ÚLTIMAS REFLEXIONES

UN RINCÓN PARA ORAR

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UN ROSARIO CADA VIERNES

Cada viernes, hora peninsular 09:00, en Canarias a las 08:00, y en cualquier otra parte del mundo la que mejor puedan elegir, nos unimos en el rezo del Rosario (VER AQUÍ) por la unidad de todos los creyentes, por la familia natural, hombre - mujer, por la vida y por la libertad de educación de los hijos.

Desde tu casa, online, desde tu trabajo, desde tu hospital y enfermedad, desde myfeeling, desde todas los colectivos y asociaciones, desde donde quieras que estés, tú también puedes unirte en este clamor al Padre, unidos a María Santisíma, para que el Espíritu Santo nos dé la capacidad y la luz de salvaguardar la vida y los valores morales y naturales que la dignidad de las personas hemos recibido de nuestro Padre Dios.

También estamos rezando un rosario cada día que hacemos normalmente en las primeras horas de la mañana aunque a veces, por premuras de tiempo, lo hacemos en otras horas del día. En el icono de la Virgen, debajo del rosario de todos los viernes, puedes encontrar el rosario correspondiente a cada día.

lunes, 30 de abril de 2018

MI CORAZÓN SE LLENA DE GRATITUD

Resultado de imagen de Jn 14,21-26
No puede salir de dentro de mí sino gratitud y alegría. Gratitud por recibir la buena Noticia de tu compañía y de tu asistencia en el Espíritu Santo. Porque, tras tu Ascensión, que convenía, viene el Espíritu Santo enviado por el Padre, y Él nos acompañará enseñándonos y recordándonos todo lo que Tú nos has enseñado y nos has dicho. Por eso, Señor, convenía tu partida hacia el Padre, para, sentado a su derecha prepararnos allí una mansión para todos aquellos que creen en Ti.

Por eso, mi corazón se llena de gratitud y, Tú, Señor, eres mi alabanza en la gran asamblea. Todo mi ser exulta de alegría por todo lo que nos dices hoy, porque, sabemos de tu fidelidad y de el valor de tus Palabras. Todo lo que dices. Señor, tiene cumplimiento, porque Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida, y nada se ha quedado sin cumplirse, hasta la proclamada Resurrección.

Gracias, Señor, porque Tú tienes Palabra de Vida Eterna, y nos manifiesta que quienes guardan tus mandamientos te aman y son amados por el Padre y Tú te les manifestarás. Y eso queremos pedirte hoy, que nos des la capacidad y la fortaleza de permanecer en tu Amor. Porque, no nos basta simplemente quererlo y desearlo, sino cumplirlo. Y para cumplirlo necesitamos la asistencia de tu Espíritu, que recibimos hoy con gran alegría.

Nos lo dices en el Evangelio: Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho. Y eso nos tranquiliza y nos da paz y seguridad. Eso nos transmite esperanza y fuerza, porque sabemos que no estamos solos y que con el Espíritu Santo permaneceremos, a pesar de las dificultades y peligros, a tu lado, pues con Él venceremos todos los obstáculos.

Por todo ello, Señor, danos la Gracia de permanecer en tu Palabra y a tu lado, y, para ello, perseveremos y participemos en la Eucaristía, donde es el mismo Jesús quien se nos da y nos rescata de la esclavitud del pecado. Amén.

domingo, 29 de abril de 2018

QUIERO PERMANECER EN TI, SEÑOR, PARA DAR FRUTOS

Resultado de imagen de Jn 15,1-8, por Fano
Esa es mi intención. A veces nos empeñamos en hacer las cosas nosotros solos y olvidamos que todo depende de la acción del Espíritu Santo. Es verdad que tenemos nuestra propia iniciativa y que también hemos recibido nuestras capacidades y talentos para emplearlos en producir frutos. Pero, aunque nuestro Padre Dios quiere que pongamos toda nuestro capacidad, para eso nos ha creado libres, nos es necesario que la pongamos en sus Manos.

Esa es la misión del Espíritu Santo. Ha venido después de la Ascensión del Señor, para asistirnos, para auxiliarnos y para dirigirnos. Si actuamos por nuestra cuenta, ¿qué pinta Él? ¿Para qué ha venido a nosotros? Y si ha venido es porque realmente le necesitamos. Jesús nos dijo en su Ascensión que convenía que Él se fuera para que viniese el Espíritu Santo, porque será Él quien nos iría iluminando todo aquello que los apóstoles no habían entendido y todo lo que faltaba por revelar y aprender.

Y, hoy, después de más de dos mil años, la Iglesia sigue peregrinando asistida y auxiliada por el Espíritu Santo. Tenemos y necesitamos peregrinar injertados, por la Gracia de nuestro Bautismo, en el Espíritu Santo. Él nos conduce y nos dirige y nos transforma para que nuestros frutos sean frutos cultivados y realizados desde la Voluntad de Dios y para su Gloria.

Por todo ello, pidamos al Espíritu Santo que nos dirija y nos asista poniéndonos nosotros a su disposición. Y ello nos compromete a no dar un paso sin su asistencia, sin ponernos en contacto con El, sin rogarle, en nuestra oración, que nos dé luz y capacidad para discernir con sabiduría y determinación. No es fácil, en este mundo lleno de oscuridad, tentaciones y tempestades, encontrar el camino y la luz para saber qué debemos hacer y como hemos de cultivar. Necesitamos luz, capacidad y sabiduría para discernir según la Voluntad de Dios, y para eso necesitamos la Luz del Espíritu Santo.

Ven Espíritu Santo, llena nuestros corazones de tus fieles y enciende en nosotros la Luz de tu Espíritu, para que en tu presencia podamos transformar el mundo según la Voluntad de Dios. Amén.

sábado, 28 de abril de 2018

TÚ Y EL PADRE SON UNO

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Creo, Señor, lo que me dices. Posiblemente no lo entienda, tal y como le ocurrió a los apóstoles, sobre todo a Felipe, pero, quiero fiarme de tu Palabra y de lo que me revelas hoy en el Evangelio. Por eso, te pido que aumentes mi fe, la fortalezcas y la sostengas. 

El mundo y mi naturaleza pecadora me tientan. Soy débil y fácil de reducir, y el demonio se aprovecha de ellas para seducirme y acabar con mi débil resistencia. En su poder tiene muchas cosas con las que seducirme y ante él estoy perdido. Te necesito desesperadamente para que me ilumines, me fortalezcas y me asistas en el Espíritu Santo dándome la paciencia y perseverancia de permanecer fiel y junto a Ti. 

Aparta de mí la tentación de mi razón, porque con ella no lograré verte y ábreme los ojos de mi corazón para acogerte y recibirte como el Hijo del Padre, y el Padre del Hijo. Señor, me entrego enteramente en tus Manos. No puedo entenderte, pero sé y confío que Tú eres el Hijo de Dios, enviado a salvar al hombre de la esclavitud del pecado. Tu Palabra es Palabra de Vida Eterna. ¿A dónde recurrir?

El mundo es caduco y todo lo que le pertenece tiene sus días contados. Sólo Tú, Señor, tienes Vida Eterna. Tus obras así lo revelan, porque tienes poder sobre la vida y la muerte. Mi corazón está lleno de anhelos y esperanzas, pero no tienen eco ni respuesta en todo lo que me ofrece este mundo. Sólo Tú, Señor, respondes a lo que siente mi corazón. 

