Señor Jesús, tú que enseñas con autoridad y cuya palabra tiene poder para liberar, ven hoy a mi vida como viniste a la sinagoga de Cafarnaún.
Reconozco que a veces llevo dentro de mí ataduras, miedos o espíritus de angustia que no me dejan vivir en paz y libertad. Tú conoces lo que me oprime, aunque no siempre lo nombre.
Como aquel hombre que clamó en medio de la multitud, me acerco a ti pidiendo ser liberado de todo aquello que no viene de ti: el rencor, la ansiedad, la desesperanza, el pecado que me domina.
Tu palabra tiene poder, Señor, tú mandas y hasta lo que parece imposible obedece. Habla también a mi corazón hoy y líbrame de lo que me esclaviza.
Que tu autoridad se haga presente en mi vida, que tu Espíritu me llene de paz y que, como sucedió en Cafarnaún, tu fama de bondad y poder se extienda también a través de mí, para que otros crean en ti y encuentren libertad.
Amén.
