Fue algo repentino. De pronto
sentí como que algo había cambiado en mi interior. No sabría explicarlo con
palabras, pero experimentaba que era otro.
«¡Dios
mío!, ¿qué está sucediendo dentro de mí?»,
me pregunté.
Desde aquel instante todo me
parecía diferente y luminoso. Donde antes pensaba mal, ahora todo era visto con
buenas intenciones; donde antes sentía envidia, ahora ponía caridad…
Era otra persona y no percibía
cómo se había producido.
Entonces, caí de rodillas y, arrepentido de todos mis pecados, dije:
