Blogueros con el Papa

UN ROSARIO CADA VIERNES

Cada viernes, hora peninsular entre las 09, 30 y 10:30, en Canarias entre las 08:30 y 09:30, aproximadamente, y en cualquier otra parte del mundo la que mejor puedan elegir, nos unimos en el rezo del Rosario (VER AQUÍ) por la unidad de todos los creyentes, por la familia natural, hombre - mujer, por la vida y por la libertad de educación de los hijos.

Desde tu casa, online, desde tu trabajo, desde tu hospital y enfermedad, desde myfeeling, desde todas los colectivos y asociaciones, desde donde quieras que estés, tú también puedes unirte en este clamor al Padre, unidos a María Santisíma, para que el Espíritu Santo nos dé la capacidad y la luz de salvaguardar la vida y los valores morales y naturales que la dignidad de las personas demanda y hemos recibido de nuestro Padre Dios.

También estamos rezando un rosario cada día que hacemos normalmente en las primeras horas de la mañana aunque a veces, por premuras de tiempo, lo hacemos en otras horas del día. En el icono de la Virgen, debajo del rosario de todos los viernes, puedes encontrar el rosario correspondiente a cada día.
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viernes, 25 de junio de 2021

SABES, SEÑOR, QUE ME CUESTA DARTE MI LIBERTAD

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HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS. 


 

Soy un pobre hombre cuando experimento las dificultades con las que me encuentro para actuar libremente. El mundo, el demonio y la carne - peligros del alma - me someten y experimento una y otra vez que, sin tu ayuda y cercanía estoy a merced de ellos. Por eso, como ese leproso de hoy, yo necesito alzar mi voz y llamarte insistentemente para que me liberes de esas mis lepras y me limpies de todos mis pecados.

Pero, debo saber, Señor, que, a pesar de mis debilidades y pecados, y de que me cuesta poner mi libertad - regalo de tu Amor Infinito - en tus Manos, debo, como ese leproso insistir e insistir y no desfallecer. Y, sobre todo, confiar en que si Tú, mi Señor, quieres, quedaré limpio.

Por eso, Señor, aprovecho este humilde espacio para insistir, llamar, tocar y pedir sin desfallecer que, si Tú quieres, mi corazón, contaminado por las impurezas del pecado, puede quedar limpio con solo una Palabra tuya. El camino se hace largo, duro y penoso, y la lucha es constante y diaria. No permitas, Señor, que caiga en la red del pecado que me acecha, me tienta y trata de seducirme.

Como ese leproso del Evangelio de hoy, yo me acerco a Ti y, lleno de esperanza y confianza, te pido: «Señor, si quieres puedes limpiarme».

miércoles, 11 de noviembre de 2015

CADA DÍA GLORIFICO TU GRACIA, SEÑOR



Es posible que, sin darnos cuenta, nos acostumbramos a recibirte ya casi de forma rutinaria. Te has hecho Alguien tan presente en nuestra vida que, quizás, a pesar de estar contigo cada día, te olvidamos igual que esos nueve leprosos que se olvidaron de regresar a darte gracias.

Posiblemente nos ocurra eso. Incluso participamos en la Eucaristía y hasta la reclamamos como un derecho sin percatarnos que es una Gracia. Una Gracia que has hecho y haces cada día para quedarte con nosotros y darnos tu Fuerza y tu Luz, para que podamos permanecer fiel a Ti.

No somos mejores que los nueve leprosos, que quisieron seguir sin contar contigo después de ser curados. No somos mejores que aquellos que, no te siguen porque no te conocen, porque de experimentar tu Gracia y tu Amor, seguirían sin titubear y de forma firme tus pasos.

Queremos, Señor, pedirte perdón por nuestra ingratitud, y por ni siquiera contar contigo para muchas cosas en las que te dejamos fuera y te damos la espalda. Queremos pedirte perdón por tantos rechazos y por tantas indiferencias y manipulaciones. Porque te usamos como una caja mágica para pedirte lo que nos interesa y según nuestros egoísmos. ¡Hay tantas cosas de las que queremos pedirte perdón, Señor!

Pero, también muchas para darte gracias. Sobre todo por tu Amor desinteresado y comprometido. Tu Amor Misericordioso por el que tenemos la esperanza de ser perdonados y curados. No una curación temporal, sino la salvación Eterna.

Y, sobre todo, Señor, por la Eucaristía, donde permaneces pacientemente en espera de mi regreso. Y, no sólo para abrazarme y perdonarme, sino para darte Tú mismo en alimento espiritual que me infunda la sabiduría, la fuerza, el valor, la voluntad y la luz que ilumine mi vida hasta descansar en Ti. Amén.

jueves, 15 de enero de 2015

NECESITO, SOBRE TODO, PACIENCIA, SEÑOR



Hay muchos momentos de desesperación. Desesperación que se traduce en desánimo y deseos de no seguir detrás de Ti, Señor. Supongo que Tú lo sabes, y sin embargo, al menos aparentemente, no mueves un dedo. Porque te pido y te pido y no parece que me oigas o me respondas afirmativamente.

Hay muchos matrimonios con problemas y separados. Te pido por ellos, y todo sigue igual;  hay muchos niños en riesgos de ser abortados, y pidiéndote por ellos, todo sigue igual. Hay muchas familias pasando hambre y necesidades primarias, y me canso de decírtelo y todo sigue igual o peor. Ya sé que yo tengo que hacer algo, pero soy un pecador y no doy la talla. 

Sin embargo, ese leproso te convence y le atiendes. ¿Quizás yo no te pido igual? ¿Quizás mi fe no es como la suya? ¿Quizás él era un testimonio que Tú habías pensado realizar? Podría seguir haciéndome muchas preguntas, y no entendería ninguna. No puedo entenderte Señor, pero si sé que Tú eres el Hijo de Dios y haces lo mejor para cada uno de nosotros. Supongo, y confío en Ti, que eso me basta. Me rindo a tus pies y espero pacientemente a que Tú respondas cuando, como y donde quieras.

Por eso, Señor, te pido paciencia, mucha paciencia. Paciencia para seguir caminando detrás de Ti sin desanimarme; paciencia para continuar pidiéndote como los leprosos, los ciegos, el amigo a media noche, la viuda al juez injusto e insistiéndote aunque parezca molesto y que te canso. No dejes que me calle, que pierda la confianza en Ti y llegue a desesperarme y olvidarte resignándome a vivir sin Ti.

¡Nunca Señor! Nunca, hasta el último segundo de mi muerte, dejes que mi corazón lata sin estar unido y pendiente de Ti. Amén.