lunes, 11 de abril de 2016

ALIMENTA MI VIDA Y MI CORAZÓN, SEÑOR, EN PAZ, SABIDURÍA Y FORTALEZA PARA BUSCAR TU REINO.




En el cambio o trueque de cosas en nuestra vida, a veces hemos salido ganado y otras, quizás, no tanto, pero al final todo queda en nada porque las cosas de aquí abajo son caducas y no valen sino para un tiempo concreto. Muchas veces, a la hora de elegir nos equivocamos y nos cuesta aceptar reconocerlo. Pero de una u otra forma, la vida es un tiempo de elecciones y decisiones con las que hay que vivir.

El problema es que todas ellas no sirven para mucho, porque no nos garantizan tampoco mucho. Entonces, lo verdaderamente importante será guardar y elegir aquellas cosas que realmente sean verdaderos tesoros y que nos sirvan para la Vida que nos espera tras el paso de la muerte.

Un creyente en Jesús de Nazaret espera la otra Vida. La muerte significa un paso de este mundo al otro, que es el verdadero y eterno. Por lo tanto, lo importante es guardar y conseguir aquellas cosas que nos den ese pasaporte a la Vida Eterna. Y hoy, Jesús, en el Evangelio nos dice: Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.

Está bastante claro. Hay que buscar el alimento que permanece para la Vida Eterna. Y ese alimento sólo lo podemos encontrar en Jesús de Nazaret,  porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.  Luego, donde hay que buscar es en Jesús de Nazaret, y eso significa conocerlo y permanecer a su lado. Porque sólo así podemos recibir esa Gracia que nos llene de paz, sabiduría y fortaleza.

«La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado». Se trata de pedirle al Señor ese Alimento espiritual que nos fortifique, nos dé sabiduría y fortaleza para vivir en su Palabra y, creyendo en Él, confiarnos a hacer su Voluntad en la tierra como en el Cielo. Amén.

2 comentarios:

Paz Baldomero dijo...

Gracias, desde que descubri este blog estoy aprendiendo a orar y sobretodo meditar su contenido. Gracias

Salvador Pérez Alayón dijo...

Tu comentario nos conforta, nos anima y nos revela que la acción del Espíritu Santo está siempre presente en cada uno de nosotros. Él es el verdadero consolador y auxiliador que nos ilumina y asiste si le abrimos las puertas de nuestro corazón.