domingo, 22 de enero de 2017

SOBRE LA CONVERSIÓN

El objetivo es conversión. El camino debe llevarnos a eso, a convertirnos. No podemos caminar y quedarnos tal y como empezamos el camino. La meta es convertirnos. No hay otra, y todo lo que que sea estancarnos es fracasar o perder el tiempo. La conversión no es cosa de un día ni de dos. Se necesita tiempo, y el tiempo de nuestra vida debe bastarnos para convertirnos.

Convertirnos significa volver la mirada hacia el Señor. Es caminar, asistido por el Espíritu de Dios, junto a su Hijo, el predilecto y en el que se complace. Convertirnos significa, no sólo mirar a Jesús, sino escucharle y esforzarnos en hacer lo que Él hace. Es decir, vivir a su estilo y a su forma de pensar y hacer. Y eso significa que debemos seguirle, estar a su lado y conocer bien su pensamiento y su vida.

Esa conversión no se realiza en un instante. Pero, si es cierto, que la chispa prende sin darnos cuenta y nos impulsa a seguirle. Quizás no sabemos decir cuándo, dónde ni cómo, pero si que experimentamos un deseo, un impulso de acercarnos a Él, a su Palabra y a alimentarnos de espiritualmente en la Eucaristía. Y, haciéndolo, con esfuerzo y perseverancia abiertos a la acción del Espíritu Santo vamos, paso a paso, convirtiéndonos.

Porque convertirse es empezar a hacer todo aquello que descubres que debes hacer, con honradez, con justicia, con entusiasmo, con entrega y esfuerzo. Es luchar contra la pereza; contra la desgana; contra el desánimo; contra la apatía; contra la desidia y contra todos aquellos sentimientos que tiendan a acomodarte, a instalarte y a alejarte de la verdad, de la justicia y la paz. Es acercarte con todas tus fuerzas a hacer todo aquello que está de acuerdo con la Voluntad de Dios. Es, en una palabra, amar todo lo que es bueno y verdad para beneficio del hombre.

Por eso, pidamos que cada paso, cada instante, cada avance en nuestro camino se un adelanto en nuestra conversión. Sea un acercarnos más a la Voluntad de Dios. Pidámoslo con fe, con confianza y seguros de que ieremos, cada día, siendo mejores. Y eso significa que nos vamos convirtiendo. Amén.

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