y paciencia, para soportar nuestras limitaciones y dificultades a fin de no desanimarnos ni desfallecer. Pidamos humildad y sabiduría para abrirnos a la Gracia de Dios y dejar que, empapado de ella, seamos transformados y convertidos. Amén.

miércoles, 18 de octubre de 2017

NO QUIERO, SEÑOR, SEGUIR MIS INTERESES

Yo, Señor, como Pablo, me duele hacer lo que no quiero y dejar de hacer lo que quiero -Rm 7, 19-21- y experimento que no es fácil lograrlo. Me descubro sometido a mi naturaleza humana de pecado y a mis propios egoísmos. Me cuesta despegarme de mis hábitos y apetencias, y se me hace cuesta arriba levantar esa loza de mi humanidad que me oprime y me esclaviza.

Ante esta situación, Señor, clamo a tu presencia y a tu poder. Necesito tu Gracia para someter a mis pasiones y liberarme para hacer lo que quiero, experimento y debo. Porque es el bien lo que siente y desea mi corazón, pero choca contra mis apetencias y egoísmos que le someten y esclavizan. Dame, Señor, esa Gracia que me libera de toda esclavitud para hacer el bien y vivir en la verdad y la justicia.

Necesito ser independiente. Independiente, no sólo de las cosas materiales, sino de toda influencia de poder, de prestigio o ambición. El Señor nos quiere libres para actuar libremente y no sujetos al que comer, vestir o dormir. Él se ocupará de esas cosas y nos dará lo que necesitamos en cada momento. Porque nos creamos muchas necesidades cuando priorizamos los bienes, la comodidad y nuestro bienestar antes que la misión que nos ha encargado el Señor.

Por eso, para actuar según el Evangelio necesitamos vivir de la Palabra. Y vivir de la Palabra es ponerla en el primer lugar de nuestra vida. Claro que hay que trabajar y ganar el sustento, ya lo decía también Pablo, pero hay que ser libre en ese aspecto para también ser libre en proclamar la Palabra según la Voluntad de Dios. Y eso exige seguirle, estar cerca de Él, escucharle y estar disponible para, comprometiéndonos, ir actuando según su Voluntad.

Pidamos al Espíritu Santo que nos dé la capacidad de discernir y de darnos cuenta de que el Señor cuenta con nosotros. Y lo que no hagamos nosotros se quedará sin hacer. Cada cosa y actuación tiene su momento y su hora, y si no se hace, ese momento y esa hora quedará vacía y sin tu respuesta.

martes, 17 de octubre de 2017

EL BIEN HACER Y OBRAR

Hay mucha gente que hacen buenas obras y que son exaltadas y recordadas. Incluso, nuestros parques y plazas representas estatuas y esculturas que le dedican recuerdos gloriosos. Son bienhechores de la sociedad, pero todo acaba ahí. Se han proclamados en filántropos reconocidos, y, como tal, la sociedad les ha elevado glorioso recuerdo en lugares públicos para que se conozcan y se les recuerde.

Digamos que han recibido su premio por su bien hacer y obrar. y,  en eso se queda todo. Sus buenas obras les han sido pagadas. ¿Nada más pueden esperar? Esa es la diferencia entre el bien obrar por tu cuenta y para tu ego personal, o, hacerlo para gloria de Dios. La diferencia es la fe.

Llenamos nuestras vidas de tradiciones y costumbres que, siendo buenas e importantes, no son fundamentales, y menos leyes. Lo fundamental es el amor, empezando por Dios y continuando por el prójimo. Lo demás tendrá su lugar y su sitio, pero sin carácter de valor ni de imprescindible. Lo exterior tiene su sitio y siendo bonito y bueno tenerlo limpio, lo verdaderamente importante es lo de dentro, lo que sale realmente del corazón. Esa es la lección que el Señor nos da en el Evangelio de hoy.

Pidamos es buena intención de ser limpio, puro y justo, y de que nuestra vida sea coherente con la sustancia verdaderamente importante, es decir, con el amor. No se trata de llenar la vida de normas y cumplimientos que tratan de esconder nuestro compromiso con la verdad y la justicia, y aparentar lo que realmente no estamos dispuesto a ser. 

Pidamos ser comprensivos y, sobre todo, misericordiosos como el Padre es Misericordioso con cada uno de nosotros. Pidamos sostener nuestro interior en la verdad y la justicia y que lo exterior sea reflejos de lo interior, sin oscuridades y ocultamientos. Pidamos vivir en la coherencia y dejarnos dirigir por la acción del Espíritu Santo. Amén.

lunes, 16 de octubre de 2017

DOS CAMINO: CREES EN SU PALABRA, O EN LA TUYA

Hay muchas elucubraciones y divagaciones. Todo se reduce a estar seguros y a no apostar por algo que no lo tenemos claro. Pero, la fe nos exige riesgo y confianza. Condición indispensable es fiarnos de su Palabra. Él nos la da, y también nos la prueba, pero no a gusto del consumidor, porque no ha venido a hacer teatro ni a convencer a nadie. Ha venido, ayer nos lo decía, a invitarnos a un Banquete de gloria, de fiesta, de gozo y eternidad, y el vestido o etiqueta que tienes que llevar es la fe.

