María, tú que dijiste “sí” sin miedo, hoy quiero mirarte y aprender de ti. Vivimos rodeados de tantas voces, tantas metas, tantas pantallas, que a veces se nos olvida para qué estamos hechos.
Tú fuiste llevada al cielo en cuerpo y alma, porque tu vida entera estuvo puesta en las manos de Dios. Enséñame a confiar así, a no tener miedo de entregarme, a no conformarme con lo pequeño cuando fui creado para algo más grande.
Ayúdame a caminar con la frente en alto, a elegir bien a mis amigos, a cuidar mi corazón, a no dejarme llevar por lo que “todos hacen” sino por lo que de verdad me hace libre.
Madre, tú también tuviste dudas, tuviste miedo, y aun así confiaste. Dame esa misma valentía. Que como tú, sepa decir: "hágase en mí según tu palabra”.
Virgen Asunta al cielo, ruega por nosotros, para que un día lleguemos a la misma gloria que hoy celebramos en ti. Amén.
