Blogueros con el Papa

UN ROSARIO CADA VIERNES

Cada viernes, hora peninsular entre las 09, 30 y 10:30, en Canarias entre las 08:30 y 09:30, aproximadamente, y en cualquier otra parte del mundo la que mejor puedan elegir, nos unimos en el rezo del Rosario (VER AQUÍ) por la unidad de todos los creyentes, por la familia natural, hombre - mujer, por la vida y por la libertad de educación de los hijos.

Desde tu casa, online, desde tu trabajo, desde tu hospital y enfermedad, desde myfeeling, desde todas los colectivos y asociaciones, desde donde quieras que estés, tú también puedes unirte en este clamor al Padre, unidos a María Santisíma, para que el Espíritu Santo nos dé la capacidad y la luz de salvaguardar la vida y los valores morales y naturales que la dignidad de las personas demanda y hemos recibido de nuestro Padre Dios.

También estamos rezando un rosario cada día que hacemos normalmente en las primeras horas de la mañana aunque a veces, por premuras de tiempo, lo hacemos en otras horas del día. En el icono de la Virgen, debajo del rosario de todos los viernes, puedes encontrar el rosario correspondiente a cada día.

miércoles, 9 de abril de 2025

VIII ESTACIÓN. LAS MUJERES.

Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él.  (Lucas 23,27) 

Las mujeres de Jerusalén tenían el don de las lágrimas, te siguieron golpeándose el pecho por el pecado del mundo. Y su llanto fue el de todos los seres humanos, de todos los nacidos de mujer, caminantes desde el grito del nacimiento hasta el de la última agonía. Ellas lloraban por ti, Hijo de Dios, que hecho hombre has venido para llevar el dolor de todos. Lloraron por los hijos de todas las mujeres, para que su cruz se una a la tuya, y para que por tu cruz les llegue la luz de la vida. Mira su dolor y escucha su oración, eco también de nuestro dolor. ¡Ten piedad de todos, Crucificado Amor!

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

martes, 8 de abril de 2025

VII ESTACIÓN. SEGUNDA CAÍDA.

Dios mío, sálvame, que me llega el agua al cuello: me estoy hundiendo en un cieno profundo y no puedo hacer pie; he entrado en la hondura del agua, me arrastra la corriente.  (Salmo 69,2-3) 

Aplastado, caes bajo el peso de la cruz, impregnado del mal del mundo, del dolor del ser humano. Así es, compañero de nuestra debilidad, cargado con nuestras culpas, silenciosamente nos hablas de tu amor más grande. No nos amas porque te hayamos amado, sino solo para que contigo podamos, amados, aprender a amar bajo el peso del antiguo y siempre nuevo madero de todas las cruces que oprimen la vida y la historia. ¡Señor, ten piedad!

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

lunes, 7 de abril de 2025

VI ESTACIÓN LA VERÓNICA

Despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultaban los rostros, despreciado y desestimado.

(Isaías 53,3) 

Una mujer, un gesto de manos compasivas para limpiarte el rostro, empapado de sudor y sangre. Un pobre lienzo, manchado por la huella de tu sufrimiento por nosotros, reliquia preciosa de tu amor por los hombres, carta púrpura dirigida a todo nacido de mujer, para decirnos que tú, el Hijo, has venido entre nosotros para habitar y para consolar el dolor que nos oprime, para vencer a la muerte y para darnos la vida ¡Ayúdanos, Señor, ¡con tu misericordia! Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

domingo, 6 de abril de 2025

V ESTACIÓN. EL CIRENEO

Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.

 (Lucas 23,26)  

Que te moviera la piedad o bien la orden del soldado romano, nunca lo sabremos, poco importa, Simón de Cirene. Lo que importa es el gesto, aquel momento de proximidad, de camaradería con el Hijo del hombre cargado con la cruz. Cireneo del Calvario, allí donde te hagas presente sea bendito tu nombre desconocido, benditos tus brazos misericordiosos, bendito tu camino bajo el mismo peso. El Señor que ayudaste, nos ayude a ser como tú, cercanos y solidarios para llevar la Cruz de los que sufren. Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

sábado, 5 de abril de 2025

IV ESTACIÓN. LA MADRE.

Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción, y a ti misma una espada te traspasará el alma».

(Lucas 2,34-35) 

No hay otro consuelo a tu dolor que el rostro de tu Madre. Su mirada alivia las llagas de tu corazón herido por la falta de amor de los hombres y las mujeres. Su silencio, partícipe del sufrimiento, que solo el amor puede ofrecer y llevar en humilde custodia, es bálsamo para tu alma, fuerza compartida del perdón, caridad mayor que cualquier rechazo ingrato. María, Madre de Jesús y madre nuestra, ¡intercede por nosotros y acompáñanos para vencer la prueba! Amén.

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

viernes, 4 de abril de 2025

III ESTACIÓN. PRIMERA CAÍDA

Pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. (Isaías 53,5)  

Tú te has hecho débil por mí, has sufrido el dolor, la soledad, la incomprensión por mí. Gracias por haberme querido tanto.  Quiero pensar en todas las veces que yo me he caído y tú, de manera tan generosa me has levantado. Te quiero dar las gracias por el amor que me tienes y por el peso que has cargado. Quisiera que mi amor aliviara el peso de la Cruz. Hoy sé que cada día vacilamos y podemos caer, pero Jesús está siempre ahí para tendernos la mano, para hacerse cargo del peso de nuestras cruces y volver a encender en nosotros la esperanza. 

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina

jueves, 3 de abril de 2025

II ESTACIÓN. CON LA CRUZ A CUESTAS

Los soldados se lo llevaron al interior del palacio –al pretorio– y convocaron a toda la compañía. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa.  Y lo sacan para crucificarlo. (Marcos 15,16 y 20) El peso de la cruz, hecha de la madera de nuestra tierra, no era ligero, cargado con nuestras historias, nuestros pecados y nuestras esperanzas. Los llevas a cuestas, Señor totalmente hombre, para acercarte a cada corazón con tu amor tan humano, tan divino, y dar sentido a todo, consuelo silencioso y amigo, fuerza de vida que ha vencido y vencerá a la muerte. ¡Señor, ten piedad!

Desde mi parroquia, por el párroco
D. Juan Carlos Medina Medina