Blogueros con el Papa

UN ROSARIO CADA VIERNES

Cada viernes, hora peninsular entre las 09, 30 y 10:30, en Canarias entre las 08:30 y 09:30, aproximadamente, y en cualquier otra parte del mundo la que mejor puedan elegir, nos unimos en el rezo del Rosario (VER AQUÍ) por la unidad de todos los creyentes, por la familia natural, hombre - mujer, por la vida y por la libertad de educación de los hijos.

Desde tu casa, online, desde tu trabajo, desde tu hospital y enfermedad, desde myfeeling, desde todas los colectivos y asociaciones, desde donde quieras que estés, tú también puedes unirte en este clamor al Padre, unidos a María Santisíma, para que el Espíritu Santo nos dé la capacidad y la luz de salvaguardar la vida y los valores morales y naturales que la dignidad de las personas demanda y hemos recibido de nuestro Padre Dios.

También estamos rezando un rosario cada día que hacemos normalmente en las primeras horas de la mañana aunque a veces, por premuras de tiempo, lo hacemos en otras horas del día. En el icono de la Virgen, debajo del rosario de todos los viernes, puedes encontrar el rosario correspondiente a cada día.

viernes, 24 de noviembre de 2017

UN TEMPLO LLENO DE VIDA


HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS.


La casa del Señor está dentro de ti. Es tu corazón, porque el Señor Vive, ha Resucitado y camina a tu lado. Por lo tanto, no está en un lugar determinado, si bien, de forma espiritual está bajo las especies de pan y de vino consagrado en el Sagrario. Pero, esperando entrar en tu corazón como alimento espiritual para caminar contigo en tu deambular diario y en tu lucha de cada día contra esa cruz que se te hace pesada y te cuesta cargar.

Es verdad y tiene sentido que, tengamos unos lugares donde encontrarnos y vernos. Necesitamos conocernos y compartir. Amar no se puede vivir desde la individualidad ni el aislamiento. Necesitamos estar juntos y unidos. No sólo de espíritu sino también físicamente y materialmente. Porque, no sólo somos espíritu, sino carne también. Tenemos vida animal, pero también espiritual. Somos semejantes al Dios hecho Hombre, nuestro Señor Jesús, y en Él encontramos nuestra referencia y nuestro camino. Pues, el mismo se nos ha mostrado como Camino, Verdad y Vida.

Pero, nuestro verdadero templo lo llevamos con nosotros. Y desde cualquier lugar podemos adorarle en espíritu y en verdad. Somos templos del Espíritu Santo, y, abiertos a su acción, nada tendremos que temer, porque, destruidos seremos levantados y resucitados como Él nos ha prometido. Llevamos la cruz de nuestra vida, y muertos al pecado viveremos en la luz y gloria de la Resurrección.

Por lo tanto, adoremos al Señor en Espíritu y en Verdad desde la atalaya de nuestro corazón y muramos al hombre viejo de los sacrificios y ofrendas de animales. Vivamos el alimento del pan y vino que el mismo Señor ofreció en las vísperas de su Pasión, y comamos de esa comida que nos ha ofrecido. Alimento que no necesita de templos ni de edificios concretos. Alimento que podemos compartir y ofrecer en cualquier lugar donde el Señor se hace presente y celebra su muerte y Resurrección partiéndose, bajo las especies de pan y vino, para redimirnos y salvarnos. Amén.

jueves, 23 de noviembre de 2017

TAMBIÉN, ARREPENTIDO, LLORO POR MIS PECADOS

También yo me encuentro entre aquellos que en tu tiempo, Señor, te rechazaron en tu propia ciudad de Jerusalén. También yo, ahora, desde mi propia ciudad lloro también, unido a tu infinita misericordia, mis pecados de rechazo y de indiferencia. Porque, cada vez que rechazo a un hermano y me muestro indiferente a sus problemas, me estoy también mostrando indiferente a Ti.

Es verdad que no somos un mar gigante que tiene poder y fuerza con sus enormes olas. Soy simplemente una gotita débil y frágil que con un simple golpe de mar cae en la roca y queda evaporada en segundos por el inmenso sol. Pero, formo parte de ese mar inmenso que Tú, Señor, has creado y, con tu Vida, Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión, nos has hecho participe de tu victoria sobre la muerte y el pecado. Y también de tu Resurrección.

Gracias, Señor, porque has empapado mi vida de esperanza y le has puesto orden y sentido a mi humilde y pobre camino. Gracias, Señor, porque llenas mi vida de alegría y de orden y le das nueva vida cada día a mi vida, valga la redundancia, renovándola, fortaleciéndola, llenándola de esperanza y de amor. Porque, el amor es ese deseo de compromiso por hacer y buscar el bien. Es eso lo que debe movernos, en la confianza de que en el Espíritu Santo nos hará mejor cada día y nos llenará de la Gracia de la Vida del Señor.

Arrepentidos de todas nuestras debilidades y pecados, pidamos al Señor que nos llene de su fortaleza y nos invada de su Gracia, para que nuestro corazón, entregado y puesto en sus Manos, se vaya transformando en un corazón compasivo y misericordioso como el suyo. Pidamos porque las comunidades y grupos, injertadas en el Señor, vivan cada día más comprometidas en el amor y se vayan configurando como otro Xto. Jesús, en el esfuerzo de parecernos a Él cada día más.

Danos, Señor, la sabiduría y la fortaleza para parecernos a Ti y aceptar tu Palabra tratando de hacerla vida en nuestras vidas. Amén.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

MULTIPLICAR MI ONZA DE ORO

¿Dónde están mis cualidades? Porque, cualidades tengo que tener. Incluso, puede ser una cualidad dejarme ayudar por otros. ¿No has pensado que la necesidad de otros puede ser tu gran oportunidad de salvación? Que hayan pobres será una bendición, porque será la gran oportunidad de tu salvación. Ahora mismo, el mundo tiene en su mano la posibilidad de ganarse su eternidad, y la solución se esconde en distribuir sus riquezas, implantar justicia y vivir en la verdad y fraternidad.

Quedarían todos los problemas solucionados, ¿no lo crees? Pero, claro, eso pasa porque tú y yo nos pongamos por obra cambiar y ser generosos. Tú y yo solos no basta. Necesitamos a todos. El problema es de todos, y mientras haya un garbanzo podrido dentro del potaje, la cosa no funciona bien. En este sentido, todos tenemos el compromiso de trabajar para transformar el mundo en un mundo, valga la redundancia, más humano y de acuerdo con la Ley de Dios. Es decir, la de amar como Él nos ama.

Esa es la clave, descubrir mi onza y ponerla a rendir. sólo hay un lugar donde mi onza puede multiplicarse: "en el prójimo". Se trata de ganar el corazón del prójimo y aliviarlo de dolor. Hasta ahí puedes llegar, porque todo lo demás, es decir, de entregárselo a Dios dependerá de él.

Aprovecho este pensamiento para compartir el criterio evangelizador que nos preocupa muchas veces. Incluso nos desanima y nos tienta con el abandono, sintiéndonos impotentes para mover a otros a conversión. La cuestión es que no somos nosotros los que convertimos. Eso pertenece sólo a Dios, y, para eso, ha enviado al Espíritu Santo, quien se encargará de convertir y transformar sus corazones en la medida que se abran a su acción transformadora.

Pero eso no nos inhibe de nuestra cooperación y de nuestro esfuerzo. Somos nosotros los portadores de la Buena Noticia de salvación que, anunciada, ellos tendrán, como nosotros, buscar en el Señor. Y es eso lo que te pedimos, Señor, que nos des esa capacidad de comunicarnos y de saber discernir la aplicación y el esfuerzo de nuestro trabajo y la sabiduría de multiplicar nuestra onza de oro. Amén.

martes, 21 de noviembre de 2017

MARÍA, EJEMPLO DE TESTIMONIO

Una madre se preocupa por los problemas de su hijo. Hoy, el Evangelio nos habla de eso. María acude a donde está su Hijo. Sabe de las habladurías que se ciernen sobre Él y trata de advertirle y de ponerle en guardia. Le critican y lo tratan de loco. Jesús no se detiene y cumple la misión a la que ha venido y la que su Padre del Cielo le ha encomendado.

