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martes, 27 de enero de 2015

EL TRABAJO DEL ESPÍRITU



No tendría ninguna lógica la venida del Espíritu Santo si no fuese que la Misión del Señor quedó imcompleta. Los apóstoles no entendieron muchas cosas, por no decir casi ninguna. Y a nosotros, la Iglesia, que continúa su Misión a través de los apóstoles, tampoco entendemos mucho. Es el Espíritu Santo quien nos va guiando y revelándonos muchas cosas que no llegamos a entender.

Por eso, Jesús nos dice que se queda con nosotros hasta el fin del mundo. No puede ser de otra forma. Al darnos libertad estamos constantemente en peligro. Imaginemos a un hijo que lo dejamos en libertad. Estamos constantemente vigilándolo. Y más, en nuestro caso, que estamos tocados y heridos por el pecado. El Maligno nos puede y necesitamos la fuerza y la sabiduría del Espíritu.

No podemos quedarnos desguarnecidos ni a la intemperie espiritual. Necesitamos la Gracia del Espíritu para la lucha diaria contra nuestra voluntad. Porque muchas veces hacemos lo que no deseamos hacer. Nuestras apetencias nos pueden, nos arrastran y, a pesar de que entendemos que no debemos, nos vencen. Por eso, necesitamos la fuerza del Espíritu Santo, para en Él poder y vencer.

Y eso nos exige oración, perseverar y permanecer en el Señor. Cumplir y vivir ese cumplimiento, no sólo de palabra sino también de vida. Porque sólo así estaremos hermanados con el Señor y, coherederos con Él, de la Gloria del Padre.

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