María, quisiera hacer como hacías Tú que mantenías la serenidad de espíritu, que no te inquietabas por las dificultades de la vida, por sus altibajos, por sus decepciones y por lo que los otros decían. María, como Tú deseo lo que Dios quiere. Quiero, Señora, como hiciste Tú a lo largo de la vida confiar ciegamente en el Dios que me quiere para Él y que se me presenta siempre de la manera más inesperada, como hizo contigo en la Anunciación. Quiero sentir, como lo hiciste Tú, pensar que estoy en sus manos, fuertemente cogido, cuanto mayores son las dificultades y las tristezas. Quiero como Tú, María, tener siempre un rostro que sonría, que conserva la serenidad y el amor en la mirada y tratar de contagiarme del Amor de Cristo. Amén.
"Despojado de toda distracción y riqueza. Sólo desde la humildad de nuestro corazón, junto a María, llegará nuestra oración al PADRE".
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UN ROSARIO CADA VIERNES
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sábado, 8 de febrero de 2025
domingo, 26 de enero de 2025
ORACIÓN: COMO TU, MARIA.
María, quiero imitar tus gestos, tus palabras, tus sentimientos, tus acciones. Por eso pongo en mis manos tu vida, lo poco que tengo y lo pequeño que soy. Te entrego mi persona y mi vida, y la vida de las personas a las que quiero. Te consagro, Madre mía, todos los pasos de mi vida y todo mi ser para que Tu me encamines hacia Tu Hijo. Pongo en tus santas manos mis propósitos y mis ilusiones, mis esperanzas y mis temores, mis afectos y mis deseos, mis alegrías y mis sufrimientos. Hazme ver, Señora, todas las cosas como las ves tú y comprender siempre que Dios es amor. Quiero, María, ser de tu Hijo Jesucristo. Llévame a Él para unirme más al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.
domingo, 1 de diciembre de 2024
ADVIENTO
Nada mejor que
empezar este nuevo camino de Adviento al lado de María. Porque, ella ya tiene experiencia
de haberlo recorrido y nos puede indicar como hacerlo. Si nos fijamos en su
manera de hacerlo y afrontarlo podemos advertir esto:
a)
Ante
lo incomprendido y sorprendente mantuvo una actitud de fe.
b)
En
el transcurso de los acontecimientos no desesperó, al contrario confió y creyó.
c)
Tuvo
siempre una actitud de acogida, paciente y confiada.
d)
Mantuvo
siempre la esperanza en la venida. Y esperó confiada en el cumplimiento de la
promesa.
e)
Acepto
el Plan de Dios y los acontecimientos vividos por su Hijo.
f)
Creyó
siempre en su Palabra y, confiada, aceptó los sufrimientos y dolores que el
Amor Misericordioso de su Hijo le ocasionó por amor y para salvación de todos
los hombres.
Madre de Dolores, enséñanos el camino para también nosotros llegar a encontrarnos con tu Hijo y aceptar la cruz.
martes, 21 de mayo de 2024
ORACIÓN: MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA
María, tus hijos llenos de gozo, te proclamamos por siempre bienaventurada. Tú aceptaste gozosa la invitación del Padre para ser la Madre de su Hijo. Con ello nos invitas a descubrir la alegría del amor y la obediencia a Dios.
Tú que acompañaste hasta la cruz a tu Hijo, danos fortaleza ante el dolor y grandeza de corazón para amar a quienes nos ofenden. Tú al unirte a la oración de los discípulos, esperando el Espíritu Santo, te convertiste en modelo de la Iglesia orante y misionera.
Desde tu asunción a los Cielos, proteges los pasos de quienes peregrinan. Guíanos en la búsqueda de la justicia, la paz y la fraternidad. María, gracias por tenerte como Madre. Amén.
jueves, 9 de diciembre de 2021
QUIERO DECIR "SÍ", COMO TÚ, MARÍA
María marca una referencia que no podemos obviar. Ella abrió su corazón al Plan de Dios para que, su Hijo, encarnado en naturaleza humana en su vientre, naciera a este mundo. Por tanto, ella es la puerta que da paso para que, el Hijo de Dios irrumpa en este mundo. Conviene, pues, poner nuestra mirada de hijos siempre fija en María.
También nosotros entramos en el Plan de Dios. Y, por y para eso, debemos de abrir nuestro corazón para, como María, responder a su llamada. Dios espera nuestro "sí" y nosotros somos libres, como lo fue María, para responder afirmativamente - como María - o para negarnos.
