Señor Jesús: Hoy me invitas a no cansarme de llamar a la puerta del Padre. Tú me enseñas que Dios no es un juez distante, sino un Padre bueno que escucha, acoge y responde a sus hijos.
Muchas veces dejo de orar porque pienso que no me escuchas o porque quiero respuestas inmediatas. Perdona mi falta de confianza. Aumenta en mí la certeza de que ninguna oración hecha con fe cae en el vacío.
Dame un corazón perseverante, capaz de pedir sin desanimarse, de buscar sin rendirse y de llamar con esperanza.
Enséñame a desear, por encima de todo, el don de tu Espíritu Santo, para que Él transforme mi vida y me haga vivir según tu voluntad.
Que mi oración no sea solo para pedir lo que necesito, sino un encuentro de amor contigo. Hazme confiar en que Tú siempre das lo mejor a tus hijos, incluso cuando tus caminos son distintos de los míos.
María, Madre de la confianza, enséñame a perseverar en la oración y a abandonarme en las manos del Padre.
Amén.



