Señor Jesús, Tú conoces lo que hay dentro de mi corazón, aunque yo mismo a veces no quiera verlo. Como aquellos sepulcros blanqueados de los que hablas, cuántas veces cuido las apariencias mientras descuido lo que realmente importa: la honestidad, la compasión, la verdad interior.
Ayúdame a no conformarme con una fe de superficie. Que mi vida no sea una fachada bonita que esconde indiferencia, orgullo o dureza de corazón. Quiero que lo que muestro por fuera nazca de lo que realmente vivo por dentro.
Líbrame de la hipocresía que tú denunciaste con tanta firmeza. Dame un corazón sincero, capaz de reconocer sus propias faltas antes de juzgar las de los demás. Que no repita los errores de quienes rechazaron a los profetas, sino que acoja tu palabra con humildad y la deje transformarme de verdad.
Que mi fe sea auténtica, coherente entre lo que digo y lo que hago, entre lo que muestro y lo que soy.
Amén.
