Blogueros con el Papa

UN ROSARIO CADA VIERNES

Cada viernes, hora peninsular entre las 09, 30 y 10:30, en Canarias entre las 08:30 y 09:30, aproximadamente, y en cualquier otra parte del mundo la que mejor puedan elegir, nos unimos en el rezo del Rosario (VER AQUÍ) por la unidad de todos los creyentes, por la familia natural, hombre - mujer, por la vida y por la libertad de educación de los hijos.

Desde tu casa, online, desde tu trabajo, desde tu hospital y enfermedad, desde myfeeling, desde todas los colectivos y asociaciones, desde donde quieras que estés, tú también puedes unirte en este clamor al Padre, unidos a María Santisíma, para que el Espíritu Santo nos dé la capacidad y la luz de salvaguardar la vida y los valores morales y naturales que la dignidad de las personas demanda y hemos recibido de nuestro Padre Dios.

También estamos rezando un rosario cada día que hacemos normalmente en las primeras horas de la mañana aunque a veces, por premuras de tiempo, lo hacemos en otras horas del día. En el icono de la Virgen, debajo del rosario de todos los viernes, puedes encontrar el rosario correspondiente a cada día.
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lunes, 29 de noviembre de 2021

EN EL CAMINO DEL ADVIENTO

Estamos en el camino del Adviento – venida del Señor – y nos disponemos ya en este lunes a seguir ese camino de esperanza y de alegría que significa que el Señor viene a este mundo para liberarnos de la esclavitud del pecado.

Un pecado que nos somete y nos hace esclavos de nuestras propias pasiones, afanes y apetitos, que nacen desde nuestra propia naturaleza manchada y contagiada por ese pecado original que mata nuestro amor. Y, unidos a esa feliz maternidad de nuestra Madre, la Virgen María, morada y santuario de ese Niño Dios que, encarnado en su vientre, nos trae la liberación y salvación.

Pidamos, con confianza, con alegría y con amor que esa venida del Señor – misterio de encarnación – sea la esperanza de nuestra liberación. Amén.

 

 

Himno

De luz nueva se viste la tierra,
porque el Sol que del cielo ha venido
en el seno feliz de la Virgen
de su carne se ha revestido.

El amor hizo nuevas las cosas,
el Espíritu ha descendido
y la sombra del que todo puede
en la Virgen su luz ha encendido.

Ya la tierra reclama su fruto
y de bodas se anuncia alegría,
el Señor que en los cielos habita
se hizo carne en la Virgen María.

Gloria a Dios, el Señor poderoso,
a su Hijo y Espíritu Santo,
que en su gracia y su amor nos bendijo
y a su reino nos ha destinado. Amén.

Lunes, I semana de Adviento

 

sábado, 24 de julio de 2021

EN LA ESPERA DE LA HORA FINAL

 

La fe alimenta nuestra esperanza de victoria. Saldremos victoriosos de esa lucha de cada día contra el mal - la cizaña - porque, sin darnos cuenta crece junto a nosotros y nos amenaza con ahogarnos en los momentos que detecta nuestras debilidades y flaquezas, impidiéndonos que crezcamos, que demos buenos frutos y que salvemos nuestra buena cosecha. 

Por eso, conviene permanecer unidos al Señor y en permanente súplica, pidiéndole fortaleza para resistir y no dejarnos engullir por sus tentaciones y seducciones. No dejemos nunca de pedir la Gracia del Espíritu Santo para, fortalecidos en Él, soportar, resistir y superar todos esos contratiempos, dificultades y tentaciones que buscan seducirnos y ahogarnos para impedir nuestra cosecha de buenos frutos.

Tratan de apartarnos del Señor. Pidamos, pues, con insistencia y perseverancia sostenernos firmes junto a Él hasta la hora de la ciega para que, por la Gracia del Señor, seamos preservado de ser arrojados por la cizaña. Amén.

miércoles, 31 de marzo de 2021

ESPERARÉ

 

 

 

Esperaré a que crezca el árbol

y me dé sombra.

Pero abonaré la espera con mis hojas secas.

Esperaré a que brote el manantial

y me dé agua.

Pero despejaré mi cauce

de memorias enlodadas.

 

Esperaré a que apunte

la aurora y me ilumine.

Pero sacudiré mi noche

de postraciones y sudarios.

