Enséñame, Jesús, a ser paciente como lo fue María, con un corazón prudente y siempre lleno de alegría.
Enséñame, Jesús, a guardar en mi corazón aquello que late en mi sentir; que no sean mis palabras las que te hieran, sino que mejor sea mi silencio el que te ame.
Enséñame, Jesús, a soportar lo injusto sin quejarme, sino mirándote en la cruz.
Enséñame, Jesús, a callar como María y guardar todo el sentir que hay en mi vida, cerca de tu corazón, para que tú le pongas luz, para que se transforme en bendición y no en heridas. Amén.
