Fue algo repentino. De pronto
sentí como que algo había cambiado en mi interior. No sabría explicarlo con
palabras, pero experimentaba que era otro.
«¡Dios
mío!, ¿qué está sucediendo dentro de mí?»,
me pregunté.
Desde aquel instante todo me
parecía diferente y luminoso. Donde antes pensaba mal, ahora todo era visto con
buenas intenciones; donde antes sentía envidia, ahora ponía caridad…
Era otra persona y no percibía
cómo se había producido.
Entonces, caí de rodillas y, arrepentido de todos mis pecados, dije:
¡Señor, te doy gracias por el
cambio profundo en que has transformado mi corazón.
Te pido que ese corazón que has
creado nuevo permanezca siempre limpio.
Deseoso de vivir en tu Voluntad.
Y que ese nuevo nacimiento en mí sea siempre
el de seguirte hasta el final de mi vida.
