Pilato les preguntó: «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?». Contestaron todos: «Sea crucificado». Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. (Mateo 27,22 y 26) Cuantas veces no he sido yo el que he gritado “crucifícalo” con mis pecados. Muchas veces te he olvidado, te he traicionado, he olvidado las cosas maravillosas que has hecho en mi vida y he preferido darte la espalda y te he dejado solo. Pienso en esas veces que he preferido a Barrabás, las muchas veces que antes de hacer el bien he elegido ese mal que no nos hace felices. No quiero recordarlo con tristeza, sino con el propósito de no seguir haciéndolo, o por lo menos de ser cada vez más conscientes de mi debilidad.
"Despojado de toda distracción y riqueza. Sólo desde la humildad de nuestro corazón, junto a María, llegará nuestra oración al PADRE".
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miércoles, 2 de abril de 2025
lunes, 11 de marzo de 2024
I ESTACIÓN: Jesús es condenado a muerte
Señor, condenado a muerte, identificado con todo los que, a lo largo de los tiempos, son condenados a muerte.
Asumes las injusticias de los injustos, como "cordero llevado al matadero". ¿Qué sentías, Señor, al escuchar esa sentencia tan injusta? Condenado a muerte en los niños no nacidos, en los pobres olvidados, en los hambrientos que murieron ayer, que mueren hoy y morirán mañana. Como yo, Señor, como nosotros, condenado a muerte, porque un día nuestra vida acabará y compareceremos delante de ti. Condenado a muerte, en los pecados de ayer de hoy y de siempre; en aquellos que no te acogen, en los que te rechazan. Condenado a muerte, Señor, Tú, que eres la vida.
Condenado a muerte, Señor, ¡Cómo me ayuda mirarte! Amén.