Señor Jesús, tú hablaste con claridad de tu entrega, aunque tus discípulos no comprendieran, aunque el miedo les cerrara la boca y el misterio les velara el corazón.
Yo también, muchas veces, prefiero quedarme en lo que me resulta cómodo, en los momentos de aplauso y de claridad, y evito mirar de frente lo que me cuesta, lo que me duele, lo que no entiendo.
Dame la humildad de acercarme a ti incluso cuando tus caminos no son los míos, y el valor de preguntar, de buscar, de no callar mis dudas por temor a la respuesta.
Enséñame a confiar en ti más allá de lo que alcanzo a comprender, a reconocer tu presencia tanto en la gloria como en la cruz, tanto en el milagro como en la entrega.
Que no tenga miedo de sostener las preguntas que aún no tienen respuesta, sabiendo que caminas conmigo, incluso en medio de lo que no logro entender.
Amén.

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