ÚLTIMAS REFLEXIONES

UN RINCÓN PARA ORAR

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UN ROSARIO CADA VIERNES

Cada viernes, hora peninsular 09:00, en Canarias a las 08:00, y en cualquier otra parte del mundo la que mejor puedan elegir, nos unimos en el rezo del Rosario (VER AQUÍ) por la unidad de todos los creyentes, por la familia natural, hombre - mujer, por la vida y por la libertad de educación de los hijos.

Desde tu casa, online, desde tu trabajo, desde tu hospital y enfermedad, desde myfeeling, desde todas los colectivos y asociaciones, desde donde quieras que estés, tú también puedes unirte en este clamor al Padre, unidos a María Santisíma, para que el Espíritu Santo nos dé la capacidad y la luz de salvaguardar la vida y los valores morales y naturales que la dignidad de las personas hemos recibido de nuestro Padre Dios.

También estamos rezando un rosario cada día que hacemos normalmente en las primeras horas de la mañana aunque a veces, por premuras de tiempo, lo hacemos en otras horas del día. En el icono de la Virgen, debajo del rosario de todos los viernes, puedes encontrar el rosario correspondiente a cada día.

sábado, 31 de marzo de 2018

UNIDOS EN ORACIÓN JUNTO A LA CRUZ


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Soportamos estos momentos de tribulación, de confusión, de desánimo, pero cargados y llenos de esperanza. Creemos en su Palabra y esperamos el triunfo de la Vida sobre la muerte. En esta actitud de unidad y esperanza perseveramos a través de la oración.

viernes, 30 de marzo de 2018

H I M N O

Resultado de imagen de Vísperas, viernes santo de la segunda semana


¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor y en fruto.
¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza!

Cantemos la nobleza de esta guerra,
el triunfo de la sangre y del madero;
y un Redentor, que en trance de Cordero,
sacrificado en cruz, salvó la tierra.

Dolido mi Señor por el fracaso
 
de Adán, que mordió muerte en la manzana,
otro árbol señaló, de flor humana,
que reparase el daño paso a paso.

Y así dijo el Señor: "¡Vuelva la Vida,
y que el Amor redima la condena!"
La gracia está en el fondo de la pena,
y la salud naciendo de la herida.

¡Oh plenitud del tiempo consumado!
Del seno de Dios Padre en que vivía,
ved la Palabra entrando por María
en el misterio mismo del pecado.

¿Quién vio en más estrechez gloria más plena,
y a Dios como el menor de los humanos?
Llorando en el pesebre, pies y manos
le faja una doncella nazarena.

En plenitud de vida y de sendero,
dio el paso hacia la muerte porque él quiso.
Mirad de par en par el paraíso
abierto por la fuerza de un Cordero.

Vinagre y sed la boca, apenas gime;
y, al golpe de los clavos y la lanza,
un mar de sangre fluye, inunda, avanza
por tierra, mar y cielo, y los redime.

Ablándate, madero, tronco abrupto
de duro corazón y fibra inerte;
doblégate a este peso y esta muerte
que cuelga de tus ramas como un fruto.

Tú, solo entre los árboles, crecido
para tender a Cristo en tu regazo;
tú, el arca que nos salva; tú, el abrazo
de Dios con los verdugos del Ungido.

Al Dios de los designios de la historia,
que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza;
al que en la cruz devuelve la esperanza
de toda salvación, honor y gloria. Amén.

Vísperas -Viernes Santo, solemnidad 

jueves, 29 de marzo de 2018

NO SÓLO NOS LO HA DICHO CON PALABRAS, SINO TAMBIÉN CON HECHOS

Resultado de imagen de Jn 13, 1-15
El lavatorio de los pies es una lección práctica ejemplar y muy clara. Si quiere seguir a Jesús y amar como Él nos ama, ahí tienes el método o el secreto, por decirlo de alguna manera. No hay otro camino; sobran las palabras; manda el corazón y la acción que ordena el corazón. El amor se concreta en el cumplimiento de la palabra. Y la Palabra exige abajarse, empequeñecerse y servir al más pobre y humilde.

El diálogo de Pedro con Jesús lo descubre todo: "sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a sacárselos con la toalla con que estaba ceñido. Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?» Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde.» Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo.» Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza.»"

¿Te recuerda a alguien? Quizás muchos de nosotros nos hemos encontrado y, posiblemente estemos todavía, en esa actitud. ¿Tú, Señor, lavarme los pies a mí? Y lo estamos porque todavía no hemos entendido bien lo que nos dice y nos transmite el Señor. Estamos en camino y, quizás, no hemos llegado a ese punto de entregarnos al servicio integro por amor. Pero, no por eso debemos desesperar. Por su Gracia estamos todavía vivos y en camino. 

Tratemos pues de pedírselo y de abrirnos a su Gracia para, recibiéndola, seamos capaces de abajarnos y de servir a los más humildes y pobres. Esa es la forma en la que Jesús nos ama y, por lo tanto, nos perdona. Dejémonos amar por el Señor y pidámosle que nos dé la fuerza, la sabiduría y, sobre todo la humildad de hacernos pequeños y, llenos de humildad, transformar nuestro corazón de piedra y soberbio en un corazón de carne, humilde y manos como el Señor. Amén.

miércoles, 28 de marzo de 2018

DESEAR SÓLO LO NECESARIO

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Esta mañana, quizás sea una casualidad, todavía no había mirado el Evangelio del día, observé como algunas personas se amontonaban en la ventanilla de un vendedor de loterías y boletos de la once. Y mientras caminaba pensaba como la gente persigue el dinero poniendo en él la felicidad. De alguna manera el ser humano busca la felicidad, pero el gran error, y no aprende, es que lo busca en el dinero, porque da poder y consigue muchas cosas.

Y es verdad. El dinero da poder y consigue muchas cosas, pero, ¿qué cosas? Bienes, comodidades, salud,  placeres, joyas,  coches, objetos y cosas que te dan felicidad. Pero, ¿qué clase de felicidad? Una felicidad efímera, caduca. Una felicidad efímera no es verdadera felicidad, porque todo lo que termina al final no vale de mucho. Por lo tanto, las cosas que buscas en este mundo no dan la felicidad y el dinero no puede sino dar cosas de este mundo.

Por eso, apoyar nuestra vida en el dinero no es buena idea. Sabemos que es necesario, pero para eso, para las cosas necesarias que necesitamos para vivir de forma digna y humana. Pero, a partir de ahí empieza a ser peligroso, porque nos divide, nos diferencia y nos separa. Tratemos de poner al dinero y a la ambición en su lugar y no dejarnos tentar por algo que sabemos que detrás no hay sino vaciedad y muerte.

Porque, el dinero no nos libra de la muerte. Puede, quizás, en el mejor de los casos alargarla algo, pero nada más. Todo se queda ahí. Y nosotros, el ser humano está llamado a la vida. Para el cristiano no existe la muerte, sino la vida. Una vida que, tras pasar su periodo de prueba por este mundo, continúa en el otro, al que estamos llamados. Porque esa es la buena Noticia, la que nos reveló Jesús.

Vivamos esa esperanza en esta Semana Santa, que termina con la Victoria de la Vida sobre la muerte, la Resurrección de nuestro Señor Jesús. Vivamos y pidamos que nuestra fe sea cada día más madura, más coherente y más confiada en la esperanza de alcanzar esa felicidad que todos buscamos. Amén.

martes, 27 de marzo de 2018

EL CONSUELO Y LA ESPERANZA DE SU REGRESO

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Podemos hacernos muchas preguntas y tratar de darnos respuestas, pero, detrás de todas las preguntas que nos hagamos, ¿dónde buscamos las respuestas? Porque, por nuestra condición humana tendemos irnos al mundo y en él buscar nuestros interrogantes. Un mundo donde esperamos ser feliz, pero, ¿y qué más? Porque, también queremos ser eternos. Una felicidad temporal no nos satisface plenamente.

La experiencia nos descubre que el mundo no es la solución. Es caduco e imperfecto. Está lleno de mentiras y espejismos. Todo está apoyado en el querer más y en la ambición. Eso genera envidia, odio, venganza, rencor, violencia, injusticias y muertes. Y no es que lo supongamos, sino que es lo que vemos. Ante esta realidad las Palabras de Jesús llenan de esperanza y de luz nuestras vidas: 

«Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en Él. Si Dios ha sido glorificado en Él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto. Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis, y, lo mismo que les dije a los judíos, que adonde yo voy, vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros». Simón Pedro le dice: «Señor, ¿a dónde vas?». Jesús le respondió: «Adonde yo voy no puedes seguirme ahora; me seguirás más tarde»

Podremos seguirle más tarde, como dice a Pedro. Esa sí es la respuesta que buscamos, y está en el mundo, pero en un mundo donde la presencia del Señor vive en nuestros corazones. Porque, ese es camino que tenemos que recorrer, un camino de justicia, de paz y de amor entre los hombres, para construir hasta esa segunda venida del Señor un mundo mejor tal y como Él nos pide.

Por lo tanto, pidamos esa Gracia al Señor y que esa llama de esperanza, en el regreso de su segunda venida, sea la luz que ilumine nuestras vidas y nos llene de esperanza el camino que tenemos que recorrer. Con, en y por Él todo será más ligero y llevadero, porque Él alivia nuestra carga. Amén.

lunes, 26 de marzo de 2018

DÍAS DE RIESGO Y AMENAZA

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No sólo es Jesús el amenazado, sino también todo aquel que se relaciona con Él y cree en Él. Lázaro, su buen amigo, es un signo de su obra y mucha gente acude asombrada a verlo en su casa de Betania. Lázaro representaba ahora un acontecimiento extraordinario del poder de Jesús, le había resucitado. Por lo tanto, los sumos sacerdotes decidieron también darle muerte a Lázaro, pues por él muchos judíos se les iban y creían en Jesús.

Esta era la situación, y continúa siendo, con diferentes matices  y gravedad, hoy la misma. Mientras en unos lugares se persigue a muerte a los cristianos, en otros se les hace una guerra fría tratando de marginarlo y de excluirlos de la vida pública expulsándolos de las escuelas y centros de enseñanzas e ignorando sus propuestas de igualdad entre todos los hombres y defensa de la vida. Poco a poco se les va arrinconando y destruyendo el valor fundamental de la familia, erigiéndose el hombre como director del mundo en que vive.

La lucha consiste en darle la espalda a Dios, porque igual piensan que matándoles no les da resultado. Al calor de la corriente del mundo que propone el individualismo, el poder, la riqueza, el hedonismo, el materialismo y la satisfacción de las pasiones, el demonio hace de las suyas y amenaza peligrosamente el anuncio de la buena Noticia de salvación. Es lo que se refleja también en el Evangelio de hoy lunes. Se murmura sobre una libra de perfume de nardo puro, muy caro, que María, la hermana de Lázaro ungió en los pies de Jesús y los secó con sus cabellos.

Judas, quien lo iba a entregar, opinaba que ese dinero era mejor entregárselo a los pobres. Hoy, también son otros los que opinan sobre las cosas que se hacen en las parroquias. Siempre todo tiene un punto de crítica, pero lo importante es la buena intención del corazón. Porque, el error siempre está ahí, pero la buena intención del corazón es la que realmente manda y califica el acto. Jesús lo describe muy bien: «Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis».

Tú, Señor, eres lo importante, y lo primero que hay que buscar. Porque, estando contigo nuestros corazones se llenaran de buenas intenciones y de actitudes de amor. Eso te pedimos, Señor, que permanezcamos siempre en tu presencia y en íntima relación contigo para no perdernos ni desviarnos por las sendas del pecado. Amén.

domingo, 25 de marzo de 2018

SEÑOR, MUÉVEME A SER MISERICORDIOSO Y COMPASIVO

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Tu fama lleva a los que te han conocido a descubrirte como Misericordioso y Compasivo. A lo largo de tu camino de anuncio del Evangelio, Tú, Señor, has sido Misericordioso y Compasivo. Y así, tus momentos finales en la Cruz fueron todo compasión y misericordia para todos aquellos que te insultaron, te maltrataron y hasta te rechazaron. Incluso, para todos aquellos que te dejaron solo.

También nosotros te hemos dejado solo. Y eso, de alguna manera es abandonarte y rechazarte. Si no delante de los hombres, sí a escondidas, escabulliéndonos y pasando indiferente ante el drama de tu Pasión y Muerte. No podemos vivir esos momentos de tu Pasión, sin experimentar que hoy y en estos momentos sigue sucediendo lo mismo. Porque, sí, Señor, seguimos crucificándote cada día con nuestra mediocridad, con nuestro poco compromiso y con nuestros pecados.

Tratemos de vivir estos momentos de Pasión como una continuidad de nuestra propia vida, porque, a cada instante cargamos con nuestra cruz. Y lo hacemos cuando topamos con aquella persona que nos cuesta mucho aceptar y superar; porque, avanzamos con nuestra cruz cuando nos enfrentamos a nuestras responsabilidades de cada día; porque, sostenemos nuestra cruz cuando somos pacientes y confiados ante las insuperables dificultades que la vida nos presenta.

Todo se hace cruz en muchos momentos de nuestra vida: la convivencia, las ideas, el compartir, el aceptarnos tal y como somos y, en cada paso que damos, el amor nos exige cruz y fortaleza. Tú, Señor, nos lo demuestra cada instante del recorrido de tu Pasión, y así queremos vivirlo y escenificarlo nosotros. Eso te pedimos, que sepamos sacar las lecciones de amor, de ternura, de constancia, de perseverancia y, sobre todo de fe, que Tú nos has dado en tu Pasión, para, injertados en Ti, Señor, alcanzar ese día glorioso de la Resurrección para Gloria Tuya y salvación nuestra. Amén.

sábado, 24 de marzo de 2018

ABIERTOS A TU GRACIA, SEÑOR

Resultado de imagen de Jn 11,45-56
El proceso de la fe es un camino que nunca termina mientras peregrinamos en este mundo. Siempre debe estar en marcha y creciendo, porque de pararse se muere. La fe es fe cuando está activa y crece, porque siempre está presenta la llama de la duda. El camino está lleno de trampas, de seducciones y tentaciones, y, quizás, una de las trampas mayores es pensar que con un ratito de plegarias, que en muchos casos nos salen de forma preceptiva, rutinaria y hasta medias forzadas, nos creemos santos y mejores que otros.

Todo se reduce a considerar que hemos cumplido y transformamos nuestra fe en un rosario de normas y cumplimientos. Y nada más lejos de la realidad, porque el Mensaje que nos trae el Señor no es una doctrina, ni unas leyes, ni unos mandatos. Es simplemente una buena Noticia, que nos da la Vida Eterna. Es algo que el hombre ya de por sí busca y por lo que lucha en su vida. Vivir en plenitud eternamente.

Por otro lado, hablamos, leemos o reflexiónamos tanto que no tenemos tiempo para escuchar. Sin darnos cuenta, empezando por este que escribe, convertimos nuestra fe en una tarea y en una serie de prácticas y trabajos que, terminados, hasta nos olvidamos de lo que somos y a donde vamos. El mundo tiene poder y nos desvía con facilidad.  Y, menos aún, le dejamos hablar. Todo lo hacemos nosotros y pedimos nosotros. ¿Es qué no nos hemos dado cuenta que no sabemos pedir?  Nuestras oraciones son monólogos, individuales y personales. Cada cuál pide según sus intereses, y apenas nos importa quienes están a nuestro lado.

¿Cómo puedo mirar a Dios si no me importas tú? ¿Acaso pienso  y creo que Dios me quiere y me pide que actúe así? ¿Para qué, entonces nos mandó amarnos? ¿Significa eso  algo importante para mí? Estar y orar con el Señor es algo muy serio. Lo más serio de nuestra vida y debe de ser ese el centro de ella. Mi relación con Jesús debe ser y coger toda mi vida. Él debe ser la referencia, el motor y la llama que enciende mi corazón y quema toda mi vida de verdadero y auténtico amor.

