martes, 6 de diciembre de 2016

¿TENDRÉ QUE PERDERME PARA VERME ENTRE LAS OVEJAS PERDIDAS?

En la mayoría de las veces no nos vemos perdidos sino cuando nos perdemos. Por experiencia lo sabemos y porque se repite cada día. En estos días estoy oyendo el drama de una joven que se dice que sabe lo que hace y está hundida y sometida a la droga. Le digo y repito que tiene que dejar ese ambiente para que sus esfuerzos se vean recompensado. Pero no hace caso y sigue en las mismas circunstancias. De esa forma volverá a perderse una y otra vez. No encuentra el abrazo del Padre por mucho que el Señor los mantenga abiertos, porque, se aleja de redil.

No podemos escapar del lobo si vivimos entre lobos. La razón del Espíritu Santo es porque, Padre Dios sabe de nuestras debilidades y nos lo envía para que nos asista, nos defienda, nos fortalezca y nos guíe. ¿Cómo es que no nos agarramos a Él? De no hacerlo seremos presa del Lobo maligno que nos persigue y está al acecho. El Señor nos lo advierte con frecuencia.

Y por eso, hoy nos habla del Buen Pastor. Nos dice que El está dispuesto a buscarnos, a dar la vida por cada uno de nosotros y a abrazarnos. Quiere salvarnos y nos ha creado para que seamos felices en el redil del Cielo junto a Él. ¡¡Qué Padre tan bueno!! ¡¡Qué hermosas Navidades si descubrimos y experimentamos que estamos salvados de todo peligro por el Señor!!

Pidamos esa Gracia, la de experimentar y descubrir que somos ovejas perdidas, pero rescatadas y salvadas por el Buen Pastor, el abrazo misericordioso del Padre Dios. Que estas Navidades sean la Navidad de darnos cuenta que, no son lo más importante las comidas, los regalos y las fiestas, que también debemos, como parte del verdadero gozo y alegría, festejar. 

Pero, lo más importante es que Dios se encarna en el seno de María, y naciendo como Niño, se hace Hombre como nosotros, menos en el pecado, para rescatarnos y salvarnos. Amén.

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