Señor, quiero seguirte aun a sabiendas de mi fragilidad, de mis caídas, de mis debilidades, y hacer frente a todas estas caídas buscándote a ti en la palabra, en los sacramentos, en la oración y en cada una de las acciones de mi vida.
Seguirte a ti es un proceso que dura toda la vida. Dame la fuerza de tu espíritu para no desfallecer nunca, para ser fermento y signo del cristiano. Amén.
