Señor, tú sabes que siempre te he querido aunque me cuesta demostrártelo y que te sigo queriendo.
Te quiero a pesar de mi soberbia y orgullo, a pesar de mis miedos e infidelidades. A pesar del cansancio y del abandono de tantos días, a pesar de mi cabeza vacía y dura, y de mi corazón de piedra.
Tú sabes que te quiero, Señor, a pesar de mis dudas de fe, de mi vacilante esperanza y de mi amor posesivo.
Tú sabes que te quiero, Señor, a pesar de las bravuconadas de algunos días y de la apatía y desgana de otros.
Tú sabes que te quiero, Señor, a pesar de que me cuesta quererme a mí mismo, a pesar de que no siempre te entiendo.
Tú sabes que te quiero, Señor, porque tú me quisiste primero y no renegaste de mí a pesar de ser torpe y frágil.
Yo te quiero, Señor, porque siempre confías en las posibilidades que tengo de ser, junto a Ti, aquí en mi vida sencilla, un servidor que desea servirte con amor, fidelidad y esperanza! Amén.


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