Señor Jesús, Tú que sanaste a los enfermos y liberaste a los oprimidos al caer la tarde, ven también a mi casa, a mi vida, a lo que en mí está enfermo o cautivo.
Enséñame a buscar, como tú, el silencio y la soledad para encontrarme con el Padre, aun cuando otros me reclamen y me busquen, aun cuando las urgencias del día quieran llenar todo mi tiempo.
Dame un corazón misionero, dispuesto a ir más allá de lo conocido, porque tú no te quedaste solo en un lugar, sino que saliste a anunciar la Buena Nueva a todos los pueblos.
Que yo también sea, hoy portador de tu sanación y de tu paz para quienes encuentre en mi camino. Amén.

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