Pero, al mismo tiempo, debe ser la brújula que lo orienta y lo dirige. Y eso exige mucho tiempo en comunión con Él. Mucho tiempo de silencio y de escucha. Danos, Señor, ese tiempo importante, necesario y suficiente para, entregado a tu contemplación y adoración, saber escucharte, entenderte y llevar a cabo lo que quieres decirme y que haga. Amén.

viernes, 23 de marzo de 2018

TODO SE HABÍA ENTENDIDO BIEN

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HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS.


Las Escrituras nos dejan todo claro. Aquellos judíos entendieron muy bien a Jesús y por eso, por falta de fe, le querían apedrear. Entendieron que Jesús les anunciaba que Él y el Padre eran uno, y que sus Obras eran las que el Padre le había enviado a hacer. Llegaron a decirle que no le apedreaban por sus Obras, sino por una blasfemia: «Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme?». Le respondieron los judíos: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios».

Podemos afirmar que Jesús reveló lo que realmente quería revelar. Él era el Mesías, el enviado, el Hijo de Dios hecho Hombre para salvar a los hombres del pecado. Y esto fue lo que se entendió. Así que todo fue realmente como tenía que ser. Pero, el hombre, a pesar de entender bien el anuncio de esta buena Noticia, no la aceptó y rechazó la identidad divina de Dios.

Nosotros, Señor, queremos aceptarla. Y queremos aceptarla con todas las consecuencias para llegar a Ti de forma plena e íntrega. No sé como pedírtelo, Señor, si suplicándote que transformes mi corazón, o pidiéndote fortaleza y voluntad para ponerlo yo a tus pies. De cualquier forma, Señor, yo sé que sólo Tú eres quien me puedes cambiar y eso es lo que te pido.

Porque, cada vez que lo intento experimento que soy más débil y más frágil ante tu misterio y tu poder, Señor. Y me siento muy pobre, incapaz de dar nada, porque para dar hay que tener. Tener un corazón grande, generoso y lleno de amor como el Tuyo, que, ante los demás, sea capaz de darse, de servir y de amar como Tú los amas. Y me veo muy lejos de todo eso. Sé, Señor, y ya es algo, que sin Ti nada soy ni nada puedo. 

Dame, Señor, la Luz de tu Amor y de tu Poder para revertirlo en los hermanos, y si así no es, porque Tú lo consideras de otra forma, permítame permanecer siempre a tu lado aguardando y viviendo tu Palabra. Transforma mi corazón egoísta en un corazón orante y generoso. Amén.

jueves, 22 de marzo de 2018

QUIERO GUARDAR TU PALABRA, SEÑOR

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No hay otra Palabra sino la tuya, Señor, que dé confianza y Vida Eterna. ¿A dónde podré acudir, si no es a Ti, Señor del Cielo y la Tierra? Nadie tiene poder sobre la muerte, y Tú, Señor, has resucitado después de ser crucificado en la Cruz. ¿Cómo puedo ser tan incrédulo y no creer en tu Palabra? ¿Acaso necesito más pruebas de amor? Y si las pruebas me lo dejan claro, ¿dónde está mi fe y mi confianza? ¿No es necesario que me fíe de tu Palabra, Señor, y deposite en Ti mi confianza?

¿Dónde voy a poner mi fe? ¿En el mundo? Sabemos lo que es el mundo y como paga sus favores, y sabemos, también, que detrás de él no hay nada bueno. Todo se vuelve vacío y hueco, y huele a perdición. Porque el mundo es caduco y de muerte. Está sometido al tiempo y al espacio y todo en él tiene sus días contados. Tú, en cambio, Señor, tienes Palabra de Vida Eterna, porque existe desde el principio de los tiempos y tu Palabra salva y es Eterna.

Por lo tanto, nada de lo de aquí abajo me convence, Señor. Sé que soy de carne y bastante frágil y débil, y las seducciones del mundo me tienta y me atraen. Pero, también sé que Tú, Señor, has venido para salvarme y, tomando mi misma naturaleza humana, te has despojado de tu condición divina, para pasar por un hombre como yo, menos en el pecado. Y así sufrir y padecer por mis pecados y los de todos los hombres, para, con tu Pasión y Muerte, salvarnos en la Resurrección.

Esa es mi esperanza y mi fe. Creo en Ti, Señor, y en tus Manos me abandono. No quiero oír más disparate ni rechazos ni argumentos de los que, creyéndose inteligentes, son pobres hombres. Aspiran a la muerte y al sufrimiento eterno, pues, tan solo cuando descubran lo que han perdido, quedaran eternamente sufrientes y amargados.

También te pido por ellos, Señor, pues nuestro corazón injertado en el Tuyo no puede sino desear amar y el bien para todos los hombres. Darles la capacidad de ver y de ser humildes. Amén.

miércoles, 21 de marzo de 2018

LIBRE PARA AMAR

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Para amar necesitamos ser libres, porque el amor implica renuncias y sacrificios y eso sólo se puede hacer desde la libertad. Porque, quien no es libre no puede optar a la renuncia o a la privación. Está sometido y esclavizado y dirigido por sus propias pasiones. Y no se trata de herencias ni de descendencias, se trata de fe.

Porque, muchos se creen mejores y distinguidos por cuestión de descendencia. Pertenecer a la dinastía de los descendietes de Abraham les hace sentirse con derechos y privilegios, y ya libres. Craso error la de todos aquellos que confunden la herencia de la Promesa con la consanguinidad. Nada que ver una cosa con la otra. Los herederos de la Promesa son los que acogen y dejan fecundar la fe en sus corazones. Es decir, los herederos son los que creen en Jesús.

Y eso te pedimos. Somos insistentes siguiendo tus consejos, Señor, y te pedimos que aumentes y afirmes nuestra fe. Creemos y queremos seguir tu Palabra y guiarnos por tu Camino, Verdad y Vida. No queremos plantearnos ningún problema ni duda, ni siquiera razonarla, porque nos sabemos débiles y frágiles. Nos sabemos tentados para confundirnos y no queremos exponernos a eso. Ya hemos razonado bastante y nada hay que pueda darnos esperanza como tu Palabra y tu Misericordia, Señor.

Tú eres el Señor, y ahora, próximos esos días en los que tu Cruz va a marcar el sentido de la vida, queremos estar junto a Ti y pasar contigo estos días importantes de tu Pascua y de tu Pasión y Muerte. Porque, esperamos la Resurrección. El triunfo de la Vida sobre la muerte. Ese es el fundamento de nuestra vida y el verdadero signo que nos abre los ojos y responde a todas las dudas que surgen en nuestra vida.

 No queremos plantearnos nada, Señor. Sólo queremos obedecerte y dejarnos guiar por Ti, porque sólo Tú tienes Palabra de Vida Eterna. Abiertos a tu Gracia en Ti confiamos, Señor. Amén.

martes, 20 de marzo de 2018

TÚ, SEÑOR, ERES NUESTRA ÚNICA OPCIÓN

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La esperanza del mundo es caduca. El pecado lo mata todo y todo se pierde en torno a él. Sin embargo, los que creemos en Jesús tenemos la esperanza de la vida, porque, Él, crucificado, nos ha redimido con su Vida y ha pagado el rescate al Padre por cada uno de nosotros. El signo de la Cruz es la prueba del Amor del Padre y la Resurrección del Hijo, la salvación de todos los hombres.

Por eso, Señor, volvemos siempre a presentar la misma oración. No hay otra, sino la perseverante súplica para que aumentes nuestra fe. Necesitamos estar presente y mirar hacia la Cruz con esperanza, porque en ella encontramos nuestra salvación. Todo cobra sentido y esperanza desde la cruz, de esa cruz de cada día que duerme, se levanta y camina con cada uno de nosotros cada día. Esa cruz de la mortificación, de la angustía, del cansancio, de la pereza, de la ira, de la vanidad, del rencor, de la envidia, de la comodidad, de la tristeza y la muerte.

Una cruz que sólo soportaremos desde tu Cruz, Señor, porque en Ti encontraremos la Gracia de soportar las mortificaciones y los desvelos, por amor, que nos ayuden a darnos y servir a los que están necesitados de alivio y ayuda. Todo se nubla, Señor, si Tú no estás presente en nuestra vida. La vida se nos hace insoportable sin la fuerza de tu misericordia. En ella encontramos esperanza y fortaleza para reiniciar el camino y regresar a la senda del amor y del perdón.

