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martes, 13 de diciembre de 2016

EL REINO DE DIOS PASA POR LOS POBRES

No es para los ricos, los soberbios, los orgullosos, los sabios... ¡No!, el Reino de Dios no pasa por ellos, porque ellos tampoco lo desean. Están satisfechos con las cosas de este mundo. Y encima se creen sabios, inteligentes y suficientes. ¿Es qué ignoran que las cosas de aquí abajo son caducas? ¿Es qué se les esconde que este mundo tiene sus días contados? ¿Es qué descubrir eso es de inteligentes y sabios?

Jesús, el Señor, nos lo ha dicho muchas veces. Su Reino no es de este mundo, y eso significa que este mundo terminará, porque el único Reino Eterno es el suyo. Por lo tanto, pensar y creer que este mundo es nuestra solución y felicidad es perder, además de ser poco inteligente, el tiempo de manera inútil y tonta. Es lógico pensar que son los pobres, los marginados y excluidos, los pequeños y miserables, los que estén más comprometidos y dispuestos a realizar sus compromisos y buenas obras.

Porque son ellos los más expectantes y deseosos de ser liberados y salvados. Porque son ellos los más dispuestos a escuchar y creer. Porque son ellos los que más necesitan la salvación, y se fían de la Palabra del Señor y se esfuerzan en cumplirla. Así, es de sentido común suponer que serán ellos los primeros en el Reino de Dios, porque han creído en su Palabra.

Pidamos al Señor que tengamos abiertos los ojos de nuestra fe y que sepamos vivir de acuerdo con los que decimos. No pensemos que estamos, por estar en la Iglesia, salvados, sino que seremos acogidos por la Misericordia de Dios si nuestra vida va de acuerdo con el esfuerzo de vivir y obrar con lo que decimos y proclamamos. Porque esa es la palabra eficaz que deja mudo y sin palabras a aquellos que no creen. Ya lo dijo el Señor, Jn 10, 37-38.

No nos va a resultar fácil. Que nadie se lleve a engaño. Pero que sepamos que no estamos solos y que con la asistencia del Espíritu Santo podemos, a pesar de decir no, terminar cumpliendo lo que realmente sabemos que debemos y tenemos que cumplir. Con tu Gracia, Señor, podemos hacerlo. Amén.