Se trata de creer en Él, de fiarnos de su Palabra y revestirnos de los Sacramentos que nos ha dejado en su santa Iglesia. Arrepentidos de nuestros pecados y apoyados en el alimento Eucarístico de su Cuerpo y su Sangre. Se trata de depositar toda nuestra confianza en su Promesa de salvación, y como los ninivitas, dejarnos llevar por su Palabra y disponer nuestros corazones a conversión.

Todo lo demás, que saltarán como piedras bien dispuestas en tu camino, son tentaciones, dudas y exigencias que te harán tribular debilitando tu fe y tu fortaleza. Es el pecado que nos exige una lucha constante para no ceder a sus elucubraciones ni seducciones. Necesitamos la oración y la fe puesta en la Promesa del Señor, que ha muerto, pero ha Resucitado al tercer día y, a los que creen en Él, también les resucitará para que asistan al Banquete de la eternidad festiva y gloriosa.

Sabemos que la lucha es combate diario; sabemos que no nos será fácil; sabemos que hay muchos obstáculos y dificultades, pero sabemos que la Promesa del Señor está ahí. Creemos en Él porque dentro de nuestros corazones está sembrada la semilla de la fe. Él la ha puesto ahí, y cultivada por su Gracia, florece y da frutos. Esos frutos que nos empujan al deseo infinito de ser eternos y felices, tal y como Él, Señor y dueño de todo lo creado y de nuestras vidas. Señor de la Vida y la muerte, nos ha prometido.

Gracias Señor por sostenernos en la fe. Te pedimos que nos des la perseverancia de cada día para que, a pesar de los tropiezos y obstáculos que la vida nos presenta, mantengamos siempre nuestra fidelidad y nuestra fe encendida  a tu Palabra. Amén.

domingo, 15 de octubre de 2017

COMPLICANDO MI VIDA

Estamos tan cegados por el pecado que no vemos sino por los ojos del mundo. Nos asombramos cuando, elevados un poco por encima de él, observamos la pequeñez y la basura que preferimos ante la grandeza y majestuosidad del Reino de Dios. No podemos comprender como optamos por la mediocridad, por unos vasos de alcohol y un poco de pasión carnal ante la grandeza de la verdadera felicidad del amor y de la plena eternidad. Verdaderamente no se comprende.

Y me incluyo yo en este tinglado, porque no soy mejor que nadie y también he besado este mundo y sus caducas ofertas, vacías y falsas. Todo, a parte de ser mediocre, es temporal y, por supuesto, caduco. Posiblemente estemos ciegos y atolondrados por nuestra débil naturaleza humana. Estamos heridos por el pecado, pero podemos levantarnos y reponernos. Para eso está el Espíritu Santo, que hemos recibido en el Bautismo.

Es verdad que hemos rechazado el Banquete del Señor. No le hacemos caso e incluso despreciamos a sus enviados y hasta los matamos. Muchos cristianos son perseguidos y aniquilados porque con sus vidas nos invitan al Banquete Eterno. Realmente, no estamos bien vestidos ni llevamos el traje del arrepentimiento y de la Vida de la Gracia. Indudablemente, seremos expulsados al las tinieblas y allí será el llanto y rechinar de dientes.

Pidamos luz y sabiduría para entender y aceptar esa invitación que nuestro Padre Dios nos hace para asistir al Banquete de Salvación. La Eucaristía es el manjar del Cuerpo y la Sangre del Señor, que nos alimenta espiritualmente y nos fortalece contra las amenzas y acechanzas del demonio y del pecado. Revistámonos del vestido de los Sacramentos para, bien presentados, seamos aceptados por el Amor del Padre, que nos quiere, nos invita y busca nuestra salvación. Amén.

sábado, 14 de octubre de 2017

EL ROSARIO, UN CAMINO DE SALVACIÓN

Hoy quiero reflexionar sobre el santo Rosario. No sé las razones, pero me ha venido como de repente y sin improvisarlo. Algo así, no es que sea, como venido del Espíritu. Y he querido dejarme llevar y reflexionar sobre él. Dejar que la luz sea la que me ilumine y guiarme por sus impulsos e insinuaciones. Bien, es verdad, que todas mis reflexiones tienen este denominador común. Me experimento como lanzado al precipicio y abandonado a la luz que el Espíritu me alumbra y me guía.