Eres Dios mío la respuesta a todo lo que está escrito en lo más profundo de mi ser. Gracias, Señor, por todo lo que me revelas hoy en el Evangelio. Aumente mi fe para que sea capaz de responder como Tú esperas de mí. Amén.

viernes, 27 de abril de 2018

SÓLO DARTE GRACIAS, SEÑOR

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HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS.

No hay otro camino sino el que Tú, Señor, nos señala. Cada día entiendo menos como la gente vive tan ciega y engañada por los ruidos de este mundo, que todo lo que contiene es efímero y tiene sus días contado. En todo aquello que termina no se puede encontrar esa felicidad que, tanto tú como yo, buscamos, porque, la felicidad exige eternidad.


Jesús nos lo dice hoy claramente. Sí, porque a través del Evangelio nos habla todos los días, y hoy nos lo dice con gran claridad: Juan 14, 1-6 «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os...


¿Significa eso que nos invita a vivir contigo eternamente? ¿Tú, el Señor, el Creador de todo lo que se ve y lo que permanece escondido a nuestros ojos? ¿Se puede pedir más? Ante esta confesión, Señor, sólo puedo pronunciar una palabra: Gracias. Gracias, Señor, por tanto amor. Porque, amar significa eso que Tú tan pacientemente nos demuestras, nos testimonia y nos enseña.

No merecemos nada y, sin embargo, Tú nos perdonas y nos hace hijos del Padre y nos revelas que has ido a prepararnos una mansión junto al Padre. ¿Cómo tanto regalo y gloria? Nunca lo entenderemos hasta estar delante de Ti y, por tu Gracia, ser iluminados para darnos cuenta y verte claramente, Señor. Por eso, hasta tanto, danos la Gracia de perseverar, de seguirte, de ser dócil a tu Palabra y de permanecer constante a tus mandatos que, cada día, nos derramas y nos dirige en tu santo Evangelio que tan santamente cuida y conserva tu Iglesia. Nuestra santa madre la Iglesia.

Sí, Señor, danos la fortaleza, la sabiduría y la paz para no dejar nunca, hasta llegar a Ti, de seguirte, porque Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida. Amén.

jueves, 26 de abril de 2018

PALABRA Y OBRA

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Todos entendemos perfectamente lo que significa sal y luz. Todas sabemos las propiedades de la sal y su utilización y servicio para la vida de los hombres. En tiempos más antiguos, precisamente lo de Jesús, la sal era algo casi indispensable que se usaba para la conservación de los alimentos y para darles gusto a las comidas. Hoy ya ha sido sustituida por las neveras y refrigeradores, pero todavía es indispensable para dar ese gusto necesario a las comidas.

El creyente debe también convertirse en sal en su vida apostólica. Debe emular a la sal y dar ese gusto por la escucha de la Palabra y por el amor a los hombres. Debe desprender ese aroma que contagia y que invita a los demás a vivir en el amor que se desprende de la Palabra de Dios. Y, de la misma forma, dar luz e iluminar el camino que nos lleva a identificarnos con el Señor y a seguirle.

Sal y luz que deben convertirse en buenas obras y enseñanzas de la Palabra. Porque, tus obras están respaldadas por tus palabras, y llegas a realizarlas por el conocimiento de la Palabra. Esa Palabra de Dios que debemos escuchar y luego revestirla de sal y luz para contagiar al mundo.

Pidamos esa capacidad y esa sabiduría para, desde la humildad y el servicio, salar y alumbrar nuestros ambientes con esa sal y luz que desprende nuestro corazón creyente apoyado en el Espíritu Santo que nos asiste y nos guía. Pidamos que nuestra vida cristiana esté revestida de la sal y la luz evangélica que salen y alumbren a todos aquellos que se relacionen con nosotros.

Pidamos también que perseveremos en la frecuencia de los sacramentos, Eucaristía y confesión, que nos provena de sal y luz para alumbrar los caminos de nuestras vidas contagiando de verdad, justicia, amor y paz. Amén.

miércoles, 25 de abril de 2018

CONFIADOS EN SU AUXILIO

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No es empresa nuestra ni algo que nosotros hemos inventado. Sería absurdo pensar que detrás de este empeño, de este esfuerzo y trabajo hay alguna ganancia material. Y si así fuera, la empresa a proclamar no sería rentable, pues conlleva mucha renuncia, mucha abnegación y mucho esfuerzo con riego, incluso de tu propia vida. El reino no está en este mundo, y eso implica ya la fe. 

Quienes emprenden ese camino se fían y arriesgan sus vidas hasta el extremo de perderla sin espera de ninguna recompensa en este mundo. Todo está puesto en las manos y abandonado en la Palabra del Señor. No hay más esperanzas. Es el amor incondicional y desinteresado quien nos empuja cada día a la lucha diaria por darnos, por renunciar y servir. Y eso no se puede inventar ni tampoco desear por interés o por alguna ganancia mundana.

La misión exige compromiso y fe. Fiarnos de la Palabra del Señor, y abandonarnos en la presencia del Espíritu Santo, que ha bajado del Cielo, para, tras la Ascencion del Señor, acompañarnos en la tarea de cada día, para auxiliarnos y darnos la fortaleza que nos sostenga en la batalla de cada día. Pero, también para asistirnos y darnos la sabiduría, poniendo en nuestra boca, las palabras y todas las señales que necesitamos, tanto hacer como decir y testimoniar.

No es cosa de los hombres, ya lo dijo Gamaliel en el Sanedrín, -Hch 5,39- sino que se trata del plan de salvación que Dios ha pensado para salvar a todos los hombres de la esclavitud y la perdición del pecado. Por eso, confiados en tu Palabra y su auxilio, te pedimos, Señor, que nos ilumine, que nos fortalezcas, que nos capacites y que nos llene de la paciencia necesaria para llevar a cabo ese mandato de proclamar la buena Noticia a todo el mundo.

Y danos la fe, esa fe de ponernos en tus Manos y creer firmemente en tu Palabra fiándonos de todo lo que nos dice y obedeciendo en todo lo que nos mandas. Porque, sólo Tú, Señor, tienes Palabra de Vida Eterna. Amén.

martes, 24 de abril de 2018

SÓLO ME BASTA TU PALABRA, SEÑOR

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No quiero oír nada más. No necesito pruebas. Confieso que en una época deseaba escuchar lo que otros hablaban de Ti. Estaba ansioso por corroborar lo quería pensar de Ti y oírlo en boca de otros. Buscaba testimonios, pruebas y afirmaciones que me confirmaran mis propios pensamientos. Pero, eso ya parece haberse acabado. Tú, Señor, me bastas.

Y te doy las gracias por ese regalo tuyo. Gracias por responder a mis peticiones sobre la fe. Sé y comprendo que todo mi camino será una lucha, pero se me antoja que será de otra manera. Ya no me importa escuchar a otros. Ya creo, como aquella samaritana -Jn 4, 5-42- por mí mismo y porque presiento que Tú estás presente en mi vida.

Te doy gracias, Señor, porque fortaleces mi fe y me alientas a seguir adelante. Eso no supone que no tenga dudas, problemas e interrogantes. Todos los tenemos, pero, son de otra manera, y hasta cierto punto necesario, porque esas dudas o incertidumbre nos exigen y nos ayudan a seguir confiando en tu Palabra y a fiarnos de Ti en cada instante y cada paso de nuestras vidas.

Sí, Señor, yo quiero y estoy decidido a ser de tus ovejas. Quiero formar parte de tu rebaño y pedirte que me aceptes. Eres Tú mi Señor, mi buen Pastor, y en tu presencia me siento protegido y seguro. Eso no significa que aparezca el miedo, la zozobra, la tempestad y los problemas, pero se ven de otra manera, se asumen de otra forma y nunca se pierde la esperanza. Porque, sabemos que esa es la Cruz, esa cruz, la particular nuestra, que también tendremos que cargar cada uno, pero que contigo, Señor, se lleva de otra manera y hasta se hace más ligera y suave.