Esperaré a que llegue

lo que no sé y me sorprenda

Pero vaciaré mi casa de todo lo enquistado.

 

Y al abonar el árbol,

despejar el cauce,

sacudir la noche

y vaciar la casa,

la tierra y el lamento

se abrirán a la esperanza.

Benjamín González Buelta, sj

domingo, 27 de septiembre de 2020

LA PUERTA SIEMPRE ESTÁ ABIERTA

 

Hasta el último momento siempre hay vida. Esa es la palabra que siempre hemos oído y que nos llena de esperanza. Siempre hay esperanza mientras haya vida y siempre habrá una nueva oportunidad de salvación que, el hecho de estar vivo, nos ofrece por el Amor de nuestro Padre Dios. La puerta en el corazón humano la mantiene siempre abierta nuestro Padre Dios. Su Amor es Infinito y su Paciencia Ilimitada.

Por tanto, siempre existe la posibilidad de abrirse en la espera paciente de nuestro "Sí" a su obediencia y a su llamada. La esperanza - repetimos - es lo último que se pierde y esa esperanza está sostenida y mantenida en y por el Amor de nuestro Padre Dios. Siempre, pues, estamos a tiempo de abrirnos a la llamada del Señor, porque, Él nos llama misericordiosamente y pacientemente perdonándonos todos nuestros errores y pecados.

Y, postrados y abandonados a su Infinita Misericordia, queremos, Señor, darte gracias por tu paciencia, por tu llamada y por tu Misericordia, que nos abre tu corazón al perdón de nuestros pecados. Reconocemos, y postrados damos gracias, que sin ella nuestra salvación sería utópica y, por tanto, imposible salvarnos. Estaríamos condenados sin ninguna posibilidad de salvación.

Por tanto, Señor, gracias, y aprovechamos para pedirte fortaleza y perseverancia para no desobedecerte y volvernos atrás y resistirnos siempre al no afirmándonos siempre al "Sí". Amén.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

EN TI APOYO TODAS MIS DEBILIDADES Y CANSANCIOS

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Gracias, Señor, por ofrecerte para mi descanso. Confiado en tu Palabra y oferta, me abandono en tus brazos y descanso en Ti, Señor, porque, sin Ti mi vida pierde todo su sentido y mi cansancio termina por vencerme. Tú, Señor, ere mi vida y mi aliento y la esperanza que me levanta, me fortalece y me empuja cada día a seguir caminando sin desfallecer. Gracias, Señor.

Hay muchos momentos de mi vida que me siento derrumbar y que el camino se me nubla y la fuerzas me fallan. Las seducciones y tentaciones de este mundo son una muralla muy fuerte para superarlas, y mi naturaleza herida por el pecado un debilidad muy difícil de sostener. Me derrumbo ante los falsos espejismos de este mundo y, a pesar de conocerlos como falsos y mentiras, caigo cada día en la trampa. Sí, Señor, necesito descanso y ánimo para seguir adelante.

Por eso, Dios mío, la Palabras de tu Hijo, nuestro Señor, me llenan de aliento y esperanza. En ellas encuentro sentido y el deseo de continuar la lucha. En ellas experimento la esperanza de seguir adelante y de confiar, abandonado en tus Manos, en tu Palabra. Siento que puedo salir victorioso de esa lucha a muerte contra el Maligno que me tienta y trata de seducirme.

Tú, Señor, me das fuerzas, me animas y me llenas de gozo y alegría para, descansado en Ti, continuar el camino con renovadas fuerzas y alegrías. Gracias, Señor, por la esperanza y el anhelo de vivir. Vivir una vida nueva llena de gozo y plenitud eterna. Amén.

martes, 29 de octubre de 2019

DAME, SEÑOR, LA CAPACIDAD PARA AUMENTAR MI FE Y MIS OBRAS

Resultado de imagen de Lc 13,18-21 por Fano
La fe empieza, como si de una semilla se tratara, desde pequeña a crecer. Es un proceso que va conformándose en la medida que, poco a poco, va descubriendo el Reino de Dios que se esconde en Jesús. El peligro está en que si se instala y se acomoda puede detenerse y entonces, si no crece, termina por morir. La fe es como una semilla que sembrada en tu corazón tiende a crecer y a hacerse grande. 

