jueves, 12 de enero de 2017

SEÑOR, EN TI CONFIO

Igual que aquel leproso, que confiado en tu poder se acercó y pidió que le limpiaras, Señor. Yo también quiero acercarme a Ti y pedirte que me limpies. Me limpies de la soberbia que no me deja crecer; me limpies de los fracasos que me atormenta y me desesperan; me limpies de no aceptar mis limitaciones y mis recaídas una y otra vez; me limpies del desánimo y la desesperanza de creer inútiles mis esfuerzos. En una palabra, Señor, me limpies de no reconocerme pecador.

Porque un pecador es aquel que, a pesar de sus esfuerzos cae cada día. Un pecador es aquel que experimenta sus debilidades y entiende que si Ti nada puede. Un pecador es aquel que cuando ha caminado mucho y se cree estar cerca de la meta, experimenta lo mucho que le falta y los fracasos que le esperan. Un pecador es aquel que descubre que su pecado necesita ponerlo en tus Manos para que seas Tú, y nada más que Tú, Señor, quien lo borre para siempre.

Ni sé a dónde ir, ni a quién recurrir. No encuentro a nadie que pueda acogerme y aceptarme como Tú lo haces. No sé dónde apoyarme que me sostenga y me ilusione. No sé dónde ir, Señor. Y te busco con desespero y con esperanza. Tu Palabra llena mi vida cada día. Las cosas del mundo ya no me importan. Hace tiempo que todo me da lo mismo, y eso también me preocupa. Porque Tú me quieres en el mundo y que viva esa fe y esperanza en el mundo para que,el mundo, te vea.

Recurro a Ti, Señor, para que avives mi vida, me llenes de Gracia  y limpies mi alma de tantas lepras que el mundo le contagia. Me alienta y me activa, Señor, saber de tu Misericordia. Sé que Tú, siempre que tratemos de actuar con limpieza y fe, nos acoge misericordiosamente. Y yo quiero vivirlo y hacerlo así. Límpiame, Señor, porque Tú puedes hacerlo. Amén.

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