Señor Jesús, hoy me invitas a seguirte por el camino de la cruz, no como un camino de derrota, sino de amor entregado.
Enséñame a no buscar solo la comodidad, sino a descubrir que la verdadera vida nace cuando me doy por los demás.
Cuando, como Pedro, quiera apartarme de la cruz o rechace las dificultades de mi propia vida, abre mis ojos para comprender que tú nunca abandonas a quien confía en ti.
Dame un corazón valiente para cargar cada día con mi cruz, sabiendo que caminas a mi lado.
Haz que no me aferre a lo que pasa, ni busque ganar el mundo perdiendo el alma. Que mi mayor riqueza seas tú, y que cada decisión de mi vida refleje el deseo de amarte, servirte y seguirte con fidelidad.
María, Madre del camino, enséñame a permanecer junto a la cruz con esperanza, hasta alcanzar la alegría de la Resurrección. Amén.

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