Sin embargo, es un grave peligro que se detenga y queda instalada a mitad del camino. Eso significa que empieza a debilitarse y a morirse. Una fe pasiva e instalada en las prácticas religiosas y en los cumplimientos es una fe sentenciada a morir. La fe es un proceso de maduración que nace en un momento determinado, por la Gracia de Dios, y continua creciendo hasta la eternidad.

Es un don de Dios y en ella está contenido el Reino de Dios, porque, la fe hará crecer tus obras y tu misericordia, en tu relación con los demás, según la Palabra de Dios. Y es eso lo que te pido, Señor, que mi fe no se estanque ni se instale en las comodidades de este mundo; en las comodidades del bienestar y del buen vivir sin tener en cuenta a todos aquellos que sufren y que lo pasan mal porque carecen de lo más esencial y de muchas necesidades. O, porque sus derechos son pisoteados, marginados y excluidos de la sociedad del bienestar.

Ayúdanos, Señor, a saber defenderlos y acogerlos para darles esperanza y, sobre todo, a darles a conocer tu Mensaje de esperanza que les fortalezca y les de firmeza para nunca desesperar y apoyarse en tu Palabra. Amén.

jueves, 28 de septiembre de 2017

CURIOSIDAD INTERESADA

Yo quiero buscarte Señor porque quiero conocerte. Mi curiosidad no se queda en la superficie, sino que tu Palabra me seduce y ardo en deseos de conocerte y cumplir tu Palabra. Vivirla con toda la fuerza de la que sea capaz mi corazón. Sin embargo, Señor, no me es nada fácil. Diría imposible. Necesito tu cercanía y tu Gracia.

Quiero, pero tropiezo con mis apetencias, con mis sensualidad, con mi naturaleza humana herida, y me derrumbo. Cada día experimento una lucha, un combate cuerpo a cuerpo. Mis sentidos tratan de seducirme con las cosas del mundo, y nada de lo que me rodea me favorece. Mi corazón quiere, pero mis sentidos y mi cuerpo se niegan. En este dilema, Señor, te suplico que me des la sabiduría y la fortaleza para derribar el muro que me impide saltar y superar todas las barreras que me impiden cumplir tu Palabra.

Yo sé, Señor, que cuento con tu ayuda y con tu Gracia. Me has creado por amor y te has comprometido para salvarme. Tu Amor es un Amor comprometido e independiente de lo que yo elija y haga, Tú estarás siempre pendiente de salvarme. No dejes, Señor, que el mundo me seduzca y me aparte de Ti, porque sería muy infeliz. Yo lo intuyo y lo sé. Y experimento mi debilidad y mi pecado.

Dame, Señor, la voluntad para tener paciencia y no desesperar; dame, Señor, la confianza de no precipitarme ni, tampoco, impacientarme. Haz, Señor, que pierda el miedo al dolor, al sacrificio y a la renuncia de todo aquello que me aparta de Ti, incluso lo que me tiene atado y apegado. Porque yo, Señor, quiero conocerte y ser de los tuyos. Porque yo, Señor, no te busco por simple curiosidad, sino porque tu Palabra me da vida y creo en tu salvación.

Sí, Señor, Tú me sostienes y me impulsas al camino de cada día. Hay momentos que el camino de mi vida se me hace duro, difícil, monótono, rutinario, aburrido, pero son esos momentos los que me ayudan a encontrarte y a experimentar la curiosidad de buscarte, de descargar en Ti toda esa carga que me derriba. Por eso, Señor, te pido paciencia, mucha paciencia. Y sentado a tus pies, Señor, espero confiando en tu presencia y en tu Palabra. Amén.

sábado, 22 de julio de 2017

RENDIDOS A TU PALABRA

Tú, Señor, eres nuestra esperanza y nuestra vida. Sin Ti, Señor, ¿a dónde vamos? Sin Ti, la vida no es vida, porque Tú nos has enseñado a vivir en la verdad y el amor. Y, es ahí, en el amor donde se esconde esa felicidad y gozo que buscamos. Tú, Señor, no puedes morir, porque con tu muerte se acabaría mi vida y mis esperanzas.

En Ti, Señor, deposito toda mi confianza y espero, según tu Palabra, la Vida Eterna. Una vida que se me devolverá en la resurrección, tal y como Tú, mi Señor, has Resucitado. Y como, María Magdalena, a anunciado a los apóstoles. Ella fue la primera en experimentar y ver tu Resurrección, y la primera en anunciarla a los apóstoles. Y en ese anuncio descubrimos esa Verdad escondida dentro  y en lo más profundo de nuestros corazones.

Gracias, Señor, porque has ofrecido voluntariamente tu Vida, para que la mía también fuera salvada, eterna y dichosa. Gracias, Señor, porque has dejado tu huella en los labios de María Magdalena, para que anunciando tu Resurrección a los apóstoles, nos la dio a conocer a nosotros también. 

Danos, Señor, también a nosotros, la sabiduría y la fe de proclamarla con la misma convicción y entrega. Ayúdanos, Señor, a dejarnos de tantas ataduras que nos impiden verte y adorarte, y, sobre todo, anunciarte con nuestro testimonio de vida y de palabra. Aumenta nuestra fe y nuestra experiencia de tu presencia, y fortalece nuestra voluntad y convicción para, con nuestro testimonio, derramar el anuncio de tu Resurrección, roca y fundamento de nuestra fe. Amén.

domingo, 30 de abril de 2017

TODOS LOS DÍAS SON EMAÚS

Cada día la lucha se hace necesaria. Cada camino es una tentación hacia Emaús. Nos cansamos del cansancio, valga la redundancia, de la incertidumbre de no saber qué hacer o de no poder vencer la apatía y la comodidad. Nos cansamos de descubrirnos pecadores, y un día y otro seguir fallando y desilusionando. ¡No podemos!, gritamos y experimentamos el deseo de retirarnos a casa, al mundo del mundo, y volver con los nuestros, con los de Emaús.

Esa sensación pervive en nuestro corazón humano y herido por el pecado. Y, sin darnos cuenta, el diablo la alimenta exigiéndonos perfección a sabiendas que no podemos alcanzarla. Estamos cansados, Señor, y queremos descansar en tus brazos de Padre Misericordioso. Dejémonos de preguntarnos y exigirnos y, simplemente, lloremos con los que sufren y lo pasan mal. Y acudamos a nuestro Padre. En Él encontraremos el descanso que buscamos, pero también la Misericordia que necesitamos.

Volvemos, Señor, a Ti. Volvemos sabiendo de nuestra inmerecida misericordia y dándote gracias por tu Amor. No merecemos perdón, pero Tú nos perdonas. Está a la vista la Cruz de tu Hijo, que ha aceptado voluntariamente para redimir nuestros pecados. No podemos volvernos atrás y despreciar esa salvación por amor y misericordia que Tú nos has regalado en tu Hijo. Danos la fuerza y la paciencia de saber esperar y de calentar nuestros corazones para, encendidos, regresar a la comunidad. Realmente la necesitamos.

Señor, me detengo ante Ti y me postro a tus pies, y espero. Confío en tu Amor y pongo todas mis esperanzas que, como a los de Emaús, me enciendas mi corazón y actives mi vida llenándola de gozo y alegría y entregándola en la Cruz. Amén.

jueves, 12 de enero de 2017

SEÑOR, EN TI CONFIO

Igual que aquel leproso, que confiado en tu poder se acercó y pidió que le limpiaras, Señor. Yo también quiero acercarme a Ti y pedirte que me limpies. Me limpies de la soberbia que no me deja crecer; me limpies de los fracasos que me atormenta y me desesperan; me limpies de no aceptar mis limitaciones y mis recaídas una y otra vez; me limpies del desánimo y la desesperanza de creer inútiles mis esfuerzos. En una palabra, Señor, me limpies de no reconocerme pecador.

Porque un pecador es aquel que, a pesar de sus esfuerzos cae cada día. Un pecador es aquel que experimenta sus debilidades y entiende que si Ti nada puede. Un pecador es aquel que cuando ha caminado mucho y se cree estar cerca de la meta, experimenta lo mucho que le falta y los fracasos que le esperan. Un pecador es aquel que descubre que su pecado necesita ponerlo en tus Manos para que seas Tú, y nada más que Tú, Señor, quien lo borre para siempre.

Ni sé a dónde ir, ni a quién recurrir. No encuentro a nadie que pueda acogerme y aceptarme como Tú lo haces. No sé dónde apoyarme que me sostenga y me ilusione. No sé dónde ir, Señor. Y te busco con desespero y con esperanza. Tu Palabra llena mi vida cada día. Las cosas del mundo ya no me importan. Hace tiempo que todo me da lo mismo, y eso también me preocupa. Porque Tú me quieres en el mundo y que viva esa fe y esperanza en el mundo para que,el mundo, te vea.

Recurro a Ti, Señor, para que avives mi vida, me llenes de Gracia  y limpies mi alma de tantas lepras que el mundo le contagia. Me alienta y me activa, Señor, saber de tu Misericordia. Sé que Tú, siempre que tratemos de actuar con limpieza y fe, nos acoge misericordiosamente. Y yo quiero vivirlo y hacerlo así. Límpiame, Señor, porque Tú puedes hacerlo. Amén.

martes, 22 de marzo de 2016

AÚN TODAVÍA, SEÑOR, HAY MUCHA GENTE QUE DUDA DE TU DIVINIDAD



Te seguimos crucificando, Señor. Hay mucha gente que no ha oído hablar de Ti, pero, otros, oyendo hablar no quieren conocerte, y otros tienen la palabra de otro. Al parecer hay muchos dioses, Señor. Y recuerdo que Tú también nos has puesto al cuidado de esto. Unos, porque están acomodados con el dios que le han presentado sus ancestros y no quieren saber más, y otros porque han fabricado sus propios dioses.

Se tratará de confundirnos y de desviar nuestra atención hacia otras miradas, pero Tú, Señor, eres la única Mirada que nosotros contemplamos, miramos y acogemos en nuestros corazones. Y eso te pedimos, Señor, ver esa Mirada como la que pusiste en Pedro. Una Mirada de ternura, de comprensión, de perdón, de amor y de misericordia. Una Mirada de esperanza que nos devuelva la esperanza, valga la redundancia, de sabernos perdonados y amados por el Padre, que nos salva con tu Muerte y Resurrección.

Gracias, Señor, por tu Pasión y Muerte, porque con ella has saldado el precio y rescate de nuestra salvación y nos has dada la oportunidad de elegirte y seguirte. Gracias, Señor, por esta Semana Santa, que culmina toda nuestra esperanza y seguimiento de todo el año litúrgico que proclama nuestra fe. Gracias, Señor, porque tu Amor se manifiesta tan claramente hasta el punto de humillarte a lavarnos los pies. Nunca mejor lección de humildad, de servicio y amor.

Gracias, Señor, por mantenernos de pie, al pie, valga la redundancia, de este humilde blog proclamando tu Mensaje de Amor, un día sí, y otro también: Gracias, Señor, por todos aquellos que, auxiliados en tu Espíritu, comparte y glorifican con cánticos y alabanzas y comentarios este humilde espacio de oración que nos ayuda a perseverar y fortalecer nuestra fe.

Gracias, Señor, porque, en este Semana Santa, renovamos nuestra esperanza y nuestra fe y, abiertos a tu Gracia, nos esforzamos en continuar tu camino y cargar con la cruz que a cada uno nos toca compartir contigo hasta la última gota de nuestra sangre. Amén.

martes, 12 de enero de 2016

QUIERO, PERO EXPERIMENTO QUE NO PUEDO



Supongo que muchos, que seguimos o intentamos seguir a Jesús, queremos, pero se nos hace cuesta arriba vivir y proclamar con esa autoridad que su contemporáneos admiraban y a los que le dejaba las caras pasmadas. Jesús es único, es el Hijo de Dios, y su autoridad le viene de saber y aceptar su Misión de forma voluntaria y plena. Él se entrega en Cuerpo y Alma a su obra.

Y lo hace con la autoridad que su Palabra y su Vida transparenta, y con el Poder que le ha sido dado por su Padre del Cielo. Claro, lógico suponer que deja a todos los que le escuchan admirados y pasmados. Vive y  hacelo que dice, y ante esa firmeza y autoridad todos se rinden.

Nosotros tenemos la promesa de Jesús de poder hacer tanto como Él y aún cosas mayores (Jn 14, 12), pero quizás nos falta fe y confianza. Y nos quemamos la cabeza pensando una y mil formas de métodos y estrategias para llegar a las personas indiferentes a su Palabra o alejados, sin resultados. Y cada día nuestras iglesias parecen menos visitadas y más vacías. ¿Qué hacer?, nos preguntamos.

