Señor, Tú eres el sembrador y yo soy tu instrumento. Toma mi vida como semilla y siémbrala donde Tú quieras.
Ayúdame a no caer en camino endurecido por la indiferencia, ni entre piedras de la superficialidad, ni entre espinos que ahogan con las preocupaciones del mundo.
Haz de mi corazón tierra buena, dispuesta a recibir tu Palabra y a dar fruto en abundancia: a treinta, a sesenta, a ciento por uno.
Dame paciencia de sembrador, que confía aunque no vea crecer la semilla al instante.
Dame constancia para sembrar aun en tierra difícil, sabiendo que Tú riegas lo que yo siembro.
Que mi vida sea semilla de fe, esperanza y amor para quienes me rodean. Amén.

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