ÚLTIMAS REFLEXIONES

UN RINCÓN PARA ORAR

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UN ROSARIO CADA VIERNES

Cada viernes, hora peninsular 09:00, en Canarias a las 08:00, y en cualquier otra parte del mundo la que mejor puedan elegir, nos unimos en el rezo del Rosario (VER AQUÍ) por la unidad de todos los creyentes, por la familia natural, hombre - mujer, por la vida y por la libertad de educación de los hijos.

Desde tu casa, online, desde tu trabajo, desde tu hospital y enfermedad, desde myfeeling, desde todas los colectivos y asociaciones, desde donde quieras que estés, tú también puedes unirte en este clamor al Padre, unidos a María Santisíma, para que el Espíritu Santo nos dé la capacidad y la luz de salvaguardar la vida y los valores morales y naturales que la dignidad de las personas hemos recibido de nuestro Padre Dios

domingo, 30 de abril de 2017

TODOS LOS DÍAS SON EMAÚS

Cada día la lucha se hace necesaria. Cada camino es una tentación hacia Emaús. Nos cansamos del cansancio, valga la redundancia, de la incertidumbre de no saber qué hacer o de no poder vencer la apatía y la comodidad. Nos cansamos de descubrirnos pecadores, y un día y otro seguir fallando y desilusionando. ¡No podemos!, gritamos y experimentamos el deseo de retirarnos a casa, al mundo del mundo, y volver con los nuestros, con los de Emaús.

Esa sensación pervive en nuestro corazón humano y herido por el pecado. Y, sin darnos cuenta, el diablo la alimenta exigiéndonos perfección a sabiendas que no podemos alcanzarla. Estamos cansados, Señor, y queremos descansar en tus brazos de Padre Misericordioso. Dejémonos de preguntarnos y exigirnos y, simplemente, lloremos con los que sufren y lo pasan mal. Y acudamos a nuestro Padre. En Él encontraremos el descanso que buscamos, pero también la Misericordia que necesitamos.

Volvemos, Señor, a Ti. Volvemos sabiendo de nuestra inmerecida misericordia y dándote gracias por tu Amor. No merecemos perdón, pero Tú nos perdonas. Está a la vista la Cruz de tu Hijo, que ha aceptado voluntariamente para redimir nuestros pecados. No podemos volvernos atrás y despreciar esa salvación por amor y misericordia que Tú nos has regalado en tu Hijo. Danos la fuerza y la paciencia de saber esperar y de calentar nuestros corazones para, encendidos, regresar a la comunidad. Realmente la necesitamos.

Señor, me detengo ante Ti y me postro a tus pies, y espero. Confío en tu Amor y pongo todas mis esperanzas que, como a los de Emaús, me enciendas mi corazón y actives mi vida llenándola de gozo y alegría y entregándola en la Cruz. Amén.

sábado, 29 de abril de 2017

MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN

Estoy necesitado de humildad, una humildad que me llene de esa mansedumbre, que inunda mi alma de descanso y paz. De una humildad de saberme pequeño, pobre y pecador. De una humildad que me saca de vivir en la oscuridad abriéndome a tu Luz y Verdad. De esa humildad de verme poca cosa, sencillo e inútil, y que sólo tu Gracia, Señor, hace maravillas en mí según tu Voluntad.

No es fácil conseguirlo, porque mi vanidad y soberbia pesan como una losa en mí. Necesito tu Gracia, Señor. Hay mucha gente sencilla, aparentemente sin importancia ninguna, pero que son ejemplos vivos de tu Gracia, Señor. Ilumina mi vida y dame esa sabiduría de los pobres y sencillos para llegar a Ti. Porque, Tú te resistes a los soberbios y te das a los humildes.

Porque la sabiduría no se encuentra en este mundo, ni tampoco en los sabios y hombres que a él pertenecen. Sólo está en Ti, y a los que Tú quieras dársela. Gracias, Señor, por tan grade regalo, y abre mi corazón humildemente para que, entregado a Ti, pueda ser ejemplo de servicio y amor a los demás.

Aquí estoy Señor, dispuesto a ser receptivo con tu Gracia y tu Voluntad. Dispón, Señor, mi alma y llévala y dirígela según tu Voluntad. Anula mi libertad y sométela a tu Voluntad, para que viva según tu Palabra y de acuerdo con tu Amor. De cualquier forma, te ruego me des la paciencia de saber esperar y aceptar mis debilidades y fracasos, para estar disponible cuando Tú dispongas.

Dame, Señor, la fortaleza necesaria para continuar en el camino, aunque vaya tropezando más de la cuenta, y mis pasos se debiliten y desfallezcan. Y, siempre, sepa recurrir a Ti para hallar el descanso y la paz. Amén.

viernes, 28 de abril de 2017

EN TI, SEÑOR, SOSTENGO MI VIDA



HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDA


No puedo apoyarme en nada, ni en nadie de este mundo. Porque todo lo de aquí abajo es caduco y no me llena plenamente. Lo que perece está llamado a morir, y la muerte es la tragedia del hombre. Sólo en Ti, Señor, puedo apoyarme y sostenerme, porque Tú das la Vida y sostiene nuestra esperanza.

¡Claro que te busco para hacerte mi Rey!, pero un Rey como Tú quieres que te haga. Un Rey de Amor, de servicio y entrega a los demás. Un Rey que ha venido a entregarse y dar su propia Vida para salvarnos a todos. Un Rey generoso, humilde y dispuesto a morir por liberarnos del pecado. Ese es el reinado que Tú, Señor, has querido implantar entre los hombres de este mundo. Un reinado de amor, de justicia y de paz.

Aumenta, Señor, nuestra fe y nuestra capacidad de asombro. Que no nos acostumbremos a tenerte a nuestro lado y no advertir tu Divina presencia; que no nos acostumbremos a tu presencia de forma rutinaria y a no experimentar tu amor y tu generosidad. Señor, que no nos suceda que tu Palabra ya no nos mueva el corazón ni nos llene de gozo y alegría. Mantén nuestro amor primero siempre fresco, activo, emocionado, ingenuo y renovado. Como si de un niño se tratara.