Hoy queremos dejarte esta pregunta, Señor. Pero, más que pregunta es una petición de fuerzas, de valor, de sabiduría y de entrega. Porque sabemos que no damos la talla; porque nos sabemos instalados en el bienestar de nuestro hogar, nuestra familia y nuestro trabajo; porque nos sabemos cómodos, provistos de todo lo necesario para vivir, techo, comida, salud, atenciones sanitarias...etc. ¿De qué nos vamos a quejar? ¡E incluso somos tan desvergonzados que nos quejamos!

Perdónanos Señor, y ten Misericordia de todos nosotros. Danos la capacidad de responder a tu llamada con humildad, con paciencia, con perseverancia, con esperanza y alegría. Y, a pesar de nuestra caída y errores, fallos y debilidades, tener siempre la confianza que estamos en tus Manos y que Tú, Señor, cuando quieras puedes transformarnos y darnos esa autoridad que deje asombrado y pasmado a todos los que nos escuchen. Amén.

lunes, 3 de agosto de 2015

¿A DÓNDE VAMOS SIN EL SEÑOR?



La tarea es ingente, pero por muchos obreros que tengamos, vano será nuestro esfuerzo si el Arquitecto no construye la casa. Y es que sin el Señor todo esfuerzo es vano. Pero con el Señor todo es posible. Esa es nuestra experiencia y nuestra esperanza.

Y por eso nos atrevemos a iniciar el camino, poniend siempre el poder del Señor y contando con su Gracia. Sin ella no seríamos capaces de dar un paso. Somo instrumentos inútiles e indigno e incapaces de hacer algo bueno, y menos la misión que el Señor nos encarga y espera de nosotros. 

Igual que el milagro de los panes y peces, Jesús sabe de nuestras posibilidades y capacidades, y cuenta con nosotros, pero Él está por detrás. Nuestros cálculos no cuadran, pero Jesús los cuadra y hace que nuestra labor fructifique.

Te damos gracia, Señor, por todo lo que nos has dado y te pedimos sabiduría, fortaleza y voluntad para, contando contigo, seamos capaces de vivir y cumplir tu Voluntad. De eso se trata. De nada vale cumplir normas, preceptos y leyes si no vivimos en Ti y actuamos en tu Palabra. Y actuar significa estar disponible y al servicio de entregar los talentos recibido de tu Mano generosa en beneficio de todos los hombres. Sobre todo de aquellos más necesitados.

Danos, Señor, esa fuerza en nuestra voluntad para hacer el bien que entendemos podemos y debemos hacer. Y a aceptar también nuestras debilidades y fracasos. No desanimarnos, sino esforzarnos y persistir en ser perseverantes, constantes y esperanzados en su Misericordia. Porque al final sólo nos salva su Gracia.

En ti, Señor, ponemos toda nuestra confianza y te pedimos que aumentes nuestra fe y voluntad con la intención de ponerla en tu servicio, que es, porque así lo quieres Tú al servicio de todos los hombres, sobre todo los más pobres. Amén.

sábado, 4 de abril de 2015

DÍA DE SILENCIO Y ESPERANZA



Es un día triste, triste porque Jesús ha muerto en la Cruz. Pero también un día de gozo y de alegría porque esperamos la Resurrección del Señor. Es necesario que haya muerte para que también haya Resurrección. La muerte da tristeza, pero en Jesús es simplemente un paso hacia la alegría y felicidad eterna.

Desde ese momento, los cristianos sabemos que la muerte es simplemente un paso hacia la Vida. Una Vida nueva, gozosa y eterna. Eso supone tristeza, porque la muerte es separación y lejanía mientras caminemos por este mundo, pero, al mismo tiempo, supone alegría y gozo, porque tras la muerte está la Resurrección. Y eso supone el nacimiento a una vida nueva y plena para toda la vida.

Gracias, Señor, por la fe que nos mantiene y nos fortalece para continuar el camino, y por la esperanza de esperar la Resurrección. En ella se fundamenta nuestra fe, y encontramos el valor para superar todos los obstáculos que nos salen al paso. Gracias, Señor, por todos los estímulos e impulsos que, en y por Ti, recibimos de tu santo Espíritu, y con su asistencia nos llenamos de las fuerzas necesarias para continuar el camino.