Por eso, Señor, reitero mis deseos de gratitud y no me canso de darte las gracias, de alabarte y adorarte. E insisto en pedirte que aumentes y fortalezca mi fe para que mi seguimiento sea cada día más firme, más solido, más conscientes y más compartido con todos los que te siguen. Amén.

lunes, 23 de abril de 2018

NO PODRÁS, SIN LA LUZ ADECUADA, ENCONTRAR EL CAMINO VERDADERO

Resultado de imagen de Jn 10,1-10, por Fano
Muchos se empeñan en vivir de acuerdo con sus principio y sus propios métodos. No se trata de ser mejor que ellos, pero, por la Gracia de Dios, uno percibe y experimenta la ceguera en la que andan envueltos. Ver caer a muchos contemporáneos y de otras generaciones más viejas, como también más jóvenes, y no despiertan ni reaccionan. Tienen delante la experiencia de que todo lo que consiguen aquí abajo no vale para nada, y siguen empeñados y hacer de eso su objetivo y su meta.

No oyen ni escuchan, es verdad. Están adorando a ídolos -Salmo 135, 15-17- de barro, de madera, de piedra, que, teniendo ojos y boca, ni ven ni hablan. Venden su gran tesoro, que tienen enterrado dentro de sus corazones, por basuras llamadas a la caducidad y a la nada. Y, ante esta perspectiva, tú descubres que hay muchos ciegos en el mundo que se la echan de inteligentes y de sabios, e incluso de poderosos. Son ovejas descarriadas que se encaminan al precipicio de la perdición y la desdicha.

Señor, gracias, muchas gracias, porque ante esta realidad, me siento pobre, miserable y pecador, porque yo no soy mejor y, sin embargo, Tú me has dado la Gracia de verte y de descubrirte en la profundidad de mi corazón. Me has revelado tu Voz y yo quiero obedecerte, y me llamas y me guía hacia buenos pastos que me alimentan hasta llegar a tu Redil. Ese Redil donde yo quiero permanecer y pastar según Tú me lo permitas y me acojas.

Señor, no encuentro ningún pastor que sea capaz de acogerme, de cuidarme, de salvarme y dar su vida por mí. Sólo Tú, de forma incondicional , desinteresada, amorosa y entregada me ofreces darte hasta el extremo de dar tu Vida por la mía. Una vida miserable, pecadora y que no vale un real. ¿Cómo agradecertelo? Jamás podré hacerlo. Sólo pedirte y pedirte, dándote siempre las gracias por tanto Amor y Misericordia. Aumenta, Señor, mi fe y mi capacidad de perseverar, de ser paciente y de amar. Amar pareciéndome a Ti, para, de esa manera, seguir tus pasos y escuchar tu Voz con y por la cual acudir a Ti. Amén.

domingo, 22 de abril de 2018

LA IGLESIA, CONTINUADORA DEL PASTOREO

Resultado de imagen de Jn 10,11-18
Es indudable que Jesús tuvo que dejar a alguien la misión de continuar su pastoreo. Era necesario que si Él se iba a ir y ascender a los cielos, otros tendrían que seguir con la misión de conducir el rebaño a buen puerto. Porque, un rebaño necesita un guía y un prado donde abastecerse del alimento necesario para vivir. Y también cuidados, protección y asistencia.

Está claro que Jesús pensó en su Iglesia. Y es hasta de sentido común que así lo hiciera. Pedro, lo sabemos por las Sagradas Escrituras, fue el elegido y todo el colegio apostólico que le rodeaba. Y así empieza la Iglesia su andadura. No entiendo como muchos se afanan en proclamar otras iglesias, que nacen mucho más tarde y cuya cabeza es alguien que él mismo se erige, sin ningún fundamento ni autoridad, en cabeza de esa nueva mal llamada iglesia.

La Iglesia es una, la formada por Jesús, que continúa sin interrupción hasta nuestros días. La Iglesia es la dirigida por el Espíritu Santo, a pesar de todos los pecados y caídas de sus miembros, porque somos pecadores y necesitamos la asistencia y la fuerza del Espíritu Santo, enviado por el Padre cuando Jesús ascendió a los cielos, para guiarla. En ese sentido y a partir de nuestro bautismo, somos también nosotros, en cierta medida, pastores en nuestras familias y en nuestros círculos y ambientes donde nos movemos, porque con nuestros testimonios podemos y debemos dar ejemplo y fe de Jesús, el único y buen Pastor.

Él, en el Espíritu Santo, nos conduce, nos guía y nos lleva por el buen camino hacia el redil de la Vida Eterna, donde gozaremos en la presencia del Padre eternamente. Por eso, pedimos y damos gracias al Señor por su presencia y por la santa Madre Iglesia, que Él nos ha dejado, como continuadora de su pastoreo, para conducirnos, protegernos, auxiliarnos hasta la Casa del Padre. Amén.

sábado, 21 de abril de 2018

NECESITAMOS FIARNOS

Resultado de imagen de Jn 6, 60-69, por Fano
No es cuestión de razonamientos, ni tampoco de milagros. Ya están hechos. Jesús ha sido presentado por el Padre en el Jordán, en su Bautismo, y testigo de ello fue Juan el Bautista. A partir de ahí, Jesús nos revela su misión, que no es otra sino cumplir con la Voluntad del Padre. Un Padre, nos dice, que es Amor y que sin Él no podemos llegar a su Hijo, nuestro Señor Jesús.

Sucede que en muchas ocasiones pretendemos llegar a Jesús por nuestra cuenta y con nuestro propio esfuerzo, sin embargo eso nos es imposible. Necesitamos el auxilio del Espíritu Santo, que el Padre ha enviado, en ausencia del Hijo, para que nos asista y nos ilumine para acercarnos a su Hijo. El mismo Espíritu que bajó sobre Él en su Bautismo en el Jordán.

Es esa el centro de nuestra petición, pedirte, Señor, que nos llene del Espíritu Santo para fiarnos de la Palabra de tu Hijo Jesús. Danos esa sabiduría que está por encima de nuestra razón y carnalidad para ver, por la acción del Espíritu, la Divinidad de nuestro Señor Jesús.

No permitas, Señor, que nuestra razón nos pierda alentada por el demonio, que trata de seducirnos presentándonos que eso de comer tu carne es un disparate que nadie puede tragarse. Ilumina nuestra mente para fiarnos con confianza de tu Palabra, pues en ella ponemos todas nuestras esperanzas. Aleja de nosotros toda tentación de razonar nuestras dudas e interrogantes de querer entenderte y comprender tu existencia. Eres un Dios inefable que nosotros, tus criaturas no podemos abarcar. Eres insondable y nuestra pequeñez nunca podrá comprenderte.

Danos, Señor, la humildad de comprender nuestra pobreza y nuestra miseria, y la sabiduría de reconocernos simples y sencillas criaturas que, creadas por Ti, sólo tendrán descanso, siguiendo las palabras de san Agustín, cuando descansen, valga la redundancia, en Ti. Gracias Señor. Amén.

viernes, 20 de abril de 2018

EL ALIMENTO QUE DA LA VIDA

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HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS.