Y descubro que unas veces sale todo corrido, como movido y escrito por un impulso que me guía, y otras veces, camina más lentamente y de manera torpe. De cualquier manera, con el tiempo he ido descubriendo que es el Señor quien me empuja a escribir y son ustedes los que me lo revelan con sus entusiasmos, comentarios y me gustas. Un ejemplo podía ser esto de lo que escribo ahora, pues no estaba en el guión, ni siquiera cuando empezaba a escribir los primero renglones de arriba.

Dicho esto, salido como del fondo de mi corazón de forma repentina y libremente, retomo el tema del rosario, que era de lo que quería reflexionar. En mi casa, mi mujer lo reza todos los días, más yo sólo una vez a la semana , la hora de los viernes en el blog "Un Rincón para orar". Resulta extraño, pero es así. De todos modos, hoy quiero mirar sobre los misterios que componen el santo Rosario. Misterios de gloria, de gozo, de luz y de dolor.

Todos esos misterios son momentos vivenciales de la Vida del Señor, que nos descubren sus momentos de Gloria, de Gozo, de Dolor y de Luz. Y todos esos momentos nos ayudan y dan pauta para encarnarnos también nosotros en su Vida y Palabra. Cada misterio nos acerca a la vida de nuestro Señor Jesús y nos alumbra el camino que, también nosotros, debemos tomar. 

Un camino vivencial en nuestras vidas en el esfuerzo de, injertado en el Espíritu Santo, para dar cumplimiento a su Voluntad. Pidamos esa Gracia y Fortaleza para, como María, vivir y dar cumplimiento, vivo y real, a la Voluntad de la Palabra de Dios. Amén.

viernes, 13 de octubre de 2017

EL DEMONIO TAMBIÉN ESTA EN ESTE MUNDO


HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS.

No estamos solos, el peligro acecha a cada instante. Estamos asediados y amenazados por el demonio. El mayor peligro y la mayor amenaza es no creer en él. Posiblemente, esa sea su mayor victoria sobre muchos que le ignoran y le permiten trabajar cómodamente y a su estilo. Tiene muchas cartas a su favor y puede seducirnos sin que nos demos cuenta.

Su viña particular es el mundo y tiene a su disposición un sin fin de posibilidades con las que seducir, engañar y atraer. También nosotros, alejados de Dios, estamos en este mundo, y, en esos momentos estamos en sus manos. Y con la desventaja que nuestra naturaleza es humana, de este mundo Y está tocada, fatalmente herida y muy proclive a dejarse seducir. Nos atraen las cosas del mundo y nuestras pasiones, debilitadas en el pecado, son muy proclives a ser seducidas y engañadas.

Jesús nos viene a liberar de este mundo, y los que en Él creemos y permanecemos, no pertenecemos a este mundo. Estamos llamados a otro, al que Jesús nos propone. Por eso debemos estar y permanecer en Él, Él es el Arquitecto que construye nuestra casa y nos sostiene firme y seguros -Salmo 126-. En Él seremos fuertes para vencer y rechazar todas esas tentaciones malas que, presentándose como buenas, nos quiere desviar de la presencia de Dios.

Pidamos esa fuerza al Espíritu y pongámonos en sus Manos. Tengamos confianza que el Señor es nuestro Pastor y, en Él, nada nos falta -salmo 22-. Por eso, es bueno orar cada día y frecuentar, si no se puede diario, la Eucaristía. Porque el Señor, ya lo hemos reflexionado estos días atrás, es lo primero. Él es nuestra Roca y Fortaleza y desde Él y con Él, todo lo demás nos vendrá dado por añadidura.

Así nuestras obras serán buenas, abundantes y nuestro amor dará frutos. Así nuestra fortaleza será grande y levantara un muro que nos separará de las influencias del mal. Pero, precisamente por eso, no debemos desfallecer ni decaer. Nuestra oración y trato con el Señor todos los días. Amén.

jueves, 12 de octubre de 2017

DESDE MARÍA LLEGAR A SU HIJO

María, la joven sencilla, humilde, sincera, obediente es elegida porque todo su ser lo pone en Manos del Señor y se entrega a la Misión que el Ángel Gabriel le anuncia. María es dichosa, no ya por todas sus virtudes, sino por su "Sí" a la Voluntad de Dios. Ella es la primera que escucha y acepta la Palabra de Dios, poniendo su vida en peligro y anteponiendo al Señor a todo lo demás.

Ella nos enseña que Dios es lo primero, y luego todo lo demás, que se nos dará por añadidura. Porque, obedeciendo a Dios no hay peligro verdadero. Podemos atravesar un camino de sufrimiento y dolor, pero saldremos vencedores como su Hijo, nuestro Señor, en su Pasión. 