Perdona nuestros pecados, Señor. Jesús, nuestro Señor, hablas de tu muerte y te encomiendas enteramente a Dios, tu Padre. Dios te glorificará y la Vida triunfará. Caminamos hacia tu Pasión y Resurrección con confianza, convencidos de tu amor y de tu Misericordia. Queremos servirte y seguirte: enséñanos el camino.

lunes, 19 de marzo de 2018

PONGO EN TUS MANOS, SEÑOR, MIS PLANES

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La intención es clara, Señor, quiero poner mi vida en tus Manos y, no seguir mis planes, sino caminar por los tuyos. Pero, esa es la intención, cuanto la realidad es otra. Porque, llegado el momento se me nubla la vista y no veo tus señales ni tus signos, sino sólo mis ambiciones y proyectos. Me pierdo encerrado en mi egoísmo y esclavizado por mis pasiones. Y me es difícil saber cual es el camino y cual es tu Voluntad.

Pero, quizás, eso no sea todo o lo peor, sino el no ser paciente y perseverar. Es decir, confiar en el Señor y esperar su respuesta, porque siempre llegará. El Señor no se va a olvidar de sus hijos y siempre le dará la salida necesaria para cumplir con su Voluntad, sobre todo, cuando sabe de nuestras buenas y limpias intenciones. Porque, eso es lo que hoy queremos pedirte, Señor, la confianza de abandonarnos en tus Manos y confiar plenamente en tu Palabra.

Sabemos que la misión de renunciar a nuestra vida es tarea imposible para nosotros. Somos humanos y nuestra humanidad, herida por el pecado, está vencida por el príncipe de este mundo. Nos será imposible cumplir con tu Voluntad Señor, al menos, queriendo hacerlo solos. Estamos vencidos antes de empezar, pues ya nacemos con la mancha del pecado original. Nuestra esperanza nace en el Bautismo. En él hemos sido llenos de tu Gracia, Señor, y limpios del pecado.

Y, por tu Gracia, Señor, hemos sido revestido con la fuerza del Espíritu Santo para, en Él, ser fuertes y vencer la esclavitud del pecado. Entonces, injertados en Ti, Señor, estamos en disposición de vencer al pecado y entregarnos a la renuncia de amar nuestra vida en este mundo, para, ofreciéndola por los otros, ganarla para la vida eterna. Y, así, poder escucharte y, como San José, orientar el rumbo de mi vida tratando de seguir tus Voluntad, Señor.

Danos, Señor, la luz y la Gracia para saber encontrar y realizar los planes que Tú quieres que tus hijos sigamos, y que nos ayuden a cumplir tu Voluntad. Tal es la de amarnos los unos a los otros como Tú nos amas. Amén.

domingo, 18 de marzo de 2018

SÓLO QUIERO FIARME DE TI

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Cuanto más me lo propongo más experimento mi impotencia y más se descubre mi egoísmo. Y más me cuesta dominar mi mente y, sobre todo mi lengua. Mis pensamientos no me dejan descansar y siento el deseo de mandar todo a la porra. Está claro que todo esto que sufro es obra del demonio, que lo que pretende es desesperarme y alejarme de la Misericordia de Dios.

Porque, eso es lo que no debo perder de vista, la Misericordia de Dios. Ella es la que me salva y me sostiene con esperanza, y a ella debo confiarme. No me salvan mis buenos propósitos, ni tampoco mis buenas obras, ni nada de lo bueno que haga. Sólo me salva mi fe en Ti, Señor. Porque, por muchas cosas buenas que haga, siempre seré un pecador vencido por el pecado y, perdonado, por tu Infinita Misericordia.

Quiero, Señor, morir a mi lengua y callar profundamente en un silencio compinchado con tu Espíritu, donde yo guarde todos mis deseos y mis suficiencias puestas en tus Manos y abandonadas a tu Voluntad. Pero, experimento esa impotencia que me descubre mis limitaciones, mis pobrezas y mis miserias. ¿Cómo morir a mi propia vida? ¿Cómo darme a la muerte de mi propia vanidad, de mis egoísmos y de mis ambiciones, hasta evangélicas, y evadirme en el silencio de la humildad y la obediencia?

Señor, sólo Tú puedes curar mis heridas sangrantes que inquietan mi alma y la perturban hasta desorientarla y confundirla. Dame la paz de no desesperar y de perseverar en la controversia y confusión. Dame la fe de ponerme en tus Manos, aunque todo me indique que voy perdido o nada se endereza en mi vida. Hay mucha gente sufriendo y yo soy un privilegiado ante ellos. Señor, perdona todos mis desvaríos y desavenencias y acógeme en tu Misericordia.

Señor, guardo silencio y postrado ante tu presencia trato de poner toda mi atención en escucharte. Para ello, silencio todo mi mundo exterior e interior y me esfuerzo en sólo dejar entrar tu Voz. Cura, Señor, mi alma. Amén.

sábado, 17 de marzo de 2018

CONTROVERSIA

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Jesús llama la atención. Desde su interrupción en la vida pública, Jesús es el centro de las miradas y no deja a nadie indiferente. Todos tienen que decir algo a sus Palabras. Y hay opiniones para todos, desde los que quedan asombrados y le admiran, hasta los que le discuten y le ponen en tela de juicio, pues su mensaje les deja mal y les fastidia su negocio. Esa es la pura realidad.

Jesús descubre la verdad y propone la justicia y la caridad, sobre todo con aquellos más disminuidos, más necesitados y excluidos. Y eso a muchos les fastidia. Posiblemente, podemos compartir que preocuparse por el desamparado y el necesitado cuesta, nos exige esfuerzo, desprendimiento y entrega, pero en ese darse se esconde esa felicidad que se busca desesperadamente. Jesús nos trae la buena Noticia, porque al darnos y amarnos hasta el extremo alcanzamos la verdadera salvación que buscamos.

Inundamos de tu Amor, Señor, y danos esa fortaleza y firmeza de afirmarnos firmemente, valga la redundancia, en tu Persona. Nosotros no queremos discutir ni poner en duda ninguna de tus Palabras. A pesar de nuestras limitaciones, de nuestras dudas y pecados, confiamos en Ti y nos fiamos de tu Palabra. Sólo queremos que no permitas que la confusión, el Maligno o nuestras dudas nos alejen de Ti, Señor.

Danos la fortaleza para también nosotros saber ser signo de contradicción para todos aquellos que quieren adaptar tu Palabra a sus conveniencias o a las reglas del mundo. Danos la valentía para defender con decisión la verdad, la justicia y el amor fraterno entre los hombres, aunque eso nos traiga rechazos, disensiones y malestar. Porque, eso nos descubre que estamos en el verdadero camino y siguiendo tu Palabra.

Por eso, Señor, te pedimos que nos aumentes nuestra fe, y nos sostengas unidos a los hermanos para que, juntos podamos ser fuertes y capaces de proclamar tu Palabra. Amén.

viernes, 16 de marzo de 2018

PERSEVERANDO ANTE TU PRESENCIA

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HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS.


También yo estoy lleno de confusiones. No sé si realmente estoy en el camino cierto o me voy por los cerros de Úbeda. Quiero significar que no te experimento Señor como a mí me gustaría, ni te descubro como yo quisiera hacerlo. También, no sé si hago todo lo que puedo o regateo esfuerzos según la capacidad que Tú, mi Señor, me has dado. Sí, Señor, me confundo y me impaciento.

Entonces, me doy cuenta de la necesidad de la fe. Fe que todos los que te han seguido han mantenido en los momentos más oscuros de su vida. Sí, Señor, creer en Ti es lo más firme y más grande que podemos hacer, porque eso si está en nuestras manos. Tú nos lo has dejado. No podemos tener fe, pero si podemos seguirte, estar a tu lado y dejarnos llevar por tu Espíritu. 

Saber que la fe es un don que sólo Tú nos puedes dar y, por nuestra parte, nosotros tenemos que confiar y perseverar sabiendo que Tú pondrás clarividencia en nuestra mente para comprenderte y amarte. Está claro que el esfuerzo es duro, pero la recompensa es grande. Todos somos un poco Tomás, que si no vemos no creemos, pero también importa mantenernos en la comunidad para tener esa segunda oportunidad donde veamos claramente. Y eso esperamos, Señor, para como él decirte: "Señor mío y Dios mío".

