Señor Jesús, tú me llamas y me envías, para que no camine solo.
Enséñame a ir ligero, sin depender de mis seguridades, confiando solo en ti. Haz que dondequiera que entre lleve tu paz, que sepa escuchar, compartir la mesa con sencillez y acercarme a los que sufren con ternura.
Que yo sepa sanar: sanar con la presencia, con la paciencia, con la palabra que levanta y la mano que acompaña.
Hazme instrumento de tu consuelo para los enfermos del cuerpo y del alma, para los heridos por la soledad, el rechazo o el dolor. Que nunca pase de largo ante quien sufre.
Cuando el mundo me parezca hostil, recuérdame que voy en tu nombre y que tú me cuidas.
Que mis palabras y mis gestos anuncien lo esencial: que tu Reino está cerca. Y si alguna vez no soy recibido, dame la libertad de seguir adelante sin amargura, con la paz intacta.
Gracias, Señor, por confiar en mí. Envíame hoy, y quédate conmigo en el camino.
Amén.

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