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martes, 31 de enero de 2017

LA FE MUEVE MONTAÑAS

Cuando descubrimos que en Jesús encontramos lo que estamos buscando, podemos decir que la fe se ha despertado dentro de nosotros. Experimentar que Jesús es nuestra salvación y que en Él está puesta todo nuestra esperanza, es descubrir que la fe ha nacido en mí. Y eso es un regalo de Dios que, cultivándola y pidiéndola, podemos aumentarla y sostenerla.

Danos, Señor, la fe de ese jefe de la sinagoga llamado Jairo, y de esa mujer enferma de flujo de sangre. Danos, Señor, esa fuerza que nos mueva y nos impulse a buscarte y a rogarte y tentarte para que nuestras enfermedades sean sanadas. Danos, Señor, la voluntad y sabiduría de permanecer junto a Ti y no desfallecer en el camino aunque las dificultades traten de impedírnoslo.

A pesar de que nuestro camino sea otro y no entendamos los tuyos, Señor, danos siempre la paciencia y la fortaleza de perseverar y ser fiel a tus mandatos. A pesar de todo parezca terminar, sostén, Señor, nuestra fe en Ti. Tal y como le dijiste a Jairo cuando le llegó la noticia de que su hija había muerto. Danos la sabiduría de confiar en tu Palabra y no abandonar aunque todo se diluya y aparente haber terminado.

Tú, Señor, tienes la última Palabra y siempre se cumple. Dame la capacidad y la Gracia de ser perseverante e insistir aunque parezca todo perdido. Has venido a salvarme y no te irás sin lograrlo. Sólo, porque así me lo permites al crearme libre, me dejarás si decido negarte y rechazarte. Pero, incluso así, me esperará hasta la última gota de mi sangre.

Gracias, Señor, por tu inmensa Misericordia. Gracias, Señor, porque me sostienes y me das vida y esperanza. Gracias, Señor, porque mantienes mi fe y me das aliento para seguirte. En Ti confío, Señor, y en tus Manos me abandono. Amén.

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