Nuestra oración de petición de hoy, estriba en pedirte, Señor, paciencia, firmeza y perseverancia. A pesar de los ruidos y los prejuicios que se levantan en todos los ambientes, dejando en tela de juicio la identidad del Señor, yo quiero pedirte hoy, Señor, que mantengas mis esperanzas puestas en Ti; que disipes mis confusiones y, como un niño, se abandone en los brazos de su Padre.

Protégenos, Señor, porque somos ovejas dispersas y en medio de lobos, que nos confunden, nos esclavizan, nos someten y nos impiden ver al único y buen Pastor que nos reune, nos sostiene y nos conduce al redil del gozo, paz y plena felicidad eterna. En tus Manos nos ponemos, Señor. Amén.

jueves, 15 de marzo de 2018

JESÚS, RESPALDADO POR TESTIGOS

Resultado de imagen de Jn 5,31-47 por Fano
Un testimonio es válido cuando está refrendado por varios testigos, al menos tres. Y testigos que demuestren la verdad de lo afirmado. Sabemos que el propio testimonio no es admitido como tal. Jesús, habla del testimonio de Juan, declarado en el Jordán, no buscado como testimonio, sino con la intención de que les ayude a comprender.

Pero, sí tiene el testimonio del Padre, que le proclama su Hijo predilecto y nos manda que le escuchemos y hagamos lo que Él nos dice. Sus obras son las obras del Padre, las que le ha mandado a hacer. Él y el Padre son uno y si el Padre resucita a los muertos, así también Jesús da la Vida a los que quiere. Sus obras dan testimonio de que es el Hijo de Dios. Obras que realizo y que dan testimonio que el Padre me ha enviado.

Y el otro testimonio son las Escrituras, que los judíos interpretaban de acuerdo con sus intereses. ¿No sigue ocurriendo lo mismo hoy? A veces tratamos de darle vuelta a la Escritura poniendo nuestra interpretación para suavizar más nuestras culpas, en lugar de aceptar nuestra pobreza, nuestra debilidad y nuestro pecado. Y descansar en el Señor, que nos aliviará y nos convertirá.

Y es que levantamos barrera que nos impiden ver. Primero, nos falta el amor a Dios. No le conocemos ni nos relacionamos con Él intensamente. No le ponemos en el centro de nuestra vida. No nos abandonamos en sus Manos y confiamos en El. Luego, ¿cómo va a nacer el amor en nuestro corazón hacia Él? Fijémonos en las personas que dan testimonio de ese amor con Él y observemos el tiempo que dedican a estar en su presencia. María, la hermana de Marta, había escogido la mejor parte.

Otra barrera se encuentra en la ausencia de nuestra recta intención. Somos mal intencionados y damos rienda suelta a nuestra maledicencia y murmuración buscando sólo la gloria humana. Nos interesa lo de aquí abajo y cuando eso se manifiesta ocurren cosas como las que estamos viendo en este mundo, que nos ha tocado vivir. Y luego, nos preparamos las Escrituras a nuestra manera, tal y como hemos comentado.

Ante todas estas barreras, te pedimos, Señor, que nos ilumines, nos quite la venda que sostienen a nuestros ojos en las tinieblas y nos muevas a conversión. Una conversión más profunda, más cuaresmal y más cercana a Ti, para que cada día crezca más nuestro amor, nuestra entrega y nuestra buena actitud. Amén.

miércoles, 14 de marzo de 2018

NO HAY OTRA ALTERNATIVA

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Te pasarás la vida buscando tus deseos de felicidad, porque, ¿supongo que buscas la felicidad? Y te ocurrirá como aquel hombre de la piscina de Betsaida, no tendrás quien te empuje hacia ese camino de felicidad porque se encuentra en el amor. Y un amor entregado, universal, es decir, incluyendo a los enemigos, y eso tú ni yo lo podremos cumplir. Necesitamos la acción del Espíritu Santo para poder llevarlo acabo.

Por lo tanto, así de claro y rotundo, si quieres ser feliz necesitarás amar de forma integra, al bueno y al malo; al amigo y al enemigo. La referencia es Jesús que nos ama a ti y a mí no mereciéndonoslo. Y, sabemos, que eso es irrealizable para nosotros. Por lo tanto, la alternativa es clara, creer en el Señor y fiarnos de su Palabra..

Hoy nos lo dice claro en el Evangelio: «Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor». Hoy, que tenemos vida estamos todavía a tiempo. Se trata de creer en Jesús y de seguirle. ¿Cómo? Tenemos a su Iglesia, con todos los defectos que quieras, pero es su Iglesia, y el Espíritu Santo la dirige y la protege. Y tenemos los sacramentos y las comunidades, donde podemos experimentar la vivencia del amor. Por lo tanto, se trata de confiar y creer. Y no hay más vueltas de hojas, porque cuando no quieres creer tendrás siempre justificaciones y excusa para evadirte.

De cualquier modo, quieras o no, nuestra hora llegará y tendrás lo que hayas cosechado. Pidamos la luz que nos abra los ojos y que nos ayude a ver claro. A desenterrar nuestras parálisis y nuestros prejuicios para levantarnos y seguir al Señor. Amén.

martes, 13 de marzo de 2018

¿A QUIÉN BUSCAS PARA QUE TE CURE?

Resultado de imagen de Jn 5,1-3.5-16
Esa es la pregunta de millón, y la que a muchos nos pasa desapercibida. ¿Busca tu salvación en el mundo? ¿Crees que en una piscina puedes encontrar tu salvación? Quizás, por sus aguas medicinales puedes mejorar, pero la salvación no está ahí. Y, si no despertamos, podemos gastar nuestra vida esperando lo que no se puede esperar. Tal es el caso de aquel hombre que llevaba, nos dice el Evangelio, treinta y ocho años esperando que alguien le ayudara a sumergirse en aquella piscina.

¿También tú y yo esperamos que el mundo nos cure? La medicina puede aliviarnos y hasta prologar nuestra vida, pero salvarnos, no. Sólo, Jesús, el Señor, nos puede salvar y darnos Vida Eterna. Y aquel hombre, a pesar de tanto años, lo encontró. También tú y yo lo podemos encontrar en cualquier momento de nuestra, pero, para ello, tendremos que buscarle o estar atento cuando se hace presente en nuestra vida.

Malgastamos el tiempo y lo derrochamos en una espera inútil. No podrás resolver tus asuntos, y menos los de otros, sin no te agarras al Señor. Posiblemente, nos quedamos cerca del agua, pero nunca entramos, porque no sabemos entrar. Todo es de Dios y todo está sometido a Él. No podemos alcanzar la sobrenaturalidad si no estamos injertados en el Señor. Nosotros pertenecemos al mundo natural y cuando nos proponemos algo sobre natural por nuestra cuenta, fracasamos. Sólo Dios puede hacerlo.

Hay muchas parálisis que nos afectan y no nos percatamos de ella. Y también muchos paráliticos a los que no podemos ayudar porque, nuestros pecados, nos paraliza, nos envejece, nos empobrece y nos hace imposible alcanzar la verdadera agua Bautismal que nos salva. Necesiamos encontrar al Señor y a su Gracia, y pedirle que nos sumerja en las aguas de la Gracia, de la oración, del silencio, de los sacramentos, para que fortalecidos por ellos superar esas parálisis que nos afectan a nuetras vidas y nos mantienen lejos del Señor.

Pidamos al Señor como aquel parálitico, que nos cure y que nos saque de nuestras parálisis que nos impiden amar, porque es en el amor donde encontramos nuestra salvación y nuestra felicidad. Amén.

lunes, 12 de marzo de 2018

MILAGROS CUANDO LA CIRCUNSTANCIA LO DEMANDAN

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Lo frecuente, quizás por nuestra vulnerabilidad y debilidad humana, es pedir milagros. Queremos ver cosas espectaculares que nos emocionen y nos asombren. Queremos ver para convencernos, y no cualquier cosa nos convence. Necesitamos milagros. Quizás, esa sea la razón, por la que acudimos a grandes oradores que nos aviven nuestra curiosidad y despierten nuestra fe estancada en las pruebas y milagros. Quizás sea esa la razón por la que buscamos lugares donde ocurran cosas extrañas o hayan curaciones.

Sí, sin lugar a duda, queremos ver algo excepcional y extraordinario que nos haga creer. Pedimos, no conversión, sino que se nos convierta con pruebas y milagros. Pero, Jesús, prefiere la fe. No hace milagros para convencernos, sino por compasión y necesidad de aquellas personas que lo necesitan. Tal es el caso del hijo del funcionario real del Evangelio de hoy. Jesús nos pide fe en Él, porque la fe exige confianza que nos dice la Verdad y que sus Palabras tienen verdadero cumplimiento.

Preguntarnos, ¿qué busco yo en Jesús? ¿Busco acaso que me demuestre que es Dios? ¿Busco que me pruebe su Poder y su Amor? ¿Busco que me convenza con pruebas, testimonios y milagros? Realmente, ¿qué busco? Sería una muy buena reflexión que me podría ayudar a encontrar el lugar de mi camino. Por donde voy en mi conversión. ¿He salido ya de Egipto?, ¿O estoy en el becerro de oro? 

¿Acepto la travesía por mi desierto y confío que el Señor me conduce a la tierra prometida? ¿Creo que Jesús es la Obra del Padre en el que ha puesto toda su complacencia y su Amén? ´¿Creo que Él es la Alianza del Padre y en Él tiene la plenitud de los tiempos? ¿O, todavía espero más pruebas, más milagros que me convenzan de que Jesús es el verdadero milagro de salvación?

Pidamos al Señor, convencidos como el funcionario real, que nos aumente nuestra fe y que creamos en Él sin pedir nada más. Porque, Él es el verdadero Hijo de Dios, el Mesías enviado, el amado y predilecto del Padre, que nos señala el camino y nos indica qué debemos hacer. Escuchémosle como nos dice el Padre en la presentación de Jesús en el Jordán. Amén.

domingo, 11 de marzo de 2018

EL MAL SE ESCONDE EN LAS TINIEBLAS

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La mentira se esconde en la oscuridad. El ladrón actúa en la oscuridad para no ser visto. Incluso, actuando en la luz, lo hace cuando no es visto. Su intención es siempre ocultarse, porque sabe que sus obras son malas. Por el contrario, el que actúa en la verdad no se esconde. Actúa en la luz y a la vista de todas las miradas para ser visto.

No son nuestras obras las que nos salvarán, sino nuestra fe. Es posible que muchos hombres que hacen buenas obras sean nombrados hijos adoptivos y preferidos de un lugar o país. Ya tienen su premio, porque por sus obras han buscado la gloria de sí mismo. Han sido correspondidos a su vanidad y a sus esfuerzos. Sus propias fuerzas han tenido su premio. a su dependencia.

El hombre necesita reconocer su pobreza y su dependencia de Dios. Es decir, creer que todo le ha sido dado por Dios y que, por su Gracia, ha sido salvado. Y será esa fe la que le dará sus buenas obras. Es decir, hay gran diferencia en actuar por mi propia decisión y hacer buenas obras, y actuar en nombre del Señor y apoyado en su Gracia por mi fe en Él. Porque, es la fe la que me salva y la que hará que mi vida dé frutos. Esos frutos que serán el resultado de mi amor.

Pidamos al Señor esa Gracia de recibir la Luz que nos ilumine y nos dé la fe que imprima en nuestras vidas esas obras de amor que conviertan nuestra vida en una esfuerzo de darnos y entregarnos a servir por amor a los demás. Pidamóslo con fe en la esperanza de sabernos guiados por el Espíritu Santo, sabiéndonos iluminados por su Gracia y por su acción.

Ven Espíritu Santo y llena los corazones de tus fieles y enciende en nosotros la llama de tu Amor para que nuestros corazones sean creados de nuevos. Haznos dóciles a tu Espíritu para que busquemos siempre el bien y gustemos de tu consuelo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

sábado, 10 de marzo de 2018

CONCIENCIA TRANQUILA, MAL SÍNTOMA

Resultado de imagen de Lc 18,9-14 por Fano
No es buena señal tener la conciencia tranquila. Se oye mucho decir, tengo la conciencia tranquila y duermo como un lirón, pero, para un cristiano comprometido con su compromiso de Bautismo no es bueno estar tranquilo y relegado, porque el camino a recorrer exige esfuerzo, crecimiento y conversión, y eso despierta inquietud y desasosiego en el buen sentido de la palabra.

No se trata de vivir angustiado, pero sí en constante movimiento interior. En constante crecimiento de conversión y en permanente actualización de perfección. Por lo tanto, no es muy bueno, o mejor, nada bueno tener la conciencia tranquila, porque eso supone e indica que no necesitas médico de conciencia y que por ti mismo te bastas. Ese es el resultado de la parábola que hoy nos expone Jesús.

El uno, es decir, el fariseo se considera  un hombre bueno por todo lo que hace, como lo hace y cumple. Pero, se olvida de compartir su amor y misericordia con los que lo necesitan. Su acción es cumplir lo prescrito por la Ley sin más preocupación. El otro, el publicano, se manifiesta preocupado por sus faltas, sus limitaciones, sus torpezas y pecados. Y pide perdón.

Y Jesús nos dice que es el segundo, es decir, el publicano, quien sale justificado. Y agrega: Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce será humillado; y el que se humille será ensalzado. 

Gracias, Señor, por esta lección de humildad. Necesito ser humilde y reconocer que sin Ti nada soy, ni nada puedo. Necesito escudriñar en mi interior y descubrir todas mis lacras y lepras que minan mi alma y esclavizan mi cuerpo sometiéndome al pecado. Por eso, quiero pedirte perdón y suplicarte la Gracia de ser humilde y de experimentarme pecador. 

Pecador necesitado de conversión, que sólo Tú me puedes dar. Yo, Señor, te prometo esperar; no apartarme de tu lado y aguardar pacientemente tu señales e indicaciones, porque sé que lo que quieras de mí, con tu Gracia y por tu Espíritu estaré capacitado para cumplirlo. Amén.

viernes, 9 de marzo de 2018

ESTABA YA EN LA LEY

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Aquel maestro de la Ley conocía el mandamiento primero, pues está escrito en el Deuteronomio 6, 5 y también el amor al prójimo que lo contiene el Levítico 19, 18. Un maestro de la Ley no podía ignorar estos preceptos. Por lo tanto, su pregunta trae segundas intenciones a modo de probatura respecto a Jesús. Es de suponer que están más cerca del cumplimiento que del espíritu de la Ley.

Jesús responde como se esperaba que respondiera, detallando todo lo que en la Ley y los profetas está contenido. No hay mandamiento más grande ni anterior a este. Es el primero, y el segundo se iguala con él, porque su cumplimiento verifica al primero. No se puede querer a Dios si no se quiere al prójimo. Y eso nos compromete mucho, hasta el punto que debemos estar preocupados por el sufrimiento de los demás. 

No podemos permanecer indiferente ante los problemas que sufren otros. Bien es verdad que muchos se los buscan con sus actuaciones e irresponsabilidades, pero, también es verdad que Dios nos perdona nuestras irresponsabilidades y nuestro mal proceder. Igual nosotros debemos actuar, al margen de que el prójimo se lo merezca o no. Porque, nosotros tampoco nos merecemos el amor y la misericordia de Dios.

Desde este pequeño y humilde rincón, Señor, te pedimos nos fortalezca nuestra voluntad y nos de empeño y fuerza para poder, no sólo cumplir, sino también actuar en favor de los más necesitados. Y no desesperar por nuestra impotencia. Tú nos conoces mejor que nosotros mismos, y sabes que muchas veces no actuamos porque no sabemos ni cómo ni qué hacer. 

Es verdad también, y lo confesamos, que otras veces eludimos nuestra responsabilidad por comodidad, por falta de compromiso, por no complicarnos ni molestarnos...etc. Por eso te pedimos que nos des fortaleza, voluntad y decisión para vencernos y darnos en disponibilidad y entrega a aliviar el sufrimiento de los demás, sobre todo de los más pobres y necesitados. Te lo pido, Señor, unidos a todos los que visiten y lean esta reflexión, respondiendo, "te lo pedimos, Señor". Amén.

jueves, 8 de marzo de 2018

LIMPIA MI MIRADA, SEÑOR

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Quiero sostener mi mirada limpia. Son conscientes de los peligros que me acechan en cada momento de mi vida. El demonio está atento a mis dudas, a mis debilidades y pecados y actúa para acrecentar mis dudas y ponerme en contra del Señor. Es muy listo y tiene poder, pero nada puede hacer contra el Espíritu Santo, y a Él quiero yo agarrarme e injertarme para evitar que me separe de Ti.

El mundo, demonio y carne, son tres obstáculos difíciles de superar y con los que el demonio juega para seducirnos. Jesús también fue tentado en el desierto y nosotros también lo seremos en el camino de nuestro propio desierto. Necesitamos prepararnos y sostenernos sobrios, equilibrados y limpios. Este tiempo de cuaresma nos ayuda, pero no debemos tomárnoslo como un tiempo de sacrificio sino que debemos habituarnos a llevar una vida limpia y equilibrada que nos fortalezca para luchar contra estas tentaciones todo los días de nuestra vida.

Porque, todos los días del año son días de conversión. Y cada día empieza de nuevo. La conversión que logramos ayer y con la que crecimos, terminó ayer. Hoy empieza una nueva. Nuestra fuerza es el Señor y junto a Él iremos superando los obstáculos que nos impiden crecer y avanzar en conversión. No nos vale de mucho hacer durante este tiempo cuaresmal grandes sacrificios, si, después de terminar la cuaresma, nos relajamos y nos quedamos instalados en la comodidad.

Nuestro camino debe ser siempre moderado, pero junto al Señor y tratando de limpiar nuestra mirada hacia el mundo, demonio y carne. Sólo con el Señor, injertado en su Espíritu, iremos fortaleciéndonos y superando todas esas murallas que se levantan en nuestro camino impidiéndonos permanecer limpios y junto al Señor.

Pidamos esa Gracia y ayudémonos de la comunidad o grupos donde estemos injertados para que, el mundo, demonio y carne, no puedan arrebatarnos y separarnos de nuestro camino hacia la Casa del Padre. Amén.

miércoles, 7 de marzo de 2018

UN DIOS CERCANO Y REVELADOR

Resultado de imagen de Mt 5,17-19 por Fano
Nuestro Dios es un Dios que se hace presente y nos busca, y quiere tener una relación íntima con cada uno de nosotros. Es un Dios que elige un pueblo y le revela su Palabra, sus preceptos y sus juicios. Y envía a su Hijo, para que dé plenitud a su deseo de acercarse al hombre, con la misión de dar cumplimiento, perfeccionar y revelar el verdadero rostro de Dios y puedan entrar en intimidad con Él.

Nos cuesta encontrar el equilibrio. Con frecuencia nos pasamos de largo, y nos volvemos rigoristas, rígidos, intransigentes, inmisericordes cuando ponemos la letra muerta de la ley por encima del Espíritu, de la caridad, de la compasión o por encima del Evangelio. Excluimos a la persona y la sometemos a la ley. O, sucede todo lo contrario, no llegamos y en nombre de la libertad endiosada lo que excluimos es la ley.

Nos saltamos todas las leyes, todas las obligaciones y responsabilidades y nos ponemos nosotros por encima. El hombre se basta y no necesita leyes ni nada que le oriente y le organice. Como si la convivencia en cualquier grupo humano no necesitara de una mínima organización y control. Toda comunidad necesita un pequeña organización que esté en el equilibrio de ayudarnos a sostenernos y a orientarnos, pero sin caer en el error de quedar sometidos y esclavizado bajo la ley.

Por encima de todas esas leyes que nos ayudan, está el amor y la misericordia, que da verdadero cumplimiento a la ley. Porque, la ley no responde a la plenitud de la justicia, que se esconde en el amor y la misericordia. El hombre queda atrapado bajo su propia ley, que lo somete y esclaviza. Necesita el amor y la misericordia, que le da sentido y abre su corazón a un horizonte de libertad y de generosidad.

Jesús nos enseña a amar y ser misericordioso. Un amor sin condiciones y sin espera de respuesta. Un amor desinteresado y simplemente entregado. Independiente de tú respuesta y de tu comportamiento. Simplemente, un amor que te habla y te descubre que Jesús se ha dejado  clavar en la Cruz por ti. Y, pacientemente y sin presionarte, te espera. Tú tienes la última palabra.

martes, 6 de marzo de 2018

MISERICORDIA, SEÑOR CON MIS HERMANOS

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1ª Lectura (Dan 3,25.34-43): En aquellos días, Azarías, puesto en pie, oró de esta forma; alzó la voz en medio del fuego y dijo: «Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia. Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas. Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados. 

»En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia. Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados. Que este sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados. Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos, y buscamos tu rostro; no nos defraudes, Señor; trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia. Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor».

No sé porque razón me ha parecido bueno y necesario publicar esta 1ª Lectura de la liturgia de hoy de la Eucaristía como premabulo de la reflexión del Evangelio. Quizás, el Espíritu me haya movido a ver las circunstancias del pueblo de Dios en aquel tiempo y el ruego y súplica de Azarias pidiendo la misericordia de Dios. Quizás nosotros también debemos empezar por ahí, suplicar y rogar para que el Señor ablande nuestros endurecidos corazones y los empape de humildad para, aceptando su Palabra tratemos de imitarle perdonando como Él nos perdona.

Reflexiónemos para no caer en la tentación de aquel siervo que, perdonado por su rey al conmoverse por su petición de clemencia y de perdón, se encolerizó con su amigo porque le debía unos denarios y le llevó a la cárcel. Tengamos nosotros también presente esa petición de ser sensibles y conmovidos a las ofensas que recibimos de nuestros enemigos y dispongámonos a perdonarles también. 

Conscientes de que no podremos por nosotros mismos, pero confiados que en la fuerza y poder del Espíritu Santo podremos hacerlo, elevemos nuestra súplica al Señor para que nos dé un corazón suave, dispuesto a conmoverse y a perdonar. Sí, Padre, convierte mi corazón y dame la capacidad y la paciencia amorosa de perdonar todas las veces que lo necesite en mi vida, sobre todo a mis enemigos. Perdonar libremente, incondicionalmente hasta la cruz de mi vida. Perdonar y amar, porque en ellos te encontraré a Ti, Padre y en ellos encontraré el gozo y la felicidad en plenitud. Amén.

lunes, 5 de marzo de 2018

SALMO 83: AÑORANZA DEL TEMPLO

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Aquí no tenemos ciudad permanente, 
sino que andamos en busca
 de la futura (Hb 13,14)

Ant: Dichosos los que viven en tu casa, Señor.

¡Qué deseables son tus moradas,
Señor de los ejércitos!
Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los ejércitos,
Rey mío y Dios mío.

Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza
al preparar su peregrinación:

Cuando atraviesan áridos valles,
los convierten en oasis,
como si la lluvia temprana
los cubriera de bendiciones;
caminan de baluarte en baluarte
hasta ver a Dios en Sión.

Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;
atiéndeme, Dios de Jacob.
Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo,
mira el rostro de tu Ungido.

Vale más un día en tus atrios
 
que mil en mi casa,
y prefiero el umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados.

Porque el Señor es sol y escudo,
él da la gracia y la gloria;
el Señor no niega sus bienes
a los de conducta intachable.

¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre
que confía en ti!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant: Dichosos los que viven en tu casa, Señor.




domingo, 4 de marzo de 2018

A VECES MERCANTILIZAMOS NUESTRA FE

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Hay una tendencia muy arraigada de mercantilizar nuestra fe. Y se nos cuela de forma muy discreta haciéndonos ver que es bueno y necesario realizar estas operaciones que inducen a negocio o beneficios para otros. Hay muchas formas de mercantilizar nuestra fe, que se instala y se acomoda como un estado de bienestar y pasa tiempo que nos ayuda a vivir pero no a crecer en conversión.