No tratemos de ser importantes en obras y hazañas heroicas; no tratemos de ser los primeros ni mejores por nuestras obras, porque Dios no nos pide obras, las hace Él. Sólo quiere nuestra libertad y disponibilidad, y que nos pongamos en sus Manos. Todo lo demás nos vendrá por añadidura de su Gracia. Eso es la lección que nos ha dejado María, que siendo humilde y sencilla es la Reina más admirada hoy de todos los pueblos. Precisamente hoy se celebra en toda España a nuestra Madre María, bajo la advocación de la festividad de nuestra Señora del Pilar.

Siempre tendremos en nuestra Madre, María, un ejemplo de iniciarnos en la oración. Porque, orar es obedecer en la escucha atenta a la Palabra de Dios. Quien ora está disponible y en actitud de corregir los pasos de su vida y encaminarlos según la Voluntad de Dios. Es decir, está abierto a la obediencia. 

María es obediente y se abre a la Voluntad de Dios. Eso la hace dichosa y bienaventurada y, por eso, es elegida la Madre de Dios. Pidamos esa virtud de la obediencia, confiados a la Palabra de Dios. Dios, nuestro Padre, que no nos pedirá nada malo, sino al contrario, todo lo bueno que necesitamos para entrar en su Casa y pasar la eternidad junto a Él en gozo y felicidad eterna. Amén.

miércoles, 11 de octubre de 2017

SEÑOR, ENSÉÑANOS A ORAR

Hablar con mi Padre Dios me exige perdonar. Es algo que se produce en el mismo momento que contacto con Él, porque, Él es la misma Misericordia. Y no cabe ni puedo pedirle misericordia cuando yo no estoy dispuesto a darle a los que me ofenden. Es algo consustancial con la misma oración filial con el Padre. 

El recibir su perdón misericordioso me descubre y exige darlo yo también a los que me han ofendido. Está implícito ahí, y no puedo recibir el perdón si yo no estoy dispuesto a darlo. No hace falta descubrirlo, porque se revela simultáneamente al perdón recibido. Viene adjunto, diríamos en término coloquial, a la misericordia recibida.

Tú experimentas que, en la medida que tú perdones serás perdonado. Son Palabras del mismo Jesús que nos da pauta y camino en la parábola del siervo sin entrañas -Mt 18, 21-35- donde nos descubre la necesidad de perdonar y en la medida que debemos hacerlo. No podemos imaginar a un padre que no perdone a todos sus hijos, ni tampoco a unos hijos que, perdonados por su padre, no se perdonen entre ellos. No cabe entenderlo de otra forma, ni tampoco excluirlo, porque al hacerlo nuestra propia conciencia nos excluye también a nosotros.

El perdón es la máxima expresión del amor, porque quien perdona, ama. El perdón te regala la oportunidad de corregirte, de enmendarte y de levantar tus fracasos para convertirlos en éxitos regados por la Gracia de Dios. Y, supuesto el perdón, todo lo demás toma color y se llena de Gracia, porque, perdonando estamos amando y santificando al Señor. Estamos haciendo presente su Reino y cumpliendo su Voluntad y abiertos a recibir toda su Gracia y alimento que necesitamos para permanecer en Él.

Danos, Señor, esa sabiduría, paciencia, fortaleza y paz, para poder perdonar de la misma forma que Tú nos perdona a cada uno de nosotros. Reconocemos que, solos no podemos, pero contigo todo es posible. En eso confiamos y en Ti, Señor descansamos. Amén.

martes, 10 de octubre de 2017

MARÍA HA SABIDO ESCOGER

Muchas circunstancias y privilegios de nuestras vidas está en haber sabido escoger. Muchos gozan de una situación privilegiada por saber escoger y poner todos los recursos para estar allí, donde pensaba que era el mejor lugar. Cuando vemos a alguien bien situado, salvo por un golpe de suerte, suponemos que se ha esmerado y preocupado por organizar su tiempo para poder llegar allí con suficiente ventaja para elegir. Y, claro, ahora goza de una situación privilegiada.

Todo cuesta esfuerzo, sobre todo el gozar de una buena situación. Y eso vale para todos los órdenes de nuestra vida. Las cosas no aparecen de la nada, y cuando son heredadas, también hay que saber sostenerlas y cuidarlas. Y eso, como lo otro, cuestan esfuerzos y trabamos, y, sobre todo, saber elegir.

Es el caso de hoy. Marta se preocupó por tener todo a punto y bien dispuesto. No es que eso no se haya de hacer, es necesario y tiene su importancia . Pero, llegado ciertos momentos, hay que saber elegir lo más valioso y que va a incidir después en todo. Incluso en el trabajo de organizar y tener todo bien dispuesto. María, al contrario que Marta, dejó todo a un lado y se dispuso a escuchar al Señor. Lo tenía delante y no siempre se gozaba de tener a la Palabra Viva en tu presencia.

Desde esa simple apreciación valoremos ahora nosotros el privilegio de tener esa Palabra y al Señor, real y presente, en la Eucaristía. ¿Nos hemos dado cuenta que lo podemos visitar y estar con Él, igual que estuvo María, la hermana de Marta, con Él? Así es, exactamente igual. Hoy tenemos más ventaja porque conocemos al Señor y lo que nos ha dicho y prometido. Está presente, bajo las especies de pan y vino, con nosotros a cada momento. Está en los sagrarios de todas las iglesias. Es una oportunidad única.

Pidamos simplemente eso, despertar y saber elegir al Señor. Claro, nuestras obligaciones están ahí y debemos atenderlas. Es condición indispensable, pero, junto al Señor las atenderemos mejor. Lo importante es buscar espacios para estar con Él y, aparte de escucharle, atender a su Palabra, hablarle y contarle nuestros problemas, nuestras dudas y nuestros deseos de seguirle. Él nos fortalecerá y nos abrirá nuestra mente para que veamos. Tengamos confianza. Amén.

lunes, 9 de octubre de 2017

EL AMOR RESPONSABILIZA

Solemos confundir el amor con protección. En las familias suele ocurrir mucho. Se protege a los hijos y se termina perjudicándoles. Amar consiste en dar lo que se necesita para salir de un problema, de una situación desesperada o de unas circunstancias que te impiden progresar, desarrollarte o crecer progresivamente. Amar es ayudarte a salir de ese apuro o tragedia que te ha tocado vivir y de la que tú solo no puedes salir. Pero nada de protegerte y darte la solución a tus problemas.

El amor responsabiliza a aquel que lo recibes. Así nos ama Dios, nuestro Padre. Es un amor comprometido que nos demanda respuesta y esfuerzo por nuestra parte a hacer un tanto lo mismo. Un amor que nos exige también a nosotros amar de la misma manera que somos amados. Lo descubrimos en el Amor de Dios. Él nos ama, pero nos da lo que necesitamos para merecer ese amor y rebotarlo hacia los demás.

El amor es un compromiso que no se apoya en la belleza, ni en la pasión, ni en el interés, ni en el gusto, ni en los sentimiento, caprichos, bienestar, riqueza y muchas cosas más. El amor está apoyado en el bien y en el interés de buscar la verdad, la justicia y la paz. El amor desea tu felicidad, y esa felicidad no es sino procurar que tú te sientas bien, en pleno gozo y en paz. Y eso no se encuentra en el poder, ni en las fuerzas, ni en las riquezas.

Tampoco está en el tener y poseer. La felicidad es el resultado de saber dar y despojarte de todo aquello que, siendo bueno, ayuda a otros a sentirse bien y a disfrutar y a experimentarse personas. Ser feliz no consiste en tener abundancia, sino saber medir lo que realmente necesitas y compartir lo demás. Porque, en el dar y hacer el bien se esconde la única y verdadera felicidad, que colma plenamente tu vida y te llena de gozo y vida eterna.

Dichosos y bienaventurados aquellos que son capaces de partir sus vidas y darse en trocitos, cada día, para sanar las heridas de todos los que, como aquel hombre asaltado y paleado, sufren los malos tratos de otros.

domingo, 8 de octubre de 2017

CONSERVAR TU REINO

Hay un tesoro que, empezará a ser Tesoro cuando realmente lo descubra, porque, mientras permanezca como algo que me pertenece o no conozca de dónde me ha venido, seguirá siendo un tesoro con minúscula. Posiblemente, a aquellos empleados de la Viña les sucedió eso. No tomaron conciencia de que esa viña se les había regalado para trabajarlo y producir frutos. Y nació en ellos la tentación de apropiársela. Y mataron a los siervos enviados a recoger sus frutos y, también, al hijo.

Necesitamos darnos cuenta de quienes somos y de donde venimos. Necesitamos descubrir que somos empleados de la Viña del Señor. Él nos ha creado y nos ha puesto en este mundo y todos dependemos de Él. Luego, a Él tendremos que rendir culto y tributo, porque de Él hemos recibido todo lo que somos, desde la vida a todo lo que necesitamos para vivir.

Y nuestro trabajo, Señor, consiste en conservar tu Reino. Un Reino de justicia, de verdad y de paz. Un Reino de amor. Trabajar, pues, en el Reino es nuestra misión, pero trabajar según la Voluntad de Dios. Eso es lo que tenemos que hacer y lo que también queremos. Danos, Señor, la sabiduría, no de tanto saber y conocer, sino de querer siempre hacer tu Voluntad. 

Porque, queriendo, el Señor nos dará la fuerza, el impulso y la sabiduría para cultivar esos frutos de amor que Él espera de cada uno de nosotros. Sí, Señor, queremos, como tu Madre, completar ese rosario de nuestra vida en vivir tus misterios desde la actitud de imitar tu vida. Pero, no queremos quedarnos estancados en unas normas y rutinas de cumplimientos instalados, sino vivir intensamente el deseo de cumplir tu Voluntad y cultivar esa parte de Viña que has dejado a mi cargo.