Es posible que comamos a diario o con mucha frecuencia el Cuerpo y bebamos la Sangre de Cristo bajo las especies de pan y vino en las celebraciones Eucarísticas. Y, quizás, no experimentamos esa presencia, esa fuerza y Gracia con la que el Señor no fortalece. Todo lleva su tiempo, y también necesita fe. La fe en creer que esa comida Eucarística nos transformará. Son Palabras del mismo Jesús: "Quién come mi Cuerpo y bebe mi Sangre vivirá eternamente".

Necesitamos creer y pedir que nuestra fe crezca y aumente hasta el punto de darnos cuenta que el Señor está dentro de nosotros y nos hace partícipe de su Gloria. Nos da su propia Vida y nos hace un nuevo Cristo como Él. San Pablo lo expresa muy bien cuando dice: “Ya no vivo yo, pues es Cristo el que vive en mí". (Gál. 2, 20). 

Es Jesús quien vive en mí y el que me va transformando casi sin darme cuenta. De repente me voy dando cuenta como hago muchas cosas que me sentía incapaz de hacer; de repente experimento que no soy yo quien hablo muchas veces, sino que el Espíritu de Dios pone las palabras en mi boca; de repente tomo conciencia que alguien mueve mis dedos y escribe por mí. Y es que Cristo vive dentro de mí y es Él quien mueve mi vida, a pesar de mi torpeza, de mi incredulidad y mis pecados.

Gracias, Señor, por tomar conciencia de tu presencia y de tener el privilegio de poder comer cada día en la Eucaristía. Gracias, Señor, por permitirme tocarte y repartirte entre los demás. Me siento indigno de hacerlo y, en algunos momentos siento vergüenza y temor, pues siendo un pecador, ¿cómo me atrevo a tocarte y repartirte? Dame, Señor, la luz para asumir tal responsabilidad y para aceptar mi pobreza y pequeñez. Dame, Señor, la paz y la paciencia para, abandonado en tus Manos, dejarme modelar por tu Amor y por tus caricias de Padre bueno y misericordioso.

Aumenta, Espíritu Santo, nuestra fe y darnos perseverancia en sostenernos cada día en busca de ese alimento espiritual, que es tu Cuerpo y tu Sangre, para, alimentados en Él, alcanzar la Vida Eterna que nos has prometido. Amén.

jueves, 19 de abril de 2018

DE LA ORACIÓN DE LAUDES

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Rm 8,10-11
Lectura Bíblica

Si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.
V/. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
R/. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.
V/. El que por nosotros colgó del madero.
R/. Aleluya, aleluya.
V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R/. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya, aleluya.


Cántico Evangélico

Ant: Os lo aseguro: el que cree en mí tiene vida eterna. Aleluya.

(se hace la señal de la cruz mientras se comienza a recitar)
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo,
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: Os lo aseguro: el que cree en mí tiene vida eterna. Aleluya.

miércoles, 18 de abril de 2018

VIDA ETERNA

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A veces quedamos deslumbrados por las maravillas que nos ofrece el mundo y hasta nos sentimos felices y con deseos de vivir. Pero eso no puede hacernos olvidar a los que sufren, no sólo por enfermedad sino por el egoísmos de otros que los someten y esclavizan. Hay muchas víctimas, sobre todo los niños, que tienen que huir de sus lugares de origen porque otros los expulsan y los amenazan de muerte.

Este mundo, incluso para los que se lo prometen bien y tienen abundancia de todo, no es la respuesta a lo que vive dentro de nosotros. Nuestro corazón busca, desea y anhela una felicidad que sobrepasa la que este mundo nos puede dar. Una felicidad que se no queda en las cosas que ven nuestros ojos y experimentan nuestros sentidos, sino que está por encima de todo lo que alcanzan a ver nuestros ojos y degustar nuestros sentidos. 

El hombre busca la Vida Eterna. Una Vida Eterna en plenitud, y esa el mundo no te la puede dar. Solamente Jesús, que te lo anuncia hoy en el Evangelio puede dártela. Y te la ofrece. Él es el Pan bajado del Cielo y se te da para que, comiendo de Él puedas alcanzar esa Vida Eterna que tanto deseas. Por eso, aprovechamos este rincón de oración para, uniéndonos a otros hermanos, unir, valga la redundancia, nuestras oraciones y elevar al Padre nuestra gratitud por el envío del Hijo, Pan de Vida Eterna, que, por sus méritos de su Pasión y Muerte en la Cruz, ha rescatado para todos nosotros esa Vida Eterna que el Padre quiere compartir en su Gloria con cada uno de los que creen en el Hijo.

Danos, Señor, esa paciencia, esa paz y esperanza de sostenernos siempre en la fe por medio y gracias a los méritos de tu Hijo Jesús. Danos esa fortaleza y sabiduría para no desfallecer y, a pesar de las dificultades, los espejismos que el mundo nos presenta y toda clase de tentaciones y apetencias, permanecer fieles, perseverantes y firmes en la fe y confianza en tu Hijo, Jesús, nuestro Señor. Amén.

martes, 17 de abril de 2018

¿A DÓNDE VOY, SEÑOR?

Resultado de imagen de Jn 6,30-35, por Fano
¿Dónde busco el elixir que me dé la Vida Eterna? Porque, todos los hombres queremos vivir eternamente. No encontraríamos a nadie que dijera lo contrario. Y si así fuera, pensaríamos enseguida que está loco. Sí, todos queremos la vida eterna, pero, pronto nos damos cuenta que en este mundo no se encuentra. Y, es más, sabemos que esta vida termina con la muerte.

Ahora, ¿por qué dentro de nuestro corazón hay un impulso que nos invita a vivir eternamente? Porque, es verdad, todos experimentamos un gran deseo de alargar nuestra vida con la esperanza que nunca termine. Misteriosamente está escrito en nuestro corazón, y sólo lo puede poner Aquel que tiene poder para darla. Y ese es el Señor, el Pan de Vida Eterna que, bajado del Cielo, se nos ofrece hoy.

Gracias, Señor, por dejarnos esta hermosa y esperanzadora confesión. Yo creo firmemente en tu Palabra, porque sin Ti me experimento perdido, confundido, sin esperanzas y sin saber dónde ir. Porque, tu Palabra se corresponde con lo que me dicta mi corazón. Quiero vivir eternamente y en plenitud de gozo, y eso Tú, Señor, me lo ofreces. Y con tu Resurrección das crédito y firmeza a tus Palabras. Gracias, Señor.

Hoy nos regala una confesión marivillosa que nos descubres tu inmenso Amor y Misericordia:  «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed».

Yo también, Señor, quiero pedirte ese Pan del Cielo, para vivir eternamente a tu lado y saciar mi hambre y mi sed. Te pido, Señor, que nunca me aleje de Ti para recibir ese Pan de Vida que me da todo lo que mi corazón busca y desea.

lunes, 16 de abril de 2018

LA IMPORTANCIA DE MI TRASCENDENCIA

Resultado de imagen de Jn 6,22-29, por Fano
Es importante pararnos y reflexionar. Todos experimentamos una voz interior que le invita a no quedarse aquí y a partir a otro lugar. En lo más profundo de nuestros corazones sentimos el impulso que nos empuja a anhelar una vida nueva y duradera. Nadie quiere pararse, sino que experimenta un deseo irresistible de trascendencia y de permanecer eternamente.

Alguien ha grabado eso a sangre y fuego dentro de nuestro corazón. Está escrito en él y, consciente o no, lo buscamos con todas nuestras fuerzas. Muchos, sometidos a su propia esclavitud, indagan en el mundo y creen poder alcanzarlo en él. Los que llegan a edad avanzada empiezan a descubrir que estaban equivocados. El mundo no es ninguna solución y todo lo que en él hay es caduco y perece. Tendremos, es obvio, que buscar en otro lugar.

