Señor, dame oídos atentos y un corazón abierto. Enséñame a escuchar de verdad: sin apurarme a responder, sin juzgar antes de comprender, sin pensar en lo que voy a decir mientras el otro todavía habla.
Ayúdame a escuchar no solo las palabras, sino también los silencios, las emociones que se esconden detrás de ellas y lo que el corazón de la otra persona necesita expresar.
Que sepa escucharte a ti también, Señor, en la quietud, en la oración y en la voz de quienes me rodean.
Dame paciencia para callar cuando haga falta, y sabiduría para hablar cuando sea necesario. Amén.
Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

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