Que no me falten tus caricias, Señor, especialmente en los días que más me cuestan. En los días que me frustran. En los días que duelen. En los días que me cuesta. En los días que dudo de mí y hasta de Ti, Señor.
Hoy, mi hoy te necesita. Las heridas de ayer parece que resucitan y Tú sabes mis luchas. Pareciera que todo lo que hago no alcanza. Que tu abrazo llegue cuando el mío no alcanza. Que tu voz me encuentre entre tanto ruido. Que tu mano me sostenga cuando no puedo.
Porque a veces no solo necesito respuestas, Señor. A veces necesito saber que estás. Conmigo. Cerca. Tocándome el alma. Amén.
Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina
