Señor Jesús, Tú llamaste a tus discípulos y les diste poder y autoridad para anunciar tu Reino y sanar a los enfermos.
Hoy me pongo delante de ti, consciente de mi pequeñez, pero confiado en que tú también me envías.
Enséñame a salir sin cargar tantas cosas, a no aferrarme a lo material, sino a confiar plenamente en tu providencia, como enviaste a tus discípulos sin bolsa, ni alforja, ni pan.
Dame la valentía de anunciar tu palabra con sencillez y sin miedo, llevando paz a cada casa donde entre, y sabiduría para no detenerme donde no encuentre acogida.
Que mi vida, como la de los apóstoles, sea un instrumento de tu amor, llevando sanación, esperanza y buena noticia a quienes me rodean.
Ayúdame a confiar en tu llamado y a vivir enviado por ti cada día, predicando el Evangelio no solo con palabras, sino con mi propio testimonio de vida. Amén.

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