Llénanos de esperanza y de renovadas motivaciones que nos satisfagan plenamente y nos muevan a buscarte y estar ansiosos de permanecer en Ti. Haz que siempre mi alma esté hambrienta y sedienta de tu Palabra y de tu Amor, para que nunca deje de buscarte y de seguirte. 

Que nunca nos cansemos de alimentarnos de tu Palabra y de participar en tu banquete santo reconfortados con el alimento espiritual de tu Cuerpo y tu Sangre. Amén.

jueves, 27 de abril de 2017

¡SOSTÉN MI MIRADA HACIA LO ALTO, SEÑOR!

Mi humanidad me hace bajar mi cabeza a las cosas del mundo. Estoy atado a ellas por mis pecados. Mis inclinaciones son terrenales, llenas de soberbia, egoísmos, pasiones y envidias. Me cuesta mucho levantar la mirada y purificarla. Como la serpiente me siento arrastrado a las cosas de este mundo. ¡Y sólo Tú, Señor, puedes liberarme!

Eso es lo que mis labios ahora expresan: ¡Sostén mi mirada levantada, Señor, y no dejes que se recree en las cosas de este mundo! Porque todo lo de aquí abajo es caduco y efímero. Nada tiene valor y todo es perecedero. ¿Qué gozo y alegría voy a conseguir en las cosas de este mundo cuando son efímeras y caducas? Tener la mirada hacia este mundo es mi mayor error, Señor. Te ruego que me ayudes a levantarla y mirar hacia lo alto. Porque, sólo en lo alto está la Verdad y la alegría de vivir en paz eternamente.

Dame, Señor, la capacidad de experimentar lo espiritual y de encadenarme a las cosas de aquí abajo. Dame la sabiduría de mirar por encima de estas cosas terrenales que apega mi corazón y lo esclaviza. Dame la virtud de buscarte en las alturas y de escuchar la Voz del Padre que te envía a manifestar el único y verdadero Camino, Verdad y Vida.

Son muchos los caminos que se nos presentan en este mundo, pero son caminos que esconden la mentira y se nos presentan como espejismos seductores que, atrapados, nos enseñan sus garras y su maldad. Por eso necesitamos mantener la mirada erguida, firme, levantada y dispuesta, para asirnos, por la Gracia de Dios, de los peligros de este mundo caduco y engañoso.

Pidamos al Padre esa Gracia, para que siguiendo firmemente los pasos del Hijo, y escuchando su Palabra, seamos capaces, en el Espíritu Santo, alcanzar el único y verdadero Camino que nos conduce a la Casa del Padre. Amén.

miércoles, 26 de abril de 2017

¡SEÑOR, QUIERO SER SAL Y LUZ!


¿Qué será de mí, Señor, si no soy sal y luz que alumbre mi camino por este mundo? Esa es mi lucha y mi batalla, y también mis miedos y temores. Dame la paz de ser paciente y confiado en tu Palabra y perseverante en ella. Dame la sabiduría de saber derramar humildemente tu Evangelio y tu Palabra de salvación.

Despójame, Señor, de todas mis ataduras e inclinaciones al mal, y fortalece mi voluntad para hacer la Tuya. Ilumina mi vida y llénala de sentido, de alegría y de paz, para que también pueda ser luz, aunque pequeña, para otros. Y, también, Señor dame la capacidad de aceptar mis limitaciones y mis fracasos, y de saber que, todo me viene regalado de Ti, y como tal debo darlo yo a los demás.

Y en ese sentido y actitud seré, como Tú me indicas hoy, sal y luz para los que me rodean en mi camino hacia Ti. Dame esa paz y paciencia que necesito para aceptar todas las dificultades, y también fortaleza para vencer las seductoras tentaciones que este mundo ofrece a mi débil humanidad. Lléname, Señor de tu Espíritu para, fortalecido en Él, ser fuerte y vencer el mal que me asedia y me tienta.

Revísteme, Señor, de esa capacidad de ser coherente y de poner mi vida en proporción a mi fe, para que mis actos vayan de acuerdo con mis pensamientos y mi forma de vivir. Pero, también, a saber aceptar tu voluntad y las dificultades que surgen en mi propio camino ocasionadas por los otros. Darme cuenta que en muchos momentos obedecer y aceptar la voluntad de los que están junto a mí puede ser el detonante para lograr lo que creo debo hacer.

A veces, la obediencia, a pesar de que sea algo que nos parece equivocado, puede ser el camino para lograr lo que realmente pensamos y queremos hacer en el Espíritu Santo. Pidamos al Espíritu que nos dé esa sabiduría y esa Gracia para siempre dejarnos llevar por Él. Amén.

martes, 25 de abril de 2017

MISIONADOS A PROCLAMAR LA VIDA ETERNA

No es cuestión de apuntarse o no apuntarse; no es cuestión de poner condiciones y quedarse a medias aguas, es decir, ahora sí y ahora no. Hoy puedo y mañana no puedo. Es cuestión de entregarse a la misión con toda tu ilusión y esfuerzo en la medida de tus posibilidades, carismas y circunstancias. Porque, misión es también proclamar, con tu vida, tu esfuerzo y tu testimonio, en tu trabajo, tu familia, tus ambientes y amigos.

Es expresar con todo tu ser que Dios es tu meta y tu vocación. Es manifestar con tu vida que la gran vocación con Mayúscula de tu vida es el Amor. El amor entregado y sin condiciones, tal y como te lo ha entregado nuestro Señor Jesucristo enviado por el Padre. Porque se trata de darte, pero darte en toda la extensión de la palabra, darte plenamente.

No puedes dejar nada para ti. Claro, tendrás que descansar, reparar fuerzas y tonificar tus esfuerzos, pero entregado integramente y sin descanso. Ya vendrá y llegará el día que recibirás el ciento por uno definitivo, aunque, también ahora lo estás recibiendo. Pues recibirás en la medidas que des. Todo lo que te guardes para ti, quizás de forma egoísta, lo tendrás que devolver, porque lo que no sea dado, con y por amor, será exigido como recompensa ya disfrutada y, desgraciadamente, en una escala finita y de mala reproducción.