Con esta intención y ante la imposibilidad de acercarse a su Hijo, María es anunciada a su Hijo comunicándole que quiere hablarle. Y a esa noticia de que su Madre está ahí afuera y quiere verle, Jesús responde de una manera sorprendente diciendo: «¿Quién es mi madre y quienes son mis hermanos?». Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Lejos de entender que se muestra indiferente ante la cercana presencia de su Madre, Jesús pone el ejemplo de su Madre, que antes de ser Madre se ha entregado a la Voluntad de su Padre poniéndose enteramente a su disposición: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí su Voluntad". Ella es ejemplo de testimonio para todos nosotros, porque fue la primera en aceptar el Plan de Dios para que, en ella y a través de ella, Jesús, el Hijo de Dios Vivo, se encarnara y habitase entre nosotros.

Gracias Madre. Enséñanos a seguir tu ejemplo y a cumplir la Voluntad de Dios, que no es otra que la de amar y entregar nuestra vida en servicio de los más necesitados. Intercede por nosotros y guíanos para que, siguiendo tu ejemplo, seamos nosotros también instrumentos en el Espíritu Santo y podamos convertir nuestro duro y egoísta corazón en un corazón manso, paciente, bueno, compasivo, comprensivo y humilde como el de tu Hijo Jesús.

Danos Señor ese Don y esa Gracia de ser sabios y humildes para disponer nuestra vida y nuestros talentos, recibidos de tu Mano generosa, en función de aquellos que realmente están necesitados. Amén.

lunes, 20 de noviembre de 2017

INTERESADO EN ENCONTRAR A JESÚS

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Sucede que muchas personas se topan con Jesús, pero no están interesados en conocerlo. A muchos invitamos a conocerle, y, algunos, acuden, pero pronto se van. No les interesa lo que oyen o no están interesado en saberlo. Simplemente se sienten bien y no necesitan médico. Será difícil motivarlos y descubrirle que somos esclavos y necesitamos al médico que nos libere de esa esclavitud.

Y eso no se experimenta en unos ejercicios, asambleas o celebraciones. Puede experimentarse, pero por regla general no ocurre. La experiencia nos dice que muchas personas lo experimentan y se quedan igual y dejan de acercarse. Posiblemente buscaban otra cosa o en otro lugar. No es el caso del ciego del Evangelio de hoy. Ese sí estaba atento y, a pesar de no ver, estaba vigilante a la escucha de que ese Jesús, del que él había oído hablar pasara por allí.

Y sucedió, como nos cuenta el Evangelio que ocurrió, y, Bartimeo, que así se llamaba el ciego, empezó a gritar y a llamar la atención de Jesús. No le importaba que le reprendieran o le mandaran a callar. Él quería ver a Jesús, pues confiaba que podía abrir sus ojos si Él lo quería. Y su insistencia fue tal que logró atraer la atención de Jesús.

No quiero pararme en lo que sucedió después, sino en reflexionar sobre la actitud que tenemos nosotros. ¿Es como la de aquel ciego? ¿Queremos y buscamos a Jesús para que nos abra los ojos y poder ver la luz que nos ilumina el camino de conversión? ¿Estamos en esa actitud hasta el punto que no nos importa la dificultades que tengamos para llegar a Él?

Pidamos esa actitud y pongamos todo lo que está de nuestra parte estando atentos, vigilantes y dispuestos a dejarnos encontrar con el Señor. El quiere curarnos de esa nuestra ceguera suficiente e iluminarnos para que reconozcamos nuestra indigencia y necesidad de sanación. ¡Señor, que vea la luz que realmente nos salva y nos conduce a Ti! Amén.

domingo, 19 de noviembre de 2017

ACEPTO LO QUE DIOS ME HA DADO

Cuando hablamos de talentos, también podemos pensar de aquellos que Dios no me ha dado. Es decir, tanto tendremos que negociar con los recibidos como también con los no recibidos. Significa esto que tan importante es responder de aquellos que hemos recibido, como de aceptar de lo que no hemos recibido. Eso cambia la situación, porque, a veces, no nos conformamos con lo que tenemos o con lo que somos y queremos ser más de lo que estamos llamados a ser.

