martes, 22 de marzo de 2016

AÚN TODAVÍA, SEÑOR, HAY MUCHA GENTE QUE DUDA DE TU DIVINIDAD



Te seguimos crucificando, Señor. Hay mucha gente que no ha oído hablar de Ti, pero, otros, oyendo hablar no quieren conocerte, y otros tienen la palabra de otro. Al parecer hay muchos dioses, Señor. Y recuerdo que Tú también nos has puesto al cuidado de esto. Unos, porque están acomodados con el dios que le han presentado sus ancestros y no quieren saber más, y otros porque han fabricado sus propios dioses.

Se tratará de confundirnos y de desviar nuestra atención hacia otras miradas, pero Tú, Señor, eres la única Mirada que nosotros contemplamos, miramos y acogemos en nuestros corazones. Y eso te pedimos, Señor, ver esa Mirada como la que pusiste en Pedro. Una Mirada de ternura, de comprensión, de perdón, de amor y de misericordia. Una Mirada de esperanza que nos devuelva la esperanza, valga la redundancia, de sabernos perdonados y amados por el Padre, que nos salva con tu Muerte y Resurrección.

Gracias, Señor, por tu Pasión y Muerte, porque con ella has saldado el precio y rescate de nuestra salvación y nos has dada la oportunidad de elegirte y seguirte. Gracias, Señor, por esta Semana Santa, que culmina toda nuestra esperanza y seguimiento de todo el año litúrgico que proclama nuestra fe. Gracias, Señor, porque tu Amor se manifiesta tan claramente hasta el punto de humillarte a lavarnos los pies. Nunca mejor lección de humildad, de servicio y amor.

Gracias, Señor, por mantenernos de pie, al pie, valga la redundancia, de este humilde blog proclamando tu Mensaje de Amor, un día sí, y otro también: Gracias, Señor, por todos aquellos que, auxiliados en tu Espíritu, comparte y glorifican con cánticos y alabanzas y comentarios este humilde espacio de oración que nos ayuda a perseverar y fortalecer nuestra fe.

Gracias, Señor, porque, en este Semana Santa, renovamos nuestra esperanza y nuestra fe y, abiertos a tu Gracia, nos esforzamos en continuar tu camino y cargar con la cruz que a cada uno nos toca compartir contigo hasta la última gota de nuestra sangre. Amén.

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