Dame, Jesús, la gracia de seguirte siempre con disponibilidad a donde quieras llevarme, incluso si el camino es el de la Cruz y al total desprendimiento de mí mismo.
Espíritu Santo, ayúdame a que mi vida sea como la de Jesús, coherente con el cumplimiento de la voluntad de Dios. Que mi búsqueda de esa voluntad sea mi principal ocupación.
Y creo en Ti, Padre, porque no hay más que un solo Dios. Y te amo con todo mi corazón, con toda mi alma, con todo mi espíritu y con toda mi fuerza porque siempre estás a mi lado para salvarme, para amarme.
Porque me haces sentir mi pequeñez y tu grandeza. Porque eres rico en misericordia y clemencia, porque escuchas mis plegarias, porque perdonas mis infidelidades, porque manifiestas siempre fidelidad a pesar de mis pecados.
¡Porque tu palabra es Verdad, porque tus promesas se cumplen siempre, porque tus palabras no engañan, porque me puedo confiar con toda confianza a Ti y a la fidelidad de tu palabra! Amén.