Quiero, Señor, y para eso te pido tu Gracia, pues sin ella no podría hacer nada, producir en mi vida esos frutos de amor que Tú esperas de mí, y, cuando me llames a tu presencia, ofrecértelos humildemente con todo mi amor. Porque, sé y confío que, simplemente queriendo y poniendo mi empeño, Tú pondrás tu Amor para que mi tierra sea fértil y dé hermosos y buenos frutos. Amén.

sábado, 7 de octubre de 2017

APRENDER A MIRARNOS EN MARÍA



Una madre es siempre un espejo donde mirarnos. Seguro que todos tenemos mucho de nuestras madres. No sólo la herencia que corresponde a nuestra genética, sino también a todo lo que, a lo largo de sus vidas, nos han transmitido y testimoniado.

Pero, a parte de nuestras madres de la tierra, tenemos también todos, por la Gracia de Dios, una Madre en el Cielo. Una Madre digna de mirar y recordar, pero también de imitar. María es la Madre buena, sencilla, atenta, fuerte, humilde, entregada, comprensiva, alentadora..., pero, sobre todo, disponible. Es esa la virtud más importante, la que Dios le pidió cuando fue elegida para ser la Madre de su Hijo. 

Y, María, dijo "Sí". Pidámosle también nosotros al Espíritu que por intersección de María, también nosotros respondamos al Señor, porque también nos elige y nos llama a cada uno, "sí". Un "sí" de corazón, abierto y entregado a, poco a poco, ir respondiendo a lo que Él quiere de cada uno de nosotros. Un "sí" que ponga en Manos del Espíritu todo lo que hemos recibido del Señor, sin dejar nada para nuestra gloria personal y para nuestro disfrute particular.

Un "sí" que nos lleve a proclamar, como ella, ¡eh aquí el esclavo del Señor, hágase en mí según tu Palabra! Amén.

viernes, 6 de octubre de 2017

BUENA COSECHA



HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS.


A veces desesperamos porque nos parece que nuestra cosecha es mala. O, porque simplemente no aparecen ni se ven los frutos por ninguna parte. El desánimo y deseo de abandono hace presencia. Estamos empeñados que somos nosotros los que tenemos que cultivar esa cosecha y sacar esos frutos. Y, lo grave, es que nos equivocamos. 

De nosotros solos depende nuestra disponibilidad. Es decir, nuestra libertad. Ponerla en Manos de Dios es todo lo que tenemos que hacer. Pero, eso que puede parecernos fácil, no lo es. Estar disponibles es muy difícil, hasta el punto que necesitamos la Gracia de Dios para sostenernos en esa actitud. Sin embargo, diríamos que el primer paso en ese sentido tiene que ser nuestro. Dios ha salido primero a nuestro encuentro, pero necesita nuestro sí y disponibilidad. Sin él no puede salvarnos.

Ahora, tomando conciencia de esto, podemos valorar y admirar el gran mérito de nuestra Madre María. Ella abrió su corazón al Espíritu de Dios para que actuara. Se ofreció sin condiciones hasta el punto de declararse su esclava. Es una hermosa referencia para nosotros, sus hijos, que nos ayuda y nos alumbra la actitud a seguir:  "estar disponibles para dejar actuar al Espíritu en nosotros".

Y es eso lo que te pedimos ahora y en este momento, Señor. Mueve nuestros corazones para que seamos capaces de dar ese paso. Mueve nuestras voluntades para que, abriéndonos a Ti, podamos obtener buena cosecha y dar buenos frutos. Ponemos nuestras almas a tu disposición para que sea tu Espíritu quien nos dirija y nos mueva a la conversión.

Danos, Señor, la sabiduría de descubrir tu Palabra y tus obras, y, alumbrados por ellas, vivamos el hermoso reto de nuestra vida. Es decir, corresponder con nuestras vida a dar esa cosecha de buenos frutos que Tú esperas de cada uno de nosotros. Amén.

jueves, 5 de octubre de 2017

NECESITADOS DE PEDIR

Nuestro Padre Dios sabe de nuestras necesidades. Aunque nos ha dado la tierra en administración, sabe también que le necesitaremos para obtener de ella la cosecha que esperamos y necesitamos. También lo hemos experimentados con nuestros padres de la tierra. Ellos también nos han dejado mucho. Sólo con la vida, nuestra deuda es muy alta.

Por eso, es evidente que paremos un día para recordarles y darles gracias. Cuanto más a Dios del que hemos recibido, no sólo la vida, sino la herencia de todo lo que tenemos. Esta tierra de la que obtenemos todo el alimento necesario para la vida. No podía ser de otra forma, el hombre necesitaba un día para concentrar en él toda esa acción de gracia y ofrecérsela al Señor como agradecimiento por todo lo recibido.

