Señor Jesús, Tú sembraste buena semilla en el campo de mi vida, pero sé que el enemigo también ha sembrado cizaña entre el trigo. Ayúdame a no arrancar con mis propias manos lo que solo Tú puedes juzgar con justicia y misericordia.
Dame paciencia para dejar que ambos crezcan hasta la siega, confiando en que Tú, el Señor de la mies, sabes distinguir lo que es tuyo de lo que no lo es. Que no juzgue a mi prójimo con dureza, ni pretenda purificar por la fuerza lo que solo el tiempo y tu gracia pueden revelar.
Fortalece en mí las raíces del buen trigo: la fe, la humildad y el amor. Que cuando llegue el día de la cosecha, encuentres en mí fruto bueno, digno de ser recogido en tu granero.
Amén.

No hay comentarios:
Publicar un comentario