No encuentro, fuera de Ti, Señor, ninguna respuesta a lo que me dicta mi corazón. Sólo Tú respondes a esa búsqueda que mueve mi corazón hacia esa trascendencia eterna que vive dentro de mí. Tu Palabra colma y satisface todas mis ansias y da respuesta a todos mis interrogantes. Quiero, Señor, caminar hacia y junto a Ti, no por el alimento material, sino por ese alimento trascendente que Tú me anuncias y que Tú con tu Pasión y Muerte me has entregado.

Porque, Tú eres mi Camino, mi Verdad y mi Vida. Porque, sólo en Ti puedo saciar plenamente todas mis ansias de gozo, felicidad y eternidad. Porque, Tú, Señor, eres mi esperanza, mi alegría y mi gozo pleno y eterno. Nada de lo de aquí abajo satisface plenamente lo que mi corazón desea y busca. Gracias, Señor, por todas estas Gracias. Porque, es una Gracia conocer, descubrir y saber que sólo el Pan de Vida que eres Tú puede saciar mi hambre y mi se de plenitud eterna.

¡Oh, Señor, te doy las gracias por descubrir la importancia de mi ser trascendente, y por, pacientemente, ponerme en tus Manos para dejarme auxiliar y dirigir por Ti! Dame la Fe, Señor, de dejarme interpelar y dirigir por el Espíritu Santo dócilmente y confiado en su acción. Amén.

domingo, 15 de abril de 2018

SOSTÉN NUESTRA FE, SEÑOR

Resultado de imagen de Lc 24,35-48, por Fano
Las tentaciones están detrás de la puerta. El mundo nos tienta y nos confunde y los malos testimonios y malos ejemplos nos siembran de confusión y de dudas. Necesitamos tu presencia, Señor, y que nos aumente nuestra fe herida y tocada por el pecado y el mal sembrado en este mundo.

Ese es el grito de nuestra oración hoy. Refuerza nuestra fe y aliméntala con el buen testimonio de nuestros hermanos en la comunidad. La comunidad no es un lujo, sino una necesidad. Una necesidad porque en ella tenemos la posibilidad de reforzar y alimentar nuestra fe y fortalecerla sirviendo a los hermanos. La fe cuando es compartida se fortalece. 

Danos, Señor, esa Gracia para aumentar nuestra fe y transmitirla según Tú nos manda a todo los hombres. Abre nuestra mente para que comprendamos las Escrituras y podamos dar testimonio para la conversión y perdón de los pecados a todo el mundo. Porque, Señor, necesitamos una precisa y profunda comprensión de las Escrituras porque de ignorarla también ignoraremos a Cristo.

Por todo ello, Señor, te suplicamos que nos infunda perseverancia, docilidad y voluntad para no desfallecer y, sobre todo, sabiduría para no apartarnos del camino que nos conduce a Ti. Te pedimos también que nos mantengas unidos y que formemos comunidades que nos sostengan y nos apoyen para compartir y dar testimonio de tu amor. Pero, sobre todo, que permanezcamos fieles a tu Palabra y a la buena Noticia de tu Resurrección, porque es ella la que fundamenta nuestra fe y la que nos llena de esperanza y alegría.

Tú, Señor, estás Vivo y de Ti nos llega nuestra esperanza y fortaleza. Tú, Señor, vives y estás entre nosotros, y tu presencia nos alienta y nos empuja a dar testimonio y fe de tu Resurrección. Gracias, Señor, en Ti confiamos y en tus Manos nos abandonamos esperanzados en tu Amor y Misericordia. Amén.

sábado, 14 de abril de 2018

CRISTO Y YO MAYORÍA APLASTANTE

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A veces me empeño en hacer las cosas por mi cuenta. Tendré que reconocer mi tozudez y terquedad, porque yo, hombre sujeto al error, me equivocaré ciento de veces, y fracasaré tanto como éxitos tengo. Y no hace falta pruebas ni demostraciones, la vida me lo demuestra a cada instante, y los que me conocen lo experimentan con frecuencia.

Pero, lo peor es que continúo empeñado, erre que erre, con mi tozudez y terquedad y no aprendo. El Evangelio de hoy me enseña que ir en la barca de mi vida solo o acompañado con otros, pero sin el Señor, no es buena medida ni buen seguro. Las tempestades, los peligros y las tentaciones mundanas amenazan con hundirnos. Necesitamos a Aquel que tiene poder para caminar por encima de las aguas; necesitamos a Aquel que con su poder hace posible que la tempestad remita y nazca la paz. A Aquel que es Fuente de Vida y de Amor Eterno.

Señor, a Ti te hablo humildemente y te pido que tomes asiento en la barca de mi vida. Pero, no un asiento cualquiera, sino el mejor, el principal, el que ocupa el centro de mi corazón desde donde Tú puedas dirigirla y y defenderla de los peligros, tempestades y acechanzas del mundo, del demonio y la carne. Porque, mi naturaleza es débil, frágil y pobre, y contigo, Señor, la ruta de mi navegación es segura y mis miedos, aunque siempre estarán ahí, pues estoy herido y tocado por el pecado, disminuyen y soy fortalecido en mi voluntad.

Tu sola presencia me conforta, me anima y me da fuerza para entregarme al servicio, fruto del amor, a los demás. Gracias, Señor, por aceptar mi invitación y subir a mi humilde y pobre barca. Dame la sabiduría de tener siempre tu lugar reservado en mi corazón y cuidarlo con esmero y delicadeza. Dame el arrojo de no descuidarlo ni de cerrarlo a tu Gracia y a tu Misericordia. Y enciende en mí la motivación de renovarlo cada día de mi vida. Porque, contigo, Señor, encontraré siempre la orientación correcta para arribar al puerto de la verdadera Vida. Esa Vida Eterna que Tú das y ofreces a todos aquellos que creen en Ti. Amén.

viernes, 13 de abril de 2018

YO QUIERO ALIMENTARME DEL PAN VIVO DE TU CUERPO

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HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS.


Quiero, Señor, recibir de tus Manos el Pan que me da la Vida, tu Vida, y me hace hijo del Padre celestial y hermanos entre nosotros. Porque, Tú das el verdadero alimento que nos da la Vida Eterna y nos invade de paz y felicidad. Sin embargo, para eso tengo que estar en tu presencia, es decir, seguirte y abrirme a tu Palabra. Seguirte, Señor, a pesar de la dificultad del camino, lo desolador del desierto y las penurias y batallas que presenta la marcha de cada día.

No por ser hijo del Padre Celestial, por los méritos de nuestro Señor Jesucristo mi vida va a ser mejor que las que le dan la espalda al Señor y se resisten a ser sus hijos. El ejemplo está en Jesús, el verdadero Hijo de Dios, que por sus méritos entregando su Vida gana para nosotros el perdón del Padre y el ser considerados sus hijos, pero, para ello, ha entregado su Vida y ha padecido su Pasión y Muerte.

No ha sido la vida de nuestro Señor un camino de rosa, y hasta suplicó en su última hora de muerte el abandono del Padre. Pero, al final, entregó su Vida en sus Manos. Jesús nos marca el camino y nos lo dice muy claramente: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Él es el ejemplo a imitar y a seguir. Él es nuestra referencia y modelo.

Pidamos al Señor que, siguiendo al Señor, seamos capaces de afrontar nuestra vida con el mismo espíritu que la afrontó Jesús. Pidamos al Señor la sabiduría y fortaleza para ponernos en Manos del Espíritu Santo y, asistidos y auxiliados, seamos fuertes para soportar todo lo que la vida nos exija y nos presente. Pidamos que sepamos entender que este mundo es un camino, a veces de penurias, de sacrificios y de lucha, y otros de cierta felicidad y tranquilidad, pero siempre vamos a tener la amenaza de la tentación del pecado.

