Jesús, gracias porque contigo no voy solo. Hay días en que siento que el mundo me pesa, pero tú me recuerdas que tu nombre tiene poder y que el mal no tiene la última palabra.
Gracias, Padre, porque no hace falta ser el más popular, el más listo ni el que tiene más seguidores para conocerte. Te revelas a los sencillos, a los que se acercan con el corazón abierto. Ayúdame a ser así: auténtico, sin máscaras.
Que mi alegría no dependa de likes, notas o logros, sino de saber que tengo un lugar en tu corazón y que mi nombre está escrito en el cielo.
Espíritu Santo, abre mis ojos para verte en los amigos, en la familia, en quien la está pasando mal.
Abre mis oídos para escucharte en medio del ruido. Y dame valentía para contarles a otros lo que he descubierto: que conocerte a ti vale más que todo. Amén.
