Señor, dame la gracia de reconocer Tu presencia en mi vida y de seguir Tu camino. Dame la fortaleza para enfrentar los desafíos y la sabiduría para tomar decisiones correctas.
Ayúdame a ser un instrumento de Tu amor en el mundo. Amén.
"Despojado de toda distracción y riqueza. Sólo desde la humildad de nuestro corazón, junto a María, llegará nuestra oración al PADRE".
Señor, dame la gracia de reconocer Tu presencia en mi vida y de seguir Tu camino. Dame la fortaleza para enfrentar los desafíos y la sabiduría para tomar decisiones correctas.
Ayúdame a ser un instrumento de Tu amor en el mundo. Amén.
Acuérdate de mí, Señor: cuando esté cerca, pero mucho más cuando me aleje. Cuando te hable todo el tiempo, y cuando haga silencio. Cuando me abandone a tus manos, y cuando no entienda nada. En cada uno de mis sueños, y en todos mis miedos. En las decisiones que tomo junto a ti, y en las que me mando solo. En los pasos que me animo a dar, y tantos otros que nunca fueron.
Acuérdate de mí, Señor, en cada buena acción que haga, y también en aquellas en las que no te muestro a los demás. En las veces que comprendo, y en tantas otras que juzgo severamente. En las situaciones que abrazo, y en las que esquivo.
Acuérdate de mí, Señor, a cada instante y susúrrame al oído que estás conmigo. Amén.
Gracias, Cristo, porque al nacer, te acercaste a nuestro mundo; y en tu Bautismo te haces solidario con nosotros, pecadores, para cargar con el peso de nuestras culpas, para darnos tu fuerza.
Gracias, Cristo, porque no has venido a ser servido, sino a servir, a servirme; porque no quebrarás la caña cascada, ni apagarás la mecha vacilante; porque cuentas con la fuerza de los débiles, con la riqueza de los pobres, con la bondad de los pecadores, con la sabiduría de los ignorantes, con la grandeza de los pequeños. No te sirven los que se creen fuertes, ricos, santos, sabios y grandes. Gracias por contar conmigo, a pesar de mis contradicciones.
Gracias, Padre, porque en nuestro bautismo y cada vez que abrimos el corazón nos dices: "Tú eres mi hijo amado. Tú eres mi hijo más querido". Gracias por tu amor de Padre. Amén.
Señor, ayúdame a vivir mi vida cristiana como un reflejo tuyo, que mis conductas no se alejen nunca de tu ejemplo de vida, que sea reflejo de los planes de Dios para mí. Tu gran propósito es hacernos conformes a la imagen de tu Hijo, que seamos semejantes a Él.
Te pido que por medio del Espíritu Santo transformes mi vida, elimines de mi corazón todo aquello que estorba y moldéame a tu imagen y semejanza para que surja en mí la imagen de tu Hijo.
Haz que mi compromiso sea firme y decidido para ser un miembro del Cuerpo de Cristo, de su Iglesia, para ser un canal por el que Tú puedas manifestarte a los demás. Señor, necesito que cambies muchas cosas en mi vida para alcanzar la santidad de la que tan alejado estoy. Amén.
Cuántas energías buscando el aplauso que al terminar me deja vacío. Años de esfuerzo para lograr títulos que no cambian nada de lo que soy.
Desvelos para preparar un proyecto. Pasa el proyecto, y siguen los desvelos. Cuánto trabajo modelando una imagen que no es más que fachada. Nada, al final todo queda en nada y en mí crece el vacío.
Señor, Tú sigues paciente, esperando, con esa ternura sonriente. Solo Tú, lo repito, pero ¿lo creo? Solo en Ti lo aprendí, pero ¿lo vivo?
Tendrá que derrumbarse todo hasta que solo queden escombros para que te devuelva la mirada, para que no me quede otro asidero y vuelva a ser aquel niño indefenso que no puede hacer nada, solo llorar y dejarse abrazar. Amén.
(Javi Montes, SJ)