Blogueros con el Papa

UN ROSARIO CADA VIERNES

Cada viernes, hora peninsular entre las 09, 30 y 10:30, en Canarias entre las 08:30 y 09:30, aproximadamente, y en cualquier otra parte del mundo la que mejor puedan elegir, nos unimos en el rezo del Rosario (VER AQUÍ) por la unidad de todos los creyentes, por la familia natural, hombre - mujer, por la vida y por la libertad de educación de los hijos.

Desde tu casa, online, desde tu trabajo, desde tu hospital y enfermedad, desde myfeeling, desde todas los colectivos y asociaciones, desde donde quieras que estés, tú también puedes unirte en este clamor al Padre, unidos a María Santisíma, para que el Espíritu Santo nos dé la capacidad y la luz de salvaguardar la vida y los valores morales y naturales que la dignidad de las personas demanda y hemos recibido de nuestro Padre Dios.

También estamos rezando un rosario cada día que hacemos normalmente en las primeras horas de la mañana aunque a veces, por premuras de tiempo, lo hacemos en otras horas del día. En el icono de la Virgen, debajo del rosario de todos los viernes, puedes encontrar el rosario correspondiente a cada día.
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martes, 8 de agosto de 2017

«¡SEÑOR, SÁLVAME!».

Ese grito, «¡Señor, sálvame!» lo debemos llevar grabado en nuestros corazones, porque somos humildes pecadores que, hundidos en el lodazal de nuestro propio camino y nuestra propia vida, necesitamos tender la Mano para asirnos a la del Señor, único salvador de nuestras vidas. 

Queramos o no, muchas veces nos encontraremos como Pedro, hundiéndonos en este pantanoso mundo en el que vivimos. Algunas veces por nuestros propios pecados, y otras por dejarnos llevar por las tentaciones y pasiones que el mundo nos brinda en bandeja. Y, también, en otras ocasiones, arrastrados por el ambiente y las influencias de otros que, con malas intenciones, nos inducen al mal y al pecado.

Y, sin dudarlo, debemos exclamar ese grito de auxilio: «¡Señor, sálvame!», confiados en su presencia y su acción. Porque, el Señor, ha venido para eso, para tendernos su Mano y sacarnos del peligro de las aguas que amenazan con ahogarnos. Y debemos insistir y ser persistentes, pues, el mismo nos lo ha dicho -Lc 11, 9-13-. Y si nos lo dice es porque está dispuesto a hacerlo. El Señor siempre cumple su Palabra.

Somos hombres de poca fe, dudamos, y a pesar de todo lo que el Señor ha hecho, también dudamos nosotros. Es ahí donde descubrimos nuestra condición pecadora, y donde experimentamos que sólo Jesús, el Señor, nos puede salvar. Pidamos esa salvación con confianza y seguridad.

No es cuestión de saber mucho; no es cuestión de conocer todo; no es cuestión de albergar muchos y grandes conocimientos, ni don de palabra. Simplemente, se trata de fiarnos y confiar en el Señor. Todos tenemos lo necesario para, puestos en sus Manos, alcanzar su Misericordia y la salvación. Esa salvación que consiste en, como experimentó Pedro en el Tabor, olvidarnos hasta de nosotros mismos cuando estamos en su presencia. Porque, Él, es la plenitud, el gozo, la alegría y la felicidad eterna. Amén.