Hoy, recordando aquellos momentos históricos, esperamos, en silencio, el momento de proclamar la hora de tu Resurrección. Y te pedimos la paz, sabiduría y fortaleza que nos dé la perseverancia para permanecer y continuar en tu Amor.

jueves, 7 de agosto de 2014

SÓLO TÚ, SEÑOR, MERECES LA PENA DE CONTEMPLARTE Y VERTE



Es gozoso llegar a pensar, como hace ya bastante tiempo dijo Santa Teresa, que aunque no existieses Señor, yo seguiría buscándote y anhelando encontrarte para contemplar tu supuesta Gloria y Belleza. Casualmente, ¡qué coincidencia con este pensamiento ahora, Señor! Hace unas horas, un buen amigo al que veré mañana, notó cierta alegría y entusiasmo al hablarnos por teléfono y supuso que me encontraba bien, nos preguntábamos por la salud, pues mi tono de voz y alegría le transmitía esa señal.

Y, sin saber como ni por qué, supongo que el Espíritu me suscitó tal comentario, respondí que los cristianos vivimos, al margen de nuestros problemas de salud, con la esperanza de que eso será pasajero y de que al final gozaremos de la felicidad y paz eterna. Asintió confirmando que eso era evidente. Y es verdad, porque aunque no existieses, Señor, será mejor vivir buscándote y esperanzado en Ti que descansar y apoyarme en las cosas de este mundo.

Sin darme cuenta he comprendido la experiencia de santa Teresa que le arrancó esa hermosa expresión de su corazón. Pero, despierto, Señor, de ese ilusorio sueño, porque Tú estás aquí y me esperanza descansa en Ti, pues has Muerto y Resucitado para llenar toda mi vida de verdadera y real esperanza.

Y, hoy Señor, tu Palabra me regala esa hermosa experiencia de Pedro, Santiago y Juan, a los que regalas la hermosa visión de contemplarte en tu Gloria. Y haces que mi corazón rebose de entusiasmo, de alegría y de plenitud en la esperanza confiada en tu Divinidad y, por tu Misericordia y Amor, aguardar tu venida para, en tu presencia, gozar de la plenitud de tu Amor. Amén.

domingo, 4 de mayo de 2014

CAMINO DE ESPERANZA



Necesito, Señor, recobrar mi esperanza. Y lo necesito en estos momentos de desesperanza, de oscuridad, de abatimiento, de derrota aparente, de pérdida de horizonte, de locura y desánimo. Estoy abatido porque las dudas continúan su lucha y los miedos y temores amenazan desfallecer. Y suplico tu fortaleza y tu ayuda para seguir el camino de mi cruz.

Son estos momentos donde la fe crece y se forja firme y sostenida. Porque estos momentos, vividos en la esperanza de tu Resurrección, nos fortalece y nos apuntala en la fe. El camino se hace cuando se vive en el sacrificio y la renuncia, pues lo fácil lo recorren todos. Y son esas pruebas por las que hay que pasar las que nos dan la medida de nuestra fe y nuestra esperanza. 

Jesús es nuestra referencia, pues Él las padeció primero, y nos marca con su Cruz a cuesta hacia el Calvario el camino que nosotros tenemos también que recorrer. Pero un camino que no termina en la muerte y en la desesperanza, sino un camino de Resurrección que nos revive la esperanza de salvación eterna en el Señor.

Porque estamos llamados a una vida nueva, nacida del hombre nuevo forjado del Agua y el Espíritu. Amén.

domingo, 20 de abril de 2014

GRACIAS SEÑOR POR TU ESPERANZA



¿Qué sería de nosotros, creyentes, si la piedra del sepulcro hubiese permanecido cerrada? ¿Dónde y qué hubiésemos hecho? ¿A dónde hubiésemos ido? ¿Cómo sería el mundo de hoy? ¿Habrían derechos humanos? ¿En quién nos apoyaríamos para proclamar el amor y la verdad? ¿Existiría la verdad?

Todas esas preguntas y muchas más nos haríamos todos aquellos que hoy gozamos y saltamos de alegría ante la experiencia de la Resurrección del Señor. Porque Él ha dado sentido, esperanza y alegría a nuestra vida. No es el mundo y menos la muerte quienes tienen la última palabra. Es el Señor Jesús, el Hijo de Dios Vivo quien ha hablado con la Resurrección y muriendo por cada uno de nosotros, los hombres, en la Cruz.

Él ha vencido a la muerte y nos promete que nosotros también la venceremos si caminamos en Él y vivimos en Él. Es el Amor que vence al desamor; es la Verdad que vence a la mentira; es la Justicia que vence a la injusticia; es la Vida que permanece en nosotros para siempre si creemos en Jesús y vivimos a su estilo.

Aumenta Señor nuestra fe y muévenos a vivir en el amor por tu Espíritu y tu Gracia. Amén.

sábado, 19 de abril de 2014

ESPERAMOS EXPECTANTE LA RESURRECCIÓN



No cabe ninguna duda que tenemos ventaja a los apóstoles y discípulos de Jesús, pues mientras ellos no se habían enterado de la promesa de la Resurrección sus esperanzas no eran las mismas que las que hoy tenemos nosotros. Ellos se sintieron derrotados y algunos emprendieron el camino de regreso a su vida anterior, y otros, asustados, permanecían escondidos y atemorizados.

Hoy nos puede esta pasando lo mismo. Muchos somos indiferentes a actualizar esta vivencia y esperanza de Resurrección, otros ni se enteran de qué va la celebración, y algunos pocos tratamos de vivenciar, vivir y actualizar la esperanza de que resucitaremos victoriosos para una vida gloriosa y eterna junto al Señor.

Hoy pedimos para que todos despertemos a la fe y a la esperanza de encontrar lo que buscamos. Y todos buscamos la felicidad eterna en plenitud. Y sabemos por propia experiencia que este mundo nos la ofrece adulterada, falseada y aparente, porque la realidad vivida en nuestra propia carne es otra. 

Por eso, consciente de que sólo Tú Señor nos das Vida Eterna y gloriosa, ponemos nuestra vida en tus Manos y nos confiamos a tu Palabra y Amor. Amén.

martes, 15 de abril de 2014

ME CUESTA ACEPTAR LA CRUZ



Se hace muy difícil perdonar y aceptar un camino de renuncias, de sacrificio, de entrega y de servicio. Pero sobre todo, de silencio y humildad ante las bofetadas, insultos y desprecio, cuando no violencia, de los que imponen su autoridad por la fuerza y el poder. Se hace muy difícil, porque nuestro corazón de carne estalla y enciende la llama de la furia, de la respuesta de venganza y de lucha.

Pero, Tú, Señor, nos hablas de paz, de sosiego, de esperanza, de humildad y, sobre todo, de amor. Nos hablas de no responder, de obedecer, de protesta serena, sin subida de tono y bañada siempre de paz y de amor. ¿Cómo actuar así, Dios mío? ¿Cómo poder aplacar nuestro corazón vengativo y lleno de ira por las ofensas y castigos recibidos?

Danos Señor la luz para apagar nuestra oscuridad y encontrar el camino de la paz, de la respuesta sosegada, de la serenidad obediente, paciente y esperanzada en el amor, en ese Amor que Tú nos das y nos promete, y que preparas para llevarnos contigo cuando llegue nuestra hora. Amén.

domingo, 16 de marzo de 2014

ESA TAMBIÉN ES MI ESPERANZA SEÑOR



El camino se hace largo y cuesta arriba y necesito sentir tu poder Señor para fortalecerme y continuar la marcha. ¡Qué bien se está en la montaña gozando de tu compañía!, pero despertar de tan grato sueño y bajar a la realidad de mi camino se me hace imposible de soportar. Necesito Señor tu Gracia y tu Fuerza.

Dame Señor la luz que ilumine mi vida y que alumbre mis pasos. La esperanza de saber que al final del camino Tú me esperas tal y como te has transfigurado a Pedro, Santiago y Juan. Eso me dará fuerzas para superar mis apetencias y comodidades; mis desánimos y ambiciones; mis perezas y pasiones. Y me ayudará a pospones todo ante Ti, porque Tú eres mi camino, mi verdad y mi vida.

Yo si puedo hablar Señor y proclamar que Tú has Resucitado y que nos esperas por el mismo camino que Tú nos has señalado con tu Pasión. Porque ese camino es el único y verdadero camino de salvación. Sin embargo Señor, es un camino difícil de recorrer e imposible para recorrerlo solo. Necesito de tu presencia y de tu compañía, y para eso te has quedado bajo la especia de pan y vino como alimento de todos nosotros.

Señor, que no me separe nunca de Ti y que tu Cuerpo y tu Sangre sea el alimento que sostenga mis torpes y dubitativos pasos hacia tu Casa y según tu Palabra. Dame Señor la sabiduría y voluntad para nunca fallarte.