Dios, porque es tu Padre y te quiere, pone en tus manos la elección de salvarte o condenarte. Te anuncia su Palabra a través de su Hijo, Jesús, pero te deja libremente la capacidad de que seas tú quien decida seguirla o rechazarla. Por tanto, de ti depende. Ahora, está claro que, de decidirte, no lo hagas tú sólo, porque, sólo no podrás. Necesitas dejarte llevar e iluminar por el Espíritu Santo, que, para eso, has recibido en el bautismo.
Por todo ello, a pesar de ser libre para tomar un camino u otro, pedimos al Espíritu Santo que nos guíe y nos alumbre el camino. Y, para ello, le abrimos nuestro corazón con la intención de dejarnos guiar por su acción convencido de que nos llevará por el verdadero y único camino de salvación, que no es otro que el cumplir la Voluntad del Padre.
Le decimos a nuestro Padre Dios que queremos salvarnos y, por tanto, hacer su Voluntad siguiendo la vivencia de su Palabra anunciada por su Hijo, enviado a decírnosla y a señalarnos el camino, porque, es Él el verdadero Camino, Verdad y Vida. Pero, también, nos reconocemos débiles, pequeños e indefensos ante las tentaciones y peligros que el mundo nos ofrece, y, necesitamos tu presencia, Señor, para poder salir victorioso de estas amenazas y pruebas.
Danos, pues, Señor, tu Gracia y tu Luz, para el combarte de cada día contra los poderes del Maligno para salir victorioso y poder, con nuestra voluntad y decisión, creer en tu Palabra y elegir seguir tus pasos conforme a tu Voluntad. Amén.