Por tanto, pidamos a María, nuestra Madre, que interceda por cada uno de nosotros para que sepamos y podamos responder, fortalecidos por la Gracia de nuestro Señor, a su Voluntad.
Y, abiertos a escuchar esa voz en el desierto de Juan el Bautista, pidamos también que nuestros corazones se conviertan a ese Plan de Dios que, a través de Juan y luego en María prepara para que venga a nosotros su Reino en la Persona de su Hijo, el Mesías, que viene a anunciarnos la Buena Noticia de Salvación. Amén.
sábado, 3 de octubre de 2020
MIRA LA ESTRELLA, INVOCA A MARÍA
Oración de San Bernardo
¡Oh! tú, quien quiera que seas, que te sientes lejos de tierra firme,
arrastrado por las olas de este mundo, en medio de las borrascas y tempestades,
si no quieres zozobrar, no quites los ojos de la luz de esta estrella.
Si el viento de las tentaciones se levanta,
si el escollo de las tribulaciones se interpone en tu camino,
mira la estrella, invoca a María.
Si eres balanceado por las agitaciones del orgullo,
de la ambición, de la murmuración, de la envidia,
mira la estrella, invoca a María.
Si la cólera, la avaricia, los deseos impuros
sacuden la frágil embarcación de tu alma,
levanta los ojos hacia María.
Si perturbado por el recuerdo de la enormidad de tus crímenes,
confuso ante las torpezas de tu conciencia,
aterrorizado por el miedo del Juicio,
comienzas a dejarte arrastrar por el torbellino de tristeza,
a despeñarte en el abismo de la desesperación, piensa en María.
Si se levantan las tempestades de tus pasiones,
mira a la Estrella, invoca a María.
Si la sensualidad de tus sentidos quiere hundir la barca de tu espíritu,
levanta los ojos de la fe, mira a la Estrella, invoca a María.
Si el recuerdo de tus muchos pecados quiere lanzarte al abismo de la desesperación,
lánzale una mirada a la Estrella del cielo y rézale a la Madre de Dios.
Siguiéndola, no te perderás en el camino. Invocándola no te desesperarás.
Y guiado por Ella llegarás al Puerto Celestial.
Que su nombre nunca se aparte de tus labios, jamás abandone tu corazón;
y para alcanzar el socorro de su intercesión, no descuides los ejemplos de su vida.
Siguiéndola, no te extraviarás, rezándole, no desesperarás,
pensando en Ella, evitarás todo error.
Si Ella te sustenta, no caerás; si Ella te protege, nada tendrás que temer;
si Ella te conduce, no te cansarás; si Ella te es favorable, alcanzarás el fin.
Y así verificarás, por tu propia experiencia,
con cuánta razón fue dicho: “Y el nombre de la Virgen era María”.
lunes, 1 de junio de 2020
Oración a María, madre de la Iglesia y madre de nuestra fe*
viernes, 27 de marzo de 2020
TAMBIÉN NOSOTROS, COMO JESÚS, SOMOS ENVIADOS
miércoles, 1 de enero de 2020
¡SEÑOR, NACE CADA DÍA EN MI CORAZÓN!
sábado, 21 de diciembre de 2019
¡DIOS TE SALVE, MARÍA!
sábado, 8 de septiembre de 2018
ESTÁ Y CAMINA ENTRE NOSOTROS
miércoles, 15 de agosto de 2018
MARÍA, MADRE DE DIOS
miércoles, 20 de diciembre de 2017
¿CUÁ ES NUESTRA MIRADA?
viernes, 15 de diciembre de 2017
HAZME DÓCIL A TU PALABRA, SEÑOR
martes, 21 de noviembre de 2017
MARÍA, EJEMPLO DE TESTIMONIO
sábado, 7 de octubre de 2017
APRENDER A MIRARNOS EN MARÍA
viernes, 15 de septiembre de 2017
H I M N O
mientras el Hijo pendía;
cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.
¡Oh cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.
Y, ¿cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
¿Y quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?
Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.
¡Oh dulce fuente de amor!
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.
Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.
Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo;
porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.
¡Virgen de vírgenes santas!
Llore yo con ansias tantas
que el llanto dulce me sea;
porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.
Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio;
porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.
Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén;
porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén.
sábado, 15 de abril de 2017
JUNTO A LA SOLEDAD DE MARÍA
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía;
cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.
¡Oh cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.
Y, ¿cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
¿Y quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?
Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.
¡Oh dulce fuente de amor!
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.
Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.
Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo;
porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.
¡Virgen de vírgenes santas!
Llore yo con ansias tantas
que el llanto dulce me sea;
porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.
Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio;
porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.
Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén;
porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén.