Señor Dios mío, en la humildad de Nazaret enviaste a tu ángel Gabriel a una joven llamada María, y por su sí comenzó mi salvación.
Como a ella, también a mí me dices: «No temas, has hallado gracia ante Dios».
Calma mis miedos, mis dudas y mis preguntas sin respuesta, y enséñame a confiar en que para ti nada es imposible.
Dame el corazón sencillo de María para escuchar tu Palabra, para preguntar con sinceridad y para responder con entrega:
«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
Que el Espíritu Santo, que cubrió a María con su sombra, venga también sobre mí.
Madre María, tú que dijiste sí sin ver el camino completo, acompáñame cuando Dios me pida algo que me supera. Ayúdame a decir sí con la misma fe. Amén.