En eso entra la humildad y la aceptación. Aceptar tal y como Dios me ha hecho es responder a su llamada y al compromiso de rendir cuentas sobre todo lo recibido. Cuando uno va descubriendo sus talentos, pero, al mismo tiempo, sus limitaciones, uno toma conciencia de lo que puede hacer y a donde no llega. Entonces, buscar el equilibrio y dar el cien por cien de lo recibido es la perfecta respuesta.

Es indudable que el que recibió cinco ha recibido una capacidad para dar diez. Pero, de la misma forma, quien recibió dos no puede dar sino dos. Y el de uno, uno. Extralimitarse y querer dar más es tan negativo como no dar el cien de lo recibido. Y esa es nuestra oración de hoy. Danos, Señor, la capacidad de discernir lo recibido y la proporcionalidad de nuestra respuesta. Que verdaderamente seamos capaces de dar todo lo que hemos recibido y no extralimitarnos queriendo ser mejor que lo que Dios espera de nosotros.

Tratemos de conformarnos, te lo pedimos, Señor, con lo que Tú has querido darnos, y pidamos que tengamos siempre la fortaleza y el compromiso de nunca enterrar esos talentos que hemos recibido, ni tampoco querer aparentar más de lo que hemos recibido. Aceptar lo que nos has dado es aceptar tu Voluntad, y eso es lo que te pedimos, Padre Dios, para, a la hora de rendirte cuenta, cumplir con tus deseos y tu Voluntad.

Gracias, Señor, por ser como soy. Danos la sabiduría de aceptarnos y alegrarnos de ser como somos, porque eso es lo que Tú has querido que seamos. Nos has hecho a imagen tuya y eso, con los talentos recibidos, lo que debemos hacer auxiliados por el Espíritu Santo que nos asiste y acompaña. Amén.

sábado, 18 de noviembre de 2017

DAME, SEÑOR, LA CAPACIDAD DE SER PERSEVERANTE


Tengo que confesar que me cuesta ser perseverante e insistir. Sucede que uno de mis prontos y debilidades es huir de la insistencia. Confieso que me cuesta insistir, incluso, me duele machacar, a pesar de que sea para su bien, a otra persona con el fin de que se avenga a lo que le quiero aconsejar o hacerle ver. Creo que confundo insistencia con imposición, y no se trata de eso, sino de insistir a aquel que tiene poder para darme lo que realmente necesito.

Porque hay dos clases de insistir. a) la de pedir la solución de algún problema; b) la de ofrecer la solución a todos los problemas, es decir, la salvación. Tanto una como la otra son necesarias y, por nuestro compromiso de Bautismo, estamos llamados a esa insistencia o perseverancia. Y ambas formas de insistir podemos hacerlas desde la palabra y desde la vida. Una no puede vivir sin la otra. Las dos son vitales y necesarias para que la petición o proclamación lleguen al corazón del otro.

La parábola que el Señor nos expone hoy nos refleja esa necesidad de insistir. Insistir porque el Señor quiere que le demostremos nuestra fe en Él. La insistencia esconde la prueba de esa fe, y si un juez, que no cree en Dios ni en los hombres, accede a hacer justicia por la pertinaz insistencia de esa viuda, cuanto más tu Padre Dios, que se ha hecho Hombre para, entregado a una muerte de Cruz, liberarte de tus pecados y ofrecerte la Gloria Eterna en su presencia.

Se trata, pues, de pedir por todos nuestras necesidades, materiales y espirituales. Nos hace falta el pan, el agua, ahora en estos momentos tan necesitada en muchos lugares del mundo, el trabajo, la paz, la sabiduría de saber discernir lo bueno de lo malo, la justicia para evitar enfrentamientos y guerras que oprimen y matan a muchos pueblos. Necesitamos pedir, pero también proclamar que Dios, nuestro Padre,  nos escucha, nos quiere salvar y nos atiende.

Pidamos que aumente nuestra fe en Él y que siendo confiados en su Palabra, insistamos, como Él nos ha dicho, en perseverar en la oración de petición de todo lo que necesitamos para vivir en su presencia y ser testigos dignos de su Palabra para otros. Amén.