Hoy el templo, lugar de reunión de los cristianos, se ha convertido para muchos en lugares de encuentros, de reuniones, de intercambio, de ofertas de viaje, de nuevas amistades, de entretenimiento, de excursiones y celebraciones festivas y de muchas cosas más. Hay muchas formas de rentabilizar nuestra fe sin que nos demos cuenta de que podemos estar equivocándonos.

Conviene preguntarnos qué buscamos con lo que hacemos. Conviene analizar si nuestro objetivo es dar la buena Noticia que el Señor nos ofrece y nos ha encargado con nuestro testimonio y nuestro esfuerzo desinteresado, o buscamos fama, provecho u otro interés. Es posible que no lo hagamos con mala intención, o ni siquiera con la intención de aprovecharnos de algo, pero, ¿es esa nuestra misión? De cualquier forma tratemos de catalizar nuestros templos como lugares que nos ayuden a tener una relación gratuita y confiada con Dios.

Y es eso lo que queremos pedir en este domingo tercero de Cuaresma, la Gracia de discernir como estamos utilizando nuestros templos y de como nos percatamos y tomamos conciencia de la presencia de Dios entre nosotros. Una presencia sacramental que nos pone frente a frente al Señor, presente bajo las especies de pan y vino, y transformado espiritualmente como nuestro principal alimento espiritual que nos conforta y nos fortalece.

Danos, Señor, esa Gracia y sabiduría para tomar siempre y en cada momento la actitud y el camino correcto para utilizar ese santo lugar sagrado, donde Tú moras, como lugar donde nos acercamos y citamos para recibirte bajo las especies de pan y vino y estar contigo. Amén.

sábado, 3 de marzo de 2018

DE REGRESO A LA CASA DEL PADRE

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Esta parábola del Padre amoroso, como también se le conoce, es la manifestación del Amor de Dios. Un Amor incondicional, gratuito y total. Un Amor que no exige, sino que libera y busca el bien del amado. Un Amor que enciende el corazón de quien lo recibe y le motiva para amar él también. Un Amor que esconde la felicidad en el gozo de dar y descubre que sólo dándose se puede llegar a ser feliz.

Ese es el objetivo del Padre, enseñarnos a amar dándose Él primero. Y enseñándonos a hacerlo gratis, tal y como Él nos lo regala. Experimentar ese Amor del Padre nos llena de esperanza y nos fortalece, hasta el punto de levantarnos de nuestras miserias y caídas para emprender el camino de regreso a la Casa del Padre.

 Porque, sólo Dios nos quiere de esa forma hasta el punto de dar la vida por cada uno de nosotros. Un Padre que nunca falla ni se equivoca. Un Padre que nos da Vida Eterna en plenitud de gozo y felicidad y que colma todas nuestras esperanzas y deseos. Realmente, cuando vives esa experiencia de encuentro con ese Padre que te ama, experimentas que no hay otro camino mejor que el camino, valga la redundancia, hacia la Casa del Padre.

Porque, entre otras cosas, no estaremos mejor allí que en ninguna otro lugar. Ese es nuestra meta, a pesar de ser ignorada por muchos y obviada por otros. Porque, lo que buscamos precisamente está allí, junto al Padre. Es este momento de Cuaresma, tiempo propicio, Señor, para pedirte esa Gracia que nos sostenga vivos, esperanzados y en camino hacia la Casa del Padre. Porque, no hay otro lugar donde podamos calmar nuestra se, purificar nuestros pecados y llenar nuestros corazones de gozo, alegría y paz.

Por eso te pedimos, Señor, la Gracia  de sabernos tus hijos amados y redimidos por la Muerte y Resurrección de tu Hijo, nuestro Señor, el Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, enviado a pagar por nuestro rescate. Danos, Señor, esa generosidad, capaz de acoger y perdonar a los hombres como verdaderos hermanos. Y a compartir todo lo que de Ti hemos recibido generosamente, sabiendo que todo lo Tuyo no lo has dado gratuitamente invitándonos a compartir tu Gloria contigo. Amén. 

viernes, 2 de marzo de 2018

TAMBIÉN YO ME ESCONDO, SEÑOR

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HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS.


No somos nosotros mejores que los que describe Jesús en la parábola del dueño de la Viña. Muchas veces no rendimos ni damos la medida de los frutos que el Señor espera de cada uno de nosotros. También nosotros le hemos decepcionados, y, si no nos revelamos con la intención de matarlo, sí nos escondemos y le damos la espalda para no devolverle los frutos que espera de nosotros.

Hemos de reconocer que somos indeseables e inmerecidos de todo lo que el Señor nos ha dada gratuitamente. Nos ha dejado la Viña de nuestra vida y unos talentos que fructificar, pero se lo negamos haciendo lo que creemos más conveniente para nuestros intereses y egoísmos. Y le rechazamos cada vez que nos interpela y nos llama misericordiosamente a trabajar en su Viña.

Primero, Señor, quiero pedirte perdón por todo el mal que hago, y, también, por tanta decepción y fracaso en el trabajo de tu Viña. Reconozco que soy indigno de tanto regalo y de tanto perdón. Gracias, Señor, por tu paciencia y misericordia. Me siento abrumado, avergonzado e indigno. Y te pido perdón por tanto desperdicio y tanta miseria. Quiero, y trato de comprometerme en esta cuaresma, a esforzarme en trabajar esa Viña que Tú me has dejado y de esforzarme en dar frutos.

No lo frutos que yo quiero, sino los que Tú esperas recoger de mi pobre esfuerzo. Claro, que sabes que cuento contigo, porque yo sólo no podré cumplir lo prometido. Dame la serenidad, la paciencia, la confianza y la sabiduría del discernimiento para encontrar tu camino y hacerlo también el mío. Quiero, Señor, esperarte en la Viña que me has dejado y aguardar tu llegada para recibirte con los honores que Tú te mereces y entregarte mis manos humildes llenas de esos frutos que Tú esperas de mí.

Mientras, dame, Señor, el valor, la voluntad y la perseverancia de continuar el trabajo de la siembra y el cultivo, abonando todo mi sembrado de tu Gracia, para transmitir esa semilla del amor a todas partes. Amén.

jueves, 1 de marzo de 2018

DAME, SEÑOR, UN CORAZÓN MISERICORDIOSO

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Me doy cuenta, Señor, que mi corazón atrapado por las cosas del mundo se resiste a darse como Tú me lo pides. Me siento mal y sometido a mis pasiones y pecados capitales. El egoísmo, la avaricia, la ambición y la tentación de vivir para mí sin mirar para el otro están dentro de mi corazón. ¿Cómo liberarme de ellas? Es la lucha de cada día en la que me debato a muerte.

Hoy, escuchando y reflexionando sobre la parábola de este hombre rico y epulón, parábola que he escuchado y leído muchas veces, me siento temeroso de tu Amor. Porque, me da miedo no poder responderte y quedarme en la mediocridad de mi vida. Me experimento esclavo y encadenado a mi cárcel humana y herida por el pecado. Y, como ese rico epulón, pido clemencia para aliviar mi  sed. 

Pero, Señor, no quiero hacerlo cuando ya no tenga tiempo. Quiero hacerlo ahora que mi vida camina todavía por las sendas de la vida, valga la redundancia. Y me anima el saber que me quieres y que tu Misericordia es Infinita. Y que me invitas a escuchar tu Palabra y a no tener miedo, porque Tú, Señor, me acompañas y te compadeces de mi pobreza y esclavitud.

Transforma mi corazón, Señor, en un corazón paciente, desprendido, sensible, disponible a darse y a preocuparse por los demás. Dame esa sabiduría para encontrar el camino de la luz y del amor, y la voluntad para vivirlo como Tú me has enseñado con tu Vida y tu Palabra. Sí, es verdad que todo lo que pueda darte es muy poco. No porque no sea mucho, sino porque no vale nada. 

Pero, Tú, Señor, me conoces y sabes lo que puedo darte, y mi poca generosidad la puedes transformar en abundante generosidad y dar todo lo que de Ti he recibido para dar y compartir. Yo, Señor, quiero estar dispuesto para que Tú hagas en mí el milagro de vivir en el amor. Porque, quiero, Señor, estar contigo cuando me llegue la hora de regresar a Ti. Amén.
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