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jueves, 26 de marzo de 2015

RESIGNADOS A MORIR



Parece mentira, pero es la pura realidad. Hay mucha gente que se resigna a morir. Hay mucha gente que no quieren sufrir. Y no hablamos de eso como si de buscar sufrir se tratara, sino del sufrimiento que la propia vida nos puede deparar. Ese accidente ocurrido ayer en el Airbus germanwings de Barcelona a Dusseldorf lo expresa claramente.

No sabemos el año, ni el día, ni la hora. Ni incluso el cómo o dónde. El dolor y sufrimiento nos viene de repente, y hay que aceptarlo. No queda más remedio. Pero dependerá de cómo lo aceptes para que tu vida continúe con esperanza y sentido. A eso me refiero. Porque de no hacerlo así, terminarás desquiciado, amargado y condenado a morir.

Hay mucha gente desquiciada, amargada y viviendo a toda velocidad. Preocupada por las cosas de este mundo porque no salen como ellas quieren. Mira, las cosas son como son, y aunque algunas puedes evitar y cambiar con tu trabajo, otras no podrás, porque no dependen de ti, o porque, simplemente, tú no puedes cambiarla. Y, lo mejor, es aceptarlas y ponerle mucho amor.

Ese es el sufrimiento que hay que aceptar y encajar. Encajar bien en nuestro corazón, para bien digerido convertirlo en buenos frutos que hagan la vida más llevadera y en paz a los demás. No te empeñes en arreglar la vida a tu manera, sino vivirla según la Voluntad de Dios, y descubrirás que así tiene sentido y todo se ve de otra manera.

Nuestros sentimientos, que no podemos evitar, pero si dominar, nos ponen a prueba cada momento. Sentimientos de todo tipo que tientan nuestra responsabilidad, nuestra justicia y nuestra paz. Sentimientos que muchas veces nos hacen sufrir, y que hay que saber dirigirlos y encarrilarlos por el camino de la responsabilidad y el compromiso.

Las cosas y los acontecimientos están para que sepamos aceptarlos, pero con la esperanza que de ello dependerá nuestra salvación, porque de aceptarlo como nos enseña y propone Jesús, nuestra vida no terminará, sino que será para siempre. Y Jesús tiene autoridad para decirlo, porque en Él se ha cumplido-

Te pedimos, Señor, la sabiduría de creer en tus Palabras, y de esperar, confiados en tu promesa, que nuestras vidas permanezcan en Ti y alcancen la salvación eterna. Amén.