Porque nada es comparable con el gozo y la felicidad que, nuestro Señor, nos prepara a todos aquellos que son capaces, injertados en Él, dar todo lo recibido en aras de amor sin condiciones. Y eso te pedimos encarecidamente y postrados a tus pies. Danos, Señor, esa fortaleza y capacidad de no desfallecer, ni de tampoco guardarnos nada para nosotros. Incluso en esos momentos oscuros en los que no entendemos nada y todo parece ingrato, pérdida de tiempo y sin frutos.

Nos ponemos en tus Manos, Señor, y nos entregamos confiados en tu Gracia y obediente a tus mandatos. Sí, mi Señor, obedecemos y vamos por el mundo, en tu Nombre, a proclamar el Evangelio.

lunes, 24 de abril de 2017

NACER DEL ESPÍRITU

Es difícil encontrar la Luz cuando vives y te mueves en la oscuridad. Porque, dentro de la oscuridad nunca llegas a vislumbrar la Luz y te pierdes por el camino. Se necesita morir a esa oscuridad y volver a nacer desde el Espíritu Santo. En Él podemos nacer a una Vida Nueva liberados de las ataduras de las tinieblas y del pecado.

Pero eso exige un cambio en la ruta y una disponibilidad para la conversión y para el Bautismo. Sólo en él nacemos a una vida nueva y tendremos la fortaleza de morir a la vida vieja de la carne y el pecado. Pero no depende de nosotros, aunque tengamos parte en la tarea, pues somos libres, pero esa libertad tendremos que perderla voluntariamente y ponerla en Manos del Espíritu Santo, para que sea Él quien la oriente, la dirija y la haga fructificar.

Pidamos esa Gracia, para que nuestro compromiso Bautismal dé los frutos que de él se espera, Pero, para ello, pongámonos en Manos del Espíritu Santo, que hemos recibido en día de nuestro Bautismo y, asistidos por Él, perseveremos en el Camino, en la Verdad y en la Vida que marca nuestra ruta en el horizonte del nacimiento a una Vida Nueva.

Ven Espíritu Santo y llena los corazones de tus fieles y enciende en nosotros la llama del Amor. Envía, Señor, tu Espíritu, y nuestro corazones serán creados de nuevo, transformados de nuevo y nacidos a una Vida Nueva según tu Voluntad. Amén.

domingo, 23 de abril de 2017

EL SEÑOR NO ESCATIMA PRUEBAS

Jesús, no sólo da la Vida por cada uno de nosotros, sino que trata de convencernos presentándose, en sus discípulos, a cada uno de nosotros. Se reune con ellos y les presenta signos y huellas que dan testimonio de su Persona. La Resurrección es un hecho real y quiere que ellos lo vean con sus propios ojos y con sus propias manos.

Tomás, que no estaba en ese momento, se resiste. También te pasa a ti y a mí. Hay muchos momentos que nos resistimos, que vacilamos y nos dejamos embaucar por las dudas. Nos defendemos con nuestra razón y exigimos pruebas, milagros y hechos extraordinarios. Queremos que el Señor, como en un circo, nos deslumbre con su poder. Realmente somos indignos de merecer nada.

El Señor pasa por alto todo eso. Su Misericordia es Infinita y así lo propone al Padre. Su amor y su méritos satisfacen al Padre que nos perdona misericordiosamente. Sabe de nuestras debilidades y tentaciones y da poder a sus apóstoles, en el Espíritu Santo, para que nos perdonen nuestros pecados.

Te damos gracias, Señor, por esas pruebas de amor, y por tu Infinita Misericordia, que no merecemos. Nos postramos ante Ti y te pedimos que nos des la fe para ver, sólo apoyados en tu Palabra transmitida por tu Iglesia desde ese día de Pentecostés hasta hoy. Danos esa Gracia de perseverar si vacilar y de ser fuertes ante las tentaciones de este mundo que trata de apartarnos de Ti.

Y, de nuevo, Señor, aumenta nuestra fe sin la necesidad de estar buscando testimonios y pruebas que nos hablen de Ti. Creemos en tu Palabra y ella sola nos basta. Amén.

sábado, 22 de abril de 2017

INSISTO, SEÑOR: AUMENTA NUESTRA FE

Por muchas pruebas que tengamos no nos será fácil creer. Y es que nuestra humanidad está tocada y herida y vive en la oscuridad. Conozco a muchas personas que duermen en la intrascendencia y ceguera espiritual. Confiesan creer, y hasta tener alguna experiencia, pero su vida queda paralizada, inactiva y pasiva. No emprenden ningún camino. Viven indiferentes al testimonio y mensaje de Jesús.

Luego, ¿qué ocurre? Creo, como se cuenta en la parábola del rico epulón -Lc 16, 19-31- que ni apareciéndose un resucitado movería a muchos a cambiar. Ya ocurrió con Jesús. Ni creían en Él ni en sus Obras. En la primera lectura de hoy se trata lo que comenta ahora: En aquellos días, los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, viendo la seguridad de Pedro y Juan, y notando que eran hombres sin letras ni instrucción, se sorprendieron y descubrieron que habían sido compañeros de Jesús. Pero, viendo junto a ellos al hombre que habían curado, no encontraban respuesta.
Les mandaron salir fuera del Sanedrín, y se pusieron a deliberar:
- « ¿Qué vamos a hacer con esta gente? Es evidente que han hecho un milagro: lo sabe todo Jerusalén, y... -Hech 4, 13-21-.

Poco ha cambiado respecto a hoy. Todo sigue igual. Se necesita una experiencia personal y profunda que toque nuestro corazón, y, así y todo, necesitamos la Gracia de Dios. Es verdad que, por nuestra parte, necesitamos dar un paso hacia adelante y esforzarnos en abrirnos y entregarnos para que el Espíritu Santo haga su trabajo, pero todo depende de la Gracia de Dios. Con ella daremos testimonio y proclamaremos, con nuestras vidas, la Buena Noticia de salvación. 

Y nuestro trabajo es ese. Estar atentos y aceptar nuestra mediocridad. Quizás sea esa su Voluntad respecto a muchos de nosotros. Ahí entra mucho en juego nuestra humildad y obediencia, que ha sido lo destacado en muchos de los que han llegado a tener una íntima relación con Él. Aceptar lo que Él quiere de cada uno de nosotros es aceptar su Voluntad. Y ese es nuestro camino, nuestra derecha y nuestra red.

Pidamos, confiados esa Gracia, ser abrazados pacientemente en la esperanza, que el Señor sabe lo que mejor nos va, y lo que verdaderamente necesitamos. Sea de una forma u otra; activo o paciente; iluminado o en la oscuridad; fuerte o débil, sostengámonos en el Señor y vivamos en su Palabra. Amén.

viernes, 21 de abril de 2017

¿DÓNDE ESTÁ MI PESCA, SEÑOR?

HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDA


¿Dónde está mi derecha, Señor? ¿El lado bueno de mi vida donde puedo encontrarte y presentarte a los demás? Porque, quizás mis caminos son torcidos y erróneos. ¿Dónde está mi barca y mis redes para echarlas en tu nombre y sacarla llenas de peces? ¿Cuál es el lado bueno de mi vida y en dónde tengo que echar mis redes?

¿Donde estás, Señor? Miro hacia el horizonte y mi vista se pierde sin llegar a vislumbrarte. Y, como los apóstoles, pierdo mi tiempo dedicándolo a otros menesteres de menor importancia y trascendencia. ¿Dónde está mi orilla, Señor? Esa orilla a la que tengo que llegar como hizo Pedro, sin dudarlo y arrojándose al mar. Yo también quiero hacerlo.  

Quiero encontrar mi derecha, ese lugar donde mi vida debe echar sus redes y salvar a muchos peces de las aguas contaminadas de ese mar del mundo intoxicado y podrido. Quiero descubrir el lado derecho, correcto y misericordioso donde pueda echar mis humildes manos, para ayudar a nadar hacia donde, Tú, Señor, me esperas y me aguardas. Ese Mar Inmenso de tu Misericordioso Amor que nos limpia y nos inunda de paz y de gozo y nos llena plenamente.

Quiero llegar a esa orilla donde Tú, Señor estás. Dónde Tú, Dios mío, me aguardas y me esperas y llevarte mis pecados para compartirlo contigo. Y recibir de Ti, mi Señor, tu bendición y tu Pan. Aumenta, pues, Dios mío mi fe, para que yo también te descubra en la orilla de mi vida y sepa escuchar donde tengo que echar mis redes y recoger esos frutos que Tú esperas de mí. Amén.

jueves, 20 de abril de 2017

A PESAR DE QUE ARDÍAN SUS CORAZONES...

La fe es un don de Dios. Y eso es verdad porque, a pesar de que ardían sus corazones, también vacilaban y dudaban. La experiencia del verdadero encuentro lleva tiempo, salvo que el Señor quiera lo quiera de otra forma. Se les ha ido apareciendo. Primero a las mujeres, luego a los de Emaús, y ahora a los discípulos, y a pesar de que están saboreando esos encuentros y apariciones, se quedan perplejos, asombrados y temerosos.

No nos extrañemos que a nosotros nos ocurra eso mismo. De hecho nos ocurre, y nos pasa porque no depende de nosotros sino de Dios. La fe es un don de Dios, volvemos a repetir, pero eso no significa que esperemos con los brazos cruzados, sino, precisamente, todo lo contrario. Hay que buscarla; hay que pedirla; hay que ir a Galilea y profundizar en la Palabra, en las Obras y en la Asamblea. La fe se encuentra allí: 

Y es allí donde hay que pedirla. No estamos diciendo que hay que ir a Galilea física, sino que nuestra Galilea se encuentra en nuestra sed y hambre de buscar la Palabra originaria, tal y como la proclamó Jesús por aquella región de Galilea. Buscarla en las Obras con las que Jesús daba respuesta a su Palabra, su coherencia de Palabra y Vida, y en, con y por los hermanos, donde podemos hacer presente ese Amor del que Jesús nos habla.

Por eso, desde ahí la pedimos y desde ahí corremos, injertados en el Espíritu Santo, a buscarla, a encontrarla y a suplicarla. Esa fe que el mismo Jesús nos tiende abriéndonos sus Manos y enseñándonos sus llagas y dejándonos meter nuestros dedos en su costado. 

No busquemos donde no se encuentra ni donde no está. Busquémosle en su Palabra. Una Palabra que se hace vida y se transforma en las Obras de Misericordia: corporales y espirituales, porque ahí tendrás muchas oportunidades de abrazarle y de manifestarle tu fe y tu amor. Amén.

miércoles, 19 de abril de 2017

HIMNO






Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

"¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?"
"A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua."

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa. Amén. Aleluya.

Laudes (Miércoles.octava de Pascua)

martes, 18 de abril de 2017

NO ME CANSO DE PEDÍRTELO, SEÑOR: AUMENTA NUESTRA FE

He repetido hasta la saciedad que Tú, Señor, has Resucitado. Pero, por mucho que lo repita nunca estaré seguro de mi fe. Experimento que en muchos momentos se tambalea y se presentan dudas. Experimento mis debilidades humanas, mis apetencias y comodidades que tiran de mí y me zarandean por dentro. Mi alma se debate entre la lucha y la muerte, porque de separarme de Ti, mi Señor, me espera la muerte.

Gracias, Dios mío, porque ese criterio me ayuda a sostenerme y a luchar contra las debilidades de mi propia carne. Experimento mis flaquezas y mi pobreza. Y eso despierta en mí, ¡gracias Señor!, sed de buscarte y de pedirte ayuda. Ayuda para fortalecer y aumentar mi fe. Sí, Dios mío, aumenta mi fe para que se sostenga firme como un roca sin titubeos ni debilidades. 

Aumenta mi fe en la idea firme de que Tú llegarás. En mi hora o a la hora que Tú decidas, pero, llegarás y se producirá el encuentro, el momento más emocionante que, desde ahora, espero. Dame, Señor, esa esperanza de encontrarme contigo y poder contemplarte, escucharte, mirarte y sentirme abrazado y acogido en tu Amor. Dame, Señor, sabiduría, paz y fortaleza para entregarte todo mi ser y, como Tú, partirme, repartirme y darme a todos los hermanos.

Es ahí donde puedo, ahora que no te veo, encontrarte y abrazarte. Porque en la medida que viva en esa actitud, podré, algún día, cuando Tú lo quieras, Señor, encontrarte cara a cara y poder mirarte y abrazarte directamente. Tocarte, como lo hiciste y ofreciste a tus discípulos después de tu Resurrección. Sentirte como Tomas cuando palpó tu costado y tus llagas en las manos.

Señor, aquí me tienes, fortalece mis criterios, ilumina mis pasos, apuntala mi voluntad y ponme en el camino de Galilea, para que, desde esa vivencia y referencia, yo, tu pobre y mísero siervo me esfuerce en imitar tu Camino, tu Verdad y tu Vida. Amén.

lunes, 17 de abril de 2017

QUIEN BUSCA ENCUENTRA

Posiblemente, el secreto de la búsqueda está en el dónde, el cómo y el cuándo. Porque donde no está, no se puede encontrar. Jesús no está en el mundo de los muertos, porque ese mundo pertenece al hedonismo y al egoísmo. Es un mundo caduco y vacío e impera en él la muerte. Será imposible encontrar a Jesús ahí.

Jesús está Vivo. Su tumba ha quedado vacía y eso revela que ha Resucitado. Por lo tanto, hay que buscarlo entre los vivos y no entre los muertos. Y el mundo está lleno de muertos, porque los que aspiran a la vida no son de este mundo. La búsqueda de Jesús está en el amor, el Amor que Él nos dio y nos enseñó con sus Obras. Pues bien, es en esas obras donde hay que buscarlo. Y lo hacemos en la medida que las vivimos y practicamos en los hombres. Tal y como Él hizo.

Por lo tanto, el secreto está en pedir y buscar. Pedirle al Espíritu de Dios que nos enseñe el camino y que nos dé la sabiduría de saber encontrarlo. De saber percibirlo en los más necesitados, en los más pobres y marginados. Pedir al Espíritu que nos dé paciencia, sabiduría de saber buscar las respuestas ante tantas dificultades e inteligencia para despertar en ellos sed y hambre de encontrarte Señor.

Porque ese es nuestro problema. No sabemos como despertar motivación, sed trascendente y deseos de búsqueda de Ti. Tú que eres el verdadero Camino, Verdad y Vida. ¿Cómo despertar en ellos el dónde, el cómo y el cuando. Porque esa es la otra pata del trípode que reflexionamos hoy. Ahora es el momento de la búsqueda. No dejarlo para mañana, porque el mañana puede que no llegue. Ahora es ahora, ya. En este momento y sin perdida de tiempo.

La vida es corta, aunque pensemos lo contrario. Y, sin darnos cuenta, se acaba. Por lo tanto, el cuando es ahora. Danos, Señor, la luz de entenderlo y de ponernos en movimiento en tu presencia para, buscándote, encontrarte. Porque Tú lo has dicho: Quien busca encuentra-Mt 7, 8-.

domingo, 16 de abril de 2017

LA MUERTE HA SIDO PENETRADA Y VENCIDA

Es el día más grande de nuestra vida, porque en él celebramos la victoria de la Vida sobre la muerte. La muerte ha sido penetrada por la Cruz, pues en ella Jesús, Crucificado y muerto, ha Resucitado. Y eso significa que ha vencido a la muerte. Desde este momento nos ha sido revelado la Vida Eterna, porque resucitamos no para morir de nuevo, sino para vivir eternamente.

Sí, el hombre tiene un destino. No nos dejemos engañar por el mundo, que habla de viaje y no de destino. El destino del hombre es la Vida Eterna. Esa Vida con Mayúscula que nos viene a dar gratuitamente el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesús. Esta vida tiene sus días contados, porque su destino no es quedarse aquí. Sería el mayor peligro y la mayor debacle que le pudiera ocurrir al hombre. La misión del hombre es encontrar el único y verdadero camino que conduce a la Vida Eterna, y ese camino es precisamente Xto. Jesús, Camino, Verdad y Vida. Amén.

Pidamos esa Gracia en este gran día de Resurrección, para que también nosotros podamos reunirnos con el Señor el día de nuestra resurrección. Resurrección que nos la ha prometido el Señor si creemos en Él y si guardamos sus mandamientos. Vivamos en ese esfuerzo y en esa actitud de cada día, tratando de esforzarnos en vivir los Sacramentos, sobre todo y de manera especial los de la Penitencia y Eucaristía, con los que renovamos y lavamos nuestros cuerpos de las manchas del pecado.

El Señor ha Resucitado y eso nos llena e inunda de alegría y de esperanza. Porque también nosotros resucitaremos en Él. Con esa esperanza y con esa fe continuamos nuestro camino y cantamos llenos de gozo y de paz el salmo 117, alabando y glorificando al Señor. Amén.

sábado, 15 de abril de 2017

JUNTO A LA SOLEDAD DE MARÍA





Himno

La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía;
cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.

¡Oh cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.

Y, ¿cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
¿Y quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.

Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo;
porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.

¡Virgen de vírgenes santas!
Llore yo con ansias tantas
que el llanto dulce me sea;
porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.

Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio;
porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén;
porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma 
a su eterna gloria. Amén.

viernes, 14 de abril de 2017

TANTO Y HASTA

HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDA


Jesús lo da todo. Tanto nos amó y nos continúa amando que entrega su Vida. Y su Amor no tiene límites, pues nos ama hasta el extremo de darse sin condiciones e íntegramente. Jesús se da todo, se entrega, se parte y se reparte. No hay más que hacer. Todo está consumado, acaba diciendo clavado en la Cruz, porque se ha dado plenamente.

Y lo ha hecho, y lo hace cada día en cada Eucaristía cuando actualiza su Sacrificio por amor. Se nos entrega, se nos parte y reparte. No hay más que dar. Está dicho y hecho todo, lo máximo. Por eso también nos pide lo máximo de nosotros mismos. Nos pide nuestro entregarnos; nuestro partirnos y repartirnos. Darnos como Él se nos da a cada uno de nosotros.

No cabe duda que nos resulta dificilísimo. Es más, diría imposible por nosotros mismos, porque nuestra naturaleza humana está herida y sometida por el pecado. Pero, por su Amor y su Sacrificio por nosotros, ha logrado que la Misericordia del Padre nos salve y nos perdone. ¡No se puede dar más!

Por eso, Señor, conscientes, por tu Gracia, que nos salva por Amor, por un Amor incomprensible y que nosotros no podemos entender ni merecer, nos postramos a tus pies y te pedimos perdón por todos nuestros pecados, errores, fracasos, limitaciones, impotencias, necedades, soberbia, egoísmos, ignorancias, y rechazos. Esperamos expectantes y humildes que tu Amor nos perdone y nos salve, y a tus pies caemos postrados implorando tu Infinita Misericordia.

Arrepentidos, Señor, de tantos pecados de todo tipo, y tantas omisiones por perezas, comodidades, egoísmos y gandulerías, caemos rendidos ante Ti implorando y rogando nuestro inmerecido perdón. Gracias, Señor, que, entregándote por nosotros a una muerte de Cruz, has pagado nuestro inmerecido rescate y ganado para nosotros la Gloria Eterna. Danos la Gracia y la capacidad de no desaprovecharlo y permanecer en Ti. Amén.

jueves, 13 de abril de 2017

UN MANDAMIENTO CON EJEMPLO

Jesús nos ofrece hoy, no sólo el mandamiento, sino que nos da también ejemplo. Un ejemplo que lo lleva dando durante todo su paso por este mundo. Sus Palabras y Obras así lo atestiguan y dejan huella. Pero, hoy, llegada su hora, quiere dejarnos más claramente nuestra condición humilde de servicio por amor. Se inclina y se humilla para ponerse al servicio del hombre con esa expresión del lavatorio de los pies.

Lavatorio al que se opone en principio el impetuoso y pronto Pedro. Se niega a que Jesús, el Señor, se rebaje a esa acción. ¿Cómo puede ser eso, si me corresponde a mí, Señor, lavarte tus pies? Pero, la respuesta de Jesús es categórica: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo».  Es imprescindible dejarnos lavar por Jesús.

Y es imprescindible, porque no estamos limpios; es imprescindible, porque el hombre no sabe amar. El amor es un don de Dios y necesitamos dejarnos llevar por su Mano para aprender y poder amar. No tenemos capacidad para amar como ama y nos ama Dios. Nuestro amor es mundano, egoísta y busca recompensa y compensación. No es que no sepamos solo, sino que no podemos. Necesitamos la Gracia de Dios para amar hasta el punto de darnos y morir para bien de los demás.

Y eso, Señor, en el día del amor te imploramos que nos lo conceda. Danos, Señor, esa sabiduría, esa capacidad y fortaleza para amar. No un amor, como acostumbramos los hombres a vivir y dar, sino un amor de renuncia, desinteresado, gratuito y hasta el extremo. 

Sí, Señor, nos sabemos limitados, pobres y pequeños para poder amar así, pero también sabemos que si Tú nos lo has mandado a vivir es porque, contigo, podemos lograrlo. Y, como Tú mismo nos has dicho, insistimos y te rogamos hasta que la voz se nos apague, suplicándote que nos transforme nuestro débil, humano, endurecido y de piedra corazón, en un corazón suave, generoso, limpio, entregado, servicial y dispuesto a morir por el bien de los demás. Amén.

miércoles, 12 de abril de 2017

EXPERIMENTAMOS ABANDONO

También nosotros experimentamos abandono. Un abandono de nuestras propias fuerzas; un abandono que nos viene propiciado por nuestras propias debilidades; una abandono derivado de nuestras propias tentaciones. Y hay alguien que está al acecho para aprovechar ese decaimiento y alejarnos, debilitarnos y sumergirnos en esa voluptuosidad mundana que nos aguarda.

Porque cuando nuestras fuerzas se debilitan y la oscuridad nos embauca, todo se vuelve negro y nos abandonamos a la deriva que el mundo nos propone. Y en ese alejamiento perdemos nuestra perspectiva y nuestra dirección.Y el norte de nuestra vida se desdibuja y nuestro rumbo se desorienta y nos pierde.

Pidamos que eso no ocurra en nuestras vidas. Pidamos que siempre permanezcamos alumbrados por la Luz del Espíritu Santo, y que, inmersos en la comunidad, sepamos perseverar, ser pacientes y sostenernos en la presencia del Señor. Incluso en los momentos más confusos y de desasosiego.

Danos, Señor, la constancia, la valentía, la fortaleza y la sabiduría de saber ser fiel a tu Palabra. Danos las virtudes de la humildad, de la sencillez, de la paciencia y de interpretar los signos de nuestra vida y las circunstancias y lugares donde Tú, Señor, nos llamas. Danos la prudencia y la sensatez de tener nuestro corazón atento y en expectante escucha a tu Palabra, para saber en todo momento qué hacer y por dónde ir.

En estos momentos próximos a celebrar tu Pasión, Señor, danos la luz y la sabiduría de, conociéndola, saber interpretarla y, sobre todo, vivirla, para que seamos luz, testimonio y vivencia de buenos frutos y de tu amor. Amén.

martes, 11 de abril de 2017

PECADO: DESPRECIO DE DIOS

Alejarse equivale a distanciarse y a marginar a otro. En eso consiste el pecado a Dios. Un pecado que no se podrá perdonar si tú no tratas de acercarte y recibir el perdón. Eres libres, y en la medida que no sepas ejercitar tu libertad, te esclavizas. Porque la libertad cobra su verdadero valor en la medida que se acerca y vive en Dios. De Él la hemos recibido, y a Él volveremos. Por lo tanto, lejos de Él volveremos a la esclavitud del pecado.

Porque es, precisamente el pecado, el que nos ha alejado de Dios, y el que también nos mantiene lejos de Dios, y nos pierde para siempre. Por lo tanto, este Martes Santo es un momento propicio para acercarnos al Señor y ponernos en sus Manos. 

Danos, Señor, la capacidad y fortaleza de abrazar la Cruz, y, agarrados a ella, postrarnos a tus pies con firmeza y fidelidad, empapados de tu Gracia y alimentados por la fe que tu amor nos da. Perdona todas nuestras debilidades y todos los desprecios egoístas alimentados por nuestra naturaleza humana herida y tocada a muerte por el pecado. Sácanos de nuestra esclavitud y devuélvenos nuestra libertad sometida y encadenada por nuestros errores, fallos y egoísmos. E infúndenos la esperanza de esperar y confiar en Ti.