Pidamos, con fe y confianza, que sepamos entender que seguir al Señor no es un camino de rosa, pero sí es el camino que da sentido a nuestra vida y nos conduce a la otra vida, la trascendente, en donde alcanzaremos la verdadera paz, felicidad y Vida Eterna. Amén.

jueves, 12 de abril de 2018

DENTRO DE MI CORAZÓN HAY UN TESORO IRRENUNCIABLE

Resultado de imagen de Jn 3,31-36 por Fano
Si no te conociera, Señor, mi corazón estaría triste, desorientado, frustrado, desesperado y angustiado. Porque, dentro de él late un deseo gozoso de felicidad y de paz. Pero, también un deseo de eternidad. Él me descubre la vida como una fuente inagotable de paz y de felicidad, y un deseo enorme de eternidad. Sus latidos me revelan que no quiere morir, que ha sido creado para vivir eternamente.

Y el mundo en el que vivo, Señor, no me revela eso. Encuentro mentiras, guerras, ambiciones y pasiones egoístas que, los más fuertes, haciendo uso de su poder, someten a los débiles y  los esclavizan hasta el punto de matarlos en muchas ocasiones. Ese afán de codicia y soberbia desata guerras y muertes que viven en la mentira y en la falsedad. Mi corazón no encuentra sosiego ni esa paz que anhela con desespero y pasión. ¿Qué panorama tengo si sigo empecinado en mirar para este mundo?

Todo cambia contigo, Señor. Tú si respondes a lo que anhela mi corazón. Y tus Palabras son Palabras de paz, de fraternidad, de verdad, de amor y de justicia. Tus Obras se corresponden con tus Palabras y mi pobre corazón se llena de júbilo y sosiego esperanzado en Ti.

Gracias, Señor, por tanta esperanza y por abrir en mi corazón la alegría de saberme llamado a un mundo de verdadera paz, de fraternidad, de felicidad y eternidad. Gracias, Señor, porque has dado respuesta y esperanza a lo que mi corazón desea. Gracias, Señor, por darme la sabiduría de descubrirlo y buscarlo dentro de mí. Porque es mi corazón quien guarda el único y verdadero Tesoro que hay que buscar en este mundo. Y buscarlo con la mirada levantada hacia el Cielo, porque sólo del Cielo nos vendrá la salvación.

Gracias Señor, te pido en estos momentos que aumentes mi fe y sostengas mi mirada levantada por encima de este mundo, porque, él, no es sino el camino por el que puedo llegar hacia Ti. Un camino que, primero es de pruebas, de sacrificio, de cruces que, luego, me transportarán por tu Amor y Misericordia a tu presencia para iniciar el gozo y la felicidad de la Vida Eterna junto a Ti. Amén.

miércoles, 11 de abril de 2018

EN TÍ, SEÑOR DESCANSA MI ESPERANZA

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Quiero ser luz, Señor, para, desde Ti irradiar tu Luz al mundo que vive y se esconde en las tinieblas. Quiero recibir tu Verdad, Señor, porque Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida. Porque, en el mundo reina la mentira, la ambición, la envidia, el deseo de poder y de ser cada uno más fuerte y poderoso que el otro. Hay ausencia de amor, de fraternidad y de verdad.

Si echamos una simple mirada al mundo observamos que ocurre. Simplemente, encender la televisión y comprobar que las noticias vienen cargadas de luchas, de mentiras, de disputas, de deseos de venganza, de alcanzar puestos de poder...etc. Ante esta miríada de noticias nos quedamos exhausto y confundidos. No sabemos a dónde ir ni que pensar. ¡Dios mío!, ¿dónde está la verdad?

Por eso, Señor, nos postramos a tus pies, porque Tú eres la Verdad Absoluta. Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida, y en Ti nos abandonamos y confiamos. Danos, Señor, esa sabiduría de descansar todos nuestros anhelos, deseos y esperanzas en Ti. Danos la Gracia de alumbrar nuestras vidas desde tu mirada y tu Verdad, porque sólo Tú nos salva y nos ilumina con la única y verdadera Verdad.

Tú, Señor, has venido, no para juzgarnos ni condenarnos. ¡Qué gran Verdad!, sino para amarnos y revelarnos que nos quiere hasta el extremo de dar tu vida por cada uno de nosotros, y salvarnos. Y lo haces dándonos la buena Noticia de ofrecernos tu Palabra para que creamos en Ti. Y nos revela que quienes creamos estaremos salvados, porque Tú Misericordia es Infinita y nos perdona.

Pero, ocurre lo contrario con aquellos que se entregan al mundo y se sumergen en las tinieblas, rechazando tu Persona y no creyendo en tu Palabra. Yo, Señor, quiero creer en Ti y eso te pido desde este humilde rincón de oración, estar siempre a tu lado y en constante esfuerzo por ser mejor cada día y vivir, con el trabajo y la motivación de acercarme y parecerme más a Ti cada instante de mi vida. Amén.

martes, 10 de abril de 2018

DAME, ESPÍRITU SANTO, UN CORAZÓN NUEVO

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Dame, Espíritu Santo, un corazón nuevo que se abra a tus mandatos, a tus impulsos, a tus soplos y a tu sí firme y decidido. Dame, Espíritu Santo sabiduría, fortaleza y voluntad firme para tomar las decisiones que Tú me envías y me revelas. Dame, Espíritu Santo, el don de consejo y de entendimiento, para tener capacidad para discernir y tomar siempre las decisiones que van de acuerdo con las tuyas.

Gracias, Señor, por María, la Madre del sí firme y decidido; la Madre que con su resolución abrió el camino de la Redención y de la Misericordia para todos los hombres. Gracias, Espíritu Santo, porque con tu presencia y participación, María concibió en su seno al Verbo encarnado para que, hecho Hombre, y, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su condición de Dios, sino que se despojó de su rango tomando la condición de esclavo y pasando por un hombre cualquiera.

Te pido, Señor, que yo también, asistido por el Espíritu Santo, sea capaz de tomar esa condición de esclavo para servir a los hombres. Servirlos por amor buscando el bien de todos y olvidándome de mí. Dame, Señor, esa disponibilidad que tuvo tu Madre para que yo también pueda sostenerme en el sí firme como respuesta a tu llamada y a tu amor misericordioso.

Pongo en tus Manos, Espíritu Santo, toda mi vida. Una vida instalada, difícil y apegada a tantas esclavitudes que intentan alejarme de Ti, Señor. Fortalece, Espíritu de Dios, mi vida y dame tus dones para hacerme fuerte y firme contra todas mis debilidades y pecados. Renueva mi corazón y transformalo en un corazón nuevo capaz de servir y amar y, sobre todo, creer. 

Creer, Señor, en tu Palabra y serte fiel en todo momento de mi vida y en cualquier situación donde me encuentre, para, por tu promesa, alcanzar la Vida Eterna. Amén.

lunes, 9 de abril de 2018

TAMBIÉN PARA NOSOTROS CADA DÍA SE CONVIERTE EN UNA ANUNCIACIÓN

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María fue visitada por el Ángel Gabriel y anunciada de lo que Dios había decidido para ella. Sabemos y conocemos el relato -Lc 1, 26-38- pero, quizás lo que no sabemos que también nosotros somos visitados y anunciados del Amor de Dios y de su plan de salvación. Porque, la obra redentora de Dios, que empieza en el Sí de María, continúa hasta llegar a ti. También a ti te pregunta el Señor y te anuncia que has sido elegido como hijo, y que quiere compartir contigo su Gloria para la eternidad. ¡Dichoso mensaje el recibido!

