jueves, 12 de marzo de 2015

DIFERENCIAS, PERO NUNCA ENFRENTADOS

Jesús, centro de unidad de todos los cristianos.


Sería mala señal pensar igual. Hay que diferenciar, al menos yo lo veo así, que las diferencias nos enriquecen y nos unen, si se sabe poner en común, respetar y dejar que el tiempo vaya madurándolas. Porque sola una es la Verdad, y a esa unidad única tendremos que llegar.

Tu verdad con minúscula, junto a la mía y la del más allá, van conformando y aproximándose a la Verdad Única, y ese es el camino que todos debemos recorrer desde nuestras pequeñas comunidades, grupos o ideologías. El problema empieza cuando piensas que tú estás en posesión de la verdad y originas el cisma.

Así nacen las guerras interiores, las separaciones y la fabricación, cada uno, de su propia religión y hasta religiosidad. Así unos abrazan la designación de ministros extraordinarios de la comunión, y otros la rechazan; unos no aceptan comulgar con la mano, y otros la acogen bien. Y podemos seguir encontrando diferencias que nos distancian o nos creen mejores a uno que otros. Y hasta algunos se han marchado a otro lugar o han seguido su propio camino.

La Iglesia es el pueblo de Dios, y todos los que lo buscan, incluso los no bautizados, y los que lo rechazan o ignoran, son sus hijos. Esa Iglesia, que Jesús fundó, ha recibido la importante misión de proclamar el Mensaje de Jesús, y lo hace desde sus limitaciones y diferencias. No somos perfectos, y nuestra humanidad herida tiende al mal, y ese mal nos desvía, nos enfrenta y nos confunde. Lo importante es perseverar y cuidarnos de no dejarnos engañar y habitar por espíritu malos que puedan entorpecer la labor del Espíritu Santo.

Es ahí lo que debemos vigilar y proteger, e injertado en Él, entablar diálogos de acercamiento, de proximidad, de buenas intenciones, de comprensión, de generosidad, de misericordia y de paciencia. El fruto necesita tiempo para madurar, y la Verdad necesita tu corazón para que nazca en él la fuerza y el soplo del Espíritu Santo.

1 comentario:

Cristina Reátegui dijo...

Esto es una de las cosas que me maravilla de la Palabra de Dios, que siempre habla y nos da un mensaje, un mensaje personal, El sabe como llegar a cada uno de nosotros.
A mi me dejo esta reflexion...
"Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo". Esta frase llamo mi atención de manera particular...el demonio era mudo.
En nuestra vida, sucede que tenemos también demonios mudos, tal vez porque estamos tan acostumbrados a caer en las mismas faltas o tan acostumbrados a nuestros propios defectos, que ya no los percibimos como tales, esos son nuestros demonios mudos con los que cargamos cada día.
La Cuaresma, es un tiempo especial que Dios nos da, para tener una verdadera conversión, para que nos enfrentemos en una aguerrida lucha interior contra todo aquello que nos aparta de la voluntad de Dios, incluso de aquello que pareciera ser imperceptible.
Aprovechemos este tiempo, para como el hombre fuerte del Evangelio, estemos bien armados y dispuestos a cuidar de nuestra posesión mas preciada: nuestra alma, llamada a la santidad y recordemos que Jesús mismo nos ha advertido: "El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama".
Que seamos de los que estamos siempre con El, recogiendo con abundancia frutos de santidad.