Señor Jesús, tú que en el monte mostraste tu gloria a tus discípulos, ayúdanos a vivir transfigurados cada día.
Que tu luz transforme nuestra manera de mirar, para descubrir tu presencia en cada persona y en cada momento.
Que transforme nuestras palabras, para que sean siempre de aliento y no de división.
Que transforme nuestro corazón, para amar como tú amas: sin condiciones y sin cansancio.
No permitas que nos quedemos solo con el recuerdo de un momento hermoso de oración, sino que ese encuentro contigo nos empuje a bajar al valle y servir, a cargar la cruz de cada día con esperanza, sabiendo que después de ella viene la resurrección.
Transfigura, Señor, nuestras dudas en fe, nuestro miedo en confianza, nuestro cansancio en entrega.
Que toda nuestra vida sea reflejo de tu luz.
Amén.

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