Señor Jesús, me invitas a mirar los cimientos de mi vida. No basta con decir que creo en Ti; quieres que tu Palabra transforme mis pensamientos, mis decisiones y mis obras.
Cuántas veces levanto proyectos sobre la arena de mi orgullo, de mis miedos o de la comodidad. Entonces llegan las dificultades y descubro que todo se tambalea. Tú, en cambio, me ofreces una roca firme: escucharte y vivir lo que me enseñas.
Haz que mi fe no sea solo de palabras. Que dé frutos de bondad, de misericordia y de perdón. Que quienes me encuentren puedan descubrir, a través de mi vida, que Tú habitas en mi corazón.
Cuando lleguen las tormentas, no permitas que me aparte de Ti. Recuérdame que la verdadera seguridad no está en mis fuerzas, sino en tu amor fiel.
María, Madre de la Iglesia, enséñame a escuchar la Palabra y a guardarla en el corazón para hacer siempre la voluntad del Padre. Amén.