Quizás todavía no somos consciente del mensaje recibido. Nos ha tocado la verdadera dicha, pero no lo advertimos y seguimos buscando el premio de la lotería o de la once. Premios humanos y caducos que al final quedan en nada. Hemos sido, a través de nuestra Madre, la Virgen, considerados hijos de Dios y contenidos dentro de su plan de salvación. Nuestro Señor Jesús es enviado, encarnado en Naturaleza Humana, para redimirnos y hacernos partícipes de la Gloria del Padre.

Y cada día se produce ese misterio y milagro de salvación donde se nos anuncia, por medio de nuestra Madre María, que el Hijo de Dios, encarnado en su seno se ha hecho Hombre para salvarnos a nosotros y a todos los que crean en Él. Por lo tanto, no nos cerremos a la Gracia recibida y abramos nuestros corazones para que esa siembra en ellos realizada dé los frutos apetecidos.

Pidamos con humildad y fe confiada la sabiduría, la paciencia y la fortaleza necesaria para perseverar, junto a nuestra Madre María, en la Palabra del Señor. Dejémonos anunciar su mensaje y su plan de salvación, que sembrado en nuestros corazones, nos anuncian y nos convocan a participar de la Gloria de Dios. 

Pidamos también al Espíritu Santo que nos dirija y nos transforme nuestros corazones y nos llene de humildad para como María, nuestra Madre, podamos decir como ella que se haga la Voluntad de Dios en nosotros. Amén.

domingo, 8 de abril de 2018

AMOR MISERICORDIOSO

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Lo necesito y eso me ayuda a creer. Necesito tu perdón, Señor, misericordioso por mi incredulidad, por mis pecados, por mi poca fe y por mi exigencia de pedir pruebas que convenzan mi razón humana exigente y soberbia. Sé que por mí mismo me será imposible creer, pero, apelo, Señor, a tu Amor Misericordioso para que me des la fe y poder seguirte de palabra y de obras.

Gracias, Señor, por experimentarme necesitado, y también por reconocerme pecador. Gracias, porque ese tomar conciencia de mis limitaciones y necesidades me impulsa a buscarte y a escucharte. También te pido, Señor, que me des un corazón humilde, pequeño y dócil a tu Palabra. Porque, como los apóstoles, tengo miedo y debilidades que, fácilmente, me pueden y me apartan de Ti.

Yo quiero creer sin necesidad de ver, pero me es imposible sin tu Gracia. Como Tomás necesito meter mis dedos en tus llagas y adentrar mi mano en tu costado. Perdona, Señor, mi osadía y dame la fe que necesito para adorarte y reconocerte mi Dios y Señor. Sé que tengo que poner mucho de mi parte, pues esa libertad que has puesto en mí  me delata como responsable y me exige responder. Y trato de hacerlo, a pesar de las dificultades que la vida me presenta.

Dame, Señor, la sabiduría de saber esperar y aguardar tus señales y de perseverar en tu presencia humildemente sin desesperar ni exigir nada. Dame, Señor, el conocimiento de permanecer en tu silencio y de encontrarlo en mi humilde y pobre corazón. En él quisiera permanecer y abandonarme para dar respuesta a todas mis ambiciones, interrogantes y anhelos desde tu Amor Misericordioso.

Y, por último, Señor, te pido en este día la Paz. Esa Paz que Tú siempre ofreces y das a todos aquellos a los que te presentas y confían en Ti. Yo, Señor, quiero también acogerme a esa Paz que, viniendo de Ti, nos llena de gozo, de felicidad y de amor. Amén.

sábado, 7 de abril de 2018

EL OBSTÁCULO DE NUESTRA INCREDULIDAD

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Nos cuesta mucho creer y fiarnos. Y más cuando esa persona nos ha fallado en algún momento. Una vez perdida la confianza, la fe se antoja casi imposible de recuperarla. Por eso, es muy importante cuidar mucho nuestros actos respecto a la confianza con el otro. 

Pero, también es muy importante sostenernos en la confianza de aquella persona que, puesta en tela de juicio, mantiene su verdad y su honor. Debemos ser perseverantes y no claudicar hasta que su presunción de inocencia no sea desvelada. Somos muy inclinados a desconfiar y a no creer, y más de aquellos que su credibilidad está excluida, como es el caso de la mujer en el tiempo de Jesús. La confesión de María Magdalena  no fue tenida en cuenta por los apóstoles. Su testimonio no tenía valor para ello.

Pero, tampoco creyeron a los de Emaús, y al mismo Jesús le pusieron en duda. Somos incrédulos y nos cuesta creer. Y Jesús nos lo echa en cara: Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación».

Pero, ¿qué ocurre hoy? También nosotros somos unos incrédulos, porque no creemos el testimonio de los apóstoles. ¿Qué queremos, que se nos aparezca a cada uno de nosotros? Porque, si se te aparece a ti, yo no te creeré, y así viceversa. No confiamos en la palabra de los apóstoles y en el Evangelio. Para empezar tenemos que reconocer nuestra dureza de corazón y nuestra incredulidad.

Y, te pedimos, Señor, que transformes nuestro corazón de piedra en uno de carne, más tierno y suave y dispuesto a conmoverse y a creer en tu Amor. Un corazón abierto a tu llamada, a tu Palabra y confiado en tus actos de Amor. Porque, Tú, Señor, siempre has dado cumplimiento a tu Palabra y nada en Ti ha dejado de cumplirse. Tú siempre, Señor, dices la Verdad, pues eres el Camino, la Verdad y la Vida. Amén.

viernes, 6 de abril de 2018

TIENES DELANTE DE TI A LA VIDA ETERNA

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HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS.

(Después del paréntesis del viernes Santo, donde acompañamos al Señor en su Pasión y muerte, retomamos de nuevo nuestro rosario de cada viernes).

Cada aparición de Jesús nos advierte sobre la Vida Eterna. Porque, Él ha Resucitado y su Palabra está llena de Vida Eterna. Ha vencido a la muerte, por lo tanto, la Vida será para siempre, es decir, eterna. Sin embargo, nosotros en el mundo estamos cegados y confundidos con las cosas de este mundo. ¿Acaso no vemos que Jesús ha Resucitado? Cuan pequeños somos cuando con tantas pruebas de amor no llegamos a entender que Jesús ha Resucitado y nos quiere también resucitar a nosotros en la hora de nuestra muerte.

Tendremos que reconocer nuestra pequeñez y limitada vida. Somos débiles y muy indefenso. Cualquier tentación nos vence y nos desvía del camino recto. Necesitamos la presencia del Señor y su Gracia para poder enfrentarnos a todas esas tentaciones, sufrimientos y adversidades que la vida en este mundo nos presenta. Por eso, Jesús insiste en darnos pruebas de su Resurrección. Está vivo y anda entre nosotros.

No desaprovechemos esta ocasión que se nos presenta en nuestra vida. Pidámosle sabiduría para discernir bien los caminos por los que andamos, y, sobre todo, conocimiento para darnos cuenta de que tenemos que estar cerca de Él en cada momento. Los peligros son muchos y nuestra debilidad nos hace vulnerable al pecado. Por eso, necesitamos abrir los ojos para verle, pues está delante de cada uno de nosotros. Tengamos esa confianza que nos ayude a descubrirle en todos los instantes de nuestra vida.

Ven, Señor, y enciende en cada uno de nosotros la luz que nos ilumine y nos renueve, creando en cada uno de nosotros un corazón nuevo, capaz de amar y sentirse amado por Ti. Danos la paciencia y la perseverancia para no desanimarnos y esperar que Tú te hagas presente, cuando quieras, en nuestras vidas. Tengamos la fe de acudir a su banquete eucarístico al que estamos invitados, y a alimentarnos de su Cuerpo y su Sangre.

No perdamos esa gran oportunidad que nos invita a estar, no ya cerca de Él, sino en Él, que vive y se confunde con cada uno de nosotros. Pidamos aumentar nuestra fe y ser dóciles y sumisos a su Palabra. Amén.

jueves, 5 de abril de 2018

¿CREES QUE JESÚS PUEDE DARTE LA ETERNIDAD?

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No tengas miedo ni te asuste. Cree en Jesús y confía que Él puede darte la eternidad. Primero, porque, Él ha Resucitado y es, por lo tanto, Eterno. Y puede darte esa Vida Eterna a ti también. No tengas miedo y créelo. No te asuste porque no lo entiendas. Él sabe de tus limitaciones e ignorancias, y sólo te exige que confíes en Él.

Igual les pasó a los apóstoles. No entendía nada y Jesús tuvo que mostrarse en su Naturaleza humana, para que comprendieran que era una Persona, tal y como ellos le habían conocido. Por eso, les invita a que le toquen y a comer, para que perciban su humanidad. También, a ti y a mí nos mostrará su rostro y nos abrirá nuestras mentes para que entendamos. Eso hizo con los apóstoles, les explicó todo lo que estaba escrito y tenía que suceder, y le dio luz para que pudieran entenderlo.

¿Por qué no lo hizo con los sumos sacerdotes o con los romanos? Tendría sentido presentarse delante de Pilatos y darle ahora razones, ¿no? No es ese el plan de Dios. Jesús se presenta a aquellos que han creído en Él. A aquellos que, aunque le han dejado solo por miedo, le habían seguido y estaban dispuestos a seguirle. Jesús se le aparece para darle ánimos, para fortalecerle su fe, para afirmarla y para llenarles de sabiduría y fortaleza para emprender el camino de la pascua de cada uno.

También lo hace contigo si crees en Él. No importa tus pecados y tus miedos, Él te confortará, te dará aliento y fortaleza para que sigas adelante. Aumentará tu fe y te llenará de sabiduría para que, en el Espíritu Santo, transmitas a los demás la buena Noticia de salvación. Porque, también el Señor quiere que todos tengan la oportunidad de conocerla y creerla.

Simplemente, llénate de humildad, reconoce tu pequeñez y ábrete a la Gracia del Espíritu Santo. Todo lo demás vendrá por añadidura. Pues, todo lo hace Dios. Tú y yo somos simplemente humildes instrumentos abiertos a su Gracia, que sólo tenemos una misión, obedecerle y poner en sus Manos esa libertad que Él nos ha dado. Eso es lo que Dios te pide silenciosamente, y no moverá un dedo ante tu elección. Seamos, pues, sumisos a su Palabra y obedientes a su llamada. Amén.

miércoles, 4 de abril de 2018

TAMBIÉN A TI TE HABLA CADA DÍA

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No es cuestión de estar esperando, porque el Señor ya está contigo. Está vivo y te acompaña. Se trata de saber advertir su presencia y escucharle. Ahora mismo está dentro de ti y te habla desde dentro, desde tu corazón, desde lo más profundo. Primero, sosiégate, ponte en paz y serénate. El Señor está en lo tranquilo, en lo suave, en lo sencillo, en la brisa que te llena de paz.

Y, ahora, dispón tu oído para escucharle. No se trata de hablar, ni de pensar. Simplemente, permanecer en silencio. Deja que sea Él quien mueva tu corazón y tome los hilos de tu vida. Ábrete a su Amor y déjate amar por Él. Pronto empezarás tú también a amar. No desesperes, porque Él está a tu lado, ¿para qué entonces resucitar? ¿Para marcharse y dejarte solo? Concuerdas conmigo que eso no tiene sentido.

Luego, el Señor está contigo, y también conmigo. Sólo nos basta abrirnos y dejarnos amar por Él. Nos conducirá por el camino que Él quiere para nosotros. Ese camino que nos hace feliz y nos da la Vida Eterna. No te preocupes. Estar con el Señor no puede ser aburrido, ni cansado, ni preocupante ni darnos miedo. No puede ser nada de eso, pues, entonces, ¿qué Señor sería? ¿Nos ha engañado?

Estar con el Señor tiene que ser un remanso de paz, de tranquilidad, de alegría, de gozo, de fortaleza, y, sobre todo, de amor. Estar con el Señor tiene que ser la dicha más grande que podamos alcanzar. Y, si todavía no nos pasa eso, es que no hemos logrado estar con Él plenamente. Posiblemente no hemos sabido encontrarlo como les sucedía a los de Emaús en su retirada. Pero, sabemos cómo actuaron una vez que lo encontraron.

También nos sucederá a nosotros. Por lo tanto, sigamos buscándole y esperándole. Sigamos perseverando y atentos a su Palabra. Busquemos espacios de silencio y de paz para dejarnos embriagar por la Palabra del Señor, que nos atosiga, ni nos apresura, sino que nos llena de paz y de amor. Y cuando llega el amor se da todo, hasta la propia vida. Amén.

martes, 3 de abril de 2018

LA VIDA SE TRANSFORMA CON LA RESURRECCIÓN

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Todo empieza a verse de otra forma. Se hace la luz y la esperanza renace. Hay victoria del amor sobre el mal. La vida se renueva y la muerte queda vencida. Se puede decir de muchas formas, pero todas conducen a un mismo lugar, el triunfo del amor que da vida sobre el mal y el pecado. El signo de la Cruz es nuestra salvación.

A pesar de nuestras esclavitudes, de nuestros miedos, de nuestras debilidades, de nuestros interrogantes y limitaciones, Jesús, el Señor, ha Resucitado, y su Infinita Misericordia nos ha rescatado de las garras del pecado liberándonos también de la muerte al amor. Nuestra vida se transforma y queda liberada de estar sometida a la muerte. Jesús con su Resurrección nos da esperanza y una nueva vida.

Gracias, Señor. ¿Qué sería de nosotros sin Ti? ¿Cómo entenderíamos la vida sin la esperanza de la Resurrección? Esa Resurrección que Tú nos has mostrado resucitando del sepulcro. Esa Resurrección que María Magdalena nos comunica exultante de alegría y llena de vida. Nuestros miedos han desaparecido. Es verdad que todavía nos queda un largo camino que recorrer y una pasión particular que sufrir, pero ya no nos da miedo. Al menos tanto miedo.

Porque, Tú, Señor, estás con cada uno de los que en Ti creen; porque, Tú, Señor, nos acompañas y nos das fortaleza y sabiduría para tener capacidad de discernir y saber elegir el verdadero camino. Te pedimos, Señor, que nos des fuerza y voluntad para no anteponer nuestra voluntad, sino la Tuya. Es esa la que nos salva y la que también nosotros queremos cumplir y realizar. 

Pero, también sabemos que somos débiles, que nuestras fuerzas nos fallan y que podemos caer en las garras del demonio que nos asedia y nos acecha. Líbranos, Señor, de su influencia y llénanos de sabiduría y consejo para, en el Espíritu Santo, salir victorioso y alcanzar como Tú nuestra propia cruz para en ella, por tu Gracia, resucitar en Ti, Señor. Amén.
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