Hoy, Señor, Martes Santo, queremos esperar y aguardar. No queremos marcharnos de tu lado. Queremos, junto con tu Madre, permanecer al pie de la Cruz, y permanecer en silencio, callado, sin decir palabras, postrados, humildes y confiados en tu Perdón y Misericordia, y dispuestos a servirte dándonos en caridad a todos aquellos que necesitan nuestro amor.  

¡Señor!, somos muchos los que te rechazamos sin querer. Nos rendimos a nuestros egoísmos y pasiones. Danos la fortaleza y la sabiduría de superarlos y someterlos, para liberados poder servirte y hacer tu Voluntad, crucificados como Tú, Señor.

lunes, 10 de abril de 2017

NOSOTROS SABEMOS MÁS

Nuestra Pascua no es como la de Marta, María o Lázaro. Ni tampoco como la de los discípulos, ni, mucho menos como la de Judas. Nosotros gozamos de mucha más ventaja, y, lógicamente, se nos pedirá mucha más responsabilidad y cuenta. Es de sentido común, porque, ellos, no sabían lo que iba a suceder y mucho más difícil creer. Sin embargo, muchos estuvieron al lado del Señor, incluso en los momentos de mayor dificultad.

¿Y nosotros? ¿Qué hacemos? Porque nosotros sabemos el desenlace final. Sabemos de la Resurrección del Señor y del testimonio de todos los que le vieron después de la Pascua. Y de nuestra Madre la Iglesia que nos lo ha transmitido hasta nuestros días, y continúa haciéndolo por su Palabra y el testimonio de tantos santos que le han seguido y nos han dejado su testimonio.

Vivamos esta Pasión y muerte del Señor con esperanza y fe, confiados en su Palabra y abierto a la acción del Espíritu Santo, que nos acompaña y nos alienta a continuar el camino del Señor. A vivir con intensidad y con fe nuestra propia pascua, con nuestras dificultades, fracasos, incomprensiones y pecados, pero siempre esperanzados en que con el Señor resucitaremos para la vida gozosa y eterna junto al Padre. Amén.

domingo, 9 de abril de 2017

UNA ACOGIDA TRIUNFAL, PERO HUMILDE

Jesús no se deja embaucar ni seducir por la algarabía y los clamores triunfales. Le vitorean y aclaman y le proclaman el enviado en nombre del Señor, pero Jesús no se pronuncia ni se vanagloria. Se presenta sumido en la humildad y dispuesto a proclamar el Evangelio para el que su Padre le ha enviado.. Sabe las dificultades que le esperan y el rechazo de los hombres, que piensan en otro mesías tal y como ellos se lo imaginan.

Y yo, Señor. ¿qué Mesías tengo en mi cabeza? Y yo, Señor, ¿qué Mesías quiero imaginarme? Y yo, Señor, ¿qué Mesías espero y deseo? Posiblemente, de estar ahí, quizás, te hubiese rechazado, y quiero agradecerte, Señor, que eso no ha ocurrido, porque estoy aquí. Gracias por conocerte en este momento de la vida, mi vida, y creer en Ti. Gracias, Señor, por la fe y la esperanza.

Porque muchos amigos, familiares y conocidos no creen, Señor. Porque sabiendo y recibiendo lo mismo que he conocido y recibido yo, no creen. Te han rechazado y condenado. Y eso, perplejo y asombrado, lo experimento y lo valoro. Porque siendo peor que ellos, me has dado la fe de creer en Ti, y de acercarme a Ti. Y de experimentar mis debilidades, mis fracasos, mis errores y pecados. Y quiero, a pesar de mis caídas seguirte y estar siempre en tu presencia y contigo.

Yo no quiero imaginarme un Mesías, sino aceptar al Mesías que Tú me descubres y me presentas. Yo no quiero plantearte preguntas y exigencias, sino obedecerte y seguirte, tal y como Tú me indicas y me señalas. Porque Tú eres un Mesías bueno, justo y en verdad, y tu Palabra es Palabra de Vida Eterna. Y vienes enviado por tu Padre para salvarnos del pecado y la esclavitud.

Por eso, Señor, hoy, domingo de Ramos, esperanzado en lo que se avecina y en tu Resurrección pasada la Pascua de tu Pasión, quiero darte gracias y abrir mi corazón a tu Palabra. Amén.

sábado, 8 de abril de 2017

HAN DECIDIDO MATARLE


Me pregunto, ¿qué he decidido yo? Porque también yo tengo mi responsabilidad y tomo parte en esa decisión. Porque, quizás, dentro de mí también pulula esa misma respuesta, "matarle". Porque se me ha dado esa oportunidad, elegir estar con Él o rechazarle. Y eso equivale a condenarlo y matarle dentro de mi corazón. 

No hay ninguna diferencia con la condena que le dieron aquellos judíos contemporáneos y la que puedo decidir yo ahora, en este instante  y en estos momentos de mi vida. Porque te condeno, Señor, y te mato cada vez que te ignoro en el hermano que tengo a mi lado y sufre y padece; porque te condeno a muerte cada vez que desoigo tu Palabra y atiendo la del mundo que me rodea; porque te mato cuando me instalo en mis apegos, apetencias y hábitos cómodos y de bienestar; porque elijo tu condena y muerte cuando desoigo tu Voluntad y dirijo mi vida según la mía, instalado en mis pecados y rechazando la acción del Espíritu Santo.

Y, hoy, consciente de mis debilidades y pecados, quiero pedirte, Señor, que me des la capacidad de ver tu Camino y escuchar tu Palabra, comprenderla y vivirla. Vivirla en tu Gracia y dirigido por el Espíritu Santo, que me auxilia y asiste en el verdadero camino de salvación según tu Voluntad.

Quiero pedirte, Señor, luz y sabiduría para saber caminar por este mundo, difícil y lleno de peligros y tentaciones. Y, en esta hora que me ha tocado vivir, caminar en tu Palabra y Voluntad, y, fortalecido en ellas, vivirlas intensamente. Pero, también, te pido perdón por todos mis errores, caídas, debilidades, fallos y pecados. Por mis miedos, mis apegos y comodidades. Por mis impaciencias y mis inclinaciones a no comprometerme y despreocuparme para vivir cómodamente, pensando sólo en mí.

