Blogueros con el Papa

UN ROSARIO CADA VIERNES

Cada viernes, hora peninsular entre las 09, 30 y 10:30, en Canarias entre las 08:30 y 09:30, aproximadamente, y en cualquier otra parte del mundo la que mejor puedan elegir, nos unimos en el rezo del Rosario (VER AQUÍ) por la unidad de todos los creyentes, por la familia natural, hombre - mujer, por la vida y por la libertad de educación de los hijos.

Desde tu casa, online, desde tu trabajo, desde tu hospital y enfermedad, desde myfeeling, desde todas los colectivos y asociaciones, desde donde quieras que estés, tú también puedes unirte en este clamor al Padre, unidos a María Santisíma, para que el Espíritu Santo nos dé la capacidad y la luz de salvaguardar la vida y los valores morales y naturales que la dignidad de las personas demanda y hemos recibido de nuestro Padre Dios.

También estamos rezando un rosario cada día que hacemos normalmente en las primeras horas de la mañana aunque a veces, por premuras de tiempo, lo hacemos en otras horas del día. En el icono de la Virgen, debajo del rosario de todos los viernes, puedes encontrar el rosario correspondiente a cada día.

sábado, 6 de abril de 2019

TÚ, SEÑOR, ERES MI DIOS

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Aquellos soldados se han quedado admirados. Ellos habían oido hablar a mucha gente en el templo, pero nadie había hablado como Jesús. Sus Palabras desprendía admiración y sus obras asombro. Hablaba con una autoridad diferente a todos. A nadie habían oido enseñar como lo hacía Jesús. 

Les sorprenden sus milagros, su forma de tratar a la gente, sobre todo su acogida a los publicanos, enfermos, leprosos, pecadores y, de manera especial, a los más necesitados. Su caridad y su delicadeza con todos sorprende y deja admirado a todos. No recuerdan a nadie que enseñe de esa forma. Su amor desprende una autoridad que les deja asombrados e incapaces de volverse contra Él. 

Su forma de hablar con ese amor manifiesto les desborda y les llama intensamente la atención. No habían visto nada igual. Sus Palabras reveladoras del Dios del que se siente enviado sorprende y deja a todos en un estado de asombro. También yo, Señor, quiero dejarme asombrar por tus enseñanzas y tus Palabras. Tú eres mi Dios y en Ti creo firmemente, a pesar de mis horas de tribulación, de dudas y de oscuridades.

Tú, Señor, eres la respuesta a todos mis interrogantes. Y no porque quiera darle una respuesta para descansar en ella, sino porque encuentran eco en mi atormentado corazón y le dan gozo y satisfacción a su búsqueda y a sus afanes. Tú, Señor, me hablas de lo que yo busco y quiero. Tú, Señor, sabes que es lo que mi corazón desea y de eso me hablas y me enseñas el camino.

Gracias, Señor, porque tu Palabra me transmite paz, serenidad, gozo y esperanza. Gracias, Señor, porque tu caridad y enseñanza me permiten encontrar sentido a mi vida y caminar con esperanza y alegría. Gracias, Señor, porque todos mis sufrimientos y adversidades descansan apoyados en esa paz y serenidad que tus Palabras producen en mi pobre y atormentado corazón suavizándolo y tranquilizándolo. amén.

viernes, 5 de abril de 2019

¿DÓNDE TENGO MI CORAZÓN?

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HOY A LAS 09:00 HORA PENINSULAR, 08:00 HORA CANARIA, REZO DEL SANTO ROSARIO POR LA DEFENSA Y UNIDAD DE LA VIDA Y LA FAMILIA. ÚNETE A LA HORA QUE PUEDAS Y DESDE DONDE PUEDAS. 


Mis ojos pueden estar cerrados y mis oídos tapados cuando mi corazón está endurecido por las apetencias y apegos de este mundo. Y es que hay unos ojos para ver desde el corazón y otros para ver desde el mundo. Un mundo contaminado, llenos de espejismos y aparente hermosuras que nos deleitan en principio para vaciarnos y perdernos después. Esas son las trampas con las que juega el demonio y sus cartas son la carne, nuestras debilidades, y el gozo de las maravillas del mundo.

Y no digo que las cosas creadas por Dios no sean para disfrutarla y gozarlas. Están puestas por Él para el disfrute del hombre. Pero, otra cosa es ponerlas en el centro de nuestras vidas y desplazar a Dios a un lado. Y eso suele pasar cuando arrinconamos a Dios en nuestro corazón y lo dejamos a un lado. Pasan a primer plano las maravillas y placeres del mundo y el gozo de las apetencias carnales.

Y nos olvidamos de los hermanos que lo pasan mal y que sufren por circunstancias ajenas a ellos y por el egoísmos de los demás. Los demás entre los que podemos estar incluidos nosotros. Por eso, pidamos, humildemente y arrepentidos, despojarnos de todo aquello que nos pueda pervertir y contaminar nuestros corazones. Pidamos que la Gracia de Dios nos inunde y nos haga ver las cosas desde la humildad, la sencillez, la fraternidad y el amor fraterno.

Pidamos que nuestros corazones estén abiertos y disponibles para recibir la Gracia del Espíritu Santo y que seamos dóciles a su acción para dejarnos conducir y llevar por los caminos del amor y la fraternidad. Pidamos que nuestra fe, herida y tocada por el pecado, sea perseverante y se fortalezca en el camino y al compartir con los demás. 

Pidamos que, a pesar de nuestras debilidades, tribulaciones, confusiones, tentaciones y peligros que nos acechan y nos salen en nuestros caminos, permanezcamos siempre fieles y confiados en la Palabra y la Misericordia de Dios. Amén.

jueves, 4 de abril de 2019

LAUDES - JUEVES IV SEMANA DE CUARESMA

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HIMNO

En tierra extraña peregrinos
con esperanza caminamos,
que, si arduos son nuestros caminos,
sabemos bien a dónde vamos.

En el desierto un alto hacemos,
es el Señor quien nos convida,
aquí comemos y bebemos
el pan y el vino de la Vida.

Para el camino se nos queda
entre las manos, guiadora,
la cruz, bordón, que es la venera
y es la bandera triunfadora.

Entre el dolor y la alegría,
con Cristo avanza en su andadura
un hombre, un pobre que confía
y busca la ciudad futura. Amén.

miércoles, 3 de abril de 2019

LAUDES - CUARTA SEMANA DE CUARESMA

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HIMNO

Éste es el día del Señor.
Éste es el tiempo de la misericordia.

Delante de tus ojos 
ya no enrojeceremos
a causa del antiguo 
pecado de tu pueblo.

Arrancarás de cuajo 
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde 
de corazón sincero.

En medio de las gentes
nos guardas como un resto
para cantar tus obras
y adelantar tu reino.

Seremos raza nueva
para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.

Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos.

Señalarás entonces 
el día del regreso
para los que comían
su pan en el destierro.

¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor que es justo
revoca sus decretos:

La salvación se anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo.

martes, 2 de abril de 2019

CUANDO LA VIDA SE TE PARALIZA

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Te sientes muy bien y todo parece hermoso. La vida se presenta llena de optimismo y esperanza y el futuro promete una vida cargada de éxito. Pero, todo se rompe en un instante. Aparece la enfermedad y cubre todo de oscuridad y de desasosiego. La vida se apaga y la parálisis te deja inmóvil. Parece el principio de una novela, pero es la triste realidad. Por experiencia, sabemos que esto ha ocurrido y sigue ocurriendo muchas veces en la vida. No son simples historias sino que, incluso, se ven  superadas por la realidad.

Estamos tentados por el pecado, y el pecado nos conduce a la muerte. Esa muerte que tarde o temprano nos corrompe y deteriora nuestro cuerpo. A veces repentinamente en la enfermedad y otras veces con el paso del tiempo y la llegada de la vejez. De una forma u otra, la muerte llega y nos vemos impotente para pararla. 

Pero, también llega la otra muerte, la del alma. Ésta, aunque es eterna, podemos matarla por el pecado. El pecado que nos paraliza, nos esclaviza y nos somete. El pecado que, nos presenta la vida fácil, agradable, hermosa, pero nos engaña, y cuando nos tiene a su merced nos hunde en la mayor de las parálisis dejándonos en el vacío, la soledad y el sufrimiento. No podemos andar solos por la vida. Necesitamos que alguien nos dé la mano y nos levante.

Y nadie puede hacerlo salvo el Señor. Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, enviado para salvarnos y levantarnos de esa parálisis que nos atormenta y nos amenaza con dejarnos inmóvil. Él nos puede liberar de nuestras esclavitudes sólo con que nosotros se lo pidamos. Nos lo pregunta y únicamente espera un sí por nuestra parte. Viene en nuestra búsqueda y quiere nuestra disponibilidad y nuestro sí decidido para tendernos su Mano y darnos el aliento necesario para levantarnos y echar a caminar.

Pero un caminar detrás de Él. Un caminar desde su Palabra y desde nuestro arrepentimiento y deseos de seguirle para no volver a caer en esa debilidad que nos puede dejar inmóvil y paralíticos. Amén.

lunes, 1 de abril de 2019

NO ME CANSARÉ, SEÑOR, DE PEDIRTE QUE AUMENTES MI FE

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Nunca, mientras camine por este mundo, mi fe será lo suficiente, Señor, para resistir todas las tentaciones que, en mi peregrinar, sufriré. Siempre estaré amenazado y en peligro de perder mi fe y de abandonarte como aquel hijo pródigo o como tus propios paisanos. No podré sostener mi fe si Tú, Señor, no me la sostiene y me la das. Porque, por mucho que yo me empeñe y quiera, la fe es un don que sólo Tú, Señor, me puedes dar.

Y es eso lo que, ahora desde este humilde rincón, te vuelvo a pedir. Ya lo he hecho varias veces, y hoy lo vuelvo a pedir a gritos. Al estilo de Bartimeo, aquel ciego que estaba en el camino por donde Tú pasabas. Yo, como sé, y lo creo, que Tú pasas todos los días por mi vida no ceso de gritarte y pedirte, Señor, que aumenes mi fe y la sostengas siempre firme.

Reconozco que soy débil y fácil de doblegarme a las tentaciones que el mundo, demonio y carne me ponen como trampa para seducirme y vencerme. Sé que cada día, durante toda mi vida, será una lucha a muerte. Pero, también sé que Tú me has dado la vida y este hermoso tiempo para vencer a la muerte y ganarme para la vida. Y, sólo no lo puedo lograr, pero caminando a tu lado y con tu Gracia sí lo puedo conseguir. Por eso, Señor, insisto en pedirte que aumentes mi fe.

Es verdad que necesito a los hermanos, a la comunidad, a la parroquia y a todas esas circunstancias que ame ayudan y fortalecen cuando comparto mi fe con ellos. Experimento tu fuerzas y tu cercanía. Yo soy el primero y gran beneficiado al compartir la fe con otros. Dame, Señor, esa perseverancia y fortaleza para no desfallecer y para estar siempre dispuesto y disponible, a pesar de mis debilidades, en el esfuerzo y la perseverancia de compartir la fe.

Porque, Señor, la fe la compartirla se fortalece. Por eso, es necesario que mi familia viva en la fe, pues eso nos ayudaría a todos y nos fortalecería para sostenernos en la fe. Eso te pido, Señor, como aquel funcionario te pidió a Ti. Haz que nazca en la fe entre mis hijos para que mi familia, como la de aquel funcionario, crea en Ti. Amén.

domingo, 31 de marzo de 2019

UN PADRE QUE BORRA Y SE OLVIDA DE MIS PECADOS

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No nos acordamos de nuestros padres sino cuando nos hacen falta. Es un mal del hombre de todos los tiempos. Somos ingratos y aunque estemos agradecidos, a la hora de la verdad nos cuesta responder de la misma forma. Nuestro Padre del Cielo nos ha dado todo, nos ha regalado la vida y no mira sino por nuestra felicidad, pero nosotros no correspondemos de la misma forma.

Aquel hijo había perdido todo lo que en su día le había exigido a su padre sin ningún derecho. Pero, quizás, para él su padre estaba ya muerto. Se acuerda cuando pasa hambre. No porque esté arrepentido y le duela haber ofendido a su padre, sino porque pasa hambre. Y desde ese sufrimiento decide volver a la casa del padre para pedirle que le trate como a un criado.

Y, a pesar de todo eso, su padre le busca y espera que regrese. Y cuando lo divisa lo acepta olvidándose de sus ofensas y aceptándolo como hijo. Manda a ponerle una túnica, signo con la que cubre y tapa todas sus miserias; manda a que le ponga un anillo, signo con el que restaura la alianza rota por su hijo al considerarle muerto e irse de casa y restaura la filiación divina. Ordena que lo calcen con unas sandalias, signo de un nuevo camino con el que se inicia una nueva etapa de conversión, y manda a matar el ternero cebado para celebrar una gran fiesta, signo del regreso del hijo que se había perdido y ha vuelto.

Pero, nos cuesta reconocer a los que vienen de afuera, incluso aunque hayan estado dentro. También somos el hermano mayor que siempre ha estado con el padre, pero no en el padre ni en el corazón del padre. Eso es otra cosa. La envidia y su soberbia le descubren que su filiación con el padre no es segura ni la tiene clara. No soporta la conducta de su hermano y eso le hace permanecer afuera de la casa. 

No queremos compartir con los demás porque pensamos que lo que tenemos dentro de la casa es nuestro y para nosotros. No reconocemos que los demás son también hijos. ¡Padre, nos hemos dado cuenta de muchas cosas que nos falta todavía! ¡Padre, danos la paciencia para permanecer a tu lado e ir dándonos cuenta de que tenemos que cambiar mucho! Ayúdanos a seguir un camino de verdadera conversión. Amén.