Señor, tantas veces giro en torno a mí mismo: mis planes, mis miedos, mis logros, mis heridas. Y acabo mareado, cansado, lejos de ti.
Colócate tú en el centro de mi vida. Que cada mañana te busque primero, y que desde ti comience todo lo demás: mi trabajo, mis palabras, mis decisiones.
Cuando me dispersen las prisas, recógeme. Cuando me atraigan otras voces, hazme reconocer la tuya. Cuando me crea el centro de todo, recuérdame que soy tu criatura y tu hijo.
Enséñame a hacerlo todo en tu presencia, a descansar en tu voluntad, a amar a los demás desde ti y no desde mi necesidad.
Que no me aferre a lo que pasa, sino a ti, que permaneces. Que mi mayor deseo sea agradarte, y mi mayor paz, saber que estoy en tus manos.
Tú en el centro, Señor, y yo en ti, como el sarmiento en la vid.
Amén.

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