Señor Jesús, Tú nos pides que nos cuidemos de la hipocresía, de vivir con máscaras y apariencias. Danos un corazón transparente, que no tema mostrarse tal como es ante Ti y ante los demás.
Tú nos recuerdas que nada hay oculto que no llegue a descubrirse. Por eso te entregamos hoy lo que escondemos: nuestras faltas, nuestras dudas, nuestras heridas. Que tu luz lo sane todo.
Líbranos del miedo al qué dirán, al fracaso, a la enfermedad, a la soledad, al futuro. Que solo te reconozcamos a Ti como Señor de nuestra vida.
Danos la confianza de los hijos que se saben amados. Que, en medio de las tormentas, escuchemos tu voz que dice: «No tengan miedo».
Haznos valientes para dar testimonio de Ti con sencillez y sin respetos humanos, hoy y siempre. Amén.







