Señor, tú conoces mi corazón mejor que yo.
Me presento ante ti sin máscaras, con mis dudas, mis deseos y mis miedos.
Quiero hacer tu voluntad, pero a veces no sé distinguir tu voz de la mía. Aquieta mi mente y ordena mis pensamientos.
Libérame de la prisa, de las presiones y de la necesidad de tenerlo todo claro.
Dame un corazón dócil y desprendido. Que no te pida solo que bendigas mis planes, sino que me atreva a decir como Jesús: «No se haga mi voluntad, sino la tuya».
Muéstrame el siguiente paso, aunque no vea todo el camino.
Si debo esperar, dame paciencia. Si debo actuar, dame valentía.
Si debo soltar, dame confianza.
Habla por tu Palabra, por la paz que das, por los consejos de personas sabias y por las circunstancias de mi vida.
Y cuando tu voluntad me sorprenda o me cueste, recuérdame que tus caminos son siempre de amor y que quien se deja guiar por ti nunca camina solo.
Aquí estoy, Señor, habla, que tu siervo escucha. Amén.


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