Esa ha sido la tradición y el origen del día de acción de gracia. Pero, con los avances y la tecnología, el hombre se ha visto fuerte y capaz de explotar la tierra, y sacarle todo el provecho y fruto que necesita. Y su auto-suficiencia le ha llevado a olvidarse de Dios. Gran error y, todavía más grave, necedad, porque el hombre sin Dios está perdido y conducido al abismo.

No perdamos la presencia de Dios en nuestras vidas, y menos la necesidad de pedirle por todo aquello que necesitamos. Quizás, ahora, los países super-desarrollados donde hay abundancia de bienes materiales, pero necesidad de los espirituales. Donde hay más injusticias, odio, venganza, malos tratos, abusos, violaciones y muertes. Donde los países se enfrentan rompiendo la buena convivencia y la paz. ¿No son esas cosechas más importante que las propiamente materiales y alimenticias?

Escuchemos al Señor y pidamos tal y como Él nos invita y nos aconseja. Porque, así Él nos dice: todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

miércoles, 4 de octubre de 2017

ANTE LA OSCURIDAD NO QUIERO DESESPERAR

Hay un serio y grave peligro. Porque, ante la oscuridad nos desesperamos y nos resignamos a seguir en la mediocridad e instalarnos tal y como hemos quedado. Descubrimos que damos pasos, pero, ¿son esos pasos suficientes? ¿Significa eso que hemos llegado a la meta? ¿Se acabaron los esfuerzos de conversión? ¿Estamos ya en la cima del monte? Sin desesperar, pero esas preguntas necesitan respuestas.

Porque, podemos quedarnos en la mitad del camino, y, creyendo que caminamos permanecemos parados e instalados cómodamente. O resignados y pasivos. Adaptados a una serie de normas, de practicas, de reflexiones escritas y algunas cosillas más. Como pueden intuir me estoy retratando. Y es que es mejor hacerlo, porque sólo a partir de nuestro propio retrato podemos iniciar el camino. No importa cuantas veces tengamos que hacerlo, lo que verdaderamente importa es hacerlo.

Es hora de levantar la mirada y no volverla atrás. Es hora de dejar todo lo que nos puede entretener y desviar y poner en el centro de nuestra vida al Señor. Está claro: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios». Son Palabras del mismo Jesús.

Pero, no nos confundamos, porque el demonio utiliza esta debilidad nuestra para ponernos la misión imposible y proponernos una misión más cómoda y fácil. Quiere que nos instalemos en la mediocridad y seamos cristianos de normas y preceptos, sin mucho compromiso. No, tampoco, desesperemos. Tengamos confianza. Primero desnudemos nuestras cartas y veamos nuestros vestidos. Posiblemente no llevemos el vestido apropiado al banquete, pero pidámosle al Señor que sea Él quien nos vista del vestido de su Gracia.

Tengamos confianza, porque el Señor quiere salvarnos y, por y para eso, nos invita al banquete. Pero, preparemos el vestido apropiad. Nosotros pongamos nuestra disponibilidad. Al estilo de María, ofreciendo nuestra actitud de esclavo o esclava, y dispuesto a dejarnos cambiar para la misión que el Señor tiene pensado en nosotros. ¡Hermanos, llegará ese momento! 

El Señor cambiará nuestros corazones y nos hará, en el buen sentido de la palabra, sus predilectas marionetas, siempre en pie y dispuestas a continuar el camino. Es decir, nos dará un corazón nuevo, creado para amar que nos hará felices y gozosos para toda la vida. Amén.

martes, 3 de octubre de 2017

SIN MAS DILACIÓN, PIDAMOS LUZ

No perdamos más tiempo y pidamos luz al Señor para que nos alumbre el camino a seguir. No es cuestión de protestarle, porque no sabemos lo que decimos. Nuestros pensamientos están muy lejos de los de Él, pero, no sólo se trata de eso, sino de que no entendemos nada.

Nosotros pensamos en un mundo de luchas, de enfrentamientos, de vencedores y vencidos, y de responder con el poder a todos aquellos que piensan distinto o se interponen en nuestro camino. Y la sorpresa es ver la forma con la que responde Jesús. Nos quedamos perplejos y sorprendidos. No entendemos lo que nos dice Jesús. ¿Cómo es que no respondemos a ese rechazo de no acogernos? Estamos muy lejos de Él a pesar de estar tan cerca físicamente.

Y hoy seguimos todavía igual. Queremos sacarle productividad a todo y encontrar respuesta para todo. No entendemos el Amor de Dios, ni lo entenderemos nunca hasta que Él nos lo quiera revelar. Eso es lo que te pedimos hoy, Señor. Descúbrenos tu Amor y háznoslos comprender, para también amar nosotros. Porque todo viene de Ti, Señor, y sólo Tú nos lo puedes dar. 

Sin más dilación, Señor, te pedimos la capacidad de amar. No sabemos cómo, pero confiamos en Ti. Contigo nos atrevemos a vivir en el amor y a superar todas las dificultades y tentaciones. Nos atrevemos a acompañarte a Jerusalén y permanecer a tu lado. Danos, Señor, esa fortaleza y valentía para perseverar y agarrarnos a Ti para no desfallecer.

Por eso, Señor, insistimos sin desmayo suplicándote que nos ilumines y nos des la sabiduría, no la de este mundo, sino la que  nos sostiene siempre a tu lado. Amén.

lunes, 2 de octubre de 2017

SERVIR O SER SERVIDO

El afán de ser el primero es con la finalidad de ser servido. Claro, quieres ser el mejor, el más fuerte, el primero en los honores y el centro de todos. Quieres que todos te aprecien, te consideren y te sirvan. Porque, de no ser así, por qué querer ser el primero. Una vez más descubrimos que los criterios de Dios no son los nuestros. Estamos en las antípodas con respecto al pensamiento de Dios.

Jesús, el Hijo de Dios, no vino a ser servido, sino a servir. Inició su camino muy humildemente y no destacó por su poder, ni riqueza, ni honores ni reconocimientos. Todo lo contrario, destacó por servicio y amor. Vino a eso, a liberar a los hombres de sus esclavitudes, de esos hilos que los atan y de los que dependen peligrosamente y les someten a los intereses del mal.

Por eso, Jesús, nos habla de ser humildes, es decir, pequeños y considerarse menos que los demás. Porque, todo lo que tenemos, que nos descubre nuestra superioridad sobre los demás, nos ha sido regalado. Por lo tanto, no tenemos por qué creernos superiores, sino todo lo contrario, servidores. Porque, si nos ha sido dado, ha sido para servirles. Esa debe ser nuestra misión. Cuanto más has recibido, más y mejor debe ser tu servicio.

La humildad es la virtud más grande, porque por ella empieza nuestra salvación, ya que sin la humildad no podremos abajarnos y situarnos en el último lugar. Está claro, Señor, esa es nuestra petición de hoy, dos de octubre. Danos la capacidad y la sabiduría de ser humildes. Humildes para poder servir y ser capaces de ponernos en los últimos lugares y hacernos pequeños. Porque, sólo el pequeño está en disponibilidad de ser obediente y servir.

María, tu Madre, Señor, es un ejemplo de obediencia y fidelidad, pero antes se hizo tu esclava, siendo humilde y aceptando tu Voluntad.  Unidos a ella le pedimos su intersección para que nuestro corazón sea cada día más humilde. Amén.

domingo, 1 de octubre de 2017

TAMBIÉN YO TE HE ENGAÑADO MUCHAS VECES, SEÑOR

Me indentifíco con uno de esos hijos, Señor. Muchas veces te he engañado y no he obedecido tus mandatos. Quizás haya sentido pereza en algunos casos;  en otros no me he sentido con ganas ni deseos de realizarlos, y algunos los he hecho con más desganas que ganas. He de decir también que muchos los he hecho con buena intención y con gran deseo de hacerlos.

Sin embargo, tanto unos como otros, los hago porque sé que Tú no mandas nada malo, y que el hacerlo será siempre bueno para mi salvación. Claro que me cuesta, pero, ¿qué no cuesta en esta vida? ¿Acaso los estudios, el trabajo, la formación, no cuesta? Sabemos que detrás del bienestar y de lo bueno se esconde el trabajo, el esfuerzo y sacrificio. Será bueno reconocer que todo lo que Tú nos mandas, Señor, son cosas buenas para nosotros. Porque, Tú nos quieres y estás interesado más que nadie en salvarnos.

Por eso, Señor, te pedimos que infundas en nuestros corazones una fuerza de voluntad que nos ayude a vencernos y a cumplir con tus mandatos. Incluso cuando no lo veamos, no lo entendamos o nos cueste vencer nuestra pereza y nuestros apegos. Danos esa sabiduría de saber elegir lo bueno de lo malo, y de que, aunque nos seduzca otras cosas de este mundo, sepamos obedecerte y responder a tu Palabra y Mandato.

También te pido, Señor, que si te respondo precipitadamente de forma negativa, me des la paciencia y la sabiduría de darme cuenta y de experimentar ese dolor de arrepentimiento para reconocer mi equivocación. Y la fuerza de poder levantarme y vencer toda mi pereza, soberbia y vanidad, para, apoyado en tu Gracia obedecer y volver a tus mandatos.

Confiado, Señor, en esa petición y lleno de esperanza en tu Palabra, me abandono en tus brazos, Señor, y trata de perseverar y permanecer siempre a tu lado. Aun en los momentos más débiles y difíciles de mi vida, porque sólo siendo fiel a tu Palabra la vida tiene verdadero sentido.
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