Sé, Señor, lo mísero que soy, y te pido levantes a este humilde y pobre pecador que, sin Ti, Señor, se experimenta perdido y muerto. Amén.

viernes, 7 de abril de 2017

VALE LA PENA COMPLICARSE POR AMOR


HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS


Seguir a Jesús no nos supone que las cosas se nos arreglen. Al contrario se no complica. En el Evangelio de hoy vemos como, Jesús, se siente amenazado y por mucho que trata de convencerles presentando todas sus obras, no le hacen caso. Están ciegos y llenos de oscuridad de ambición, de soberbia,  de pecados que no quieren lavar.

Amar no supone camino llano. El amor complica la vida. Es lo que ocurre en el matrimonio y en el enamoramiento. Cuando amas sabes que la vida se te puede complicar, pero lo aceptas de muy buena ganas, porque tu amor está dispuesto a afrontarlo y superarlo. El amor lo puede todo, y, en Jesús, hasta con la muerte. Amamos a Jesús, no porque las cosas se nos vayan a solucionar, lo mismo que ocurre con nuestro matrimonio, sino porque con el amor de Jesús nos va a ir mejor, ¡¡mucho mejor!! que con todo lo que nos puede ofrecer este mundo: éxito, dinero, fama, privilegios, poder pasión, placeres...etc.




Seguir a Jesús es la mejor opción que podamos descubrir, porque detrás de todo lo demás no hay sino vacío, sin sentido, envidias, luchas, enfrentamientos y caducidad que termina con la muerte. Y, de eso no hace falta hablar mucho, porque todos lo sabemos, pero igual nos sucede como aquellos judíos, que estamos obcecados, ciegos y rodeados de tanta oscuridad que nos vemos ni por donde vamos.

Pidamos luz, mucha luz, para encontrar el verdadero sentido del amor. Porque, ocurre, que nos empeñamos en amar de forma egoísta, placentera, mirándonos el ombligo y eso termina por destruirnos y destruir todo lo que nos rodea. 

Pongamos toda nuestra confianza en las Manos del Señor y, viendo todas sus obras buenas dejémonos conducir por su Palabra y la acción del Espíritu Santo. Amén.

jueves, 6 de abril de 2017

VIVIR EN TU PALABRA, SEÑOR, PARA VIVIR ETERNAMENTE

Es la cuestión más importante de nuestra vida, y pasa delante de nosotros indiferente. Corremos al médico, nos preocupamos en caminar, hacer ejercicio y cuidarnos. Pero, ¿qué cuidamos? ¿Un cuerpo corrupto y que se pudrirá con la muerte? Porque la forma en la que lo cuidamos no garantiza nada, sino la muerte. Sabemos que envejecemos y a esperar el último día.

¿Es qué no hay más? ¿No hay ninguna otra esperanza? Pues, Jesús habla muy claro: «En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás». Aquí tienes la solución, porque no hay otra propuesta de este calibre, y lo que hay que cuidar. Ahora, lo que falta es que te lo creas. Para ello, al menos, tienes que enterarte, conocerlos y saber quien y qué dice el Padre y a quien envía, al Hijo. Ambos son fundamentales en tu vida. ¡Claro!, si quieres vivir eternamente.

Todo lo que gastes en correr, en hacer ejercicios físicos, en dietas y toda la vida buena que quieras llevar, sin dejar de ser bueno, no sirve sino para, quizás, en el mejor de los casos, alargar unos años tu vida, pero nada más. La vida eterna y en plenitud de gozo y alegría está en el Señor. Él te la ofrece, y sólo te pide que creas en su Palabra. Y no es nada difícil si te lo pones por obra, porque vas descubriendo que todo lo que te dice está escrito dentro de tu corazón y tú lo deseas.

Sin embargo, ocurre que no es fácil hacerlo. Cuesta, porque nuestra naturaleza está tocada y muy herida. Diría, gravemente herida, pero en Él y con la Gracia del Espíritu Santo, enviado para auxiliarnos, podemos salir victorioso. Pero, para ello, necesitamos perseverar en su Palabra. Y eso es lo que, humildemente, hoy, Señor, te queremos pedir. 

Te suplicamos que nos des la fuerza de tu Espíritu para que no desistamos en seguirte y permanecer fieles a tu Palabra. Porque en Ella encontraremos la Luz y la Sabiduría para guiarnos y caminar hacia Ti por caminos de Verdad, de Paz y de Justicia. Amén.

miércoles, 5 de abril de 2017

PERSEVERAR EN LA PALABRA

Es un peligro y un grave error creernos mejores que otros. Y es un peligro porque, aunque no queramos pensar así ni creernos nada, se nos cuela ese virus que nos tienta y nos hace pensar en eso. Porque los malos pensamientos no podemos evitarlo. Vendrán, y nuestra defensa será dejarlo salir de la misma manera que entran, pero sin utilizarlo, ni hacer acopio de aprovecharnos y satisfacernos en ellos. En el Espíritu Santo tendremos un aliado fuerte para vencerlos y alejarlos.

No somos hijos de Dios porque hayamos nacido dentro de la Iglesia y estemos bautizados. Ni recibiremos la promesa de salvación por lo mismo, sino por la fe. En la medida que creamos en el Señor seremos merecedores, entre comillas, de recibir la salvación. Y digo "entre comillas" porque todo es Gracia de Dios, pues de Él los hemos recibidos.

Sin la fe en Jesús, el Señor, no es posible que nadie alcance la promesa de Abrahán. Por lo tanto, no se trata de ser judíos, discípulo, griego, esclavo o libre. Se trata de ser creyente y creer en la Palabra de Dios que nos trae Jesús. Todos estamos hermanados en el Bautismo.

Pidamos al Espíritu Santo que nos libere de ese orgullo espiritual y que nos llene de humildad. Sólo la Gracia de Dios nos hace hijos suyos y herederos, en y por Cristo Jesús, de su Gloria -Rm 8, 14-17-. Por tanto, esforcémonos en perseverar confiados en la Palabra del Señor y seguir sus mandatos, cual es el de amar. Amar como Él nos ama y nos enseña.

Pidamos paciencia, fortaleza, sabiduría y paz. En este día que empieza venimos todos a pedirte, Señor, paz, sabiduría y fortaleza. Queremos iniciar este día junto a Ti y recorrerlo confiando en Ti y perseverando en tu Palabra. Amén.